La filosofía humanista de José Vasconcelos
Dr. Feliciano Hernández Cruz

"¡Sólo las razas que no piensan ponen los techos a la altura de sus cabezas!” 
(Vasconcelos)

“Y sólo tendremos patria y raza y noble imperio sobre una hermosa zona del mundo, ¡así que en nuestras almas el águila destroce a la serpiente!”
(J. Vasconcelos, Cuando el águila destroce a la serpiente, 1921)

“Estoy abrumado de qué hacer, pero he descubierto el secreto de no sentir el cansancio y tal como supones estoy libre de monstruos y serpientes y animado sólo por el impulso de las águilas”.
(J. Vasconcelos, Carta a Alfonso Reyes, Julio 27 de 1920)

El hombre de la genial impaciencia
(Carlos Pellicer: poeta mexicano)

Introducción.

Capitulo I: Ser y devenir del pensamiento y la obra de José Vasconcelos.

1. Acercamiento a su vida, pensamiento, obra y praxis.

2. Especificidad  de su cosmovisión y sus determinaciones concretas.

    2.1. Bregar crítico de su pensamiento

    2.2. La diversidad, elemento en la promoción cultural en México postrevolucionario de Vasconcelos

    2.3. Misiones culturales: una estrategia desalienadora.

    2.4. Polémica y creación del primer modelo de política cultural.

    2.5. La creación del INBA y del INAH.

    2.6. La diversidad de hoy.

3. Educación, Epistemología, valores, ciencia, técnica y cultura iberoamericana.

    3.1. Los valores

    3.2. La ciencia y la técnica

    3.3. La cultura iberoamericana

Capítulo II: La Filosofía Estética y sus particularidades.

1. Aproximación conceptual a la Estética.

2. La Estética como disciplina filosófica. El monismo estético.

    2.1. La coordinación como método de la Estética de Vasconcelos

    2.2. El Todo

    2.3. Unidad y verdad

3. Utopía y realidad de su Filosofía Estética y la filosofía en general.

Conclusiones.

Recomendaciones

Bibliografía.

Anexos. 1, 2, 3, 4 y 5

 

 

 

Introducción

Constituye un privilegio para un investigador, asumir la obra de Vasconcelos como objeto de estudio. Se trata de una figura paradigmática que alumbró y continúa alumbrando caminos propios para México y América Latina[1]. Un hombre ansioso de humanidad que hizo de la educación, la historia, la ética, la estética, la política y la religión, etc.,  partes inseparables de la cultura, y con ello, baluartes identitarios inexpugnables para bien de nuestra América y del mundo[2]. Un hombre que en su proceso de desarrollo intelectual madura sus ideas hasta convertirse en un fervoroso antipositivista[3], y así desplegar su ideario filosófico – educativo por nuevos derroteros en función de la realidad mexicana y latinoamericana. La obra de Vasconcelos es rica y profusa[4]. En ella se encuentran los problemas esenciales del quehacer filosófico, particularmente los relacionados con el devenir humano, en tanto humanista consecuente[5]. El tema del hombre, particularmente el mexicano y el latinoamericano, asoma a cada instante[6]. Igualmente su religiosidad es recurrente, pero al margen del fanatismo y los fundamentalismos estériles, ya que está vinculada estrechamente a los problemas vitales del hombre, a sus valores humanos[7], en beneficio del prójimo y la sociedad en general. En fin, es un  Maestro fundador de la cultura latinoamericana, que mira el horizonte con ojos humanos para bien de todos[8].

Sobre  la filosofía humanista de Vasconcelos y otros saberes filosóficos  se ha escrito mucho[9]. Resultan muy interesantes por la integralidad analítica las reflexiones del ensayo de Pablo Guadarrama: “El monismo estético de José Vasconcelos, pues penetra profundamente en las fuentes y raíces de su producción intelectual, así como en la totalidad de la filosofía del Maestro mexicano, revelando múltiples aristas poco trabajadas en la bibliografía existente, particularmente la sustancia cultural en que se desarrolla la filosofía del pensador mexicano.

También es de extraordinario valor el ensayo de la Dra. Martínez Llantada: “Principios fundamentales del sistema filosófico de José Vasconcelos” Revista Cubana de Ciencias Sociales.  La Habana. N. 13. Enero-abril 1987. Este ensayo descubre la esencia de la filosofía vasconceliana, sobre la base de un análisis holístico, complejo y crítico de sus fuentes, incluyendo los aportes que posee dicha obra estudiada.

De extraordinario valor resultan los trabajos de Gaos, Ingenieros, Blanco, Octavio Paz, Domínguez, Michael Christopher, Emeterio Valverde, Fell, Claude, Fernández, Mc gregor Genaro, Fernández del Valle, Agustín y Matute, Álvaro, Krause, E., entre otros. En cada uno de de ellos se desarrollan varios temas de la rica filosofía de Vasconcelos, que han servido de base fundamental a esta investigación; sin embargo, en mi criterio, aún no se trabajado en toda su profundidad la filosofía humanista de Vasconcelos, a partir del sentido cultural en que se desarrolla, incluyendo los cauces, ético, educativo, y particularmente estético, en que toma cuerpo.  

Precisamente es objeto de este libro la esencia de la filosofía humanista de José Vasconcelos, en sus varias mediaciones concretas, haciendo énfasis especial en su monismo estético[10], pero sin reducir su sistema a tan recurrente y significativo tema, ya que en definitiva el sentido cultural y sistémico es lo que da propia identidad a la obra de Vasconcelos.

Estamos en presencia de un pensador latinoamericano que desarrolló una rica filosofía en oposición al positivismo que negaba de modo absoluto todo discurso metafísico.

En Vasconcelos existe una profunda filosofía que posee determinaciones concretas en la historia, la literatura, la crítica, la política, la ética, la sociología,  la educación, y de modo especial en la estética,  entre otras esferas del saber por las que incursionó con profesionalismo, inteligencia y maestría.

En la obra de Vasconcelos existe una rica filosofía, en torno al mundo en relación con el hombre, la cual se  concreta con énfasis especial en una  estética con sentido cultural para la formación humana.

A pesar de que existen varios trabajos valiosos sobre la obra de José Vasconcelos, aún se carece, en mi criterio, de un estudio sistematizado sobre su Filosofía  humanista y las determinaciones concretas en que se expresa, particularmente su relación con la estética y el sentido cultural en que se funda toda su cosmovisión humanista. Precisamente esta obra aborda la filosofía del destacado filósofo mexicano con sentido holístico- cultural y en su complejidad real. Esto significa que la novedad de los resultados obtenidos no se reduce sólo a la sistematización del problema, sino además, a la aprehensión de nuevas aristas de su rico pensamiento, con visión de totalidad.

El libro está estructurado en dos capítulos y su desarrollo transcurre de lo general  a lo particular, sin perder de vista las varias mediaciones en que se despliega como sistema. En el primer capítulo: Ser y devenir del pensamiento y la obra de José Vasconcelos, se trabaja el proceso de formación y desarrollo  del pensamiento y de su obra, incluyendo el contexto sociocultural en que se desarrolla, las influencias que recibe, así como el marco teórico general en que se funda la aprehensión filosófica del pensador mexicano. Esto se concreta en tres epígrafes, que si bien no agotan el contenido significativo del capítulo, al menos se aproxima a sus momentos medulares. Estos son: 1. Acercamiento a su vida, pensamiento y obra. 2. Especificidad de su cosmovisión, que incluye aspectos esenciales de su filosofía humanista y otras determinaciones concretas, y  3. Epistemología, valores, ciencia, técnica y cultura iberoamericana y las determinaciones concretas que dan cuenta de un pensamiento sistematizado y maduro.

De este modo, el primer capítulo, además de  sentar las bases cosmovisivas,  desarrolla a un nivel general la filosofía del Maestro Vasconcelos, subrayando cómo tiene lugar  su quehacer filosófico teórico y práctico, como hombre de pensamiento y acción y gran Maestro de América, cuya obra se revela a través de una filosofía de raíz latinoamericana, y al mismo tiempo, sin perder su naturaleza universal.

El segundo capítulo: La Filosofía Estética y sus particularidades, se dedica a un momento fundamental de su sistema filosófico: a la Estética, concebida por el pensador como una disciplina filosófica de extraordinaria importancia para el hombre y la sociedad. En este capítulo se desarrolla la concepción estética de Vasconcelos, destacando su definición, el carácter cósmico - filosófico que le otorga el filósofo mexicano, así como el lugar del a priorismo estético y  la influencia de su credo religioso. Este capítulo se despliega y concreta en  tres epígrafes o apartados: 1. Breve aproximación conceptual e histórica a la Estética, 2. La Estética como disciplina filosófica. El monismo estético, y 3. Utopía y realidad de su Filosofía Estética y la filosofía en general.

Este capítulo culmina la investigación y pone de manifiesto la  profundidad del pensamiento filosófico de Vasconcelos  y su concreción en la estética, y, en general, en la cultura.

Esta investigación no se propone agotar un tema tan rico en su multiplicidad conceptual y práctica. Es sólo una aproximación a la filosofía humanista del Maestro de América, con énfasis especial en sus determinaciones educativas y culturales en general, particularmente  en su Filosofía Estética.  

Capítulo I

Ser y devenir del pensamiento y la obra de José Vasconcelos  

1. Acercamiento a  su vida, pensamiento, obra y praxis.

Como en todo pensador, la obra de Vasconcelos posee su historia. No nació de modo espontáneo. Las ideas fueron tomando cuerpo en el devenir histórico de la propia formación del hombre, ubicado en contextos reales y condicionado por muchas determinaciones, incluyendo las fuentes teóricas, otras premisas de la construcción del conocimiento y la revelación de valores, y la práctica como madre de la historia y las relaciones sociales en que se funda y despliega[11].

El ser humano, consciente o inconscientemente, está en constante búsqueda de elementos metodológicos, epistemológicos,  que le permitan, estudiar, analizar y transformar la realidad en  que vive. Además, crea, construye, genera problemas comunes y trascendentales, propios de su desarrollo dinámico en su actividad circunstancial, por lo que siempre, en el ejercicio de la actividad humana, va perfeccionando, paulatinamente, todas sus facultades hasta lograr formarse como un sujeto integral con sentido ecuménico, solidario,  con conciencia incluyente y con proyección de identidad cultural; individuo que en su quehacer cotidiano genera constantemente espacio comunicativos, cívicos y comprometido con su tiempo.

Cada hombre, mediante la interacción y reflexión permanente va formando su cosmovisión, que le servirá de base para desplegar sus múltiples actividades y orientarse en el mundo en que vive y actúa. La cultura en el proceso de desarrollo humano va generando las condiciones necesarias de la formación existencial, y conformando el ser en sus diversas mediaciones,  dejando huellas eternas en la conciencia social e histórica de un pueblo y del género humano. Esta realidad ha moldeado la existencia incansable de un joven mexicano, que cuenta con habilidades extraordinarias, capacidades trascendentales y destrezas en los distintos campos del desarrollo social. Es ese ser humano con condición finita en un tiempo y espacio. Ese ser inquieto, dinámico, aventurero, soñador y apasionado, pero siempre conduciéndose con la capacidad de asombro e intuición natural: ese hombre es José Vasconcelos Calderón, ilustre personaje, figura de la cultura Americana y universal. Maestro que ha impactado en las esferas intelectuales con la  ansiedad ontológica de construir y buscar identidades de una raza, pueblo y nación. Sin embargo, sus inquietudes, ansias y apetitos insatisfechos fueron aumentando paulatinamente hasta llegar a ser un intelectual de una estatura muy alta para México y Latinoamérica.  

La figura de Vasconcelos, para los mexicanos y para sus estudiosos, ha sido el fundamento esencial para la construcción de una visión de nación, de una visión pedagógica humanizante de nuestro tiempo, y de una construcción ideológica iberoamericana. Por lo cual, es importante conocer las raíces de vida, su desarrollo humano, en el devenir de su formación como persona y  en la labor de construcción de ideales culturales en iberoamérica. 

José Vasconcelos nace en la ciudad de Oaxaca el 27 de febrero de 1882, cuyo nombre completo fue José María Albino Vasconcelos Calderón, según la biografía que expresa el filósofo regiomontano mexicano, Dr. Agustín Basave Fernández[12] y otros; aunque algunos difieren en un día sobre su nacimiento: el 28 del mismo mes,[13]  pero en lo que sí coinciden es la fecha de su muerte, en la ciudad de México, el 30 de junio 1959.   

Fue un excelente filósofo, periodista, literato, educador, político y conferencista mexicano, "Maestro de la Juventud" por decisión de la Federación de Estudiantes de Colombia, Doctor Honoris Causa de las Universidades de México, Puerto Rico, Chile, Guatemala y El Salvador, miembro del Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua.

El padre como persona íntegra, responsable y justa, mostró siempre una personalidad positiva para la formación de principios en la vida de Vasconcelos. Fue un paradigma para su formación integral. Por la naturaleza del trabajo, como agente aduanal, la familia radicó de 1885 a 1896, en varias partes de la República mexicana. Desde los tres años de edad, vivió en la frontera de los Estados Unidos, primero en Sásabe, luego en Piedras Negras, donde cruza la frontera para asistir a la escuela de Eagle Pass Texas. Cuando cumple los trece años, viaja con su familia a la capital del país, Ciudad de México, para continuar sus estudios. Primero se detiene en Toluca en 1896, donde es fundamental resaltar que, aprende, adquiere y desarrolla habilidades para manejar magistralmente la escritura del español. En 1897 continúa el peregrinar de su familia y se va a vivir al Sureste del país, al Estado de Campeche, donde asimila abundante literatura francesa. Posteriormente, regresa a la ciudad de México para continuar sus estudios, se inscribe en la prestigiosa Escuela Nacional Preparatoria, cuyo baluarte intelectual era el positivismo; fue discípulo de Justo Sierra. Trabajó  primero al servicio del gobierno y luego en el Consorcio Norteamericano Wagner, Jonson & Gastón de N.Y. con sucursal en  México.

“Cuando vivió cerca de la frontera con Estados Unidos de América se dio cuenta que los estadounidenses acompañaban su progreso material acelerado, de una esmerada atención a la escuela.

Los constantes cambios de residencia le dieron a Vasconcelos una visión más profunda y amplia de la sociedad mexicana, que inspiró su intenso amor por la patria”[14].

Al formar parte del Ateneo de la Juventud, en 1911, con la designación de Vasconcelos como presidente de la institución, la agrupación se elevó al rango de Ateneo de México, ampliando considerablemente su campo de acción. Por otra parte, se elaboró un programa de rehabilitación del pensamiento de la raza y por otra se imprimió a sus actividades una orientación humanista y social, en favor de la educación del pueblo, de la que nació la idea de fundar la Universidad Popular Mexicana, la cual, con el lema de don Justo Sierra "La ciencia protege a la Patria", realizó una labor sin precedentes[15].

Ingresa a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, donde se graduó de abogado en 1905.

Antes de que Don Justo Sierra rompiera oficialmente con el positivismo, existía ya un grupo de jóvenes literatos que comenzaba a reunirse en torno a la revista Savia Moderna, fundada en marzo de 1906 por Alfonso Cravioto (1883-1955) y Luis Castillo Ledón (1879-1944). En ella colaboraban los nuevos escritores que, no conformes con el positivismo en filosofía ni el modernismo en literatura, más bien tendían a seguir las ideas expuestas por Rodó en su Ariel. Todos ellos estaban de acuerdo en que la vida espiritual debía predominar sobre la vida material. De allí surgió el Ateneo de la Juventud, grupo de jóvenes inquietos, visionarios, críticos, analíticos y transformadores sociales. Antecedido por la Sociedad de Conferencias, el 28 de octubre de 1909 se funda el Ateneo en la ciudad de México. Llegó a contar con más de cien miembros, entre ellos poetas -la mayoría-, pintores, arquitectos, musicólogos, ensayistas y filósofos. Los más activos fueron el maestro Pedro Henríquez Ureña, el filósofo Antonio Caso y el joven poeta Alfonso Reyes. José Vasconcelos, recordaría en Ulises criollo que Henríquez Ureña, Caso, Reyes y Alfonso Cravioto, imprimieron una dirección cultista, mal comprendida al principio.  

El Ateneo sobrevivió hasta mediados de 1914. La Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada tiene en sus acervos los interesantes libros de algunos de sus miembros, todos contemporáneos de Alfonso Reyes.  

De los personajes ilustres de este grupo de jóvenes con quienes interactuó Vasconcelos se destacan los siguientes, por ser los más representativos:  

Henríquez Ureña (1884-1946) Profesor, escritor y  lingüista dominicano, Pedro llegó a nuestro país por primera vez en 1906. Fue animador de la Sociedad de Conferencias, el Ateneo de la Juventud y el Ateneo de México. Entre las obras relacionadas con los personajes de México, escribió sobre Sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruiz de Alarcón. Se recomienda consultar: Historia de la cultura en la América hispánica. México: F.C.E., 1947. 171 p. (Colección Popular; 5). Colección Arnáiz y Freg. En la orilla mi España. México: México Moderno, 1922. 167 p. (Biblioteca de la Editorial México Moderno). Colección Arnáiz y Freg.

Antonio Caso (1883-1946), filósofo y escritor nacido en la ciudad de México. De 1920 a 1923 fue rector de la Universidad Nacional y posteriormente miembro de la Academia de la Lengua. Fue embajador de varias naciones de nuestro continente. El concepto de la historia universal y la filosofía de los valores. México: Ediciones Botas, 1933. 149 p. Colección Arnáiz y Freg. El acto ideatorio y la filosofía de Husserl. México: Porrúa, 1946. 369 p. Antología filosófica. —México: Ediciones de la Universidad Nacional Autónoma, 1957. 264 p. (Colección Biblioteca del Estudiante Universitario; 80). Colección Arnáiz y Freg.

Enrique González Martínez (1871-1952) Poeta nacido en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Estudió medicina. Dirigió varias publicaciones literarias. Con su libro Los senderos ocultos (1911), liquidó al modernismo. Tuércele el cuello al cisne…: soneto. — México: Imprenta universitaria de México, 1951. 11 p. Colección Arnáiz y Freg. Poesías 1898-1938.-- México: Editorial Polis, 1939, 296 p.  El nuevo Narciso y otros poemas. —México: Fondo de Cultura Económica. 1952. 91 p.(Letras Mexicanas) Colección Arturo Arnáiz y Freg.

Roberto Montenegro (1886-1968) Pintor e ilustrador tapatío. Cultivó el art nouveau. Fue uno de los primeros muralistas al decorar la iglesia de San Pedro y San Pablo, en La Merced. También es autor de varios libros. Planos en el tiempo.-México: Imprenta Arana, 1962. 88 p.

Genaro Estrada (1887-1937) Escritor y diplomático nacido en Mazatlán, Sinaloa. Durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio, dio a conocer la doctrina que lleva su nombre. Fue un bibliófilo y bibliógrafo. Parte de lo que fue su Pero Galín (1926). Pról. María del Carmen Millán. --- México: Instituto Nacional de Bellas Artes, Departamento de Literatura, 1967. 117 p. Nuevas notas de bibliografía mexicana. Pról. de Juan Iguíniz; introducción de José Carlos Valdés y anotaciones de Gabriel Saldívar y Silva. - México: Secretaría de Relaciones Exteriores, Dirección General de Prensa y Publicidad, 1954. XVIII, 89 p., 1 lámina. Bibliografía de Goya.-México: La Casa de España en México, 1940. 117 p. Algunos papeles para la historia de las Bellas Artes en México. -México: ( S.N.), 1935. 89 p.

Carlos Pellicer (1899-1977) Poeta tabasqueño nacido en Villahermosa. Participó en la intensa actividad educativa de José Vasconcelos para posteriormente integrarse al grupo denominado Contemporáneos.

Con palabras y fuego. -México: Fondo de Cultura Económica, 1962. 30 p. Colección Arturo Arnáiz y Freg. Reincidencias. - México: Fondo de Cultura Económica, 1978. 157 p. (Letras Mexicanas; 117) Colección Arturo Arnáiz y Freg. Primera antología poética: Poemas líricos, heroicos, en el paisaje y religiosos. - México: Fondo de Cultura Económica, 1969. 336 p. (Colección Popular; 95). Colección Arturo Arnáiz y Freg. Obras: Poesía.- México: Fondo de Cultura Económica, 1986. 981 p. (Letras Mexicanas) Colección Arturo Arnáiz y Freg. Antología breve.-México: Fondo de Cultura Económica, 1986. 172 p. (Biblioteca Joven) Colección Arturo Arnáiz y Freg. Noticias sobre Nezahualcoyotl y algunos sentimientos. -México: Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, 1980. VIII, 37, [5] p. Facsm.de: México: Gobierno del Estado de México, 1972. Colección Arturo Arnáiz y Freg. Hora y 20. -París: Editorial París América, 1927. 124 p.

Diego Rivera (1886-1957)  Brilló durante sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, este pintor y muralista guanajuatense. Antes de trasladarse a Francia, donde siguió la corriente cubista, el Ateneo de la Juventud le organizó una exposición. Con el apoyo de José Vasconcelos, a mediados de la década de los veinte se convirtió en uno de los muralistas más importantes de México.

Polemista y controvertido, escribió varios libros. Obras. - México: El Colegio Nacional, 1996 T 1. Textos de arte, 420 p. Textos de arte. - México: UNAM, 1986. 430 p. Memo. Colección Arturo Arnáiz y Freg.

Martín Luis Guzmán (1887-1976) Novelista y editor de diferentes publicaciones. Nació en Chihuahua. Formó parte del Ateneo y durante el movimiento revolucionario fue asesor de Francisco Villa. Autor de las novelas El águila y la serpiente y La sombra del caudillo y de las Memorias de Pancho Villa. Febrero de 1913.-México: Empresas Editoriales, 1963. 133 p. Colección Arnáiz y Freg. Muertes históricas. -México: Compañía General de Ediciones, 1958-, 1958. V.-(Colección Ideas, Letras y Vida). Colección Arnáiz y Freg. El águila y la serpiente.-México : Compañía General de Ediciones, 1956, 455 p..-(Colección Ideas, Letras y Vida). Colección Arnáinz y Freg. Memorias de Pacho Villa: capítulos I, II y II.-México: (Partido Revolucionario Institucional), 1970, 47 p. Colección Arnáiz y Freg, Obras completas. -México: F. C. E.  Obras 1985, 2v.- (Letras Mexicanas) Colección Arnáiz y Freg.

