Amigos protectores de Letras-Uruguay

Afirmación hispanista y mejicanidad colombiana
Por Ramiro Lagos

A propósito de la celebración del Bicentenario de la Independencia de Méjico, se hace oportuno publicar este articulo de Ramiro Lagos sobre "La mejicanidad colombiana", publicado en su obra, Vanguardia de Pluma Errante.


Al presentar mis libros Poetas sin Fronteras y Cantos de la Epopeya de América en el Palacio de Bellas Artes de Méjico hace unos años, se me hizo el honor de entregarme una hermosa placa de reconocimiento a mi obra, cuyo texto dice así:

“El Frente de Afirmación Hispanista cuya filosofía es enaltecer los valores de la cultura hispánica y su herencia en Hispanoamérica, celebra y reconoce los libros del escritor colombiano Ramiro Lagos en el terreno creativo y en los aspectos de difusión y promoción de la poesía contemporánea escrita en nuestra lengua. Su aportación como fundador y presidente internacional del Centro de Estudios Poéticos Hispánicos ha generado una dinámica cultural entre los poetas de habla hispánica en diversos países, incluyendo aquellos que radican en los Estados Unidos y Canadá.

Se suma a este merecido reconocimiento el Grupo Floricanto que promueve la poesía como medio de integrar a las artes, el Club Rotario de Viveros de Coyoacan que conjuga su vocación ecológica y de servicio social con el apoyo a la cultura que nos identifica.

Sea este testimonio, una muestra de la valoración que merece la obra del poeta, ensayista, editor y doctor en letras Ramiro Lagos con los mejores augurios por los frutos que coronen su destacada trayectoria.

FIRMAN: Iliana Godoy
Fredo Arias de La Canal Grupo Floricanto
Frente de Afirmación Hispanista.
Fernando Pineda.
Club Rotario, Viveros Coyoacan“.

Después de leerse el texto de la placa de reconocimiento internacional, me correspondió tomar la palabra para expresar mis agradecimiento y para referirme, luego a la mejicanidad colombiana alternativa con la colombianidad mejicana. Estas fueron mi palabras:

“Al agradecer al distinguido humanista Fredo Arias de La Canal el reconocimiento que ha tenido a bien hacerme a nombre del Frente de Afirmación Hispanista, permítaseme compartir ese honor con quien mejor se lo merece como paladín del hispanismo mejicano, y es Ud. Dr. Arias de la Canal. quien ha sabido canalizar ese amazónico caudal del pensamiento y del abolengo cultural hispánico de nuestros escritores novomundanos. Su revista Norte, sus obras de crítica psicoanalista, su brillante pluma de ensayista y la divulgación de la poesía cósmica, amén de la creación del “Premio Vasconcelos” para estímulo de los escritores del Mundo Hispánico, revierten con premisas de luz, este acto también de reconocimiento del homenajeado con sorpresa de buena suerte, al homejaneador preclaro. 

En mora estábamos los latinoamericanos de expresarle nuestra gratitud por la creación del Premio Internacional José Vasconcelos con que se galardona indiscriminadamente a los escritores de Latinoamérica, y es muy significativo que entre los poetas premiados con el laurel mejicano, se hubiese elegido al poeta colombiano Helcías Martán Góngora, poeta de las tres razas: la indígena, la africana y la española. Recuérdese que Martán fue el autor del Mester de Negrería y otras cantigas de variedad temática. Poeta, en definitiva, de la raza cósmica, según concepción vasconceliana. Me pregunto si con ese concepto integrador de los valores culturales bajo el arco iris de los Siete colores con que Germán Arciniegas caracteriza el mapa de la cultura multánime del Continente sin abarcar a las 64 étnias de Méjico, también el Dr. Arias de la Canal se aproxime a comulgar con el ideario de Ramiro de Maeztu, heraldo de la hispanidad integrada dentro de esa gran patria hermanada de voces libres y libertas que es muestro idioma común, nuestra Casa Grande..Si el idioma es la patria heredada y El Dorado fue reconquistado por los caballeros de nuestro propio lenguaje culto y popular, ha de colegirse que en su ámbito nos convocamos y creamos nuestro propio imperio cultural. Es que la lengua española la han hecho imperial los escritores del nuevo mundo con sus filones de riqueza idiomática, con su realismo mágico y los cinco premios Nobel. a Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Gabriel García Márquez y Octavio Paz, amén de los Premios Cervantes otorgados a varios escritores hispanoamericanos..

