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Ecce homo, lo retratan
como un reo sobre muros,
se le busca a ese hombre.
como un impostor del vulgo.
Se le busca en las paredes
de los conventos oscuros,
donde aparece su imagen
en un mural de refugio.
Ese hombre es peligroso.
es la voz del infortunio,
de los imperios soberbios
y el de Roma está en apuros.
Ese hombre es impostor,
se ha creído el rey del mundo
por ser el hijo de Dios,
va con divinos discursos.
Ecce homo con su INRI
como reo lo buscan unos,
y los hijos de la fe,
lo buscan como Dios único.
Ese hombre amordazado,
¡como se hunden tan agudos
en sus heridas, los clavos,
en su cruz y tan profundos!
Ese hombre, es Cristo mártir
de sanguinarios verdugos,
y el pueblo cuenta también
con sus esbirros de turno.
Ese hombre, amordazado
¡cómo aprietan nudo a nudo.
sus ataduras! no es libre,
mas va a liberar al mundo.
Ecce homo, lo sentencian
por ser justos los injustos.
Muerte decretan y matan
a Dios Cristo, los corruptos.
Ese hombre, Cristo roto,
¡cuánto lloro, cuánto sufro!
con la madre dolorosa,
por el pueblo con sus yugos.
Ecce homo, ya caída
su cabeza y moribundo,
un lanzazo lo desangra
y se amorata el crepúsculo.
Ecce homo de los Andes
marca sus huellas con luto,
y en los antros de los pobres
va con ellos al sepulcro.
Ese hombre, el de América,
el de África, el del mundo,
no tiene voz, mas el vate
la resucita sin nudos.
Sin ataduras el vate
no se calla, toma el pulpito
para sus siete palabras
de justicia en su conjunto.
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