Julio Torri (1889-1970) Nació en Saltillo, Coahuila. Durante 36 años enseñó literatura española y francesa en la Escuela Nacional Preparatoria. Es autor de escasos pero importantes libros. Era un cultivador de la prosa escueta y del aforismo. La literatura española.-México: Fondo de Cultura Económica, 1952. 425 p.-(Breviarios; 56) Colección Arnáiz y Freg. Tres libros. Ensayos y poemas de fusilamientos. Prosas dispersas.-México: Fondo de Cultura Económica, 1964. 180 p.- (Letras Mexicanas) Colección Arnáiz y Freg.

En el Ateneo de la Juventud, se realizaban sesiones maratónicas, leían a Platón. Nietzsche, Shopenhauer, Bergson y otros filósofos de los llamados irracionalistas.

El propósito común del Ateneo era superar el positivismo[16]. A pesar de ser un grupo tan heterogéneo, su labor pudo concretarse gracias a una línea de disciplina mental, que permitió un programa de acción bien articulado. Era necesario conocer la realidad mexicana, para luego analizarla, crearla y proyectarla, con la finalidad de elevar el nivel de la nación. Su ejemplo sería una influencia decisiva para el desarrollo intelectual de los mexicanos y el engrandecimiento de la cultura[17].

La vida de Vasconcelos fue marcada por una actividad permanente en pro de las causas que consideró justas. Su cosmovisión, fundada en el monismo estético, y su sueño cultural, se resumen en  la concepción de la necesidad de la creación  de una nueva raza, sobre la base del mestizaje: la raza cósmica, que unirá en síntesis la verdad, la bondad y la belleza, mediante el amor.

Además el ejercicio de su vida fue marcada por el dinamismo de servicio hacia sus semejantes, por los más desprotegidos y por el engrandecimiento cultural de los pueblos, con una visión holística y  de pensamiento complejo. Por su claro talento y excepcional preparación filosófica contribuye al perfilamiento de una verdadera cultura nacional fundada en los valores universales.

En los últimos años del gobierno de Díaz, Vasconcelos fue un opositor no sólo con la pluma, sino participando directamente en un asalto a un cuartel de tropas porfiristas.

Vasconcelos fue uno de los primeros mexicanos en afiliarse al movimiento revolucionario de 1909, que derrocó a Porfirio Díaz, ingresando al Partido Antirreeleccionista, en el cual fue nombrado director del semanario “El Antirreeleccionista”, órgano de publicidad de aquel partido. Como muestra de su quehacer social y compromiso de nación en 1910 apoyó la candidatura de Francisco I. Madero. Posteriormente fue derrocado por Victoriano Huerta y Félix Díaz. En este período, Vasconcelos trabajó para los revolucionarios en varios puestos en Estados Unidos de América, Canadá. A la muerte de Madero, fue representante de la revolución primero en Washington, luego en Londres.

Terminada la usurpación huertista, Venustiano Carranza asumió la Presidencia de la República Mexicana y nombró a José Vasconcelos, director de la Escuela Nacional Preparatoria[18]. Hizo algunas críticas sobre el proceder de Venustiano Carranza, quien molesto, ordenó inmediatamente su arresto. Por esa causa debió huir a Estados Unidos. Fue colaborador de Venustiano Carranza, quien lo designó como agente confidencial ante los gobiernos de Inglaterra y Francia. Eran los tiempos de impedir que aquellas naciones otorgaran apoyo económico a Victoriano Huerta. Luego de desempeñar algunas otras misiones en Canadá y Estados Unidos y en 1920 al ofrecer su apoyo al Plan de Agua Prieta, en ese mismo año, el mes de junio, Huerta le dio posesión como jefe del Departamento Universitario y de Bellas Artes.

Vencido Huerta, vuelve al país y asiste a la Convención Nacional; forma parte del gabinete del efímero Gobierno Convencionista del General Eulalio Gutiérrez, se une como Ministro de Instrucción y fue nombrado presidente provisional por la Convención. En enero de 1915, sale nuevamente al exilio. Al triunfo del movimiento revolucionario del Plan de Agua Prieta, Sonora, salió del país y permaneció en el destierro hasta la caída de Carranza.

El presidente Álvaro Obregón lo nombró Rector de la Universidad Nacional desde donde organizó y dio coherencia a la educación en sus distintos niveles y bosquejó la estructura de lo que sería la Secretaría de Educación Pública. Se desempeña como Rector de la Universidad Nacional del 9 de junio de 1920 al 2 de octubre de 1921. Fue leal a sus convicciones, al compromiso con  su pueblo, a su visión cultural y desarrollo social. La conduce con visión universal y proyección hacia el futuro, que hoy lleva por nombre: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Durante su rectorado, José Vasconcelos dotó a la Universidad de su actual escudo en el cual el águila mexicana y el cóndor andino, cual ave bicéfala, protegen el despliegue del mapa de América Latina, desde la frontera norte de México, hasta el Cabo de Hornos[19], plasmando la unificación de los iberoamericanos: "Nuestro continente nuevo y antiguo, predestinado a contener una raza quinta, la raza cósmica, en la cual se fundirán las dispersas y se consumará la unidad"[20].  Crea el lema que anima a la Universidad Nacional, Por mi raza hablará el espíritu, que revela la vocación humanística con la que fue concebida. El autor de esta célebre frase, José Vasconcelos, asumió la rectoría en 1920, en una época en que las esperanzas de la Revolución aún estaban vivas, había una gran fe en la Patria y el ánimo redentor se extendía en el ambiente. Se "significa en este lema la convicción de que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libérrima", explicó el "Maestro de América", al presentar la propuesta. Más tarde, precisaría: "Imaginé así el escudo universitario que presenté al Consejo, toscamente y con una leyenda: Por mi raza hablará el espíritu, pretendiendo significar que despertábamos de una larga noche de opresión". [21]

El Presidente de la República, General Álvaro Obregón lo nombra Secretario de Educación Pública del 2 de octubre de 1921 al 2 de julio de 1924.

De acuerdo con las ideas defendidas por Carranza acerca de la autonomía municipal, en la Constitución de 1917 se suprimió la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, pues contraria a la aspiración de democratizar la administración educativa, sólo abarcaba al Distrito Federal y los territorios federales. A pesar de las buenas intenciones, los municipios fueron incapaces de afrontar la problemática educativa y ya para 1919, la educación pública resentía gravemente la falta de una adecuada organización: tan sólo en el Distrito Federal, quedaban abiertas 148 de las 344 escuelas existentes en 1917. Con la llegada de Adolfo de la Huerta al poder, se iniciaron los cambios para poner remedio a esta situación. En primer término, se le otorgó al Departamento Universitario la función educativa que tenía el gobierno del Distrito Federal. Para cumplir con la democratización de la administración educativa, y con los postulados del Artículo Tercero Constitucional. Era ya necesaria una acción a nivel nacional, pues no bastaba con sólo declarar la educación gratuita, laica y obligatoria: se necesitaba tomar medidas para realizarla.  

El proyecto de crear una Secretaría de Educación Pública Federal, requería de una reforma constitucional. Vasconcelos se había revelado como uno de los más firmes partidarios de dar a la educación carácter federal. Como rector de la Universidad y titular del Departamento Universitario, inició la formación práctica del proyecto, emprendiendo diversas medidas con el objetivo de reunir a los distintos niveles educativos; depuró las direcciones de los planteles, inició el reparto de desayunos escolares y llevó a cabo su idea fundamental: que la nueva Secretaría de Educación tuviese una estructura departamental. Los tres departamentos fundamentales fueron:

1. El Departamento Escolar en el cual se integraron todos los niveles educativos, desde el jardín de infancia, hasta la Universidad.  

2. El Departamento de Bibliotecas, con el objeto de garantizar materiales de lectura para apoyar la educación en todos los niveles, y  

3. El Departamento de Bellas Artes para coordinar las actividades artísticas complementarias de la educación.    

Más adelante se crearon otros departamentos para asumir problemas más específicos, tales como la educación indígena, las campañas de alfabetización, etcétera. 

Vasconcelos asumió las tareas educativas desde la perspectiva de la vinculación de la escuela con la realidad social; en su discurso de toma de posesión como rector de la Universidad afirmó:

"Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo, en favor de los que nada saben; me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productiva de cada mano que trabaja, de cada cerebro que piensa [...] Trabajo útil, trabajo productivo, acción noble y pensamiento alto, he allí nuestro propósito [...] Tomemos al campesino bajo nuestra guarda y enseñémosle a centuplicar el monto de su producción mediante el empleo de mejores útiles y de mejores métodos. Esto es más importante que distraerlos en la conjugación de los verbos, pues la cultura es fruto natural del desarrollo económico [...]". Con estas ideas, se creó la Secretaría de Educación Pública el 25 de septiembre de 1921 y cuatro días después, se publicó en el Diario Oficial el decreto correspondiente.

El 12 de octubre del mismo año, Vasconcelos Calderón asume la titularidad de la naciente Secretaría. Una nota de prensa de la época lo informa[22].

En sus inicios la actividad de la Secretaría de Educación Pública se caracterizó por su amplitud e intensidad: organización de cursos, apertura de escuelas, edición de libros y fundación de bibliotecas. Medidas éstas que, en su conjunto, fortalecieron un proyecto educativo nacionalista que recuperaba también las mejores tradiciones de la cultura universal. En 1921 el número de maestros de educación primaria aumentó de 9,560, en 1919, a 25,312; es decir, se registró un aumento del 164.7 por ciento; existían 35 escuelas preparatorias, 12 de abogados, siete de médicos alópatas, una de médicos homeópatas, cuatro de profesores de obstetricia, una de dentistas, seis de ingenieros, cinco de farmacéuticos, 36 de profesores normalistas, tres de enfermeras, dos de notarios, diez de bellas artes y siete de clérigos.

En materia de enseñanza técnica, Vasconcelos rechaza el pragmatismo de la escuela norteamericana sustentada por Dewey, lo que no significa rechazo al trabajo manual. Este, se aprecia pero sin descuidar la necesidad del razonamiento y del conocimiento teórico.  

Vasconcelos, todavía como titular del Departamento Universitario, creó el primero de marzo de 1921 la Dirección General de Educación Técnica. Desde esta Dirección General se crearon las siguientes instituciones:

  • Escuela de Ferrocarriles, Escuela de Industrias Textiles,

  • Escuela Nacional de Maestros Constructores,

  • Escuela Tecnológica para Maestros, Escuela Técnica de Artes y Oficios

  • Escuela Nacional de Artes Gráficas,

  • Escuela Técnica de Taquimecanógrafos

  • Escuela Hogar para Señoritas "Gabriela Mistral".

Además de estas escuelas, existían otras 88 de tipo técnico: mineras, industriales, comerciales y de artes y oficios, 71 de carácter oficial y 17 particulares.  

En la política educativa oficial se propuso la ampliación de la infraestructura y extensión de la educación, así como la elevación no sólo de la calidad, sino de la especialización. Sin embargo, a pesar de los avances logrados en el impulso inicial de la Secretaría, la lucha electoral por la sucesión presidencial de 1924, que desembocó en la rebelión de la huertista, y, las presiones norteamericanas plasmadas en los compromisos acordados en las conferencias de Bucareli, limitaron el alcance nacionalista que se pretendía en el proyecto vasconcelista, pues aunque no se abandona el proyecto original, éste se modera[23].

“En su filosofía educativa, Vasconcelos propuso cinco valores:

1.- Sentir la cultura mestiza como base del concepto de mexicanidad.

2.- mexicanizar el saber, es decir, hacer objeto de estudio la antropología y el medio natural del país.

3.- hacer de Latinoamérica  el centro de una gran síntesis humana.

4.- emplear el sentido del servicio y amor fraterno del ser humano como medio de ayuda a los más desprotegidos y

5.- Valerse del industrialismo  -como simple medio, nunca como un fin- para promover el progreso de la nación”[24].

Siendo Secretario impulsó fuertemente el desarrollo del muralismo mexicano, que alcanzó gran renombre internacional, y la publicación masiva de textos clásicos.

Los estudiantes, convertidos en maestros honorarios, llenaban las calles de las ciudades, enseñando a leer y escribir.

Seguramente que su desempeño en Educación Pública es la etapa más brillante en lo intelectual y en su carrera política.

Fue un gran impulsor de la Escuela Rural Mexicana, creó las Misiones Culturales con maestros improvisados, fomentó en ellos el hacer de su profesión un verdadero apostolado, logrando así convertir la escuela en agencia de transformación social. Reestructura la educación mexicana, mejora la Biblioteca Nacional y manda a construir el actual edificio de la Secretaría de Educación Pública.

En el artículo 3° de la Carta Magna de 1917 introdujo una nueva relación entre el Estado y la educación. En 1921, a instancias de algunos diputados, se suprimió la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes con el fin de proporcionar a la educación un alcance federal. Con tal propósito nació la Secretaría de Educación Pública[25].

Como Secretario de Educación decía que si un pueblo no tiene qué leer, más vale dejarlo analfabeta. Logró que los talleres Gráficos de la Nación pasaran a la SEP, que a sólo dos años de gestión creó 671 bibliotecas bien documentadas. Como soñador de una pedagogía humanística integral resumió la función de la SEP como un servicio público para “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora[26]

Brinda facilidades a los cultivadores del muralismo (Orozco, Siqueiros y Rivera) para que plasmaran su obra tanto en este edificio como en el de la preparatoria[27].

Vasconcelos concibió la educación como una labor misionera que debía llevarse por todos los rumbos del país y dirigirse a todos los sectores sociales, para inculcar un fuerte espíritu nacionalista. Además la verdadera novedad consistió en concebir a la educación como una palanca para remover conciencias, como un despertar del mexicano, que se realizaría no sólo por la experiencia escolar, sino por la difusión de la cultura, de los libros[28].

Por diferencias políticas con la presidencia y al fin del periodo, abandona el cargo y aceptó la candidatura para Gobernador de Oaxaca, no le reconocieron el triunfo y nuevamente viajó al extranjero. Varias universidades de Europa y Estados Unidos fueron objeto de su visita, impartió conferencias, ofreció entrevista, publicó artículos periodísticos, etc. Retornó el 10 de noviembre de 1928, a México ahora como candidato a la Presidencia de la República[29].

Después de la tormentosa campaña política de 1929, y ante la violenta represión del gobierno, salió nuevamente del país para retornar hasta el año de 1940[30].

A la muerte de Obregón, Vasconcelos participa como candidato ahora a la presidencia de la República, después de una campaña agitada y agredida por parte del callismo, pierde las elecciones presidenciales por un fraude monumental del candidato oficial Pascual Ortiz Rubio.

Finalmente se exilia otra vez en el extranjero al no encontrar respuesta a su llamado de sublevarse contra el gobierno. Regresa a México al finalizar el período del gobierno de Lázaro Cárdenas. A partir de 1943 fue miembro fundador del Colegio Nacional y director de la Biblioteca de México, hasta su muerte en 1959[31]. Siendo fundador de dicha dependencia, posteriormente se le designó Director Honoris Causa por la Universidad Nacional[32]

Antes de morir en la ciudad de México el 30 de junio de 1959, público sus últimas obras: Lógica Orgánica y Todología.

El tributo merecido a su genio ha quedado patente en los elogios de hombres eminentes como Hernán de keyserling, quien en sus Meditaciones Sudamericanas, emite opiniones afirmando que José Vasconcelos es el ideólogo más original que hasta hoy ha habido en América Latina... y es el pensador más representativo. Vasconcelos que como Ulises Criollo deambulaba por el mundo ostentando y predicando orgulloso el pensamiento de América, recibió también en Francia cálidos homenajes. Una de las opiniones que mejor perfilan la personalidad de Vasconcelos es la que se publicó en la Revue L'Amerique Latine, del 15 de marzo de 1931, que textualmente decía: "El señor José Vasconcelos: Hombre del Estado mexicano, profesor y apóstol, y uno de los maestros que han contribuido a la orientación de la joven generación de la América española; escritor cuyo nombre ha atravesado todas las fronteras -de México a Chile, pasando por la América Central, y cuya aureola de noble pensador ha brillado también en Paris, aún antes de su llegada... es considerado como uno de los creadores de la nueva América, uno de los que mejor pueden ayudarla a encontrar su verdad, su ideal y el camino que a todo ello conduce."[33] Se ha escrito de Vasconcelos que encarna el ideal totalizado, armonioso y preciso; él enseña la filosofía tonificante y exaltante de nuestros pueblos; él representa una parte de la conciencia del mundo.

José Vasconcelos murió en la Ciudad de México, a los 77 años de edad, el 30 de junio de 1959. Mereció, por sus cualidades de pedagogo, el honroso título de Maestro de la Juventud de América[34]. El 15 de mayo de 2001, considerado el día del maestro, el Servicio Postal México emitió un timbre en su honor con su fotografía[35].   

Fue un grande hombre que con pensamiento profundo penetró sin límites en la cultura de México y América Latina. En su formación influyó mucho el positivismo, la filosofía del momento, pero fue capaz de superarlo y encauzar su filosofía por otros rumbos, pero sin dejar de ser él.

2. Especificidad  de su cosmovisión y sus determinaciones concretas.

En actitud crítica al positivismo, y superando sus propias concepciones, Vasconcelos desarrolló un sistema filosófico que reivindica la significación de la intuición emotiva, desarrollada en la filosofía, particularmente con matiz bergsoniano.  El propio Maestro de América concibe su filosofía como un monismo fundamentado en la estética y sus determinaciones esenciales: el ritmo, la melodía y la armonía. Otorga una importancia destacada a la interpretación de las categorías matemática.  Los filósofos que más huellas dejan en él son Pitágoras, Plotino y Bergson, independientemente que en su sistema filosófico hay resonancias de muchas filosofías, pero sin dejar de poseer el sello original de Vasconcelos.

En este capítulo, si bien su objetivo central es revelar la especificidad de su cosmovisión, siguiendo al filósofo, no se expondrá de forma pura y coherente su sistema, sino imbricado indisolublemente con las mediaciones en que transita,   haciendo énfasis especial en su labor educativa y cultural, tanto desde el punto de vista teórico como práctico. Con ello seguimos la lógica de su obrar, pues nadie hace filosofía al margen de contextos reales, incluyendo los problemas que emergen en la propia vida, en el trabajo, etc.  Y Vasconcelos no fue una excepción. 

Según Anastasio Sosa Ramos, uno de los estudiosos más sistemático de la filosofía de José Vasconcelos, reconoce abiertamente que fue un personaje intelectual mexicano de gran envergadura ideológica, que dotó a su país de un profundo sistema filosófico educativo mediante una visión amplia de nación, de cultura y de realidad, contextualmente  abierto a todos. Concibió la cultura en su expresión totalizadora, como espíritu de la nación y medio insustituible para la ascensión humana.

Vasconcelos consideró que la cultura, es un mecanismo reivindicador de la Raza, y creyó en el mexicano que puede conquistar el espíritu, el intelecto y la grandeza, sobre la base del trabajo creador.

Los logros y esfuerzos de este pensador mexicano en el primer tercio del siglo XX, se reconocen por su visión de enlazar a Hispanoamérica en una gran patria. En 1922 en sus viajes a América del Sur, las asociaciones estudiantiles de Colombia, Panamá y Perú, le otorgan la designación de Maestro de la Juventud, que luego cambió a Maestro de América, por el alcance de su obra pedagógica y filosófica.

En la formación del hombre Iberoamericano, Vasconcelos cita como elementos de un currículum necesario a la ciencia y a la filosofía. En la obra vasconceliana “De Robinson a Odiseo”, se hacen importantes señalamientos críticos contra el positivismo que tuvo importante influencia en México a fines del siglo XIX. Vasconcelos sobre el positivismo afirma que la doctrina del método nuevo se comprendía diciendo que todo conocimiento viene de la experiencia y que ésta no es científica, por lo mismo no es válida si no se ajusta a la prueba física que condiciona el efecto a la causa con rigor matemático y la técnica operatoria... La enseñanza se organiza, en consecuencia, partiendo de las matemáticas y terminando en la sociedad[36].

El sistema jerárquico positivista de Comte y en consecuencia de Gabino Barreda, toma a la sociedad como último fin que debe aspirar el conocimiento científico, con lo que Vasconcelos está en desacuerdo. La organización de la enseñanza en base al positivismo, trajo como consecuencia el olvidarse de la enseñanza de la filosofía, a lo cual se suma otra de las contrariedades de Vasconcelos con la educación positivista, que se expresa afirmando que la filosofía en su totalidad, fue arrojada de las aulas como antigualla y remplazada con la sociología las enseñanzas científicas fueron perfeccionadas, instaladas casi con lujo. La biología, la física y la química dieron base a toda educación impartida; por aquel tiempo incluso el problema del ser lo buscábamos en los residuos de la probeta del laboratorio experimental.     

La crítica que vierte Vasconcelos al positivismo no es general ni destructiva, reconoce el mérito que tuvo en América. Dice este filósofo mexicano, “El positivismo está hoy superado, pero debemos agradecerle que nos librara en América del candor que sale de la escolástica...[37]

José Vasconcelos es un gran defensor de la filosofía, visionario trascendental que rescató del proyecto positivista, el rigor científico de toda investigación. Abunda diciendo que:... no hay derecho hacer filosofía si se desconoce la disciplina científica experimental al restaurar la Universidad hemos respetado la sólida conquista que significa el saber darle a la materia el trato que corresponde, es decir, al que se deriva de la física, la química o la biología.

Con la visión holística, global y de pensamiento complejo restableció la enseñanza de las humanidades en las universidades en la segunda mitad del siglo XX; también incorporó el estudio de las lenguas madres: el latín y el griego, además la enseñanza de la historia, la filosofía y la metafísica. Concibió a la Universidad como un espacio propio del conocimiento, con el limitante de la rigurosidad científica, según la rama de la actividad cultural.