Popular y culta la lengua cervantina fue un legado ciertamente peninsular, pero tanto el Quijote como la gramática de Nebrija, aquí se reconquistaron, y habrá de sostenerse que esa gramática unida al lenguaje de nuestros Andes, de nuestras pampas, de nuestros volcanes, de nuestras pirámides, de nuestros aquilones y de nuestros aire mágicos y con tantos millones que hablan español, aquí se enriqueció, se agigantó, se hizo imperial, para timbre y gloria de nuestros antiguos imperios y para darle esplendor a cada una de las "Atenas de América". Una de ellas es Méjico, otra es Bogotá para la cual el maestro Vasconcelos, dedica sus encomios en su carta a la juventud colombiana: 

“Confío mucho en ustedes, porque hay en Colombia un rancio espíritu que obrará prodigios. El afán con que ustedes han cuidado la pureza del idioma es una garantía de que poseen ese orgullo sólo de las razas creadoras“. 

Al hacer hincapié el maestro en el orgullo de las razas creadoras, nos da luz para reflexionar que Méjico con su pensamiento e hispanismo amestizados, ha ejercido una rectoría espiritual en los países latinoamericanos, y los colombianos somos los primeros en reconocerlo como mejicanistas históricos. Téngase en cuenta que fue en Colombia donde por ley se proclamó como Emérito de las Américas a un Benito Juárez indígena en sus raíces aztecas y culturalmente mestizo. La lejana idea de iniciar un movimiento arrollador latinoamericanista de trascendencia internacional la propuso el ensayista colombiano Germán Arciniegas en 1950 y él quiso que Méjico fuese la sede y que el mentor de ese movimiento fuese. el maestro mejicano Alfonso Reyes. Se trataba de un congreso por la libertad de la cultura atada aún a las viejos torreones medievales de privilegio encomendero. En este sentido Vasconcelos abogaba por un fuerte latinoamericanismo moderno dirigido por un nuevo Bolívar pluralista, integrador de razas y creador de parcelas patrias, pues según el intérprete del espíritu de la Revolución Mejicana, quien no tiene tierra no tiene patria; y que viva Zapata!, el de mi soneto mejicanista testimonial y que viva Méjico! con mi corrido por la avenida Insurgentes nuevamente recorrida hasta el Hotel Diplomático, donde pude intercambiar mi lenguaje Zapatoca a lo castizo con el de un gran poeta zapoteca admirador de Colombia por Jorge Isaac, Vargas Vila y Barba Jacob. Defensor de la cultura zapoteca ese poeta, autor de Los hombres que dispersó la danza, lauro nacional de la poesía mejicana, se llama Andres Hinestrosa. Yo recordaré el resto de mi vida: cuántos huevos estrellados con chiles rojos de desayuno conversado compartí en el Hotel Diplomático de Insurgentes con “este joven", de 98 años. deseoso de ir a Colombia a dictar una conferencia sobre una novela colombiana que leyó a los ocho años: La María. El encuentro con este poeta indoamericano me hizo reconocer en su voz zapoteca que la raza de la lengua y la lengua de la raza en la América Mestiza se funde en una gran campana donde el bronce impone transcendencia de su poder integrador y convocador por voluntad de la variedad mayoritaria de sus acentos, ecos y timbres de orgullo lingüístico nacional..

