| Canto del poeta Lagos a sus Madriles |
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Los
Madriles de mi canto |
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“Después que me vi en Madrid, |
| Madrid de arábico nombre, y del oso y el madroño, y acaso de osa con moño, es ciudad cosmopolita. Es metrópoli en su cita del mundo de la cultura, se le mira con altura, y allí todo inmigrante se hace hispánico parlante. En el Madrid añorado del año cincuenta y uno, era yo, sin ser un tuno, voz cantante, sin guitarra, de la bohemia y la farra en la ciudad que volvía a respirar poesía allá en el Café Varela lejos del gris centinela. En ese Madrid de entonces resucitaba Quevedo, que no le importaba un bledo tiznarle a Madrid la cara de cenicienta, no rara, en la postguerra española en que faltaba el garbanzo sin que ningún Sanchopanzo matara el hambre en Madrid. De la guerra no se cante, no fue la guerra del Cid, la canta García Madrid Ángeles, con su verdad: “Requiem por la libertad” es su rezo funerario, lo reza sin incensario, lo llora por doce rosas que florecen en sus fosas. Basta ya! Otros recuerdos se hacen eco en este escrito, Y si a Quevedo yo cito es por su humor madrileño, que aunque se frunza su ceño, y aunque me muera de risa en Madrid todo se guisa con humor de tapa en tapa y con su guasa de ñapa. Un piropo al Madrid grato por su porte en aire fino y ante la dama me inclino por señorial y por guapa. Brindo por ella de capa, como galán de alta copa. con ella, musa, se topa mi corazón en Madrid tan embriagado de vid. Canto al barrio madrileño de Chambery y Las Vistillas, no al Madrid de gitanillas, al Madrid más berbenero, al de guasa y de salero, tan castizo y tan goyesco con su chotïs, y tan fresco, de un San Isidro efusivo de mano abierta y festivo. Quien va de tapas por calles del viejo Madrid, de noche, que disfrute, que derroche la desbordante alegría. La Puerta del Sol me guía hasta la Plaza Mayor donde aflorando el fervor del ritmo que allí se orquesta te sientes que estás de fiesta. En el Madrid de los Austrias evoco su luz de historia con el arte, con su gloria, y hasta el Palacio de Oriente me llego a ver la imponente mansión de imperial estilo del vivir, y vuelvo al hilo de lo glorioso de España. Por ella brindo champaña. Las doce uvas me llevan al Madrid del año nuevo a brindar, y me renuevo al abrírseme la Puerta del Sol, y al tenerla abierta me voy hacia el Ateneo donde otras luces yo veo, y hacia el clásico Madrid Os invito a todos: Id. En el Madrid de Quevedo y de Cervantes la calle, nadie falle, nadie falle en ver también al gran Lope de Vega, y ya llego al tope de su grandeza, y los cito para leer cada escrito en esta clásica zona que de luces se corona. Por el arte voy a El Prado a ver a Goya y al Greco y a Velásquez, cuyo eco es un pincel trascendente, y me marcho, de repente, por arte, al Reina Sofía por ver, con vanguardia al día, los cuadros del gran Picasso y de Miró, brazo a brazo. ¿Qué mas brilla en el recuerdo de los Madriles que evoco? Todo Madrid es el foco del arte que se convive con gustos, y se revive con sus estilos. Yo añoro todos sus siglos de oro y el Madrid moderno brilla en la Plaza de Castilla. En el Parque de El Retiro el Madrid adomingado se abraza de prado a prado con su jardín a la vista y vese al vate, al artista y hasta el diablo en su escultura que disfruta de su altura y hay un lago con canoas y un cisne que canta loas.. En el Madrid rezandero, si es que reza el madrileño, la Almudena, si me empeño, acaba con mi relajo, y a San Isidro me trajo, y en San Francisco yo rezo, lejos sí del rojo beso, ¡Ay por Dios!, que soy asceta, aunque erótico poeta. Oh Madrid de Las Cibeles de Gran Vía y Castellana, yo le canto a su jarana y al aire que se respira libremente en el concierto popular de ritmo abierto dando el tono al lo castizo sin que nadie advenedizo se sienta en Madrid, ¡lo canto! |
Ramiro Lagos
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