La concepción de ciencia que tiene Vasconcelos, es un elemento necesario para explicar su proyecto científico-humanista. La ciencia en efecto, no es una simple interpretación matemática formal de la realidad (sumisión de la realidad a formas), sino el descubrimiento de que los objetos sensibles se mueven con independencia de las formas del discurso y según sus propias, precisas y características normas. La ciencia a que hace referencia Vasconcelos, es la ciencia empírica, la ciencia objetiva, la ciencia realista que postula una realidad aprensible y cognoscible. El pensar del filósofo, a decir de Vasconcelos, debe ser como el de la ciencia: apegado a la realidad.

Vasconcelos es diáfano cuando concibe a la ciencia como tarea de nuestra época y por ningún motivo debemos eludirla.

Hace un llamado a todos los filósofos, para que no ignoren a la ciencia, cuando estudien a la realidad sensible. El método experimental propio de la ciencia empírica rescata a la ciencia como asunto de demostración lógica o matemática.

La visión científica-humanista de Vasconcelos hace otra crítica fuerte. Ahora es a Francis Bacon, creador de la inducción, método que permite estudiar a la realidad material de lo particular a lo universal, también a Augusto Comte por su esquema teórico que desemboca en un cientificismo social. A ambos los acusa de no hacer una verdadera filosofía, sino una teoría del conocimiento de lo material.

El deber del filósofo es unir el saber científico- empírico, con el saber humanista, el saber estético, el saber divino...No se puede filosofar si se desatienden dichos valores, según  la forma en que lo concebía Vasconcelos.

La visión filosófico-humanista está presente en su proyecto educativo, donde no rechaza el afán científico del positivismo, pero sí rescata e instituye en las Universidades el estudio de las Humanidades, en su criterio, fue barbarie de la época positivista excluir de las Facultades el estudio de las Humanidades. Pero sería ceguera dejar al filósofo sin conocimiento somero de las hipótesis atómicas y la teoría del cuanta... Filosofía que atiende a las conclusiones de la ciencia empírica, es la única posible en la América que fue positivista

Vasconcelos se refiere al trato que se le dará a la realidad física, ese trato será empírico, no silogísticamente; para el estudio del espíritu o del ser, se aplicarán disciplinas como la Metafísica.

Siempre tiene presente en sus escritos que la tarea de todo filósofo es crear una concepción del Universo, apoyado en las ciencias especiales, para tener sus conclusiones, y así consumar la concepción total de la realidad. Nos previene del uso utilitario de la ciencia, que  conlleva  una concepción parcial de la realidad: Usando el dato científico a lo Bacon, es decir, con fines exclusivamente utilitarios, se conquista poder relativo sobre las cosas, pero no se llega a construir pensamiento generalizador, ni sentido filosófico de la existencia.

La tesis central de Vasconcelos es que la ciencia es una parte de la filosofía, porque ésta existía antes de la ciencia y su campo de acción va más allá de lo que pretende la ciencia. 

Para Vasconcelos los elementos esenciales de formación del Hombre Iberoamericano es el binomio ciencia y filosofía. La ciencia investiga las condiciones de la producción de los fenómenos,  y la filosofía, crea una concepción del universo, una concepción realista, apoyándose en la ciencia[38]. 

Vasconcelos tuvo una formación sistemática y sólida, muestra de ello es la abundante creación intelectual en los diversos géneros literarios, pero siempre manifestando su cosmovisión iberoamericana, como una cultura única.

Su visión cultural iberoamericana lo expresa en la Raza Cósmica, publicada en 1925, que quizá sea su obra más conocida, donde expone algunas de sus reflexiones sobre el indigenismo, a las que dotaría a partir de 1930 de una orientación política conservadora.

En sus obras posteriores, como las de memorias: Ulises Criollo (1935), La tormenta (1936) o El desastre (1938), y en Breve historia de México (1937) mantuvo una postura de enfrentamiento al oficialismo, reclamando la vuelta a los valores revolucionarios iniciales, la revisión de la historia nacional, el apoyo al mestizaje indio-español y la conciliación de las ideas de libertad y orden, en la búsqueda de un México nuevo.

Su actividad política la describió en sus memorias. Ulises Criollo: vida del autor escrito por él mismo.  

2.1. Bregar crítico de su pensamiento  

Durante el régimen político de Porfirio Díaz, que comenzó en 1876 y terminó en 1911, predominaron, en la vida cultural, las ideas positivistas y científicas que habían sido implantadas por el doctor Gabino Barreda, reorganizador de la Escuela Nacional Preparatoria.

Las teorías pedagógicas de Barreda excluían la enseñanza de todo lo que no pudiera ser explicado satisfactoriamente por la razón y por la ciencia, de manera que los estudios de las humanidades quedaron en segundo plano.

De 1892 en adelante la vida intelectual y política de México es dominada por la generación formada bajo el positivismo de Barreda: los científicos, grupo plutocrático al cual pertenecían Bulnes, Limantour, Baranda y Sierra. Comenzando en 1901, la influencia de don Justo Sierra (1848-1912) sobre la vida intelectual del país es absoluta. Para esa fecha, el maestro comenzaba a modificar su pensamiento, retirándose poco a poco del concepto rígido y estrecho del positivismo. El rompimiento definitivo tuvo lugar la noche del 20 de junio de 1908, noche que pronunció un discurso condenando el positivismo oficial.

Una vez que Sierra hubo expresado en público sus nuevas ideas, sus discípulos se abrieron al estudio de otras filosofías que no fueran las de Comte o Spencer. Así, fue gestándose la llamada Generación del Centenario, cuando Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán se reunían a leer y comentar a los autores más representativos del resurgimiento espiritual del Occidente.
Ganada la batalla contra el positivismo, el siguiente paso consistía en el establecimiento de las bases de una nueva filosofía. Parte de esta nueva filosofía ya había sido expresada por el uruguayo José Enrique Rodó en su Ariel (1900). De ella se destaca el alto valor que se da a la vida espiritual, que habían relegado los positivistas. Entonces, la enseñanza de la filosofía en la Universidad de México, con el maestro Caso, pronto cambió de orientación; se dejó de estudiar a Comte y Spencer y se comenzó a leer a Rodó, a Bergson, al norteamericano James y a Boutroux. Sin embargo, sería erróneo pensar que las filosofías extranjeras fueron aceptadas de inmediato, como había sucedido anteriormente con el positivismo; muy por el contrario, las nuevas ideologías pasarían primero por la crítica, antes de ser adaptadas a la realidad mexicana. De esta manera, se crearon las bases sobre las cuales se desarrolló el programa que estos jóvenes formularon y que habría de afectar a las generaciones posteriores: primero, conocer la realidad mexicana; luego, crear una cultura original, pero sin rechazar lo extranjero que pueda ser adaptado al ambiente mexicano. Así, la disciplina mental fue reconocida como esencial para poder formar una nueva cultura[39].

La obra filosófica de Vasconcelos se caracteriza por una reivindicación del valor de la intuición emotiva[40], que opone a toda forma de intelectualismo y a la que sitúa en la base de su sistema metafísico (Tratado de metafísica, 1929). Vasconcelos pensaba que su sistema era un monismo fundamentado en la estética y otorgaba una gran importancia al ritmo y a una peculiar interpretación de las categorías matemáticas. El conjunto de su filosofía presenta una notable influencia de Pitágoras y de Plotino.  

2.2. La diversidad, elemento en la promoción cultural en el México post-revolucionario de Vasconcelos.

En opinión de Adrián Marcelli, subdirector de Capacitación de la Dirección General de Vinculación Cultural y Ciudadanización del Conaculta, en el México del nuevo milenio, no se puede hablar de promoción cultural sin echar un vistazo a la historia y conocer los esfuerzos que muchos notables intelectuales emprendieron sin el apoyo de instituciones y sin contar siquiera con una política cultural en términos formales. El subdirector de Capacitación de la Dirección General de Vinculación Cultural y Ciudadanización del Conaculta, considera que hubo una ruptura intelectual real en el siglo XX a raíz del movimiento revolucionario y con la fundación de la Secretaría de Educación Pública. En esa época se registró un cambio en la percepción de la promoción cultural que, hasta entonces, siguiendo el modelo del siglo XIX, se traducía en los grandes teatros, la zarzuela, la ópera y los colegios. Sería con la llegada de los revolucionarios y en especial de un pensador como José Vasconcelos, que tendría lugar una ruptura, inclusive con el Ateneo de la Juventud. Fue en ese momento cuando comenzó la construcción de una concepción amplia de cultura, concepto que hasta la fecha, nunca ha dejado de estar presente. Marcelli, opina que José Vasconcelos concebía la cultura mexicana de una forma muy particular. En el libro más conocido: La raza cósmica, muestra parte de ese pensamiento que puede ser traducido como una especie de sincretismo, mismo que simbólica y arquitectónicamente fue plasmado en el edificio de la Secretaría de Educación Pública, ubicado en la calle de Argentina, en el Centro Histórico. En ese lugar se encuentra una pequeña plazoleta llamada Patio de trabajo donde cuatro altorrelieves decoran las esquinas de la construcción. Cada uno de ellos muestra claramente el pensamiento vasconceliano. En una esquina están Sócrates y Platón, porque Vasconcelos daba gran importancia a nuestras raíces helénicas; en otra están las carabelas de Colón, por nuestras raíces hispánicas; también se encuentra ahí el Buda, representando a nuestras raíces orientales, y por último Quetzalcoatl, para mostrar el pasado prehispánico de nuestro pueblo. Lo que el gran intelectual vislumbraba era el recuperar nuestras raíces civilizatorias para fusionarlas en México y fundar una raza cósmica, un término que significa la síntesis de cuatro grandes corrientes culturales. Vasconcelos planeaba fundar, con esta visión, un nuevo país, lo cual se ve reflejado en una asombrosa estrategia de promoción cultural. Él, adelantándose a su época e incluso a la misma fundación de la SEP, propuso en el año de 1920, su gran proyecto para transformar la cultura en nuestro país. Con sus planteamientos incluso se adelantó por casi treinta años a los esquemas que siguen las Naciones Unidas para la ciencia, la educación y la cultura.

2.3. Misiones culturales: una estrategia desalienadora.

A su estrategia de promoción cultural, Vasconcelos la llama Misiones Culturales, cuya esencia propone vincular la educación, el desarrollo social y la cultura. Los encargados de llevar a cabo el ambicioso proyecto en las diferentes regiones del país, serían los maestros que simpatizaban con sus revolucionarias ideas. Si vamos a cualquiera de los estados del país nos encontraremos con que la mayoría de los regidores de cultura son maestros, una tradición que se inició con estas misiones vasconcelianas. En el ámbito municipal, local y regional, el maestro sigue siendo el promotor cultura natural de sus comunidades. La palabra misión significa enviado de, pero ¿de quién eran enviados esos primeros maestros de las misiones vasconcelianas? En opinión de Adrián Marcelli, sencillamente del nuevo gobierno, estado y país, y de la cultura que deseaba fundar el autor de La raza cósmica. Estos maestros iban prácticamente a la guerra, teniendo como únicas armas sus libros y conocimientos. Realizaban estancias largas, de hasta ocho meses en apartados pueblos, comunidades y rancherías, la mayoría de las veces sin agua, luz y ningún servicio sanitario. Comienzan por alfabetizar y al mismo tiempo, para respaldar estos esfuerzos por hacer que más mexicanos lean, Vasconcelos además creó una gran estrategia de producción editorial: los famosos libros verdes que contienen los clásicos de la literatura universal.

Marcelli considera que en la promoción cultural es necesario mantener siempre una visión de futuro. Los vasconcelianos alfabetizaban y capacitaban a alguien en la comunidad para que a su partida éste se convirtiera en el maestro permanente de los habitantes. Los vasconcelianos, además de crear en las comunidades pequeñas bibliotecas impartían conocimientos de artes y oficios como carpintería, corte y confección, electricidad primeros auxilios; conjugados todo esto con artes como la danza, la música, el teatro y por si fuera poco, apoyaban las campañas de vacunación y letrinización para fomentar la salud pública. Todo era un auténtico trabajo fundacional que como hemos dicho, vinculaba la educación, la cultura y el desarrollo social. Marcelli dijo que estas misiones culturales legaron toda una infraestructura que en la actualidad aún puede encontrarse en provincia: Hoy existen aproximadamente 250 misiones que mantienen este legado social. Muchas fueron olvidadas por los grandes promotores culturales, pero el modelo que se instauró desde esos tiempos se retoma en muchas estrategias posteriores; de hecho, la presentación del Programa Nacional de Cultura en la Biblioteca de México, lugar donde vivió sus últimos días José Vasconcelos, hace homenaje en los hechos a su pensamiento y a su labor.

2. 4. Polémica y creación del primer modelo de política cultural.

Aún siendo oaxaqueño, Vasconcelos dejó entrever una estrategia que después fue cuestionada en el ámbito indígena. Para él los indios muertos, míticos y heroicos, son los que representan un punto de referencia; en cambio los indios vivos ya se encuentran degradados y hay que mexicanizarlos. Marcelli dijo que dentro de las estrategias de la entonces recién formada Secretaría de Educación Pública existía un departamento dedicado a lo indígena, pero Vasconcelos lo miraba como algo transitorio. No sólo le costaba trabajo entender a los indígenas, sino también a los mexicanos que viven en el norte del país, los llamados blancos del norte. Aunque en 1910, entre el 85 y el 95 por ciento de las personas que habitaban el país eran analfabetas, las actuales políticas culturales retoman la visión que coloca al libro como un elemento integrador y que al mismo tiempo respeta la diversidad. Dijo que aunque al periodo de conformación de la SEP en los años veinte, no se le podría llamar de política cultural en términos explícitos, Vasconcelos sí logra crear en términos implícitos el primer modelo en este sentido.

2.5. La creación del INBA y el INAH.

La creación del Instituto Nacional de Bellas Artes y del Instituto Nacional de Antropología e Historia marcó también dos visiones distintas para la cultura en la nación, y en opinión de Marcelli, su instauración fue objeto de grandes debates durante todo el siglo XX. El cardenismo le da gran importancia al patrimonio cultural. No podríamos pensar en el México actual sin esos dos actores fundamentales de la promoción cultural que fueron el INAH y al mismo tiempo la figura del maestro. Este Instituto ha concientizado a los mexicanos a través de la educación, el civismo y la difusión, sobre nuestro patrimonio. Por su parte los maestros tuvieron en sus manos la promoción cultural de la lectura, la iniciación a las artes, la vinculación con el desarrollo social. Todo esto dio lugar a otro perfil cultural que está representado por el promotor del patrimonio tangible. El INAH nos dio este otro perfil del promotor cultural y es muy importante mencionarlo porque es un tema que actualmente está en discusión. El INAH tiene en sus manos la misión de la preservación de nuestro patrimonio y cuenta con el trabajo incansable de los promotores culturales. En lo que atañe al INBA en la historia de la promoción cultural, el subdirector recordó que cuando la SEP se fundó, su nombre era Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes. La fundación de este Instituto, que iba a tener por sede el gran Teatro Nacional, genera también una nueva clase de promotores que tuvieron gran influencia en el siglo anterior, es decir, los dedicados a las artes. Si usted le dice a cualquier persona no relacionada con este medio que es promotor cultural y que trabaja en Conaculta, es muy probable que le pregunte ¿Conaculta depende del INBA? O quizás también ¿entonces se dedica a promover danza, teatro, bellas artes o ballet? Esto nos habla de dos cosas: primero que el INBA es una institución poderosamente fijada en la mente de los mexicanos, y segundo que hay aún en el país una poderosa percepción vinculada a las bellas artes europeas o a las académicas. El Sistema Educativo Nacional de las Artes genera a sus propios promotores culturales y artistas, pero al mismo tiempo curiosos fenómenos como el crecimiento importante en este terreno con más de 200 festivales artísticos en el país, incluyendo el festival Cervantino. Desde la fundación del INBA en los años cuarenta y hasta los años ochenta, hablar de promoción cultural era hablar de promotores de eventos y educación artística. Este Instituto fue también promotor de toda la red de casas de cultura que comenzaron como Institutos Regionales de Bellas Artes.

2.6. La diversidad de hoy.

En plena época vasconceliana y con la fundación, en el año de 1925, de la primera radio del país, se inicia a su vez la figura del promotor cultural vinculado a los medios de comunicación. Algo que marcó a este campo fue la aparición del promotor cultural profesional y empresarial de la televisión.

Hoy ya no podría entenderse a México sin la influencia de este medio de comunicación electrónico. “Desde la época del presidente Miguel Alemán, quien transmitió su cuarto informe de gobierno por televisión, hasta el día presente, tenemos un medio con un alto nivel en diseño gráfico y un debate abierto en cuanto a contenidos. Todo esto nos dice que el promotor cultural no se dedica forzosamente a las artes. Este quehacer lo ejercen periodistas, abogados, dentistas, filósofos, antropólogos, artistas, personas de las comunidades, etcétera. Por todo ello, un programa de capacitación como el que ha emprendido la Dirección General de Capacitación Cultural del Conaculta, no pretende uniformar estos perfiles, sino por el contrario, fortalecer la diversidad que enriquece la labor en favor de la cultura y en beneficio de todos los mexicanos”[41].  Práctica que da concreción al ideario filosófico  de José Vasconcelos.

Es que todos  estos proyectos humanistas, y sus respectivas acciones para bien de la nación mexicana, dan cuenta de la riqueza cosmovisiva del pensamiento de Vasconcelos. De una filosofía que sintetizando la herencia teórica del continente americano y asumiendo creadoramente las corrientes europeas, con excelsa maestría se pone en función de dar respuesta a los problemas acuciantes de nuestra realidad.

3. Educación, epistemología, valores, ciencia, y cultura iberoamericana.

Este epígrafe despliega en un grado mayor de concreción las ideas expuestas en el anterior. Lo completa sobre la base de la revelación de nuevos condicionamientos y determinaciones.

Una profunda cosmovisión filosófica sirve de base a los proyectos educativos, científicos y culturales del Maestro José Vasconcelos.  

La teoría educativa de Vasconcelos buscaba el desarrollo espiritual del hombre, en contraposición a la visión pragmática y material de la civilización sajona. La educación debía dar al educando cierta especialización técnica, que le permitiera ganarse la vida, pero debía trascender más allá, es decir, proporcionarle una visión general del mundo invisible a los sentidos, que se aprecia con el intelecto y que está conformado por valores que están más allá de lo práctico y lo empírico. La propuesta gnoseológica de Vasconcelos se puede resumir así: Las facultades mediante las cuales se obtiene el conocimiento son: los sentidos, el  intelecto, la imaginación y las emociones...En el estado estético, que es el más alto estado de conciencia, la imagen recrea el objeto percibido; la imagen es una representación que enriquece al objeto. El filósofo, “artista de la totalidad” usa su imaginación cuando las ideas son insuficientes para organizar sus experiencias...el verdadero conocimiento es en sí mismo estético.

Vasconcelos en la búsqueda de un método para conocer la realidad existencial, desconfía de la razón, porque no logra captar la esencia de lo real, aspira a la unidad de lo absoluto, situación antagónica con la dialéctica. Dice que el método socrático debería ser el auxiliar inmediato del profesor, de ahí que  la deducción, la generalización proporcionen una visión universal del mundo circundante. El método experimental lo recomendaba para que el alumno conozca las propiedades de los objetos circundantes, siempre guiado por el profesor....Él propone - al contrario de Dewey -  enseñar a descubrir- que la escuela sea un resumen de la experiencia general de la humanidad; que proporcione una información selecta, adecuada a cierta doctrina general, a cierta filosofía, más que una simulación de imposibles neutralidades.

Fiel a su lógica deductiva, Vasconcelos concreta su proyecto educativo en contraposición a la inducción de Gabino Barreda que excluye toda cuestión estética. Para Vasconcelos no sólo es indispensable, sino que pretende hacer artistas a todo el pueblo con una amplia promoción de artesanías, cantos y danzas populares. Al proponerse rescatar las raíces autóctonas, inicia el sistema de influir y dejarse influir por el arte indígena. Surgen así la pintura, la arquitectura y la música nacionalista.

El fin a alcanzar en su teoría del conocimiento, que se origina en un concepto general del mundo, luego en una educación que integre trabajo, técnica y ciencia. Todo esto equilibrado con valores éticos, Vasconcelos desemboca en su propuesta de una educación estética. El Monismo Estético de Vasconcelos se fundamenta en tres principios: la belleza, la emoción estética y el universo. Este filósofo  identifica a la realidad con la energía, y la experiencia estética permite el conocimiento de la realidad. El monismo estético convierte al mundo en objeto de conocimiento, y en objeto de belleza. Dentro de este esquema estético, Vasconcelos ubica a la belleza como la forma más alta de la verdad. La Metafísica deberá utilizar el método estético para alcanzar su meta de una visión unitaria del mundo; la intuición artística es la vía para conocer la realidad. La emoción o intuición estética, es el método para conocer la realidad. El hombre o la totalidad de su ser es la tercer estructura que, como las anteriores, organiza la energía en determinado modo, sólo que su organización es más amplia y universal, es decir, puede convertir lo físico y lo biológico de tal suerte que se transforme en sustancia espiritual trascendente.

Para que el hombre cumpla esa función redentora de la energía del universo, sólo lo logrará a través del conocimiento y los valores, y para tal efecto, Vasconcelos admite tres clases de ciencias: las ciencias de descubrimiento, que se refieren al conocimiento de la naturaleza como las ciencias físicas, su instrumento es la sensualidad y la razón matemática; las ciencias de la invención, que se circunscriben al conocimiento del hombre, a la invención de sus propósitos, su instrumento es la voluntad, entre las que sobresale la ética que postula el equilibrio de la conducta humana y la naturaleza. La estética es otra ciencia que conforma el corpus para lograr esa revulsión de la energía (salto de la energía de una estructura a otra), hacia lo espiritual. La estética o el arte, enriquecen a la realidad proporcionándole una nueva organización. Vasconcelos concluye señalando que el arte es el paso entre lo humano y lo divino[42].  