Otto Morales Benítez. excelente ensayista, autor de Colombia y Continente, se adhiere en sus ensayos a las tesis de los pensadores mejicanos, y se meiicaniza intelectualmente comulgando con las reflexiones americanistas de Leopoldo Cea, su paradigma intelectual. América como Conciencia y el Pensamiento latinoamericano, del pensador mejicano, son dos obras fundamentales en que el escritor colombiano apoya sus conceptos indoamericaniastas en equidistancia con el mensaje de Haya de la Torre acogido por Vasconcelos en Méjico. Y está de acuerdo Otto Morales con Leopoldo Cea en que un afán de occidentalizar, durante dos siglos “una masa de hombres, toda una cultura es rebajada y negada como humanidad”. Carlos Pellicer en su paso por las avenidas intelectuales de Colombia deja huellas líricas en una aldea colombiana y el tema mejicanista de su poesía abarca el amplio marco de su americanidad histórica que va desde de Piedra de sacrificio a su poesía cósmica y protestataria. Admirador del mejicanista colombiano Porfirio Barba Jacob, fue Carlos Pellicer quien llevó las cenizas inmorta!es de esa simbólica antorcha rebelde, que a despecho del poeta, nunca se pudo apagar, porque con su ‘’llama al viento” se avanza más en aras de nuestra mejicanidad colombiana que perduraró con la revista Nivel de Germán Pardo García y se mantuvo irradiada internacionalmente con la revista La Casa Grande que dirigió el intelectual colombiano Mario Reyes, cuyo servicio a la colombianidad lo ha distinguido como exitoso organizador de Semanas Colombianas en Méjico y promotor de los concursos "Gabriel García Márquez”, para cuentos, "Rafael Gutiérrez Giradort", para ensayo, “Alvaro Mutis” para poesía y “Enrique Buenaventura", para dramarturgia. Como mejicanista Mario Reyes se ha dado a la tarea de difundir bilingualmente la literatura Infantil a las 64 étnias de Méjico y así ha publicado paralelamente traducidos, textos de Sor Juana Inés de la Cruz, de Leopoldo Lugones, de Amado Nervo, de García Lorca y hasta de nuestro compatriota Rafael Pombo, entre otros poetas del mundo hispánico. Méjico también es Palabra Mayor en Colombia y ha estado representada, no solamente a través del epistolario de Octavio Paz con varios escritores colombianos de la categoría de Fernando Charry Lara, sino en las entrevistas con las personalidades de las letras hispánicas que ha llevado a la televisión nacional el escritor y novelista Rafael Humberto Durán. En dichas entrevistas del escritor colombiano y en su obra Halcón Peregrino. Octavio Paz y Carlos Fuentes son Palabras Mayores de Méjico entre los lectores colombianos de excelentes lecturas contemporáneas. Huellas colombianas han quedado y habrán de quedar si se ha leído en la revista La Casa Grande el estudio de “Algunos nexos históricos entre Colombia y Méiico” de Gustavo Vargas Martínez. Baste resaltar que Don Rufino José Cuervo fue distinguido como miembro de la Academia Mejicana en 1885. Baste evocar a insignes colombianos que han hecho de Méjico su segunda patria cultural como el ya citado Barba Jacob, como el gran poeta Germán Pardo García, como el escultor Rodrigo Arenas Betancour, como el maestro boyacese Rómulo Rozo. Escultor éste que monumentalizó esculturalmente la Historia de Méjico en Mérida, Yucatán. Agréguese nombres afincados en la cultura mejicana como los de Emilia Ayarza Herrera y Laura Victoria, descollantes poetas. Vinculados a Méjico han estado el genio de la pintura y escultura barroca contemporánea, Fernando Botero y los escritores del boom colombo-mejicano García Márquez y Álvaro Mutis y Fernando Vallejo, sin mencionar al selecto grupo de colombianos como Germán Posada Mejia, que se precia de haber sido discípulos de Alfonso Reyes y de haber mantenido un permanente diálogo epistolar con el prestigioso maestro. Yo mismo siento un alto orgullo al habérseme dado la oportunidad de presentar muestras de mi obra en el Palacio de Bellas Artes y en la Capilla Alfonsina, centro cultural de preponderante resonancia. "Ya tendrás que decirles a los