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Ben Kingsley: el hombre que fue Gandhi
por Gabriel Lerman
gabito@aol.com
 

Comenta muy serio que alguna vez estuvo a punto de convertirse en cantante de rock, cuando el manager de Los Beatles, poco antes de su imprevisto fallecimiento, le ofreció un suculento contrato. El que habla es Ben Kingsley, el mismo actor bajito, calvo y de extrañas facciones que se ha especializado en encarnar a personajes sombríos y torturados en películas tan profundas como "La lista de Schindler" o "La muerte y la doncella". Pero Kingsley no está bromeando. "Yo dije que no porque me atraía más el teatro, y poco a poco fui dejando de lado este otro aspecto de mi creatividad, pero todavía sigo amando la música de rock", confiesa. Al menos, no se le puede negar que ha hecho la elección correcta. A los cincuenta y dos años, Kingsley tiene una de las carreras más prestigiosas de Hollywood. Tras convertirse en una suerte de actor legendario sobre las tablas londinenses, donde se destacó como uno de los más renombrados miembros de la Royal Shakespeare Company, saltó al cine de la mejor manera posible. Su espectacular trabajo como Mahatma Gandhi en la cinta de Sir Richard Attemborough lo hizo merecedor del Oscar al Mejor Actor, en una de las raras ocasiones en que semejante distinción recae en las manos de un desconocido. Y como cada actor tiene en Hollywood su especialidad, Kingsley se ha destacado, entre otras cosas, por haber participado en películas de profundo significado político. "Camus decía que todo aquel que dijera que el arte no tiene nada que ver con la política no entiende el significado de la palabra arte ni el de la palabra política", dice Kingsley con esa mirada extraña que en una pantalla grande resulta fascinante: "yo no soy un militante, pero eso no quiere decir que no piense políticamente. Porque al mismo tiempo que digo que no milito me pasé tres meses en Polonia filmando "La lista de Schindler" y tres meses en París haciendo "La muerte y la doncella". Ni Sigourney ni yo pretendimos hacer con Polanksi un film político, ni Spielberg pretendía rodar una declaración política con "La lista..." El estaba decidido a narrar una historia remarcable que había que contar. La política está presente si es que uno hace un buen trabajo..."

- Sin embargo usted ha sido presidente del Comité de Solidaridad con Chile en Inglaterra, durante la dictadura de Pinochet...

- Es cierto. Cuando el comité se cerró porque cierta clase de democracia había llegado a Chile, yo sentí que como presidente de esa entidad no había hecho lo suficiente. Había algo más que yo quería hacer por esa causa, y algunos meses después ocurrió lo maravilloso: me ofrecieron "La muerte y la doncella". Fue maravilloso porque yo sentí que esa obra había estado esperándome. Y los resultados no pudieron haber sido mejores: varios de los hermanos Jara estaban maravillados con el film, gente con la que yo sigo en contacto...

- ¿Por qué Chile?

- Fue por casualidad. Yo conocí a Víctor Jara, cuando vino a visitar la Royal Shakespeare Company hace muchos años, supongo que por los años sesentas. Y cuando lo asesinaron, todos lo recordábamos muy bien en Inglaterra. Todos nos sentimos muy tocados y convulsionados por su muerte, por lo que organizamos varios conciertos para crear conciencia sobre lo que estaba ocurriendo en Chile, para recaudar dinero para enviar cartas, para pedirle al parlamento inglés que interviniera y para ayudar a los refugiados chilenos que llegaban a Inglaterra. Organizamos un fondo de solidaridad. Y cuanto más leía en estos conciertos, poemas de Pablo Neruda y de Ariel Dorfman, más me sentía identificado con la causa chilena. Lo que pasa es que hay que mantener viva la conciencia de la gente, porque si no han leído nada en el periódico durante una semana se olvidan de que las cosas no han cambiado...

- En la medida en que se ha incrementado su carrera como actor, ¿es más difícil mantener este interés en la sociedad?