3.1. Los valores.

La acción del sujeto o su conducta, según Vasconcelos, está regida por valores[43]. El prototipo del hombre contemporáneo, no es el audaz, el inteligente, sino el más capaz de servir, el que denota una moral de constante superación. Esta moral de superación, retoma la búsqueda de la serenidad propia de las civilizaciones oriental y griega, no va tras la ganancia, o el poder. Su ética se basa en la concordia, la ayuda mutua, la tolerancia, el respeto, pero también la conquista del Absoluto, en pos de la trascendencia. La jerarquía de los valores es triple, hasta abajo coloca a los objetos materiales, en medio  la conducta que persigue propósitos sociales, y hasta arriba, coloca el espíritu que se recrea en los valores fundamentales y eternos. El valor de las cosas depende de su adaptabilidad a nuestros fines superiores, y en consecuencia no hay cosas buenas o malas en sí. La escala de valores se determina por el mayor o menor acercamiento que tengamos con el Absoluto. Según  Vasconcelos  la ley moral y el deber están por encima de todo lo accidental humano. En su filosofía educativa, Vasconcelos propone todo un sistema de acciones y principio para la formación humana, donde se conjugan dialécticamente la bondad, la verdad y la belleza, siguiendo a Sócrates y a los griegos antiguos en general. Se trata, además, de desarrollar un sentido identitario que parta de las raíces sin obviar los valores universales. Todo en función de desarrollar al ser humano, y con él, a la nación.

Para alcanzar estas metas, consideró Vasconcelos que la influencia del maestro es decisiva, para despertar los valores morales y espirituales del alumno. La misión del maestro consiste en provocar el desenvolvimiento de las potencialidades nobles del alumno. La ética que propone Vasconcelos deberá estar basada en la tolerancia y la fraternidad.

El pensamiento de Vasconcelos, con fuertes raíces histórico - culturales está integrado por una totalidad, a manera de un sistema filosófico compuesto de una Metafísica, una Ética, una Estética y una Historia de la Filosofía, que intenta coronar con una Teodicea. La conformación del criterio filosófico de Vasconcelos tiene como antecedente una fuente plural de pensadores que consolidaron su ideología y su visión del mundo antiintelectualista[44]. La escuela de Mileto le enseñó que todo es devenir; Heráclito le enseñó el devenir como proceso dialéctico. En Plotino supo lo que es el éxtasis, y en los filósofos alemanes, que todo debe pasar por la razón. El impulso, el deseo, la energía son la base del Universo. Kant fijó en su mente que toda Metafísica es intuitiva. Con Schopenhauer recibió... la  confirmación en el pesimismo, y Nietzsche lo hizo comulgar con la tragedia del mundo. En Francia, Bergson le ha mostrado como deben cerrarse los ojos, abriendo el alma al rumor invisible.

La filosofía de Vasconcelos se caracteriza por su antintelectualismo, rechaza  el pragmatismo como teoría del conocimiento, aunque reconoce el valor de las ciencias y la considera como un preludio a la especulación filosófica. Cree que el instrumento propio de la filosofía no es la razón, sino la intuición emocional, que es el dato primario de toda existencia, que permite ahondar en las esencias de las cosas. Su concepción metafísica consiste en un emanatismo inspirado en Plotino, que partiendo del átomo material pasa por lo orgánico, lo psíquico hasta desembocar en lo Uno absoluto[45], es decir, en Dios. La filosofía para Vasconcelos es un peldaño para ascender a Dios, es decir, nos lleva de los estadios inferiores del ser, hasta la fusión con lo divino. José Vasconcelos es un filósofo sintetizador, activo, sus teorías intentan ser una vasta síntesis de todos los hechos, de todas las ideas y de todas las emociones que se entrecruzan en el Cosmos.

Su propuesta política tenía como fin una sociedad mexicana con un orden social y económico más justo, en que el respeto de la libertad fuera elemento prioritario. Su quehacer político estuvo dirigido a lograr una sociedad democrática que permitiera el desarrollo integral de todos los individuos. Congruente con su propuesta monista también planteó la unidad de las naciones con un mismo idioma y una raza común, esa unidad de pueblos la llamó Iberoamérica, sociedades que comparten una personalidad propia y un mismo destino y corona su propuesta aludiendo al fin último de la historia de los pueblos iberoamericanos, que es producir una síntesis de las cuatro razas existentes: la negra, roja, amarilla, y blanca, de la que emerge victoriosa la quinta raza, la raza cósmica, que representa al hombre nuevo, con una cultura de esencia espiritual. Su actitud  ante el progreso es por demás elocuente, a través de la educación, en su  parte técnica, práctica y aplicada, el mexicano logra el dominio de su entorno físico, socioeconómico y puede aspirar al derecho a la seguridad y al bienestar material. La propuesta educativa de Vasconcelos conlleva a formar  el hombre capaz de valorar la vida desde un punto de vista personal, de ser autogestor de su sustento bajo el principio de que todo hombre de trabajo estará en condiciones de conquistar un progreso para él y por ende para toda la sociedad.

3.2. La ciencia y la técnica.

La finalidad de la ciencia según Vasconcelos, es enseñarnos a aprovechar el objeto, que ubica como la “física del conocimiento”. Los conocimientos del corpus de la ciencia tienen carácter objetivo y pragmático, también intelectual y teórico. Aclara que mientras sólo se trate de cuestiones de técnica, bastará con ejercicios de adiestramiento y cuando aparece el teórico que investiga la ley del objeto y la ley del sujeto y la manera de sus relaciones y convergencias, entonces nace la ciencia. De manera textual, Vasconcelos nos dice: “En rigor, la ciencia no es otra cosa que la teoría de la técnica, la manera más general de nuestras relaciones con el objeto”[46]. Importante idea, si tenemos en cuenta que en la actualidad se aboga por la existencia de una tecnociencia.

Nos dice Vasconcelos que para aprender la técnica se acude a la escuela, aunque no basta, lo que falta es reflexionar, utilizando la razón inductiva y deductiva para investigar, para coordinar el contenido de la experiencia científica. “Para enseñar entonces la ciencia conviene por lo mismo, un método a la vez práctico y teórico”[47].

Lo que propone nuestro filósofo mexicano es que los programas educativos deben ser flexibles en la metodología adaptada para cada disciplina “... el método ha de ser activo para los aprendizajes que impartan adiestramiento, pero intelectualista, lógico y teórico para el conocimiento que precede y supera y engendra la práctica[48].

De lo anterior sigue que la escuela activa es la que se refiere al trabajo, la escuela intelectualista la que se refiere al aprendizaje de la ciencia abstracta; la escuela ética es la que se refiere al conocimiento de los valores y también remarca  el proceso del conocimiento que va de lo concreto a lo abstracto.

Vasconcelos planteó con toda seguridad de que por medio de la educación y la cultura, los mexicanos tomarían conciencia de sus problemas internos, y los trascendería en soluciones inmediatas, hasta la conformación de un hombre nuevo: el hombre Iberoamericano. De ahí la necesidad de promover una cultura nacional y popular con acceso a todos los mexicanos. La educación la consideró como el motor que genera conciencias, y además, la que despierta el espíritu. La verdadera novedad consistió en concebir la educación como una palanca para remover conciencias, como un despertar del mexicano, que se realizaría no sólo por la experiencia escolar, sino por la difusión de la cultura, de los libros.

El importante papel que designa Vasconcelos a la educación, es el de rescatar al hombre de la ignorancia, el hacerlo libre mentalmente. Mediante la educación y la reflexión, el hombre descubre la verdad y alcanza la redención del espíritu. La verdad y la belleza, según Vasconcelos, lo guían hacía su realización integral.

Su proyecto educativo, pretendió producir un mexicano con una visión nueva, que tuviera como fundamento la esencia de la patria, que conociera sus raíces hispánicas e indígenas, y que a partir de esta toma de conciencia expresara todo lo humano en constantes maneras de superación. En fin, su gran utopía realista, se dirigía a la aprehensión cultural, libre de la alienación progresiva que invade nuestros hombres y nuestros pueblos.

En relación al mejor método para conseguir los logros de la educación, Vasconcelos recomienda adoptar el más sencillo, el que sigue la realidad del saber en su desenvolvimiento natural e histórico: la deducción. “No hay educación sin un concepto general del mundo. El educador encontrará en su filosofía, el punto de partida de su pedagogía.”[49]

El proyecto educativo de Vasconcelos es audaz, inteligente y visionario, pero lo más importante, es que creyó en el poder de la educación, como factor de igualdad social.

La enseñanza del Arte, tuvo como finalidad cultivar la inteligencia del hombre y gozar del valor artístico y así  lograr la comunión con lo Bello. A diferencia de la pedagogía pragmática, propia de la técnica y de la pedagogía intelectualista necesaria a la ciencia y del sentido fraterno necesario a la ética, el pedagogo artista, por fascinación y magia, ha de llevarnos a la comprensión total activa, intelectiva, amativa y estética, o comunión cabal con los más altos valores del espíritu.[50]

La imaginación, la intuición, son los elementos centrales en la enseñanza de las Artes, para llevar la conciencia al goce y plenitud de lo Absoluto. La experiencia del arte, evidencia, la existencia de una fuerza de nuestra naturaleza que nos proporciona alegría ilimitada, que considera, sobrenatural. El secreto de este poder consiste en que nos pone en común con las formas más nobles y las realidades más altas de la conciencia.”[51]

En lo que concierne al  papel de la literatura, Vasconcelos encontró en la difusión de los clásicos, tanto filósofos y literatos, el instrumento idóneo para enseñar a leer bien y fomentar el amor por la literatura. Tal énfasis puso en este objetivo que al estructurar el funcionamiento de la S.E.P. lo hizo en tres departamentos: el escolar, el de bellas artes, y el de bibliotecas y archivos. Este último tuvo a su cargo la creación de un sistema de bibliotecas profesionales, ambulantes y circulantes por todo el territorio nacional mexicano, aunado a esto dispuso la impresión masiva de textos de autores clásicos de la filosofía y la literatura, que se distribuyeron por todo el país. En la campaña contra el analfabetismo, se derivó la necesidad de ilustrar al pueblo: fundó bibliotecas para complementar la tarea educativa. Según su criterio, no bastaba enseñar a leer, era necesario suministrar libros para adquirir conocimientos útiles. El libro, fu uno de sus tres apóstoles, los otros dos fueron el artista y el maestro.

3.3. La cultura iberoamericana.

La conclusión a que llega Vasconcelos es que es necesario un nuevo tipo de hombre, con una nueva forma de vivir. La razón y la ciencia no forman los auténticos valores humanos, es la emoción la que nos hace vivir lo propiamente humano. Este filósofo, recomienda que los Iberoamericanos debemos practicar esa forma de vida y dejar de imitar al sajón racionalista que revive al universo en lo que tiene de material y biológico y nosotros los latinos e iberos, debemos expresarnos en términos de espíritu. El factor constitutivo del Iberoamericano es la libertad, por que “la vida artística supone a la libertad o anterior se comprende en el sentido de que la libertad humana permite organizar lo dado y ponerlo al servicio del espíritu; hay que actuar por gusto, por entusiasmo o inspiración, y esto sólo se logra en el Arte o en la religión. Vasconcelos pone en manos del Iberoamericano su filosofía del futuro, sus recomendaciones son acerca de lo que podemos, de lo que debemos y de lo que tenemos que hacer. Su filosofía nos compromete ante un futuro no determinado, ante un futuro que hay que construir y potencialmente se tienen las mejores oportunidades para vivir mejor. Es una utopía necesaria y posible. La filosofía del futuro que predicó Vasconcelos la destinó  para la “raza emocional” o “cósmica”, que identificó con el Iberoamérico. Nuestro filósofo mexicano se convirtió en defensor de la raza ibera y el  portavoz de una cultura emergente. Su filosofía se convirtió en el baluarte del hombre nuevo, del hombre iberoamericano, que superará a sus enemigos los anglosajones, por el espíritu, ya que ellos no logran alcanzar conceptos y valores universales[52]. La filosofía de Vasconcelos pretende ser el pensamiento perenne que se eleva sobre las vicisitudes de lo concreto, su calidad de vencido le brinda la oportunidad mientras que su vencedor queda atado por los lazos de intereses que tiene que proteger y justificar[53].

La “raza cósmica”, representa utópicamente, la identidad de los pueblos iberoamericanos, que son forjadores de una nueva conciencia, gestora del hombre nuevo y prototipo de los anhelos del género humano[54].  Estas ideas, salvando las diferencias, nos recuerda la concepción martiana del hombre natural de nuestra América y sus infinitas posibilidades de realización humana y social para bien de América Latina[55]. Hay confianza en las posibilidades de nuestros hombres y en su inteligencia. Pueblos que han resultado, en gran parte, del mestizaje que  ha producido el encuentro y desencuentro de las culturas.

En fin, epistemología, valores, ciencia, técnica y cultura iberoamericana, constituyen momentos constitutivos de la cosmovisión de Vasconcelos, pero integrado a una totalidad en movimiento, donde la teoría y la práctica, en perenne interacción, dialogan para encauzar la obra que ilumina su monismo estético.

Capítulo II

La Filosofía Estética y sus particularidades  

Este capítulo en gran medida da concreción al primero, teniendo en cuenta que en  la filosofía de Vasconcelos la estética ocupa un lugar central, que deviene en sí misma filosofía de la coordinación, con implicaciones metodológicas y heurísticas en las restantes partes de su sistema filosófico: educación, ética, religión, historia, ciencias, cultura.  No se puede obviar que en su concepción todo el saber filosófico puede compendiarse en dos filosofías: 1. Filosofías analíticas, que reducen la realidad a uno de sus elementos, y por todo ello, sus resultados son abstractos, y 2. El grupo de las filosofías de sistema, que tratan de explicar  la realidad a través de la coordinación de todos sus factores, donde se ubica la estética en especial lugar, que al mismo tiempo se funda en un a priori estético que opera según ritmo, melodía y armonía, alumbrado por el método de la coordinación.

Esta segunda parte, además de iniciarse con  un breve acercamiento conceptual  e histórico de la estética, entra de lleno en la estética vasconceliana, destacando las varias mediaciones en que se desarrolla, en los marcos de su filosofía idealista de corte espiritualista, intuicionista y religiosa, en correspondencia con la cosmovisión del filósofo.  

1. Aproximación conceptual a la Estética.

La estética es un sistema de saber cosmovisivo, cuyo objeto lo constituye el arte[56]. Durante la historia del devenir humano ha tenido varias interpretaciones en correspondencia con el desarrollo de la ciencia, la praxis social, y otras mediaciones[57]. En todas las concepciones independientemente de su filiación filosófica se ha destacado en el objeto de la estética el aspecto sensorial o la sensibilidad como elemento central a tener en cuenta.

Con la Filosofía Clásica Alemana y otras tendencias contemporáneas, si bien esta concepción no se desecha del todo, se agregan nuevas ideas para imprimirle un carácter metafísico y sistemático  más acentuado. “El idealismo alemán, en Schelling y Hegel, sobre todo, hace de la estética una parte integrante de su sistema. Kant estudia en su Crítica del juicio (1790) los juicios estéticos que denomina juicios del gusto. Para F.W.J. Schelling, en la obra de arte se produce la captación, por la belleza y a través de una intuición intelectual, de lo infinito que se expresa de un modo finito. Para G.W.F. Hegel, la estética representa un momento de conciliación entre la idea y la naturaleza, que es lo bello artístico, al que también llama «ideal», o manifestación sensible de la idea; la estética es la consideración filosófica de las bellas artes. Las dos maneras de entender la estética, como análisis del sentimiento estético y como filosofía de las bellas artes, se desarrollan predominantemente a lo largo de todo el siglo XIX y buena parte del XX, de forma independiente o bien en interrelación, pese a repetidos intentos de dar una orientación empírica y más científica a la estética. Gustav Theodor Fechner (1801-1887), psicólogo alemán, fundador de la psicofísica, establece los fundamentos para un estudio meramente empírico y psicológico de la estética, adoptado posteriormente por los psicólogos de la Gestalt, entre ellos Rudolf Arnheim y Leonard Meyer. Vías parecidas han seguido aquellos autores que aplican la semiología a la estética, como Charles Morris y Umberto Eco, o que desarrollan una sociología de la estética, como Pierre Francastel (1900-1970)”[58].

En Italia, el filósofo e historiador Benedetto Croce también exaltó la intuición, pues consideraba que era la conciencia inmediata de un objeto que de algún modo representa la forma de ese objeto, es decir, la aprehensión de cosas en lugar de lo que uno refleje de ellas. Las obras de arte son la expresión, en forma material, de tales intuiciones; belleza y fealdad, no obstante, no son rasgos de las obras de arte, sino cualidades del espíritu expresadas por vía intuitiva en esa misma obra de arte.

El filósofo de origen español Jorge Ruiz de Santayana razonó que cuando uno obtiene placer en una cosa, el placer puede considerarse como una cualidad de la cosa en sí misma, más que como una respuesta subjetiva de ella. No se puede caracterizar ningún acto humano como bueno en sí mismo, ni denominarlo bueno tan sólo porque se apruebe socialmente, ni puede decirse que algún objeto es bello, porque su color o su forma lleven a llamarlo bello. En su ensayo El sentido de la belleza (1896) propuso novedosos argumentos para una consideración fundamentada del fenómeno estético.

El pedagogo y filósofo estadounidense John Dewey consideraba la experiencia humana como inconexa, fragmentaria, llena de principios sin conclusiones, o como experiencias manipuladas con claridad como medios destinados a cumplir fines concretos. Aquellas experiencias excepcionales, que fluyen desde sus orígenes hasta su consumación, son estéticas. La experiencia estética es placer por su propio interés, es completa e independiente y es final, no se limita a ser instrumental o a cumplir un propósito concreto[59].

El filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre abogaba por una modalidad de existencialismo en la que el arte fuera una expresión de la libertad del individuo para elegir, y de este modo demostrar la responsabilidad individual de su elección. La desesperación, reflejada en el arte, no es un fin sino un principio porque erradica las culpas y excusas por las que el individuo común sufre, y abre el camino para la auténtica libertad[60].

Por otra parte la filosofía analítica, imbuida por su giro lingüístico y su tendencia empirista, critica el carácter esencialista, abstracto, y carente de método de las concepciones tradicionales de la estética y aboga por la asunción de la crítica y análisis de los términos con que hablamos del arte[61]. Igualmente, pero en otro sentido, algunas concepciones contemporáneas  someten a crítica el esencialismo, ahistoricismo y el tono extremadamente filosófico de la estética. En su criterio, esto le impide abordar con objetividad los fenómenos de la cultura de masas, tan requeridos de  la  aprehensión estética[62]contextualizada y concreta.

Ya a un nivel de análisis crítico más extremo, presentista, relativista y subjetivista, se comportan las concepciones de algunos postmodernos, hasta abogar por un pluralismo al margen de sistema y conceptualizaciones heurísticas. “El «postmodernismo considera superadas las teorías estéticas del pasado, que tacha de universalistas, elitistas y formalistas, y prefiere la pluralidad y la singularidad de diversas experiencias estéticas, irreductibles en principio a sistema”[63].

Por supuesto, que no podemos estar de acuerdo con una visión simplista y abstracta, que hace tábula rasa de todo el devenir histórico – conceptual de la estética como saber filosófico, en torno al arte y sus mediaciones esenciales.

En el caso de Vasconcelos, bajo la influencia determinante de Plotino, Bergson[64] y otros intuicionistas, le atribuye un estatus filosófico especial a la intuición estética, hasta devenir su sistema teórico, monismo estético, en su esencialidad[65].  

2. La Estética como disciplina filosófica. El monismo estético.

En Vasconcelos la parte de la filosofía que refiere a la calidad, a la coordinación, es la estética, fundada en un a priori estético que une en estrecho haz la totalidad del ser.

“El problema de la unificación de los heterogéneos - escribe Vasconcelos - lo vengo tratando desde hace años. En mi «Estética publicada por el 1937, apunté la solución que sigue y es la base de lo que llamo: Filosofía Estética o Filosofía de la Coordinación. Consiste la solución en afirmar que elementos que no pueden ni deben reducirse al denominador común que suponen la abstracción y la lógica se pueden manejar, sin embargo, ordenadamente, gracias a las formas que conocemos con los nombres de: ritmo, melodía, armonía y contrapunto. E1 ejercicio de tales formas estéticas obedece a un sistema de acción que englobo bajo el nombre de: A priori estético, por analogía con el a priori mental kantiano. Pero señalando que el a priori estético nos lleva a un modo de pensar por concierto o concurrencia de intenciones y significaciones, diferente totalmente del discurso”[66].

El antecedente filosófico inmediato del sistema vasconcelista del Monismo Estético, lo constituye su ensayo: Pitágoras, una teoría del ritmo, que se publicó en 1916 en la revista cubana “Cuba contemporánea”. Vasconcelos llamó a la teoría de Pitágoras de los números, “teoría del ritmo”.

La teoría pitagórica sostiene que la realidad es en esencia numérica, nuestro filósofo mexicano dijo que la naturaleza es la música de las esferas, por lo que el pitagorismo lo concibe como una estética y no una matemática. La visión pitagórica de Vasconcelos, es la dinámica del mundo en términos estéticos, es decir, el movimiento permite al hombre avanzar por estadios ascendentes hacia la totalidad. Vasconcelos rechaza el racionalismo extremo, cuyo interés central será la idea; y abraza el misticismo que se interesa por el espíritu que es el que engendra la idea. Este pensador mexicano encontró en el análisis del pitagorismo la posibilidad de fusionar lo material con lo espiritual. Su visión es que todas las cosas se desarrollan con una energía interna, como una música y que la esencia de todas las cosas lo constituye cierto ritmo. Plotino, el gran místico de Alejandría influyó en Vasconcelos, en lo concerniente a su teoría monista[67]. Para Plotino, el alma accede a la belleza tras una verdadera ascesis: el alma aislada de los deseos que vienen del cuerpo, con el que mantiene una unión demasiada estrecha, liberada de las otras pasiones, purificada de lo que contiene cuando se materializa y manteniéndose aparte, se despoja de toda fealdad que le viene de una naturaleza distinta a la suya. El monismo plotiniano está presente en el pensamiento de Vasconcelos, cuando señala que la materia es una degeneración del ser, en cuanto se aleja más de la esencia divina. La belleza está contenida en el artista y en el arte, no en la obra artística que es material. Al igual que Plotino, Vasconcelos está en pro de un arte idealista, no el que imita a la naturaleza, sino el que intenta superarla. El monismo estético vasconcelista está fundamentado en tres principios o postulados que tienen relación entre sí: la belleza como una forma especial de energía; la emoción estética condición para comprender a la naturaleza de las cosas; y el universo, que se fortalece cada vez más, que se hace más bello. El lema de la Universidad: POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU, justifica la cosmovisión misticista de Vasconcelos, y el propósito y la orientación de la propia Universidad. En un discurso pronunciado ante la Confederación Nacional de Estudiantes rescatamos su concepción sobre Dios y la religión, contenida en el lema universitario. Había que comenzar dando a la escuela el aliento, superior que le había mutilado el laicismo...Era indispensable introducir en el alma de la enseñanza el concepto de religión, que es conocimiento obligado de todo pensamiento cabal y grande...Usé de la vaga palabra espíritu, que en el lema significa la presencia de Dios...En suma, por espíritu quise indicar lo que hay en el hombre de sobrenatural y es lo único valioso por encima de todo estrecho humanismo y también, por supuesto, más allá de los problemas económicos que son irrecusables pero nunca alcanzarían a normar un criterio de vida noble y cabal. A manera de conclusión de este apartado, diré que para Vasconcelos, la emoción o intuición estética, es el método para conocer la realidad, pues el mundo se puede conocer, y a la vez sentir[68].