a mejicanos, que Alfonso Reyes es en Colombia el pontífice de las letras hispánicas, una figura ya consagrada de nuestras lecturas”. Esto me lo recalcó el gran ensayista Otto Morales Benítez al saber que iba a visitar a Méjico. Y observareis que, si digo visitar a Méjico con pronombre directo lo hago intencionalmente como si se tratase de un personaje familiar, y ciertamente lo ha sido, porque Méjico en su viva eclosión lírica representa a las siete poetas mejicanas que con Iliana Godov a la cabeza. figuran en mi antología Poetas sin fronteras. Méjico en su voz unánime revolucionaria es Efraín Huertas y la Espiga Amotinada con Juan Bañuelos, Oscar Oliva y Jaime Labastida, vates que se destacan en mi antología de Mester de rebeldía de la Poesía Hispanoamericana. Méjico en su palabra femenina y feminista se hace eco en mi obra antológica, Mujeres poetas de Hispanoamérica, con Rosario Castellanos. Enriqueta Ochoa, Thelma Nava, Isabel Freire, Carmen Alardín, Elsa Gross, Melva Macías y otras voces de la mejicanidad lírica. Con algunas de ellas y con otro cortejo lírico, me he citado en La casa del poeta, habitada por el espíritu lírico de Ramón López Velarde y he compartido mis Bodegones de Eros y otros cantos con las divas en cuatro rondas de poesía erótica. Mis contactos con poetas como Enriqueta Ochoa inclinadas hacia otras manifestaciones más fervorosas en la amistad y en la poesía, me despertó el fervor acumulado por 20 años al volver a verla en su santuario lírico rodeada de sus discípulas, en su taller literario. Aún dedicada a aflorar la imagen de toda la poesía mejicana generación tras generación, esta poeta recientemente homenajeada nacionalmente, dice Bajo el oro pequeño de los trigos (su libro antológico, 1947-1996), "que un ramo de menudas estrellas le sirven de frazada para calentar sus huesos cada día más viejos". Y ya pasando a la galería de mi memoria, me reencuentro también dos décadas después con Thelma Nava, la que me me había llevado de la mano a conocer a Efraín Huerta, y la que había abierto las páginas de su revista el Pájaro Cascabel a los poetas nadaistas colombianos. En esta ocasión me entregó un número de la revista El Cocodrilo, dirigida por su hija Raquel Huerta, y me hizo saber que había conocido al poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, quien murió en Méjico y quien también había sido amigo de Octavio Paz, al igual que de Efraín Huertas. Qué poeta e intelectual colombiano que pasó por Méjico no tuvo contactos con Octavio Paz? El más importante, a no dudarlo, fue el poeta y novelista Álvaro Mutis, su eximio amigo mejicano que estuvo con él hasta en los difíciles momentos biográficos. Nunca tuve la suerte de conocer a Paz porque cuando él dirigía la revista Vuelta, Thelma Nava me había acercado más a la revista opuesta a su ideología la revista Plural, abiertamente izquierdista dirigida por Jaime La Bastida, donde colaboraba Huerta. Precisamente, gracias a una glosa suya tuvo eco en Méjico mi obra de poesía protestaria, el Mester de Rebeldía de la Poesía Hispanoamericana. Con Efraín Huerta mi amistad fue abiertamente comprometida con los que escribíamos de temas protestarios, pero con su ex-eposa, Thelma Navas mi amistad fue estrecha y fervorosa hasta haberla podido celebrar con varias copas de tequila a los aires cálidos del Mariachi en la plaza de Garibaldi. Allí ella, pese que también le gustaba declararle el amor a su Cuba revolucionaria, se manifestó como una mejicana colombianizada y yo como un colombiano mejicanizado. En medio de su fervor me dijo: "me gustan los colombianos en lo que crean y cómo escriben.” Y para sorpresa ella que había sido jurado del Premio Internacional Jaime Sabines, me hizo saber que ese premio se lo había ganado en 1999 el joven poeta y profesor de la Universidad Javeriana, Juan Felipe Robledo Cadavid.Ya han sido dos premios internacionales que se han ganado en Méjico dos colombianos: Helcías Martán Góngora y este nuevo poeta, que escribió De Mañana para ganarse el laurel mejicano.