- Donde puedo poner mis responsabilidades sociales, como un artista que vive en una sociedad, es en lo que hago y cómo lo hago. Si bien no he tenido tiempo libre para explorar este interés mío en lo que me rodea, yo he podido contar parte de la historia de Chile en "La muerte y la doncella" y en contar la historia de la tragedia de Europa en "La lista de Schindler". Por lo tanto mi profesión tiene sus beneficios.

- ¿"La lista de Schindler" cambió algo en su vida?

- Tal vez cambió mi perspectiva sobre ciertas cosas. No hay nada mejor para apreciar ciertas realidades físicas que recreándolas y viviendo en ellas. Es una experiencia extraordinaria...

- ¿Cree que lo suyo es una excepción en Hollywood?

- No lo se, porque por lo general los actores suelen ser muy generosos hacia la sociedad que los cobija. Pero es una profesión muy insegura. Los actores, comprensiblemente, viven obsesionados y preocupados con su futuro. Solamente cuando uno tiene la buena suerte de tener una carrera fuerte y saludable puede ser capaz de hacer algo más por expresar su conciencia social. Pero creo que todos los actores la tienen, de una u otra forma

- ¿Y usted, se siente seguro en su carrera?

- Me siento muy seguro de mi mismo. Nunca me sentí tan seguro de mi en toda mi vida, y probablemente esto quiero decir que tengo una carrera asegurada.

- ¿Cómo se convirtió en actor?

- Le escribí a una compañía teatral en Londres. Me respondieron, tuve que dar una audición y me contrataron. Comencé a ganar dinero como actor profesional desde un principio. Nunca fui a estudiar teatro, sino que comencé a trabajar como actor a los veinte años, y cumplí los veintiuno ya siendo un profesional. Mi vida ha sido presentarme a audiciones y conseguir trabajos. Desde que empecé a ganarme la vida como actor, jamás me faltó trabajo. Debo decir que nunca tuve un espacio en blanco en mi almanaque. Siempre supe cual iba a ser mi siguiente trabajo.

- ¿Qué fue lo que descubrió en la actuación que le hizo enamorarse de este oficio?

- La forma en que la audiencia me escuchaba. Ese fue el escalofrío más grande que me provocó actuar frente al público, desde la primera vez que lo hice. Estar sobre un escenario y que toda la gente a tu alrededor escuche cada una de tus palabras es algo muy satisfactorio. Es un placer que te vean y que te escuchen.

- ¿Cuanto cambió ese placer cuando se estrenó "Gandhi" y usted pasó a ser reconocido en todo el mundo?

- No ha modificado el gran placer que siento al trabajar. Todavía siento el mismo placer que sentía cuando recién comencé en esto. Los mismos sentimientos, la química en tu cuerpo, la misma adrenalina, el mismo nerviosismo y las mismas demandas a mi mismo.

- ¿Es obsesivo con su trabajo?

- Lo fuí, pero ya he dejado de serlo. Soy muy bueno interpretando obsesivos, pero yo ya no lo soy.

- Pero volviendo a "Ghandi", algo tiene que haber cambiado en su vida con esa película...

- El más obvio e inmediato cambio fue que dejé de ser un actor de teatro, lo que había sido durante muchos años, y me convertí en un actor de cine. Es un cambio al que yo le estoy eternamente agradecido. El trabajo que he hecho con algunos de los mejores directores de cine del mundo ha sido fascinante. La disciplina, la acción, la concentración, el trabajo de equipo, la energía, todos trabajando juntos para capturar un momento para la pantalla grande, son todas cosas maravillosas.

- ¿Cree que esa transición ha llegado tarde en tu vida?

- No, creo que llegó en el momento preciso.

- ¿Si pudiera cambiar algo en su vida, sería la actuación o alguna otra cosa?

- No podría cambiar la actuación, porque es la única manera en que puedo vivir, haciendo lo que hago. Y no me refiero a que sea la única manera en que puedo ganarme la vida, sino a que es la única manera en que puedo definirme como persona...

 

gentileza de Gabriel Lerman
gabito@aol.com

http://www.gabrieldelerma.com

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