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Génesis de luz y llanto |
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Génesis
de la luz, arco iris de estrellas, escala
azul de ángeles, floración de la vida, un
diluvio de flores y todo es poesía del
paraíso plácido; mas la sierpe envenena. El
milenario génesis del Popol Vuh florece de
los vetustos troncos donde Dios se perfila entre
dulces maderas y maíces de espigas, pero
sus cristos llegan más tarde entre cipreses. Los
hombres de madera del Popol Vuh definen profundos
jeroglíficos y levantan pirámides arriba
de sus cielos, y Dios está en sus mares y en sus piedras labradas donde su Biblia escriben. Las
estatuas de piedra de Tiahuanaco sacro se
afirman en el credo del creador de las luces. El
sol, la luna y astros, en los indios relucen. pero
Inti, el Dios cósmico, de Machu-Pichu es alto. En
sus remotas noches, el Viracocha alumbra de
sol a sol las cumbres, los valles y los ríos y
el Vari-runa sacro obra sus sacrificios con
sus devotas tribus y el Inti las circunda. A
Pachamac se rinde su culto merecido, y
a Pachamama, diosa del agro fecundado, madre
nuestra, Jaguar divinizado, en arca de Noé, es madre de los trigos. El
buen salvaje era civilizado y sabio a
la manera maya, a la manera Inca; y
adorando a su Sol, Dios eran sus pupilas y
su imperio no vino de una tribu de esclavos. Los
espíritus pueblan el Viejo mundo antiguo de
los mayas y aztecas, de los incas y chibchas tejedores
de cielos, sus fetiches tenían, con
su huanquique hermano, cual espíritu místico. Del
corazón del cielo, del corazón del viento nace
el quetzal tan libre que empenacha a los mayas pero
el blanco lo oprime, lo explota, lo amilana y Cristo está en pedazos y el ladino en silencio. Al
conquistar sus tierras, brillan estrellas pardas como
génesis triste del conquistado mundo; mas
los regios heraldos ignoran que el diluvio de
lágrimas comienza mientras flotan las arcas. En
el mundo de América, en el mundo más negro en
todo el tercer mundo, abarcando el oriente, del
diluvio de lágrimas, es testigo la muerte, y
el poder de hacer muertos, es cruel sin Dios y ciego. Un
génesis de sierpes, potestades corona y
en las sienes soberbias el veneno pulula y
surgen los caínes con monstruosas medusas y se mata al hermano con cuchillos de historia. Los
cuchillos más negros en el oriente matan campos
de refugiados y las lágrimas brotan con
diluvios de quejas y de enormes congojas; mas,
al gran matarife, “hombre de paz” lo llaman. En
tierras ocupadas, de los lugares santos donde
Moisés escribe su quinto mandamiento hay
ruinas de la historia y montañas de muertos que
estallan contra muros, las biblias a pedazos. Las
lágrimas esclavas, y las de sangre y muerte dejaron
en la historia el más macabro hito sin
lágrimas del mundo y se acribilla a Cristo en África y América, se mata negramente. En
oriente lejano, en Vietnam y en Cambodia ¡qué
diluvio de sangre, qué caínes monstruosos! Y
temed, si es que explotan los atómicos hongos. Y
temed su gangrena, su hecatombe monstruosa. Madres
del tercer mundo, ¡ay, dolorosas madres con
sus calvarios tristes y sus cristos de angustia al
ver morir millones de hijos de la hambruna! Nacen
y mueren cruces de sus vientres de hambre. Hay
lágrimas de sangre donde la muerte azota por
la violencia armada y por el terrorismo y
hay terror económico contra el pueblo oprimido y aterran los silencios de creyentes con sombras. Nunca
cesan las lágrimas desde sangriento mayo, en
que al mar arrojaron atados a sus hijos, saber
que en otras fosas, los desaparecidos increpan
con guadañas a funestos tiranos. ¡Cuántos
cristos padecen el vía crucis del mundo! ¡Cuántos
niños hambrientos, cuántas madres con lloros! Un
oriente de llantos de inmensos mares rojos globaliza
las lágrimas y es cíclico el diluvio. Hay
lágrimas de Cristo en los mustios calvarios del
mundo y América se puebla de esqueletos pero
Cristo es la luz del Nuevo Testamento, es la senda y la vida, aunque surja a pedazos |
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Apostilla: La génesis del mundo es un diluvio de oscuros relámpagos y lágrimas. Ésta es la visión del poeta testimonial que intentan globalizar esas lágrimas en otros territorios invadidos por las sombras de las tinieblas. En principio sí, fue el caos, pero también fue la luz. En ese génesis poetizado brilló el sol de los Indios, que se les reveló rodeado de rayos y de belleza. Por eso lo adoraban. Después fueron las lágrimas misioneras de un Cristo que fue traicionado, torturado y sometido a un calvario histórico. Sobre este tema el espíritu de redención perdura en su vanguardia. Sobre el Dios cósmico revelado a nuestro patriarca indios precolombinos, la misión ha sido captar sus irradiaciones, sus ecos de luz genética. Quisiera en este punto, acudir a la apostilla que me depara la pluma de Leonardo Boff, para parafrasearla en relación con el Dios de los incas: estaban llamados a ser rayo-receptivos y a adorar la inmensa irradiación del cosmos, proveniente del Dios creador y “vivificador del universo”. Ésta ha sido la génesis de su religión, posteriormente vinculada a la misión del Cristo misionero. |
Ramiro Lagos
Agosto 30 del 2009
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