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¡Salve, Egipto! 
por Ramiro Lagos

Oh, salve tierra egipcia, hondura de su Nilo,
placenta de la historia, cordón umbilical,
te canto tu epopeya surgente, con mi estilo,
tus brazos, tus pirámides, tu esfinge y tu Corán!

Al cantar tus pirámides, Teotihuacán conmigo,
desde América mira tras el espejo fiel,
los mágicos reflejos del eslabón perdido
con Keops, con Miquerinos, con Tut y con Kefrén.

Por Isis canto loas bajo el nocturno Jinsoy
y con Toutancamoun regio y Ranses de perfil;
y deslumbra Cleopatra, y Nefertiti al ritmo
con Nefertari, alegran al Faraón feliz.

Sakkara no se queda rezagado en su mito:
cuidan las nueve cobras al más famoso rey;
cuarenta y cuatro amantes le sacian sus instintos
Y siembra las arenas de milenaria grey.

Amon-re, dios, abarca, todo el cielo de Egipto
y Horus lo protege con sus alas de halcón,
para que Osiris abra la luz del paraíso
desde Karnak y su templo de grandioso esplendor.

Hathor con buena suerte es diosa de mis himnos
con el escarabajo, imán de creación;
desde Memphis se impone, con sus dioses Egipto
y llega a Alejandría de Zeus su fulgor.

Entre las olas se abre el Mar Rojo el camino
Y entre las olas pasa al Sinaí la grey;
Moisés remarca entonces de Dios su manuscrito
sobre la piedra ardida y en el desierto hay fe.

Egipto es tierra santa, lo rezan los papiros
de las tres religiones. Fue cóptico el fanal,
Y si brilló la estrella de David, al unísono,
brilla la media luna con Dios, de nombre Alá.

Al miranete subo y a las estrellas miro,
exaltando atributos de Dios con mi laúd;
noventa y nueve lampos alumbran el camino
Y a sus mezquitas entro con mis brazos en cruz.

Cinco veces al día se hinca el pueblo unido
con multitud de preces y fe de su Corán;
hay fervor en los labios, mesura en sus sentidos,
Y el loto de la aurora se abre con bondad.

A tus sabios recurro y me someto al juicio
con catorce sentencias bajo el sol del amor.
mas leve que una pluma, el Corazón tranquilo
se salva: se abre el cielo y llega el Faraón

Con papiros dorados, avizoro el destino
y con la fe de antorcha y las luces de Tut,
a Muhammand le canto creyendo en el Dios mismo
con el amor del alma y mi cantar azul.

Le efigie mira al cosmos, y El Cairo con su Nilo
extiende largos brazos hasta el palmar del sol,
y el sol comunitario deja un río de amigos;
allí dejé mi abrazo de El Cairo hasta Luxor.

Cúpulas surgen, torres, bajo el cielo de Egipto,
y la efigie interroga con la voz de Mahfouz: 
“Hijos de nuestro barrio”:, Cuál es la meta? Un grito?
Levantad la cabeza más arriaba:!LA LUZ!

Ramiro Lagos

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