“La hiperbolización del factor estético en Vaconcelos le hizo  situar al arte como elemento de solución social  por encima  de  las disciplinas  científicas”[69]. En su criterio, “(…) el arte, cuando es lo que debe ser arte, una forma del amor sobrehumano que resuelve en armonía los conflictos, representa una solución  más clara y eficaz que todas las sociologías y las economías. De allí que  su sociología, superando lo racional, interpretando con el verbo, la sabiduría por encima del logos, haya sospechado desde hace tiempo que sólo una noción, un sentimiento de orden estético religioso puede unir, o más bien dicho coordinar el vivir de blancos y negros e indios”[70]. 

Vasconcelos hace extensible su  a priori estético a toda la realidad existente. La intuición emotiva, es base de su filosofía estética, de coordinación o de cualidad como indistintamente la llama, basada al mismo tiempo en el ritmo, la melodía y la armonía, y teniendo como método la coordinación  de lo heterogéneo, tiene lugar a través de la aprehensión directa de la conciencia, muy semejante al intuicionismo de Bergson[71], que como bien aclara Gaos, es el filósofo que más influyó en él[72].

En las formas específicas del conocer como acción, Vasconcelos aclara las mediaciones esenciales de su  monismo estético, al analizar el ritmo, la melodía y la armonía, diferenciando este tipo de aprehensión del que tiene lugar en la matemática, es decir, comparando la asunción cuantitativa con la cualitativa. “Formas elementales y específicas del conocimiento- escribe el filósofo- se nos manifiestan en la actividad de todo lo que nos rodea. Examinemos la manera como se desenvuelve el movimiento en los seres vivos. La primera condición del movimiento creador es el ritmo. En él hallamos un modo de la acción y también un modo del conocimiento. Analicemos la marcha del hombre: consiste en dos impulsiones desemejantes que producen avance corpóreo. Adelántase el pie izquierdo y le sigue el pie derecho; los dos impulsos heterogéneos se resuelven en la unidad que llamamos un paso. Nos hallarnos frente a una contradicción palmaria de la matemática que nos dice que uno y uno son necesariamente dos; en el paso humano, uno y uno combinados nos dan uno, un paso. Y si observamos un caballo que trota, veremos que la acción acompasada de cuatro patas engendra un salto; de suerte que el concurso de cuatro elementos dinámicos heterogéneos nos da una unidad que es el salto. ¿Quién podrá negar, entonces, que cuatro ya no es aquí igual a cuatro? ¿Qué haremos ante la evidencia desconcertante de estas ecuaciones absurdas: 2=1; 4=1? Lo cierto es que nos hallamos ante un modo sui géneris de conocimiento: también de acción.

Sucede que la ley propia de la constitución del vivir y el ser mismo, no corresponden a la extensión geométrica; uno y uno, si son diferentes en calidad, como lo izquierdo y lo derecho, no dan dos, sino una unidad nueva que engloba ambos y genera acción. Uno más uno, más uno, más uno, o sean cuatro unos, diferentes en calidad pero concurrentes en un propósito vivo, vuelven a dar uno; pero un uno de género superior, vital, activo.

¿Cuáles son las consecuencias filosóficas de estas verdades evidentes como las de la matemática, y sin embargo, totalmente diferentes en sus resultados? Oportunamente veremos que para explicarlas se hace necesario un cambio radical de los métodos usuales de la filosofía.

Por lo pronto ensayemos la aplicación de la tesis del ritmo y la armonía, a las maneras de relación que se manifiestan en las formas elementales de la existencia, como el color y el sonido. Descubriremos en seguida, que el desarrollo general de los fenómenos no obedece a las leyes matemáticas ni a leyes dialécticas, sino casi exclusivamente a combinaciones rítmicas y melódicas. En nuestra obra «La Estética», y después en la «Lógica Orgánica», dejamos determinados ya los caracteres específicos de lo que hemos llamado el a priori estético, base de la filosofía estética, su método, que es la coordinación. En lo que sigue se observará la naturalidad con que un gran número le problemas oscuros se resuelve con claridad si les aplicamos el criterio de la armonía, mediante las formas específicas del conocer como acción: el ritmo, la melodía y la armonía.

Observemos antes, sin embargo, que la serie numérica nos da impresión de cantidad cuando imaginamos una, dos, tres esferas o cuando escuchamos las campanadas de la hora en el reloj. Si en la serie se introduce un ritmo, enseguida nace un sentido, se inicia una sugestión de valor cualitativo que inmediatamente nos traslada de la física a la estética”[73].

Al mismo tiempo afirma su adhesión con el intuicionismo vitalista y espiritualista de Bergson. “Ya Bergson – señala Vasconcelos - observó en su análisis de la duración, que la sucesión de nuestros estados de conciencia se identifica con ésta cuando nuestro yo se deja llevar de la vida, cuando se abstiene de establecer una separación entre el estado presente y los estados ante, tal como ocurre cuando recordamos juntas y  por decirlo así, fundidas, las notas de una melodía. Según el propio Bergson, este conjunto es comparable a un ser vivo cuyas partes, aunque distintas, se penetran por el efecto mismo de su solidaridad”[74]. 

Su siempre consecuente religiosidad matiza, además, su concepción estética, pues también en  sus consideraciones generales sobre  el secreto del color y el juego del crear y el pensar[75], destaca la obra creadora de Dios, en tanto fuerza generadora superior que todo lo penetra y crea.

De este modo, ritmo, melodía y armonía, compendian, sintetizan los atributos cualificadores de la aprehensión estética del hombre, alumbrada por la razón divina. En la intuición estética se hace transparente la realidad, a través del ritmo, la melodía y la armonía.

2.1. La coordinación como método de la estética de Vasconcelos.

En su visión estética del mundo y del hombre, Vasconcelos concibe la coordinación de los heterogéneos como  su método  por excelencia[76]. Se apoya en los clásicos griegos, pero aportando elementos esenciales de su creación.

Aplica con eficacia y maestría su concepción de la coordinación a los colores y al sonido, pues en su criterio, “no hay en la suma de los colores o en la síntesis aplacadora de los sonidos, que es el silencio, ningún resabio de la unificación de tipo abstracto, de identificación. Las notas, los tonos diversos, los sonidos diferenciados no se reducen, como si fueran casos particulares de un mismo género, a una esencia que sería el sonido. Entre sí y dentro de sus conjuntos, las notas y los colores son individuaciones; no es posible traducirlas unas a otras, ni siquiera conceptualmente; para desarrollo de color o sonido es indispensable que subsista cada uno, la nota y el color, fieles a sí mismos. Las imágenes rápidas que usa el cinematógrafo son invariables; de otra manera no engendrarían la traslación que, por continua y diversa, es creadora de algo que simula vida: el movimiento gráfico significativo nace de una concurrencia de heterogéneos, no de la suma de sus partes. El orden que, sin embargo, liga colores y notas es muy distinto de un común denominador cualquiera. Si los colores no se conservan auténticos, no engendraría la maravilla de la luz; si las notas no poseyesen estructura vibratoria invariable, su entrecruzamiento armonioso no engendraría la Ventura del silencio. Se trata, pues, de fusión de tipo no discursivo sino armónico; no analítico, sintético; no aditivo sino heterogéneo y coherente,”[77], engendrado en la coordinación que une cualidades y  coordina esencias que la intuición realiza unificándolas. Sencillamente “El pensamiento coordina, emparentando los movimientos, buscando ellos la armonía y la meta de la acción combinada que persigue el conjunto. Y en cada conjunto se revela un existir renovado, que deja intacta la individualidad de cada una de las partes, y éstas, por concurrencia, engendran todos parciales que las superan y le dan finalidad. En forma simplificada podemos observar la naturaleza de la coordinación, la coherencia en el caso del contrapunto musical. Sin despersonalizar las notas, las voces, el contrapunto engendra con ellas una posición, un significado, un mensaje rudimentario o alto. La filosofía – incluida la Estética - tiende a descifrar la composición del Universo para expresarla en contrapunto de Sabiduría”[78].

En Vasconcelos la Estética se gnoseologiza, o mejor dicho, deviene epistemología, pues se convierte en “universalidad concreta”[79] a través de su método: la coordinación. Todo en los marcos de una visión idealista espiritualista, religiosa, que mediante la intuición eidética o intelectual logra unir lo heterogéneo, lo diverso, a la unidad, pero sin perder la individualidad[80], que garantiza el propio creador, Dios.

En la elaboración del principio de coordinación como método de su filosofía estética, Vasconcelos se apoya en Empédocles. Él mismo lo afirma sin vacilación alguna. “El  antecesor de esta «filosofía de la coordinación», es nada menos que Empédocles. El gran predecesor de los que hoy postulamos la filosofía como coordinación es Empédocles. Él habló el primero de que: es la combinación de los elementos el secreto del ser. Dijo también Empédocles «no intentes reducir la calidad». Una filosofía de calidades es la nuestra, en oposición a las filosofías abstractas, que, para generalizar, prescinden de las calidades y los caracteres que singularizan los seres”[81].

Resulta interesante, independientemente que se discrepe de algunas de sus ideas, la tendencia Vasconceliana de asumir un lenguaje aprehensivo plural, donde la verdad no sea la simple armonía de pensamiento y realidad. En su opinión, al margen del conceptualismo, el principio de identidad tiene que transformarse en experiencia del yo frente al tú, del yo frente a la pluralidad.[82] Para el filósofo mexicano, “la verdad es como el diamante: sus caras, dirigidas a planos distintos, recogen la claridad de todos los rumbos, para lograr brillo y firmeza. Lo que sólo en un plano se desenvuelve – señala con inteligencia Vasconcelos- es pobre y por fortuna, pobre[83]. Cuánta racionalidad se revela en esta idea del gran maestro. Expresa un pensamiento complejo, que adelanta ideas que hoy se discuten con fuerza, en la crítica al reduccionismo del paradigma de la modernidad. Lo que no implica estar de acuerdo con la absolutización de la estética en el campo de la aprehensión filosófica, hecha por el destacado filósofo.

A partir de esta concepción, Vasconcelos somete a crítica las filosofías abstractas que se conforman con las síntesis infecundas, estériles. Por eso señala con toda razón: “En este momento dejo de ser filósofo, si por filosofía se entiende sabiduría de conjuntos específicos, conocimiento de la multitud de las cosas conforme el orden que las hace existir[84]. El todo, la totalidad  no es la simple suma de las partes. Es mucho más.

2.2. El Todo.

Vasconcelos, en perenne crítica a las filosofías reduccionistas,  aborda el todo como sistema integral, donde las partes no lo agotan, y al mismo tiempo dan cuenta de él. En su visión estética de la realidad una obra artística no es la simple suma de sus partes, sino la integración coordinada de la totalidad de ellas.

En su visión del problema, coordinar es hacer contribuir a un propósito a elementos y realidades disímiles, insumables, irreductibles, y sin embargo, capaces de colaborar para un fin. Por eso en criterio de Vasconcelos, lo que cada todo parcial aumenta a la suma de las partes es la aparición  de propiedades nuevas, pues siempre un todo orgánico es algo diferente de una suma. Hay en esta concepción ideas dialécticas muy profundas que el Maestro aplica a la praxis educativa y al fomento general de la cultura mexicana y latinoamericana. Muchas de sus ideas dan cuenta del espíritu holista que prima en su visión del hombre en relación con el mundo.

2.3. Unidad y verdad.

Este tema es recurrente en la estética de vasconcelos. Constantemente aparece en sus escritos, independientemente de la naturaleza del tema que trate.

Ante todo distingue la unidad de la verdad, pues si bien guardan relación no significan lo mismo. La verdad supone diversas maneras de unificación[85]. Somete a una crítica aguda las concepciones sobre la verdad que históricamente se han asumido, particularmente las que la identifican como correspondencia rigurosa del pensamiento con la realidad.

La unidad es distinta de la verdad, aunque el problema de la unidad guarda estrecha relación con el problema de la verdad; pero la verdad supone diversas maneras de unificación.”Como postulado inicial- señala Vasconcelos - podemos aceptar la tesis clásica que define la verdad como acuerdo de pensamiento y realidad, cosa y concepto, mundo y conciencia. La verdad, como correspondencia rigurosa de idea y realidad, es una consecuencia de la Teoría de las Ideas y en seguida del logicismo, el conceptualismo, que acaba por desentenderse de las cosas y de la vida. La teoría platónica de las ideas no suponía identidad entre idea y cosa ni sólo postulaba ideas. Quería que la idea fuese un modelo al cual la realidad aspira sin alcanzarlo. En este sentido el platonismo es fecundo: deja de serlo cuando se interpreta como Hegel que el «ser es la idea»; ser es, en todo caso, una coordinación de elementos que poseen concreción y propósito y la verdad es coordinación de lo diverso. Hace falta, asimismo, distinguir entre la verdad pasiva, que es la de la adecuación de cosa y pensamiento, y la verdad activa, que supone un constante acierto en la combinación de lo vario”[86].

Vinculado a los temas de la unidad y la verdad, Vasconcelos hace una crítica  profunda al carácter reduccionista de la filosofía, defendiendo desde el método de la coordinación la necesidad de que la filosofía asuma la calidad y no se reduzca a la cantidad. “Desde que nos hallamos en el terreno de los hechos, las verdades abstractas, las verdades de razón, se aplican a los hechos, pero sólo relativamente. Recuérdese a Poincaré y su insistencia sobre la imposible identificación de las ecuaciones matemáticas con los fenómenos que estudia la ciencia. En ellos siempre hay mucho que escapa a la matemática. Eso que escapa, la calidad, es lo que intentamos captar en la filosofía de la coordinación. En la doctrina de la correspondencia, la verdad se define como acuerdo de realidad con idea. Pero queda fuera el capítulo de la interrelación, interacción de los hechos entre sí y de éstos con las ideas y las representaciones que ellos mismos engendran. Además, contra lo que supone el intelectualismo, entre los hechos hay acciones y reacciones que no dependen de exigencia conceptuales, por ejemplo cualquier fenómeno físico; al revés de los conceptos, que sólo admiten relaciones lógicas. Aparecen así dos mundos diferenciados por las leyes de su existencia y desarrollo. El mundo conceptual se desenvuelve dialécticamente. El mundo de los hechos se desarrolla genéticamente (conforme a lo razón suficiente de Leibnitz) o según la causalidad o la finalidad. Estos dos desarrollos han dado origen a las dos lógicas hasta hoy deslindadas: la deductiva y la inductiva”[87]. Pero estas dos lógicas no resultan suficientes en la revelación de la verdad[88]. Es necesario analizar el problema en su complejidad real, que en la terminología de Vasconcelos, es tratado como coordinación.” Y nosotros, en nuestra doctrina de la coordinación, buscamos las leyes de un tercer desarrollo, o sea, el que combina los heterogéneos sin reducirlos a denominador común, sin simplificarlos en busca de unidades abstractas que no corresponden a lo que realmente existe o sucede. Sin encerrarnos en la simple observación de lo que ocurre de facto, pretendemos nosotros consumar una síntesis de heterogéneos dentro de la cual hallen cabida: la verdad dialéctica, la verdad experimental y un nuevo tipo de síntesis, el propio de la conciencia que pone en ejercicio la plenitud de sus facultades. Esta acción consciente, llámese intuición o como se quiera, sirve para que nos demos cuenta del movimiento creador que opera en cada punto del Universo”. Al mismo tiempo esta  asunción integradora de la verdad en la unidad de lo diverso, denominada por Vasconcelos como proceso coordinador de orden estético, resulta como sistema complejo en sus determinaciones múltiples. “Esta  operación coordinadora- enfatiza Vasconcelos -obedece a lo que llamamos un orden estético. En él se integra la pluralidad a fin de que podamos pensarla, sin falsificarla en abstracciones, sino tal cual es: diversa, activa y coordinada. No hay otra manera de entender la realidad. No es legítimo identificar idea con realidad. Las cosas no nos llegan a la conciencia del mismo modo que las ideas, ni con parecida certeza. Las conocemos por experiencia, que se nos manifiesta como representación siempre variable, por estar subordinada a los cambios de sensación y memoria, sin embargo sujetas a leyes. Las leyes propias de las cosas, ya sean causales, ya estadísticas, no son necesarias como lo son la de los conceptos, lo que prueba que en el Universo no hay necesidad, sino divina y creadora espontaneidad, muy lejos de la verdad formal que acaba identificando el hecho con la abstracción, reemplazando realidad viva con el mundo inerte de los entes. Mírase entonces patente el error de explicar la realidad por caminos unilaterales, ya sea el del discurso, ya sea el de la sensación. Ni siquiera coinciden ambos entre sí, aparte de que no abarcan todo lo que llega a la conciencia”[89].

El filósofo niega la necesidad y con ella el determinismo en el Universo, a pesar de que refiere a las leyes y regularidades, algo inexplicable; sin embargo existen ideas interesantes sobre la necesidad de seguir la propia lógica de la realidad para evitar las abstracciones y los reduccionismos innecesarios. Esto es un mérito indiscutible para su momento histórico, teniendo en cuenta que no era común que se plantearan estos problemas de carácter epistemológico. Sencillamente, en su generalidad se aceptaba la tesis de la coincidencia absoluta de la realidad con la idea, el pensamiento. Sin embargo el Maestro vasconcelos aboga y defiende la idea de “(…) una filosofía del vivir real y concreto, sin conceptualismo deformadores. Constantemente filosofía ha estado equivaliendo a destrucción y exclusión; se suprime el individuo para pensar en el universal: se maneja el concepto y se deja la realidad “entre paréntesis.”. Hay una crítica explícita a la fenomenología del epojé husserliano, en torno a la conciencia pura, al margen de la realidad que asume, refleja y construye. Para Vasconcelos la filosofía y en particular la estética, si bien opera con a priori, no puede poner la realidad entre paréntesis, tiene que dar cuenta de ella a través de la coordinación de lo heterogéneo.

Con relación a la aprehensión del hombre, es destacable que lo conciba como sujeto complejo, si bien en coincidencia con su cosmovisión idealista y religiosa le atribuya un papel determinante a la conciencia. “El todo complejo que es el hombre no encuentra su unidad ni por medio de la mente lógica y su principio de identidad, ni por la vía de la sensación y su provisionalidad. El hombre deriva unidad y certeza de su conciencia, que es la madre del conocer y también inserción de lo fijo de los principios,  los a priori, en la corriente misteriosa del devenir”[90].

Su idealismo filosófico es notorio al dar primacía a la conciencia respecto al ser, pero un idealismo permeado de aspectos racionales que aún tiene mucho que decir y hacer, pues como él aconsejaba, es necesario recoger los ideales y los valores de nuestra identidad cultural y orientar los esfuerzos del sistema educativo hacia la consecución de un nuevo modelo de hombre y de sociedad. En este sentido, el aporte filosófico educativo de Vasconcelos retoma de los griegos el concepto de la educación como integración de saber, sabiduría y estética, y lo adecua a su modelo. Por eso, la Escuela para él debe ser un centro luminoso, que además de dejar gratos recuerdos a las personas debe impregnar de luz el resto de su vida e inducirlo a crear. En consecuencia, la cultura existe y se desarrolla en relación con la educación y con la filosofía propia. Por ello, nuestra cultura latinoamericana es la expresión de una dialéctica histórica que se llama mestizaje y conciencia[91].

En síntesis, Vasconcelos convierte la estética en una filosofía con autonomía total, en tanto funda un monismo filosófico capaz de coordinar lo heterogéneo y diverso en total unidad. Una unidad, que en sí misma, presupone lo diverso, pero integrado al todo como sistema.

Su estética, devenida filosofía de la cualidad y la coordinación, guiada por la intuición emotiva, será fuente inagotable de proyectos humanistas y utopías realistas para bien de México, Iberoamérica y el mundo.  

3. Utopía y realidad de su Filosofía estética  y la filosofía en general.

“El ser -  escribe Umberto Eco – no es un problema de sentido común (es decir, el sentido común no se plantea como problema) porque es la condición misma del sentido común (…) El ser  es el horizonte (…) Hay siempre algo, desde el momento, que hay alguien capaz de preguntarse por qué hay ser en lugar de nada.”[92]

El Maestro de América, en su mirar de águila,  siempre fue un eterno horizonte desplegado hacia el deber – ser, en búsqueda de la perfección del hombre  iberoamericano y para bien de todos. Como Martí, Bolívar, Rodó y tantos otros fundadores, hizo de su obra y su praxis una constante utopía realista[93]. Por eso con razón el Dr. Pupo, refiriendo a Carpentier, afirma que “la presencia de la utopía y la realidad es consustancial a toda obra creadora, y la razón utópico – realista, un atributo cualificador de todo creador con vuelo de altura.”[94]

Vasconcelos, al igual que Carpentier, fue un creador con vuelo de altura. Un hombre que hizo de su rica obra un crisol de belleza ennoblecedora para la formación del hombre mexicano, latinoamericano[95] y universal.

En su concepción, y criticando a la filosofía abstraccionista y reduccionista, plantea que unidad de armonía es lo que pretende su filosofía, con su método de la coordinación, en tanto proceso que relaciona y da unidad de propósitos  a los distintos seres, mediante la conciencia, como acto coordinador supremo, capaz de contemplar nuestra acción y enlazarla por la inteligencia, por la sensibilidad y por la armonía, con los demás hechos de la existencia. Esta intelección del filósofo, alumbrada por la estética y la religión, penetra todas las determinaciones concretas de la filosofía,  es decir, su teoría de la educación, la ética, la sociología, la política, la ciencia, en resumen, la cultura.  La aprehensión estética, como proceso de coordinación cualitativa, en Vasconcelos, es en sí misma un a priori que realiza la integración de lo heterogéneo en una captación intuitiva, al igual que sucede con la doctrina de la Trinidad, donde  un acto de plenitud cabal resuelve el enigma de tres que son Uno[96].

En su criterio, el Universo, cuanto  existe es singular y anhela persistir según su índole propia, al mismo tiempo busca con instinto de música la función que le corresponde en el más vasto conjunto. La halla en el Logos; pero es el Logos una de las mansiones del señor, no la única. La idea es uno de los recursos de la conciencia, pero no toda la conciencia. Opera ésta con el Logos y con la Armonía sin quedarse en ninguno, porque la misma armonía sólo es válida si nos acerca al Eros. Y Eros es legítimo cuando nos lleva a consumar la existencia como caridad. Las etapas que van del Logos a la Armonía y Eros son, no sólo sucesivas, sino progresivas. Los factores operantes de esta síntesis cabal no son nuevos. Más allá del Logos raciocinante, la sabiduría de los hebreos, adelantándose al platonismo auténtico, habló del Verbo, que es acción: Logos creador: la razón y sus objetivos. El instrumento y el uso a que está destinado. San Juan, en su Evangelio, atina cuando parte del Verbo en que está implícito el Logos lógico, pero a fin de llegar al Dios. Algunos, desviando la ruta, se quedan postrados ante ese dios kantiano que es el principio de identidad, ídolo mudo, rey de lo obvio, máscara de Pero- grullo. El Eros evangélico, libre de la obsesión de la pareja reproductora, conduce, al contrario, a la revelación del Padre Creador concebido como omnipotente. Concepción que nos da, junto con la descripción del Universo, el desarrollo de sus Jerarquías y el cuadro de la Totalidad.

El problema del filósofo, entonces, según Vasconcelos, consiste en coordinar las distintas esferas del conocimiento en una significación que las englobe y las organice según jerarquías de finalidad orientada hacia lo Absoluto. Es claro que la ciencia de principios, que ha quedado definida en la lógica deductiva aristotélica, mantiene su validez para los objetivos a que se aplica. Así como las leyes de la naturaleza rigen según las probabilidades estadísticas de que hablan los sabios contemporáneos. Y del mismo modo que es válida la experiencia que se refiere a las actividades del espíritu. La verdad se manifiesta, en consecuencia, como función y correlato de actividades que coexisten y a veces concurren y a menudo discrepan. El factor del equilibrio y la jerarquía lo da la psiqué, es decir, la conciencia humana- enfatiza Vasconcelos- entendida como instrumento del Creador, cuya conciencia, es el orden esencial de la Pluralidad.

Una concepción de esta índole – y es la de Vasconcelos - conduce a un tipo estético de filosofía, Y nos da por resultado una síntesis que vuelve a conectar el conocimiento racional con la teología, según el filósofo. Sólo que la unidad que hoy buscamos ya no es la del matemático, en criterio del Maestro de América, que tiene que reducir sus elementos al común denominador que permite sumarios, pero los priva de la cualidad, que es condición de su existir autónomo. Tampoco se parece a la unidad que se deriva del Logos dialéctico, series de ecuaciones extrañas al Verbo. Y no se empeña en dialécticas porque ya descubrió la armonía de las contradicciones. La unidad del filósofo esteta[97] es como el hombre: compuesto de tejidos, vasos, linfas, nervios, emociones, ideas e imágenes; sin embargo, persona sola y única dentro del vasto Universo. Unidad en la función y la existencia, unidad final en el amor, que no sacrifica una sola de las cualidades del existir, porque conoce el secreto que liga a cada una de ellas con el conjunto. Y en el conjunto halla de nuevo la revelación de lo Absoluto[98].

Sin embargo, más que la letra de la obra estética y filosófica, en general, de Vasconcelos, nos interesa el espíritu que la animó, la anima y la animará en el futuro, es decir, la unidad utopía – realidad[99], en sus despliegues específicos y realizaciones, en su praxis real a través de los grandes ideas y proyectos educativos y culturales que encauzó para bien de México[100], Iberoamérica y el mundo[101]. Toda una obra, devenida orgullo de México, en tanto funda las bases para una profunda aprehensión cultural del hombre y la sociedad en general, así como para la eliminación progresiva de la enajenación, a través de la educación.

Entre las facultades del hombre para conocer la realidad destaca los sentidos, el intelecto, la imaginación y las emociones... En el estado estético, que es el más alto estado de conciencia, es donde tiene lugar la verdadera integración del saber, y el filósofo, en su criterio, debe ser “artista de la totalidad”, es decir, un ser capaz de conocer y sentir. Un hombre de alta sensibilidad y rica espiritualidad para aprehender la realidad en su pluralidad sistémica; por eso  cree que el verdadero conocimiento es en sí mismo estético, y el sujeto que lo porta, un hombre  imaginativo y sensible ante la realidad que le rodea. “El fin a alcanzar en su teoría del conocimiento, que se origina en un concepto general del mundo, mediante una educación que integre trabajo, técnica y ciencia, es equilibrado con valores éticos, con los cuales Vasconcelos desemboca en su propuesta de educación estética. Dentro de este esquema estético, Vasconcelos ubica a la belleza como la forma más alta de la verdad. La metafísica deberá utilizar el método estético para alcanzar su meta de una visión unitaria del mundo; la intuición artística es la vía para conocer la realidad. La emoción o intuición estética es el método para conocer la realidad”.[102]

Una educación estética que no separa del devenir humano, la ciencia de los valores, pues ve en éstos los verdaderos caminos para acceder a lo absoluto, es decir, a lo grande que consagra y enriquece espiritualmente la vida del hombre y la sociedad.

Universópolis, la gran utopía de su “Raza Cósmica”,  constituye un proyecto grande, donde toda su Filosofía Estética y la Filosofía en general, encontrarán  su concreción,  su absoluto, para realizarse como humanidad creciente, como cultura y educación  en despliegue por todo el mundo. Nuevas conciencias, nuevos comportamientos guiarán a la humanidad, forjada sobre la base del mestizaje.En el tercer período, - escribe Vasconcelos - cuyo advenimiento se anuncia ya en mil formas, la orientación de la conducta no se buscará en la pobre razón, que explica pero no descubre; se buscará en el sentimiento creador y en la belleza que convence. Las normas las dará la facultad suprema, la fantasía; es decir, se vivirá sin norma, en un estado en que todo cuanto nace del sentimiento es un acierto. En vez de reglas, inspiración constante. Y no se buscará el mérito de una acción en su resultado inmediato y palpable, como ocurre en el primer período; ni tampoco se atenderá a que se adapte a determinadas reglas de razón pura; el mismo imperativo ético será sobrepujado y más allá del bien y del mal, en el mundo del pathos estético, sólo importará que el acto, por ser bello, produzca dicha. Hacer nuestro antojo, no nuestro deber; seguir el sendero del gusto, no el del apetito ni el del silogismo; vivir el júbilo fundado en amor, ésa es la tercera etapa.

Desgraciadamente somos tan imperfectos, que para lograr semejante vida de dioses, será menester que pasemos antes por todos los caminos, por el camino del deber, donde se depuran y superan los apetitos bajos, por el camino de la ilusión, que estimula las aspiraciones más altas. Vendrá en seguida la pasión que redime de la baja sensualidad. Vivir en pathos, sentir por todo una emoción tan intensa, que el movimiento de las cosas adopte ritmos de dicha, he ahí un rasgo del tercer período. A él se llega soltando – enfatice Vasconcelos - el anhelo divino para que alcance, sin puentes de moral y de lógica, de un solo ágil salto, las zonas de revelación. Don artístico es esa intuición inmediata que brinca sobre la cadena de los sorites, y por ser pasión, supera desde el principio- el deber, y lo reemplaza con el amor exaltado. Deber y lógica, ya se entiende que uno y otro son andamios y mecánica de la construcción; pero el alma de la arquitectura es ritmo que trasciende el mecanismo, y no conoce más ley que el misterio de la belleza divina. ¿Qué papel desempeña en este proceso, ese nervio de los destinos humanos, la voluntad que esta cuarta raza llegó a deificar en el instante de embriaguez de su triunfo? La voluntad es fuerza, la fuerza ciega que corre tras de fines confusos; en el primer período la dirige el apetito, que se sirve de ella para todos sus caprichos; prende después su luz la razón, y la voluntad se refrena en el deber, y se da formas en el pensamiento lógico. En el tercer período, la voluntad se hace libre, sobrepuja lo finito, y estalla y se anega en una especie de realidad infinita; se llena de rumores y de propósitos remotos; no le basta la lógica y se pone las alas de la fantasía; se hunde en lo más profundo y vislumbra lo más alto; se ensancha en la armonía y asciende en el misterio creador de la melodía; se satisface y se disuelve en la emoción y se confunde con la alegría del Universo: se hace pasión de belleza.

Si reconocemos que la Humanidad gradualmente se acerca al tercer período de su destino, comprenderemos que la obra de fusión de las razas se va a verificar en el continente iberoamericano, conforme a una ley derivada del goce de las funciones más altas. Las leyes de la emoción, la belleza y la alegría regirán la elección de parejas, con un resultado infinitamente superior al de esa eugénica fundada en la razón científica, que nunca mira más que la porción menos importante del suceso amoroso. Por encima de la eugénica científica prevalecerá la eugénica misteriosa del gusto estético. Donde manda la pasión iluminada no es menester ningún correctivo. Los muy feos no procrearán, no desearán procrear, ¿qué importa entonces que todas las razas se mezclen si la fealdad no encontrará cuna? La pobreza, la educación defectuosa, la escasez de tipos bellos, la miseria que vuelve a la gente fea, todas estas calamidades desaparecerán del estado social futuro. Se verá entonces repugnante, parecerá un crimen el hecho hoy cotidiano de que una pareja mediocre se ufane de haber multiplicado miseria. El matrimonio dejará de ser consuelo de desventuras, que no hay por qué perpetuar, y se convertirá en una obra de arte”[103].

La educación, que en Vasconcelos es el medio por excelencia para el logro de su gran utopía, acompaña todo su discurso. “Tan pronto corno la educación y el bienestar se difundan, ya no habrá peligro de que se mezclen los más opuestos tipos. Las uniones se efectuarán conforme a la ley singular del tercer período, la ley de simpatía, refinada por el sentido de la belleza. Una simpatía verdadera y no la falsa que hoy nos imponen la necesidad y la ignorancia. Las uniones sinceramente apasionadas y fácilmente deshechas en caso de error, producirán vástagos despejados y hermosos. La especie entera cambiará de tipo físico y de temperamento, prevalecerán los instintos superiores, y perdurarán, corno en síntesis feliz, los elementos de hermosura, que hoy están repartidos en los distintos pueblos.

Actualmente, en parte por hipocresía y en parte porque las uniones se verifican entre personas miserables dentro de un medio desventurado, vemos con profundo horror el casamiento de una negra con un blanco; no sentiríamos repugnancia alguna si se tratara del enlace de un Apolo negro con una Venus rubia, lo que prueba que todo lo santifica la belleza. En cambio, es repugnante mirar esas parejas de casados que salen a diario de los juzgados o los templos, feas en una proporción, más o menos, del noventa por ciento de los contrayentes. El mundo está así lleno de fealdad a causa de nuestros vicios, nuestros prejuicios y nuestra miseria. La procreación por amor es ya un buen antecedente de progenie lozana; pero hace falta que el amor sea en sí mismo una obra de arte, y no un recurso de desesperados. Si lo que se va a transmitir es estupidez, entonces lo que liga a los padres no es amor, sino instinto oprobioso y ruin.

Una mezcla de razas consumada de acuerdo con las leyes de la comodidad social, la simpatía y la belleza conducirá a la formación de un tipo infinitamente superior  a todos los que han existido. El cruce de contrarios conforme a la ley mendeliana de la herencia, producirá variaciones discontinuas y sumamente complejas, como son múltiples y diversos los elementos de la cruza humana. Pero esto mismo es garantía de las posibilidades sin límites que un instinto bien orientado ofrece e la perfección gradual de la especie[104].

La raza cósmica, síntesis humana del mestizaje de nuestros pueblos iberoamericanos, es la gran utopía de Vasconcelos. Para los descreídos y escépticos su viabilidad es una quimera de la razón. Para los que saben y quieren soñar, un ideal de racionalidad humana que busca en el horizonte para encontrar… Una forma de arrancar al cielo una estrella para alumbrar el firmamento.

Sencillamente, la utopía de la raza cósmica, fundada en su monismo estético y en su filosofía en general, independientemente de todas las reservas críticas que hoy podamos tener, es una gran utopía humanista de un hombre que creía en la posibilidad de un mundo mejor, y fue capaz de intentar su construcción. Esto, ya de por sí, lo consagra como hombre fundador.

Conclusiones

● La producción teórica y práctica consagra a José Vasconcelos como uno de los visionarios y fundadores de la cultura mexicana, de iberoamérica y del mundo, porque abre horizontes, alimenta utopías realistas y hace camino al andar.

Su obra, independientemente de la absolutización que hace de la arista estética, hasta otorgarle el carácter de los propios absolutos reduccionistas criticados por él, así como de algunas ideas extremadamente idealizantes, se funda en una rica cosmovisión que supera las tendencias epistemologistas y ontologistas, derivadas de la racionalidad moderna de su tiempo histórico. Es una filosofía, propia de los hombres de grande estirpe de pensamiento. Una filosofía, que si bien asume ideas de múltiples fuentes, en sus manos maestras no pierden autonomía y originalidad. Es una filosofía abierta al presente y al porvenir, capaz de continuar diciendo y haciendo, porque posee sobre todas las cosas, sentido cultural, espíritu identitario y vocación universalizadora. Es una filosofía que ama a la sabiduría para garantizar la utilidad de la virtud, en el decir del Apóstol cubano, porque cree en la perfección del hombre y en sus infinitas posibilidades de ascensión humana. La Raza Cósmica, entre otras, da cuenta de ello. Con toda razón el conde Hermann de Keyserling consideró  a Vasconcelos como la figura de mayor relevancia intelectual en Hispanoamérica

Muchas son las aportaciones de Vasconcelos a la filosofía, la estética, la ética, la educación, y a la cultura en general, pero sobresalen algunas que deben destacarse por su importancia:

La teoría del a priori Estético, y sus mediaciones esenciales: el ritmo, la melodía, la armonía y el contrapunto, en oposición al logicismo aristotélico y al rigorismo lógico en general, presente en las filosofías analíticas de acuerdo a la clasificación que hace Vasconcelos.

La teoría de la coordinación mental de los conjuntos heterogéneos, donde el acucioso filósofo se opone a la vía gnoseológica de la  reducción de lo particular a lo general para llegar al Logos, a la verdad, e introduce la coordinación de valores irreductibles de lo diverso, mediante la vida y la acción hasta llegar a la armonía. Teoría que vincula en estrecho haz los componentes de la verdad a través de la calidad y no de la cantidad. Con esto la filosofía deviene estética, monismo estético, fundado en la intuición y con cauce aprehensivo plural.

En su ensayo  La Sinfonía como forma literaria, Vasconcelos desarrolla la tesis de que el arte supone la combinación de elementos heterogéneos que se coordinan en forma no intelectual, sino en forma armónica y estética, para producir efectos de conjunto, que son perfectamente inteligibles y además sensibles, al margen o con relativa independencia de las formas lógicas de la mente, como era entendido habitualmente.

La obra teórica y práctica en la educación y la cultura de México, sus proyectos, realizados desde la Secretaría de la Educación, son suficientes para consagrar a una personalidad. Obra que adquiere rango regional y mundial, por la racionalidad que contenía, por su sentido cultural, y por situarse a la vanguardia de ese momento  histórico.

Vasconcelos no fue un simple sistema estético-filosófico academicista, fue pensamiento vinculado a la praxis cultural, política e ideológica del pueblo mexicano de la mitad del siglo XX, con marcada trascendencia en otros países de la región.

● Alcanzó gran reconocimiento intelectual porque sus libros han leídos en varios países de América y Europa; por su particularidad de vida como persona y profesional; por superar el positivismo que lo formó inicialmente, y por asumir críticamente la filosofía europea contemporánea, sin dejar de tomar electivamente lo que consideraba correcto.

Su filosofía es de corte humanista, pero aún  en medio del irracionalismo y el misticismo que en ocasiones propugna, tiene también fermentos desalienadores no sólo en el plano estético. Su obra posee significativas propuestas de culto al saber como vía de emancipación. El hecho de acentuar la búsqueda de una liberación, incluso, de una filosofía de liberación, así como de acentuar la necesidad de una emancipación, sobre todo de una emancipación política, otorgan dignidad filosófica a la obra del Maestro de América. Se acercó a las ideas que consideraba positivas del marxismo, y fue crítico del imperialismo norteamericano.

● Por su procedencia, no fue bien aceptado por sus compañeros y aprendió a estar siempre alerta para defender su identidad como mexicano, convirtiéndolo en el nacionalista enamorado de su tierra, de sus raíces,  y a la vez artífice de una teoría que evoca una Raza Cósmica para unir a los pueblos hermanos iberoamericanos, en una alternativa de fe y esperanza, como defensa contra la influencia anglosajona que se proponía destruir sus raíces étnicas y culturales.

● La concepción de América Latina para Vasconcelos, constituye una unidad con personalidad propia e idéntico destino.

Estamos ante la presencia de un pensador latinoamericano que desarrolló una rica filosofía en oposición al positivismo que negaba de modo absoluto todo discurso metafísico.

En Vasconcelos existe una profunda filosofía que posee determinaciones concretas en la historia, la literatura, la crítica, la política, la ética, la sociología,  la educación, y de modo particular en la estética,  entre otras esferas del saber por las que incursionó con profesionalidad y maestría.   Con sólo  hacer un balance generalizador de su rica y vasta obra se comprende el por qué es  llamado Vasconcelos el Maestro de América, y además, por qué aún siguen viviendo sus ideas, o sembrando nuevas utopías realistas.

El solo hecho de abogar por una filosofía que no separe el conocimiento de los valores ya lo consagran entre los grandes. En oposición al positivismo y otras filosofías “intelectualistas”, Vasconcelos , siguiendo el sentido cósmico de los griegos y al humanismo en general, concibió la verdad, la bondad y la belleza, en su síntesis unitaria, y el amor como una fuerza unitiva, capaz de contribuir a la revelación de lo mejor del hombre para bien de todos.  

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Anexo 1

Correspondencia de J. Gaos con J. Vasconcelos, O. Paz, León Felipe y L. Zea

Estudios. Filosofía-historia-letras. Primavera 1985

La vida de algunos hombres es el resumen de su tiempo. La de José Gaos lo fue. Nadie como él representó mejor a aquel grupo de españoles que llegó a México en el malhadado año de 1939. Ante todo sobresalió como un hombre de ideas, pero también como crítico y político. Esto último era una consecuencia de lo primero. Siempre se mantuvo fiel --hasta las últimas consecuencias-- a lo que pensaba, pero su capacidad crítica lo salvó del dogmatismo. Para muchos fue un maestro, es decir, un ejemplo.

Tomada del archivo personal de José Gaos, la correspondencia que Estudios publica en este número revela lo mejor Un hombre y del intelectual: historiador de las ideas, critico literario y político. Aunque escritas en distintas épocas todas las cartas --las suyas y las de Paz, Vasconcelos, León Felipe y Zea-- nos dan un nítido retrato-autorretrato de un filósofo que es imprescindible en la historia del pensamiento en lengua española.

México D.F., Oct. 4 de 1945

Sr. Dr. don José Gaos

Varsovia 35, Ciudad.

Muy estimado y fino amigo:

Acabo de tener la grata sorpresa de hojear los dos ejemplares uno fino y otro ordinario que (sic) de su Antología del Pensamiento de la Lengua Española en la Edad Contemporánea, que ha tenido usted el acierto de componer y publicar. Me dirigí enseguida, ¿por qué ocultarlo?, a las páginas que me están dedicadas. El acierto para la selección es tan grande que es casi seguro no hubiese salido distinta de haberla hecho yo mismo. Esto prueba su gran perspicacia de cazador de ideas. Además quiero decirle cuánto me complace figurar en compañía de mentalidades tan eminentes como las que ha reunido en tan precioso volumen. Le envío a usted en consecuencia, mi más rendido agradecimiento por la parte que quiso dedicarme y mi congratulación por la obra que realiza usted en la Antología de referencia, recogiendo cosas dispersas y otorgando decoro a un pensamiento que todavía en el orden internacional no suele ser muy estimado. En este sentido todos los de habla española le debemos reconocimiento.

Aprovecho la oportunidad para reiterarme como su Affmo. Amigo y S. S.

José Vasconcelos (rúbrica)

Octubre 22, 1945.