Quiero registrar como anécdota que fue en Méjico donde conocí personalmente a García Márquez. Me había invitado la poeta Carmen Alardin a la ceremonia en que le entregaban a ella el Premio Villaurrutia. Allí estaba García Márquez saludando copa en alto a sus admiradores. Cuando quiso saludar a Carmen, me crucé con su mirada y frente a frente le remarqué mi sorpresa a manera de guasa: "Ud. como que se parece a García Márquez”.... A lo que me respondió:" Sí, yo soy García Márquez, y Ud quien es? – Tendrá que ser antioqueño, verdad?" – “No exactamente”, le respondí, con cierto tono de copa “mamaqallista“: soy de la ciudad "antioqueña” de Zapatoca, Santander. Fue esta una la oportunidad de charlar con palabras sencillas con Gabo, cuyas obras Cien anos de Soledad y El amor en los tiempos del cólera había ya explicando en varias ocasiones a mis estudiantes norteamericanos. Así se lo hice saber al maestro del realismo mágico y también le dije que ya conocía mucho de su vida juvenil a través de su padre médico, a quien había conocido en el año de 1968 a través del entonces cónsul de Colombia en la ciudad de Méjico, el poeta Oscar Echeverri Mejia.

Sea oportuno referirme al mejicanismo de este escritor, autor de “Nocturno en Guanajuato”, quien alternaba sus largos años de diplomacia con el amor a la poesía viva y se intercambiaba remembranzas con el poeta Fernando Arbeláez. Fernando a la sazón, se iba a casar por tercera vez después de concluir su matrimonio con la actriz colombo mejicana Alicia Caro. Ahora el poeta se casaba con una estudiante colombiana radicada en Méjico. Su matrimonio fue en un santiamén de arrebato lírico. Para "cotilleo” entre poetas, he de recordar que los dos, Oscar Echeverri y yo, le habíamos apadrinado una “cita ciega’ a su paso por Méjico con la que sería su nueva esposa. Lo que más alimentó la vanidad de Fernando, fue el inventarle la broma de que “ella desde hacía mucho tiempo estaba enamorada.....de su poesía”, sin nosotros tener la mínima idea de si ella la había leído o no.. 

Buena suerte han tenido mis andanzas por Méjico al haber tenido como guía de mis ritmos a una estrella viva de la poesía caminante que me condujo a encuentros poéticos desde el “Parque Hundido" por el que paseaba yo, hasta la avenida de la Revolución y la Reforma. Allí en sus cercanías, me detuvo mi guía en calle República del Brasil, para presentarme al escritor Salvador Casteñeda, coordinador de actividades literarias de Conaculta.. Alli ejerce su pluma revolucionaria evocadora de cárceles, represiones y madrazos.. Allí la mano colombiana y mejicana quedaron estrechadas al intercambio intelectual y lírico frente a la joven poeta de Chiapas Gabriela Balderas y el poeta Eduardo Cerecedo tras de las huellas de Octavio Paz con nuestro interés innegable, por David Huerta, editor del Periódico de Poesía.

Mi contribución a la difusión de la mejicanidad lírica y al hispanismo amestizado de plurales lenguajes, está vigente y vibrante en mis obras, y me enorgullezco de esta mejicanidad, y por ella acepto agradecido el reconocimiento que el Frente de Afirmación hispanista me ha hecho en el Palacio de Bellas Artes, y dejo constancia de que fue el gran hispanista, Fredo de la Canal, el que con sus ensayos sobre “La Hernandia y con este poema expuesto al análisis, me ha trasladado históricamente a seguir las huellas de una épica mexicana reivindicada, paralela a la española, sin la cual, con mutuo orgullo racional, no se puede concebir un imaginado Frente de Afirmación Hispanista mejicanizado en las libertarias puertas abiertas de Tenochtitlan.

 

Apostilla. Tengo que reconocer que la poeta mejicana Iliana Godoy, representante capitular del Centro de Estudios Poéticos en Méjico, fue la coordinadora de mi visita a la ciudad de Méjico con recitales y actividades culturales del 5 al 15 de septiembre del 2001. Con tal motivo, el periódico Excelcior, publicó un artículo, comentando mi antología de Poetas sin Fronteras.

Ramiro Lagos

Vanguardia de Pluma Errante

Ir a índice de América

Ir a índice de Lagos, Ramiro

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio