Génesis de luz y llanto 
Por Ramiro Lagos

Génesis de la luz, arco iris de estrellas,

escala azul de ángeles, floración de la vida,

un diluvio de flores y todo es poesía

del paraíso plácido; mas la sierpe envenena.

 

El milenario génesis del Popol Vuh florece

de los vetustos troncos donde Dios se perfila

entre dulces maderas y maíces de espigas,

pero sus cristos llegan más tarde entre cipreses.

 

Los hombres de madera del Popol Vuh definen

profundos jeroglíficos y levantan pirámides

arriba de sus cielos, y Dios está en sus mares

y en sus piedras labradas donde su Biblia escriben.

 

Las estatuas de piedra de Tiahuanaco sacro

se afirman en el credo del creador de las luces.

El sol, la luna y astros, en los indios relucen.

pero Inti, el Dios cósmico, de Machu-Pichu es alto.

 

En sus remotas noches, el Viracocha alumbra

de sol a sol las cumbres, los valles y los ríos

y el Vari-runa sacro obra sus sacrificios

con sus devotas tribus y el Inti las circunda.

 

A Pachamac se rinde su culto merecido,

y a Pachamama, diosa del agro fecundado,

madre nuestra, Jaguar divinizado,

en arca de Noé, es madre de los trigos.

 

El buen salvaje era civilizado y sabio

a la manera maya, a la manera Inca;

y adorando a su Sol, Dios eran sus pupilas

y su imperio no vino de una tribu de esclavos.

 

Los espíritus pueblan el Viejo mundo antiguo

de los mayas y aztecas, de los incas y chibchas

tejedores de cielos, sus fetiches tenían,

con su huanquique hermano, cual espíritu místico.

 

Del corazón del cielo, del corazón del viento

nace el quetzal tan libre que empenacha a los mayas

pero el blanco lo oprime, lo explota, lo amilana

y Cristo está en pedazos y el ladino en silencio.

 

Al conquistar sus tierras, brillan estrellas pardas

como génesis triste del conquistado mundo;

mas los regios heraldos ignoran que el diluvio

de lágrimas comienza mientras flotan las arcas.

 

En el mundo de América, en el mundo más negro

en todo el tercer mundo, abarcando el oriente,

del diluvio de lágrimas, es testigo la muerte,

y el poder de hacer muertos, es cruel sin Dios y ciego.

 

Un génesis de sierpes, potestades corona

y en las sienes soberbias el veneno pulula

y surgen los caínes con monstruosas medusas

y se mata al hermano con cuchillos de historia.

 

Los cuchillos más negros en el oriente matan

campos de refugiados y las lágrimas brotan

con diluvios de quejas y de enormes congojas;

mas, al gran matarife, “hombre de paz” lo llaman.

 

En tierras ocupadas, de los lugares santos

donde Moisés escribe su quinto mandamiento

hay ruinas de la historia y montañas de muertos

que estallan contra muros, las biblias a pedazos.

 

Las lágrimas esclavas, y las de sangre y muerte

dejaron en la historia el más macabro hito

sin lágrimas del mundo y se acribilla a Cristo

en África y América, se mata negramente.

 

En oriente lejano, en Vietnam y en Cambodia

¡qué diluvio de sangre, qué caínes monstruosos!

Y temed, si es que explotan los atómicos hongos.

Y temed su gangrena, su hecatombe monstruosa.

 

Madres del tercer mundo, ¡ay, dolorosas madres

con sus calvarios tristes y sus cristos de angustia

al ver morir millones de hijos de la hambruna!

Nacen y mueren cruces de sus vientres de hambre.

 

Hay lágrimas de sangre donde la muerte azota

por la violencia armada y por el terrorismo

y hay terror económico contra el pueblo oprimido

y aterran los silencios de creyentes con sombras.

 

Nunca cesan las lágrimas desde sangriento mayo,

en que al mar arrojaron atados a sus hijos,

saber que en otras fosas, los desaparecidos

increpan con guadañas a funestos tiranos.

 

¡Cuántos cristos padecen el vía crucis del mundo!

¡Cuántos niños hambrientos, cuántas madres con lloros!

Un oriente de llantos de inmensos mares rojos

globaliza las lágrimas y es cíclico el diluvio.

 

Hay lágrimas de Cristo en los mustios calvarios

del mundo y América se puebla de esqueletos

pero Cristo es la luz del Nuevo Testamento,

es la senda y la vida, aunque surja a pedazos

Apostilla: La génesis del mundo es un diluvio de oscuros relámpagos y lágrimas. Ésta es la visión del poeta testimonial que intentan globalizar esas lágrimas en otros territorios invadidos por las sombras de las tinieblas. En principio sí, fue el caos, pero también fue la luz. En ese génesis poetizado brilló el sol de los Indios, que se les reveló rodeado de rayos y de belleza. Por eso lo adoraban. Después fueron las lágrimas misioneras de un Cristo que fue traicionado, torturado y sometido a un calvario histórico. Sobre este tema el espíritu de redención perdura en su vanguardia. Sobre el Dios cósmico revelado a nuestro patriarca indios precolombinos, la misión ha sido captar sus irradiaciones, sus ecos de luz genética. Quisiera en este punto, acudir a la apostilla que me depara la pluma de Leonardo Boff, para parafrasearla en relación con el Dios de los incas: estaban llamados a ser rayo-receptivos y a adorar la inmensa irradiación del cosmos, proveniente del Dios creador y “vivificador del universo”. Ésta ha sido la génesis de su religión, posteriormente vinculada a la misión del Cristo misionero.

Ramiro Lagos
Agosto 30 del 2009

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