Sr. Dn. José Gaos

Presente

Muy estimado y fino amigo:

A mi carta de hace unos días que no sé si por fin recibió, por lo que le adjunto la copia, y en la cual le daba las gracias por la Antología, quiero hoy añadir algunas palabras a su libro Pensamiento de Lengua Española y muy principalmente al capítulo que tuvo Usted la gentileza de dedicarme. La fecha del capítulo que se refiere a mis trabajos es de 1940, en primer lugar siento no haberlo conocido sino hasta hace unos días pues seguramente algunas observaciones suyas me hubieran ilustrado para alcanzar, mayor claridad en la exposición de mi tesis contenida, si no es que repetida en mi reciente "Lógica Orgánica" pues en efecto los estudios de Ud. por inteligentes, imparciales y penetrantes, ilustran al autor sobre su propia doctrina, no sólo sobre las ajenas. No he tenido yo con frecuencia la suerte de que personas de categoría se ocupen de mis escritos, de allí que me sean tan útiles comentarios como el suyo. Trabaja uno dentro de una oscuridad que sólo a ratos se alumbra y yo siento la necesidad de ayuda para penetrar en regiones que para mí son de descubrimiento de novedades a veces vírgenes y siempre de misterio. Así por ejemplo la teoría de la forma estética o la otra más reciente de mi Lógica Orgánica: el pensar una coordinación, no como dialéctica; y el problema de la coordinación de los heterogéneos, sin el artificio matemático lógico del denominador común y la abstracción; la tesis de lo impar, lo heterogéneo como condición de toda creación --doctrina que me parece opuesta a todo logicismo, matematicismo y que sin embargo aclara como si dijésemos la estructura misma del ser: todos estos problemas se me presentan como material virgen para la filosofía y en ellas he procurado ensayarme. ¿Por el método fenomenológico, dice Ud? No lo creo, aunque debo confesar que no acabo de entender el husserlismo que es como un poco de mi sistema de aprehensión de lo pensable. Por otra parte y fuera ya de lo filosófico debo confesarle ciertas complacencias y asentimientos que me provocan sus páginas como cuando atina Ud. en señalar al Dante como mi "amado maestro" y en efecto lo pongo por encima de las filosofías con pocas excepciones, Platón por ejemplo, o San Agustín, y ¿quién más? No sabría decirlo. En Dante hay superfilosofía porque hay teología pero no abstracta sino viva, positiva verdadera y total. Una cosmovisión que no (ha) sido superada todavía. En fin, el objeto principal de esta obra es presentarle mis agradecimientos más sinceros y repetirme con la más viva simpatía. Su amigo Affmo. y S. S. José Vasconcelos (rúbrica) No he podido localizar la copia de mi primera carta pero el original debe estar en el 'Fondo de Cultura"  México, D.F., a 28 de Octubre de 1945

Sr. D. José Vasconcelos

Presente

Maestro, he recibido sus dos cartas. Se las agradezco muy de, veras. Viene U. en ellas a encontrar insólita una atención como la que me esfuerzo por prestar a la obra de los colegas: más insólita es aún que éstos la reciban y respondan en los términos en que U. lo hace. Puede U. figurarse qué ufano me siento de haber acertado, por lo que se refiere a U., en el asunto, siempre tan espinoso, de la elección de textos. Igual que de que U. reconozca que entiendo y procuro practicar la crítica mucho más como un contribuir a potenciar valores que como insistir en las deficiencias patentes o un escudriñar en las veladas. Y también yo he aprendido siempre de la ajena, aún de la no concebida y practicada así, por lo que he recibido toda con cuanta permeabilidad me ha sido posible. En su segunda carta me hace U. indicaciones que no caerán en el vacío. Siga teniéndome por muy suyo, con admiración, agradecimiento y respetuoso afecto de José Gaos (rúbrica) París, a 25 de Julio de 1961.

Sr. don José Gaos, Torre de Humanidades, 2o. piso

Ciudad Universitaria, México 20, D. F.

Querido y respetado amigo:

No había contestado a su carta porque esperaba, para hacerlo, que me llegase su libro. Lo recibí hace unos días y me lo leí de un tirón --cómo no había que leerlo. Pero esto le dará a usted una idea de mi interés. Aunque lo leí todo con gusto, hubo partes que me tocaron más de cerca: la primera, la novena, la décima (espléndida en todos sentidos) y el apéndice sobre el acto voluntario (un modelo). Comprobé, una vez más, que no es usted tan difícil como dicen los perezosos. Además, lo que usted nos dice, aunque sea difícil, no está dicho de manera más difícil que la de ciertos novelistas jóvenes franceses (como Robbe-Grillet) y quizá nos concierne de manera más fundamental. Cierto (pero esto no es un reproche a la escritura sino una incitación al escritor), a veces se detiene usted precisamente cuando se piensa que ha llegado el momento decisivo, al instante de la confesión del acto (¿el pecado?) capital. Una y otra vez, sobre todo al final, nos deja solos, sueltos --como usted dice-- cuando nos tenla literalmente suspensos. Se va a sus soledades pero ¿cree usted que nos deja en las nuestras? Quizá no estamos solos; quizá nuestro pecado, a la inversa de lo que ocurre con el filósofo, no es la soberbia que segrega ni el hedonismo que disgrega, sino el resignado gregarismo. Sí, cada uno está solo, pero muy pocos tienen conciencia de que lo están y por eso no acaban de ser. Cada uno está sumergido, por decirlo así, en la soledad colectiva; el ánima desanimada, perdida en el anónimo. Creo que hoy todos necesitamos aprender a estar solos. Los solitarios aprenden a soportarse a si mismos y después ya no les cuesta tanto trabajo soportar a los demás. La intolerancia moderna, el fanatismo, (del nacionalismo al comunismo) viene de que nadie quiere o puede estar a solas consigo mismo. Pero me desvío. Lo que quería decirle era que me hubiese gustado que su libro terminase con una descripción de la soledad del filósofo --por oposición y en oposición a la soledad anónima del hombre moderno. --Es verdad que, como todas las grandes experiencias humanas, la experiencia de la soledad es incomunicable. ¿No es ésta, sin embargo, la misión de filósofos y poetas: comunicar lo incomunicable, decir lo indecible, pensar lo impensable?

Quizá mi reproche sea injusto. En cierto modo, el Análisis del acto voluntario nos enseña qué es lo que significa estar solo para el filósofo: algo radicalmente opuesto al sentimiento de soledad del mismo filósofo antes y después de su acto. Cuando piensa, a solas consigo mismo, el filósofo no se siente solo. Lo mismo le sucede al poeta, al amante y, dice usted, al maestro. De tanto sentirse a si mismos ya no se sienten. En cambio, el hombre común, que nunca se piensa solo, que nunca está solo, se siente siempre solo aunque no lo sepa ni se dé cuenta de su soledad. No está solo: es solo. Basta con ver la cara de la gente en la calle o en los lugares públicos en que se congrega. Después de pensar, el filósofo vuelve a quedarse solo, como el poeta frente a su poema y el amante frente al cuerpo de su cómplice o de su víctima --deidad (el verdadero amor es o un crimen o un sacrificio y, sea lo uno o lo otro, algo consagrado). Ese momento dramático, admirablemente evocado al final de su libro, tras el episodio del "camión" Juárez --Loreto (verdadero embrión de novela), merece otro capítulo. Mejor dicho: otro libro. En suma, sus "Confesiones Profesionales"(lo único que no me gusta es el titulo) piden una continuación, en la que nos diga, sin abandonar la reticencia (forma oblicua de la confesión pero al fin y al cabo confesión) lo que ahora no nos dice enteramente. Yo me atrevo a sugerirle que escriba usted una "novela" o, por lo menos, una "nouvelle" --es decir, un largo monólogo, a ratos dramático como en el episodio del "camión", otra meditación espiritual como en el análisis del acto voluntario, entrelazando las técnicas de la introspección y las de la escritura automática, la definición y la asociación de ideas. Algo así como un poema en prosa, entre Lucrecio y Beckett. Nos hace falta en español un texto así. ¡Atrévase! Al comenzar esta carta pensé en comentar algunos de los temas que usted trata. Después de haber escrito los párrafos anteriores, me parece superfluo. Por no dejar, anoto al vuelo algunos puntos: Si la Filosofía, como Metafísica o seudociencia de los objetos de la Religión, es ya arcaica, ¿qué es lo que va a substituirla? ¿Una nueva Religión? No la veo por ninguna parte. ¿Una nueva seudociencia de los objetos de la Metafísica (por ejemplo: el materialismo histórico)? Si la segunda posibilidad ya empieza a ser evidente, ¿no será ya tiempo de iniciar la crítica de la seudociencia de los objetos de la Metafísica? Por mi parte (pienso, sobre todo, en el materialismo histórico) vería esa crítica como algo análogo a lo que, precisamente, hizo Marx de la "ideología". Esta crítica sería, asimismo, una descripción del nihilismo como raíz de la credulidad contemporánea. Afirmar que todas las filosofías son verdaderas ¿no equivale a decir que ninguna lo es? Claro, decir esto es colocarse en el punto de vista de Dios o del Sujeto trascendental. pero ¿no es ese el único punto de vista realmente filosófico? La otra posibilidad es vertiginosa. Y hay más (o creo que hay más): el filósofo sólo puede afirmar que una filosofía es verdadera. Si afirma que ninguna lo es, esa afirmación es, ya, una filosofía, la única filosofía verdadera. Si afirma que todas lo son --aunque ofrezcan visiones del universo inconciliables y mutuamente excluyentes, como efectivamente sucede-- el filósofo niega la filosofía y se niega a sí mismo como filósofo. ¿No es ese el sentido último de Nietzche y Marx --ambos hablaron del "fin de la filosofia"? ¿No es esto su idea de la filosofía como biografía? Entonces... entonces reaparecen de nuevo la Religión y la Metafísica. Por lo visto, no hay manera de matarlas del todo (¿Y si el grito terrible no fuese ¡Dios ha muerto! sino ¡Dios está vivo!...?) Nuestro historicismo significa, al fin de cuentas, que hemos perdido el punto de vista central (el punto de vista del Sujeto o de Dios). Pero no nos quedamos en el escepticismo ingenuo; vamos hacia adelante (o hacia dentro) e intentamos la filosofía de la filosofía, la poesía de la poesía. Quizá ésta sea nuestra última posibilidad de alcanzar la Filosofía y la Poesía verdaderas. A condición de que, en un momento dado de la meditación (y, para el poeta, de la creación), logremos asir lo que es lo mismo aunque no sea el mismo, quiero decir, el fundamento o la razón de ser; en ese momento la filosofía de la filosofía se vuelve Filosofía (a secas) y la poesía de la poesía, Poema. Pienso en Heidegger y en Mallarmé, que me parecen ser los que han ido más lejos por este camino. ¿Dos grandes fracasos? No sé. En todo caso, no menos grandes que los de Platón, Hegel, Dante, Blake. Y a propósito de Mallarmé, se me ocurrió, al escribir estas líneas, lo siguiente: los dados, lanzados por el Héroe fuera del espacio y el tiempo, caen en un aquí y un ahora relativos, es verdad; pero si leemos el poema al revés --como deberían leerse todos los grandes poemas-- el ahora y el aquí relativos, los dados y el que los lanza, caen infinitamente, están cayendo... ¿Y en la nada o en el ser? No sé, pero siguen cayendo. Vivir las filosofías de los otros, como vivir los poemas de los otros, es la manera moderna de crear y pensar, absolutamente original. No han hecho otra cosa Picasso, Joyce, Borges, Klee y, en fin, los más grandes. Copiamos las obras de la "cultura" como los antiguos copiaban las obras de la "naturaleza" y con los mismos sorprendentes resultados: la "copia" es una obra nueva y original. En cambio, los artistas que todavía dibujan o copian del natural, producen obras insignificantes y que se parecen a las del pasado. El análisis del acto voluntario pide a gritos una segunda parte: el análisis de lo que lo llevó a analizar un acto voluntario --es decir, en última instancia, de lo que lo llevó a la Filosofía. (Por ahí podía empezar la "nouvelle" o poema en prosa que le propongo escribir). Análisis que no sería distinto, quizá, a la especulación sobre la Filosofía de la Filosofía, pero que sería más "biográfico" y más "fenomenológico" (la Filosofía descrita por dentro). Además, el análisis del acto voluntario no deja de tener analogía con el acto de escribir que también es lucha entre lo involuntario y lo voluntario, lo dado, lo que irrumpe, lo que distrae, etc. (intenté algo parecido, pero sin rigor, en un capítulo de El Arco y la Lira: La Inspiración). Me parece que es un tema digno de ser meditado por usted... Y ya no sigo. Créame que le agradezco de verdad su libro. Ya ve usted: me ha hecho --no diré que pensar pero, al menos, reflexionar. Su amigo que lo admira Octavio Paz (rúbrica) De José Gaos a Octavio Paz 12 de Diciembre 1963

Esta carta es, antes que nada, para felicitarle, con gran satisfacción por el premio internacional de poesía. Antesala del Nóbel, preveo que el nuevo premio Nóbel de lengua española va a ser usted. En todo caso no debieran dárselo al poeta únicamente, sino conjuntamente al poeta y al prosista. Creo haber ido leyendo todos sus libros de poesía o poco menos. Últimamente leí Salamandra. Preferí particularmente, "Andando por la luz" y 'Temporal". y "Apremio" "Palpar" ' "Rotación", "Agua y viento", "Ida y vuelta". Es una preferencia que puede delatar más mis alcances y limitaciones que la valía de las piezas para el deveras competente. En conjunto, su libro me ha dejado como me deja la poesía relativamente más reciente: perplejo. La verdad es que no la entiendo nada bien --en más de un sentido de "entender", estando muy dispuesto a conceder que la poesía no sea para entenderla, incluso en ninguno de los sentidos de "entender". o al menos primariamente para tal. Siempre he leído poesía, por lo que he leído bastante. Es el único género literario que he tenido tiempo --ratos-- para leer durante largas temporadas, a veces de años; y nunca he podido dejar de leer literatura, siquiera --sólo en el sentido que acabo de insinuar-- poesía. He leído también bastante sobre poesía. Por gusto por la crítica literaria latissimo-sensu y por interés profesional desde España hasta hoy ha venido siendo tema filosófico fundamental para mí el oír la expresión, para caracterizar lo filosófico por comparación con lo científico, lo religioso, lo literario... mas nada de ello ha sido suficiente para darme las entendederas que me faltan. En busca de una posible instrucción para entender más y mejor Salamandra --busca alentada, además, por el interés profesional a que acabo de referirme, he leído El arco y la lira. Y encontrando, bien pronto, más que el instrumento buscado, la confirmada explicación de mi déficit de inteligencia poética: "La soledad del poeta muestra el descenso social. La creación, siempre a la misma altura, acusa la baja de nivel histórico. De ahí que a veces nos parezcan más altos los poetas difíciles. Se trata de un error de perspectiva. No son más altos; simplemente, el mundo que los rodea es más bajo". De pleno acuerdo: no estoy a la altura de la poesía de mis días --postjuveniles. Descargar la "culpa" sobre la poesía misma me lo impidieron los escarmientos históricos. ¿No predijo Ortega en "Musicalia" que Debussy y Ravel no llegaron a tener nunca una popularidad como la de Beethoven o Wagner? Por haber cargado siempre, pues, con la "culpa" escribí antes confirmada explicación. En general, soy un rezagado de mí mismo; me he quedado, he quedado fijado en mis juvenilla, en todo: la última poesía que verdaderamente me gusta es la sombolista; la última novela, la del XIX hasta Proust inclusive; la última pintura, la impresionista; en filosofía: ya el existencialismo no llegué a asimilármelo como la fenomenología. Sólo que en El arco y la tira he encontrado muchísimo hasta más, pero muchísimo más, naturalmente. Hasta el punto de hacerme dudar de algo de que estaba convencido. Creía haber. leído el libro al recibir el ejemplar que tuvo usted la amabilidad de dedicarme; pero me ha hecho dudar de ello lo que me ha sorprendido y tiene admirado en él --a menos que no se trate de juicios hechos en aquella lectura, que habla olvidado haber hecho y acabo de rehacer como si fuesen nuevo. Claro, también, que los años transcurridos pueden hacerme ver lo no visto antes --experiencia bien conocida de las relecturas--; concretamente, el interés por la poética, más vivo que nunca últimamente, por los trabajos en que ando metido. Con todo, ¿cómo no sorprenderme de sorprenderme ahora encontrando que este libro es, no sólo el fruto del existencialismo en lengua española de que tengo noticia, sino uno de los más grandes de la filosofía, a secas, en nuestra lengua, de que también tengo noticia? Desborda, efectivamente, por todas partes, la poética: la comprensión de la poesía por comparación con los "sectores de la cultura" más relacionados con ella --como únicamente pueden comprenderse estas creaciones del hombre--, le hizo a usted articular toda una filosofía. Y una filosofía original en proporción suficiente para poder tenerla por suya. A estas alturas de la historia y alturas historicistas no hay quien piense sin "levantar", en el sentido del aufheben hegeliano, toda una masa de pensamientos de pensadores anteriores. Pero por mucho que deba su filosofía de la religión digamos a un Otto, o su filosofía del hombre, que es la fundamental y general de toda la suya, a Heidegger, aún en estas mismas secciones, y no sólo en las de poética, la suerte de que revive y recrea personal, auténticamente, todo, más lo que añade de su propia experiencia y reflexión sobre ella, bastan y sobran para dar al conjunto aquella proporción de originalidad. Celebro la preferencia que usted le dio sobre el resto del existencialismo, con acierto bien superior al de los restantes mexicanos influidos por el existencialismo en paso decisivo de la vida intelectual de ellos --pero es la forma en que usted lo repensó lo que me tiene sobremanera suspenso y es lo que me hace comprender la dedicatoria del ejemplar AJ.G., a quien tanto debe este libro. Sin embargo, tengo que decirle --y me alegro de tener que decírselo, porque le probará que no le estoy haciendo tan sólo elogios amistosamente convencionales-- que en este punto me impone su Ebro un par de reparos metodológicos importantes. Entre la poética más especificada, la concepción de la poesía es parte de la concepción general del libro, y no sólo esta concepción, encuentro un poco de demasiada distancia. Lo que me parece provino de aplicar a la poesía una concepción venida para usted de fuera de ella --aunque pudiera haber venido de la poesía para Heidegger, lo que no me parece ser el caso, pues Ser y tiempo me parece independiente, por anterior, a la versión filosófica de Heidegger hacia la poesía--, en vez de sacar de la poesía la concepción como autóctona de ella, de la poesía. Pero no sólo el filósofo de esta obra me tiene admirado. Tanto, por lo menos, me tiene así también el historiador de la literatura, de las ideas. Las partes, los capítulos de tal contenido son literalmente estupendos, de novedad y profundidad. En fin, hasta la posición política que la obra toma es aquella que he creído deber tomar si no me engaño mucho. Con El arco y la Lira y El Laberinto de la Soledad que siempre me ha parecido el mejor libro sobre su tema, lo que para mi es decir mucho --debía usted ser contado, por descontado, en la primera línea de la filosofía, no solamente mexicana, sino de lengua española. Y es ingrediente principal de la sorpresa antes mentada el encontrarme, no con no saberle o recordado contado así públicamente por nadie, sino con no haberlo contado así públicamente en alguna ocasión yo mismo, que me he ocupado como lo he hecho con la filosofía de nuestra lengua en general y la mexicana contemporánea tan en especial. Es deuda que pagaré aún. Ahora quisiera aprovechar el resto de esta carta, que empieza a rebasar los límites de la extensión propia del género, para pagar otra: la contraída por su carta de 25 de julio de 1961, que ha aguardado, paciente, sobre mi mesa hasta este día de hoy la respuesta. Compréndame y perdóneme el retraso de esta carta amigo Paz. No sé cómo me las arreglo, pero lo cierto es que estoy continuamente abrumado de trabajos y urgentes. O si sé cómo me las --desarreglo: no sé decir no a los muchos, amigos, gentes e instituciones a quienes debo atenciones, honores, servicios, y que me piden cursos, artículos, conferencias, todavía traducciones, y otras cosas, prácticamente sin intermitencia y casi todas a plazo fijo, las más de las veces perentorio. Este año ha sido el del Congreso de filosofía aquí: usted se figura lo que ha requerido de los pocos que había aquí para organizarlo. Ha sido también el de un curso de Etica, materia de que no habla dado cursos desde --España: usted se figura lo que ha requerido el prepararlo, habiéndome pedido que lo dicte no más de una quincena antes de empezar las clases del año académico. Y debió haber sido el de una segunda visita a la Universidad de Puerto Rico, aplazada para el 64, como el 62 fue el de una primera visita a la misma Universidad. ...Así que, de cuando en cuando, al acabarse una temporada de gran trabajo, antes de meterme a otra, por necesidad biológica de descanso, me tomo uno de semana, de quincena a lo sumo, que aprovecho para cosas como ésta para la que aprovecho estos días que me estoy tomando después del Congreso, antes de meterme en la preparación de los cursos de Puerto Rico: escribirle a usted esta carta. Al llegar aquí, tuve que interrumpir la carta para atender a cosas más urgentes que inopinadamente me cayeron encima --y la interrupción ha durado casi un mes: el Rector Chávez, que se ha propuesto poner orden en cuanto andaba sin él en la Universidad, ha dispuesto, entre otras muchas cosas, que se regule, en plazos perentorios, la situación del profesorado-- y nos cayeron encima los concursos para provisión de plazas a los miembros de las comisiones y jurados dictaminadores --y la de los pasantes-- y nos cayeron encima las tesis, por millares en la Universidad, por decenas en Filosofía y Letras. Los exámenes de tesis de cuyos Jurados soy sinodal no han acabado aún; pero las comisiones y jurados de que soy miembro acaban de acabar su tarea, y ello juntamente con el final de las clases y seminarios --aunque quedan los exámenes-- acaba también, de darme un respiro. En su carta hay una serie de puntos que requieren contestación por mi parte --al cabo de dos años y medio como a raíz de la carta: actualidad persistente de los temas de nuestro interés que me da una gran satisfacción, como me figuro que se la dará a usted. Me hace usted ciertas preguntas y una incitación y dice usted algo que me tiene singularmente suspenso y admirado. A mí me parece que no va a haber sustitutivo para la metafísica. Que todo lo que va a seguir habiendo, es: las disciplinas filosóficas no metafísicas, desde la Lógica, matemática, hasta las que se ocupan con el hombre y entre las cuales y las ciencias que les corresponden hay tan poca solución de continuidad, que parecen reducirse a éstas: filosofía social y sociología, filosofía y ciencia de la religión, filosofía y ciencia del arte ... ; la filosofía de la Metafísica, parte de la Filosofía de la Filosofía, o de la reflexión de la Filosofía sobre si misma, como reflexiona sobre los otros sectores de la cultura, en la Filosofía de la Ciencia, del Arte, de la Religión .... y que parece compartir el destino de éstas indicado en la parte anterior: la Metafísica puede ser un producto arcaico ya de la cultura, como otros, tan susceptible como éstos de ser estudiado indefinidamente, histórica, teórica, críticamente, por el mismo valor de todos en definitiva antropológico, de conocimiento del hombre, de su pasado, de su naturaleza; la religión o el residuo de ella que debe pensar inextinguible quien precisamente reconoce los límites de la razón pura o teórica: de este reconocimiento es correlativo al del misterio del mundo para el hombre, particularmente el del puesto del hombre en un mundo tan inhumano fuera del hombre mismo: el gran misterio del hombre para sí mismo que es constitutivo esencial de su propia naturaleza humana... Si "Dios" es, pues, un nombre más apropiado aún para el misterio mismo que para toda presunta revelación del misterio o extinción de éste, Dios no ha muerto, ni morirá, mientras esté vivo el hombre, es decir, mientras éste no muera como especie o no evolucione a otra, si es previsible, posible tal evolución --de la que no parece haber el menor indicio.

