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¡Salve,
Egipto! |
| Oh, salve tierra egipcia, hondura de su Nilo, placenta de la historia, cordón umbilical, te canto tu epopeya surgente, con mi estilo, tus brazos, tus pirámides, tu esfinge y tu Corán! Al cantar tus pirámides, Teotihuacán conmigo, desde América mira tras el espejo fiel, los mágicos reflejos del eslabón perdido con Keops, con Miquerinos, con Tut y con Kefrén. Por Isis canto loas bajo el nocturno Jinsoy y con Toutancamoun regio y Ranses de perfil; y deslumbra Cleopatra, y Nefertiti al ritmo con Nefertari, alegran al Faraón feliz. Sakkara no se queda rezagado en su mito: cuidan las nueve cobras al más famoso rey; cuarenta y cuatro amantes le sacian sus instintos Y siembra las arenas de milenaria grey. Amon-re, dios, abarca, todo el cielo de Egipto y Horus lo protege con sus alas de halcón, para que Osiris abra la luz del paraíso desde Karnak y su templo de grandioso esplendor. Hathor con buena suerte es diosa de mis himnos con el escarabajo, imán de creación; desde Memphis se impone, con sus dioses Egipto y llega a Alejandría de Zeus su fulgor. Entre las olas se abre el Mar Rojo el camino Y entre las olas pasa al Sinaí la grey; Moisés remarca entonces de Dios su manuscrito sobre la piedra ardida y en el desierto hay fe. Egipto es tierra santa, lo rezan los papiros de las tres religiones. Fue cóptico el fanal, Y si brilló la estrella de David, al unísono, brilla la media luna con Dios, de nombre Alá. Al miranete subo y a las estrellas miro, exaltando atributos de Dios con mi laúd; noventa y nueve lampos alumbran el camino Y a sus mezquitas entro con mis brazos en cruz. Cinco veces al día se hinca el pueblo unido con multitud de preces y fe de su Corán; hay fervor en los labios, mesura en sus sentidos, Y el loto de la aurora se abre con bondad. A tus sabios recurro y me someto al juicio con catorce sentencias bajo el sol del amor. mas leve que una pluma, el Corazón tranquilo se salva: se abre el cielo y llega el Faraón Con papiros dorados, avizoro el destino y con la fe de antorcha y las luces de Tut, a Muhammand le canto creyendo en el Dios mismo con el amor del alma y mi cantar azul. Le efigie mira al cosmos, y El Cairo con su Nilo extiende largos brazos hasta el palmar del sol, y el sol comunitario deja un río de amigos; allí dejé mi abrazo de El Cairo hasta Luxor. Cúpulas surgen, torres, bajo el cielo de Egipto, y la efigie interroga con la voz de Mahfouz: “Hijos de nuestro barrio”:, Cuál es la meta? Un grito? Levantad la cabeza más arriaba:!LA LUZ! |
Ramiro Lagos
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