Si la verdadera filosofía y poesía son a estas alturas la filosofía de la filosofía y la poesía de la poesía, en todo caso no habría que confundir la poesía de la poesía y la filosofía de la poesía: la filosofía de la filosofía y la filosofía de la poesía son filosofía --como es filosofía de la poesía El arco y la lira; la poesía de la poesía, es poesía --como es poesía de la poesía.

Lo digo contra confusiones, no ciertamente de V., pero sí más difundidas, de lo conveniente.

La incitación que me hace, es a escribir una obra que caracteriza desinteresadamente así: [...].

Pero, vamos a ver, mi querido y, admirado Octavio Paz, ¿No se trata de una obra que a usted le gustaría ver escrita --por usted?; ¿Será V. excepción a la regla de que las obras que se propone a otros escribir, son obras que quienes las proponen quisieran escribir, más consciente, más inconscientemente, más decidida, más veleidosamente? En todo caso, y a pesar de su incitación de V., no, puedo ya hacer entrar nada semejante en mis planes, porque aún reducidos a éstos simplemente a publicar lo que tengo escrito e inédito, me temo no disponer de tiempo, de vida, para llevarlos a cabo. No ambiciono nuevas empresas. Me daría por archisatisfecho con haber salvado el material acumulado a lo largo de la vida hasta ahora, dándole forma definitivamente publicable. Le reproduzco el pasaje que me tiene suspenso y admirado --porque proyecta una luz de mediodía esplendoroso sobre una peculiaridad de toda la cultura actual que habla visto sólo parcial y oscuramente hasta ahora. [ ... ] Aquí tuve que dejar otra vez la carta. Y hoy, 12 de diciembre, que vuelvo a ella, en Guadalajara, donde estoy dando un curso intensivo --dos horas diarias, de lunes a sábado, ambos inclusive, durante dos semanas, lo que da casi tantas horas como un curso semestral corriente de la Facultad en México: que tiene que prestarnos, a sus profesores, a los de provincias, faltas de bastantes para poder cubrir los planes de estudios--, decido darla por terminada y remitírsela, sin más espera, no sea que ésta sea eterna. Aprovechando la cercanía de la Navidad y el Año Nuevo para deseárselos felices. A José Gaos gran amigo a quien veo muy poco pero le quiero siempre. Le mando a Ud. este mi último libro por una discípula, Fernanda Navarro, ella le lleva también un abrazo de León Felipe. Méx. Enero 1966. Querido León, Fernanda Navarro me entregó el ejemplar de su Violín ayer por la tarde. Por la noche empecé a oírlo, y no pude dejar de hacerlo ni dormir antes de acabarle. Si no el la manera de leer poesía, tampoco pude hacer otra cosa. La lectura fue resultándome tan emocionante, que en más de un paso se me hubieran soltado las lágrimas, si los hábitos profesionales no me hubiesen hecho presente a tiempo que la actitud estética no consiste en dejarse poseer por las emociones promovidas por las obras de arte, sino en inhibirlas para apreciar los valores objetivamente realizados en ellas --y así fui a costa de los sentimientos, apreciando por ejemplo, y al azar del recuerdo, la Cruz vacía que puede tocarle hoy a cualquiera, la inexistencia de la Nada si existe el infierno, el juego de prestidigitación de que podría salir el hermano de Jesucristo, el regalo de las últimas palabras hijas de su imaginación, la petición de una cosa sencilla al carpintero, y tantas otras ideas poéticas originales, sorprendentes, impresionantes emocionantes; y tantas otras bellezas, de imagen, de expresión. Pero cuando llegué a releer "Piedra aventurera", empecé a sentir que no lograba continuar en la misma actitud, y cuando acabé de releer "...Para cada hombre guarda... un camino virgen Dios", dejé de lograrlo, resueltamente, irreprimiblemente; y as!, hasta el final, de aquella misma primera piedra aventurera, que dando la vuelta en la honda de medio siglo, acaba de salir por la tangente a dar justo, justo en la frente misma de Goliat. No se necesita llegara los ochenta, hasta haber pasado de los sesenta, para que le dé a uno lo mismo que le tengan por tal o cual, y a mi me da lo mismo que me tengan por mal español, por mal patriota, si declaro que desde que arribé a México no sentí nunca la nostalgia de España, que, en definitiva, me siento más a gusto en la Nueva que me sentía en la vieja, y hasta que quiero más a mi patria de destino que a la de origen. Pero al releer "Piedra aventurera" y "Nadie fue ayer", se me representaron en la imaginación el ejemplar del librito Versos y oraciones de caminante, el artículo de Canedo en España, mis diecisiete o dieciocho años, la España de aquellos años, tan vivamente --aunque las imágenes ya no fuesen de una fiel imaginación reproductora, menoscabada por el transcurso del medio siglo, sino de una imaginación creadora de recuerdos alterados--, que he sentido lo que no había sentido en ningún momento de los veintisiete años y pico que llevo ya en México. Obras de la poesía. De la poesía, sí. Porque no sé si Octavio Paz dirá de Ese viejo y roto violín lo que dijo de Ganarás la luz, aunque me figuro que lo dirá; pero a pesar de su autoridad de poeta universalmente reconocido y de teórico de la poesía, si no tan universalmente reconocido, para mí tan bueno como poeta, si no es que mejor, para mí es la poesía de V. poesía, gran poesía, alta y honda poesía. Pues ¿por qué no lo sería? ¿Por la forma que V. mismo caracteriza en este libro como versículos expresivos del ritmo mismo de la vida de su alma, como no podría hacerlo más perfectamente el mejor cultivador de la Ciencia de la Literatura? Me parece que no; ni tampoco por el fondo, de ideas e imágenes, escenas y diálogos que las incorporan; sino por haber entre el fondo y la expresión las relaciones, o la falta de relaciones, que hay en la poesía más vigente, o quizá simplemente más reciente de origen, y le dan el hermetismo que le falta a la de V.; que pueden reducirse a la supresión de las referencias a los objetos que hacen posible comprender de que se habla, y de las relaciones entre los objetos y las lógicas entre las ideas que hacen posible comprender qué se piensa de las cosas, y que practicado todo ello como se practica ya, mecánicamente, da, por resultado una poesía "prefabricada", como dijo el poeta puertorriqueño Josemilio González, reconociendo la justeza de observaciones que le hice sobre uno de sus libros. Si éste su último libro fuese rigurosamente contemporáneo de los versos y oraciones, parecería tan de poesía, y tan buena poesía, como pareció en su día su primer libro. ¿Se llegará a sostener que el mero "anacronismo"o "asincronismo" de una obra de arte basta para impedir la valía estética?... Lástima no poder vivir para ver si lo que queda en la historia es más lo que siguió cada paso de ella o lo que resulte haberlo dado... Cierto que hace mucho que no nos vemos. Y es que no sólo el viejo poeta del roto violín, sino también otros, no somos cada uno más que un gusanito ciego que camina en la sombra "del rincón de la ciudad enorme, disforme, anormal, en el que hace su vida, tocando un instrumento más o menos roto. Pero cierto también que, a pesar de ello, le quiero siempre, asimismo, y le admiro de todas veras y le deseo muchos años de vida aún --y esto último no sólo como piadoso deseo. Hay en la vida varias crisis; una muy conocidas y reconocidas por todos, otras no tanto, quizá porque tampoco tantos llegan a ellas: crisis en la adolescencia, crisis en la madurez, crisis de la andropausia o entrada en la vejez, y también crisis de la vejez misma; y quien supera una, como que se asegura el tramo de la vida siguiente hasta la siguiente crisis. A mí me parece que V, ha estado en esto años pasado por la crisis de la vejez misma, pero que dichosamente la ha superado, y que por ello se ha asegurado V, el tramo de la vida que se extiende hasta el, centenario. Amén.

Un afectuosísimo abrazo de su José Gaos Universidad Nacional Autónoma de México

1 de mayo de 1966

Sr. Dr. Leopoldo Zea.

Director en funciones de la facultad de Filosofía y Letras

Mi querido Zea:

Yo, que por no poder ser nunca tan plenamente mexicano como si hubiera nacido en México, he pensado siempre que no debo tomar en la vida pública del país más parte que la escuela del cumplimiento de los deberes ciudadanos también del mexicano sólo por naturalización, en cambio pienso que los nombramientos de doctor honoris causa y profesor emérito con que me ha honrado la Universidad no sólo me autorizan, sino que me fuerzan a considerarme universitario tan plenamente como para obligarme en conciencia a proceder en esta Universidad campo procediera en la de mi país natal, si no hubiera debido "trasterrarme" de él a éste. Por eso creo que puedo y debo decir a V, que estoy estupefacto de ver el gran número de universitario que han manifestado públicamente su reprobación, condenación , repulsa, de los mayores atentados posibles contra la disciplina universitaria, las normas, no por no escritas menos vigentes, de la convivencia académica y, aún civilizada, y el que venía siendo espíritu de la Universidad, parecen haberse contentado con ello y estar dispuestos o resignados a seguir conviviendo en la Universidad con los autores de tales atentados, en vez de declararse incompatibles con éstos y de dar al Poder Público la posibilidad de optar entre ellos y los autores de los atentados para continuar integrando la Universidad, lo que sería la más decisiva admonición y la más segura prevención contra la perpetración de actos semejantes en el futuro. He dicho "al Poder Público", porque estimo que la iniciativa de ello correspondía a la H. Junta de Gobierno de la Universidad, en vez de haber aceptado recibir, ¡y sólo simbólicamente!, una pequeña parte de los locales universitarios, que es reconocer con los hechos, aunque no lo sea con las palabras, que actuará en ellos cercada y condicionada por los autores mismos de los atentados. La segura objeción de la salvación de la autonomía universitaria, no me convence; pues la autonomía universitaria es la obligación-aunque al pronto suene paradójico-impuesta estatutariamente a la universidad por el Estado mexicano, que es un Estado constitucionalmente liberal, de funcionar con arreglo a los principios de libertad de cátedra, investigación y expresión, con la siguiente autolimitación que se impone el Estado, de abstenerse de intervenir en tal funcionamiento; pero en modo alguno es la imposibilidad legal para el Poder Público de prestar a la Universidad, cuando la prudencia política se lo aconseje, la fuerza material de que ella carece, justamente para asegurarle o devolverle las condiciones de su funcionamiento con arreglo a tales principios. En todo caso, me siento universitariamente incompatible con los autores de los atentados hasta el punto de no sentirme con fuerzas morales para seguir en la Universidad cuando en ésta permanecen ellos, por lo que, debido más a los tuétanos de que precisamente esta sea el final de mi carrera universitaria, presento a V, mi renuncia como profesor, rogándole se sirva darle el curso debido.

Me despido, pues, de V., querido Zea, como Director de la Facultad, con el viejo, admirativo y entrañable afecto, ahora conturbado y entristecido, que sabe le tengo. México, D.F., 18 de mayo de 1966.

Sr. Dr. Leopoldo Zea.

Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México

Querido Zea:

Me ha dicho V, de palabra que las autoridades universitarias a las que participó V, mi renuncia no quieren aceptarla, lo que equivale a pedirme que la retire, a lo que estoy dispuesto si me da V, en nombre de dichas autoridades las razones que tengan para hacerme tal petición, y que por lo pronto no se me alcanza que pueden ser otras que la de la falta de fundamento de las dos razones en que fundé la renuncia.

La primera, los hechos que tuvieron lugar en la rectoría el 26 de abril pasado, según los testimonios dados de ellos por la prensa, únicos que conozco, singularmente el del Sr. Haro, y la calificación que me merecieron, de "los mayores atentados posibles contra la disciplina universitaria, las normas, no por no escritas menos vigentes, de la convivencia académica y, aún civilizada y el que venía siendo espíritu de la Universidad". Si V. Puede asegurarme que tales hechos no tuvieron lugar como atestiguó singularmente el Sr, Haro, a pesar de no haber sido desmentidos públicamente por nadie, ni siquiera los acusados, que yo sepa, o que fueron menos graves, o que, habiendo tenido lugar como el dice, concurre en ellos circunstancias atenuantes o hasta eximientes, es claro que se anularía la primera y fundamental razón que he tenido para presentar la renuncia y que debería retirarla. Pero aun aceptado los hechos y la calificación que me merecieron, puede considerarse inválida mi otra razón: el no sentirme con fuerzas morales para seguir en la Universidad cuando permanecen en ella los autores de los hechos. Puede pensarse, en efecto, que, aceptando tal, los autores de los hechos, se han deshonrado como universitarios, y compartirá su deshonra la Universidad si no los sanciona justamente o no los obliga, al menos, a retractarse pública y solemnemente, y no ofrece a quien era, a pesar de todo, en el momento de los hechos todavía su legítimo Rector; y, recordando el "nobleza obliga", que el más honrado por la Universidad-y lamento no saber de otro que, no habiendo nacido en México, lo haya sido con el doctorado y el emérito- es el más obligado a hacer por su honra; y que el abandono de la Universidad no sería cumplir con esta obligación, sino un desagradecido, desleal únicamente sería factible dentro de la Universidad, como el cooperar a su debido funcionamiento en general. Por todo lo cual si así juzgase V., con las autoridades aludidas, a pesar de juzgar yo en parte lo contrario-que no puedo hacer por la honra de la Universidad nada más, ni nada que sea más, que dejarla ahora-, subordinaría mi juicio personal al colectivo de personalidades a cada una de las cuales estimo superior a mí y a todas juntas muchísimo más superiores que a mí, y también retiraría la renuncia. Y puesto que presenté la renuncia razonada formalmente por escrito, creo deber que me pida V. el retiro de ella en la misma forma razonada y escrita, para poder retirarla efectivamente.  

México, D.F. 7 de julio de 1966.

Sr. Dr. José Gaos.

Presente

Querido maestro:

En primer lugar quiero pedir a usted disculpas por haber retardado mi respuesta a sus dos cartas de 1o. y 19 de mayo de 1966, en las que me habla de su renuncia como Profesor Emérito de esa Facultad a mi cargo. El retardo tiene una explicación obvia, que usted conoce. En primer lugar, dar tiempo para que los acontecimientos que forzaron esa renuncia se aclarasen y desde luego para que usted, en función con los mismos, viese menos severamente la situación planteada en la Universidad.

Estoy desde luego de acuerdo con usted en que esos sucesos no deben jamás repetirse y que los universitarios debemos buscar la forma de que así sea. Los hechos de que usted me habla en una de sus cartas fueron, al parecer, tal y como los han escrito los que sufrieron los mismos. Estoy de acuerdo en toda la condenación que tanto usted como otros muchos universitarios hemos hechos. No tengo que ocultarle que yo mismo me he planteado la necesidad de tomar una medida semejante a la suya; sin embargo, pensándolo, y no es justificación he considerado que sería una solución, en mi opinión la más fácil y que resulta más efectiva la acción por mínima que sea dentro de la propia Universidad, y en eso, puede usted estar seguro que hemos estado apoyando una solución que resulte honrosa a nuestra Universidad. A usted no se le escapa que en esta crisis universitaria no sólo al orden universitario, sino al de la propia nación; elementos para los cuales nuestra Universidad, por su misma estructura legal carece de otra fuerza que no sea la moral, una fuerza que desgraciadamente no siempre resulta con la eficacia que fuera de desear. La actitud tomada por usted me parece admirable y digna de todo respeto, aunque creo que llevada con demasiada severidad, al enjuiciare comparativamente al resto de autoridades, profesores y universitarios en general, que de tomar la misma actitud pondría simplemente fin a la Universidad, o cuando menos, la entregaría en manos ajenas a la misma. Usted sabe, Maestro, que uno de los elementos de gran admiración por su persona y su obra en México, lo fue su clara decisión de "plantar sus tiendas" aquí, desde el mismo momento en que llegó a esta tierra considerándose no un desterrado, sino un transterrado. Esto es su decisión de acompañar a esta Nación, la Universidad y sus hijos en sus diversas vicisitudes, buenas unas, malas otras. Así lo entendió la Universidad, que se sintió honrada con su persona cuando, en forma unánime, lo declaró Doctor Honoris Causa y Profesor Emérito; una forma de honrar a quien tanto lo honraba. Me dice usted que por ello se siente más obligado a tomar la actitud que me indica y que resulta ser precisamente la que la Universidad, o los universitarios, si usted quiere, no han querido tomar razones que se semejan mucho a las que personalmente le he expuesto. Por este motivo yo le rogaría, no como Director de esta Facultad, ni como expresión de autoridad alguna, que considere su renuncia y vuelva a "plantar sus tiendas" entre nosotros, siguiendo nuestra suerte que creo será, a pesar de todos los problemas, mejor, una vez capeada la crisis. Debo decirle también que he hablado de su renuncia con el Sr. Rector de la Universidad, Ing. Javier Barros Sierra, quien se encuentra dispuesto a hablar con usted pueda ver, en función con la marcha de los acontecimientos, si mantiene su actitud. También quiero decirle que su renuncia, precisamente por referirse a honores recibidos, ya que usted no es un profesor ordinario, no podría ser aceptada por ninguna autoridad salvo por la Universidad en pleno que le otorgó tal honor, esto es, Consejo Universitario. En mi opinión, me disculpa que sea franco, no creo que se debía plantear esa situación ante el Consejo Universitario que implicaría el rechazo absoluto de un honor otorgado por esta Universidad y creo no está en su ánimo hacer, sino simplemente presionar, como corresponde a un universitario como usted, para que sucesos como los que hemos conocido, no vuelvan a ser jamás repetidos. Sé también que usted ya adquirió un compromiso con El Colegio de México. De esto hablé con su Presidente, Sr. Lic. Víctor Urquidi. Quiero decirle que ese compromiso no es en ninguna forma incompatible con su carácter de Profesor Emérito de esta Universidad, ya que el Estatuto de Profesores deja claramente expresado que el Profesor Emérito no posee ninguna de las obligaciones del profesor ordinario y sólo se le pide la colaboración que libremente tal profesor quiera dar a la Universidad. Pasando a otro punto, simplemente para apoyar lo expuesto anteriormente, en caso de que no hubiese sido designado Profesor Emérito, hubiese usted entrado en la jubilación, la cual, aunque impide que el jubilado tenga ningún otro nombramiento dentro del Estado, incluyendo a la Universidad, sí permite el contrato entre el jubilado y cualquier institución gubernamental que le permita el aprovechamiento de la persona que se encuentra en esa situación y pueda aún dar mayor rendimientos. Su caso, desde luego no es éste, sino el que ya le he señalado como Profesor Emérito, así que en ninguna forma tendría usted, en caso de retirar, como le ruego, una renuncia que no le puede ser aceptada, que renunciar al compromiso que usted adquirió y que podría realizar sin violación legal del orden universitario, como puede usted ver en el articulo 108 del Estatuto del Personal Docente al Servicio de la Universidad Nacional Autónoma de México. En todo caso, si usted insistiese en no regresar a esta Universidad, mientras no se aclare la situación ya descrita, tampoco está usted obligado a dar curso alguno, cosa que desde luego no quisiera. Son estos precisamente privilegios del Profesor Emérito. Vuelvo a insistir sin embargo en que regrese con nosotros y nos ayude a lo que tratamos que sea la reestructuración de esta Facultad a mi cargo, y la Universidad en general, aprovechando precisamente la crisis que se ha planteado y que podríamos transformar en positiva. Con el afecto de su discípulo. Leopoldo Zea (rúbrica)

Palabras del doctor Leopoldo Zea en la entrega de la Gran Cruz de Alfonso el Sabio el 18 de diciembre de 1984 en Madrid, España. En primer lugar mi gratitud al gobierno de España, y a las instituciones y personas que han hecho posible el honor que ahora recibo, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. Esta condecoración, y el hecho que la reciba en esta Ciudad de Madrid, en el corazón de España, tiene para mí un especial, peculiar significado. Considero que este honor culmina y da sentido a la promesa que hiciera a mi nunca olvidado maestro José Gaos la mañana del 10 de junio de 1969. La tarde de ese mismo día recibiría la amarga noticia de que el maestro había dejado este su transtierro en México para entrar a la historia común de México, España y Latinoamérica. El postrer encuentro aún lo tengo vivo en mi memoria. Lo recuerdo haciéndome algunas recomendaciones respecto a su obra y, a continuación, la pregunta: "¿Zea, usted ha estado varias veces en Europa, por qué no ha visitado España?' "Maestro --le contesté--, no lo he hecho por usted. Si usted no puede entrar allí yo no podré tampoco hacerlo". Con palabras cortantes, agregó: "Zea, eso es asunto mío, no suyo. Usted debe ir, y aquí le arranco la promesa de ir a España en la primera oportunidad que tenga. Allí está la otra raíz de la identidad de México y la América de la que es parte; la identidad que usted viene insistiendo en definir." La promesa fue hecha y cumplida dos años después: en 1971, hice mi primera visita a la España de mi maestro y mía. He vuelto muchas veces y en cada vuelta pude ver lo que a mi maestro hubiera gustado tanto ver, el cambio hacia la España de ahora por la que él había luchado en su momento. En cada visita comprendí mejor el calificativo que Gaos había forjado, el de transtierro. Esto es, el de transitar por España como si fuera la propia tierra, como Gaos transitó por México y América, por tierra mexicana y latinoamericana como parte de la misma España. Aquí he encontrado otra raíz de la identidad buscada, raíz que ya sentía y presentía. La raíz de una peculiar identidad que por su diversidad resulta más rica y universal. Por ello, en este día, en el que recibo, aquí en España, este gran honor, honor relacionado con la España madre de la España actual y de la España al otro lado del Atlántico, siento que de esta forma culmina, alcanza su pleno sentido, la promesa hecha, el pleno enraizamiento de mi propia identidad con uno de sus orígenes.

Estamos ahora, precisamente, en España y América, preparándonos para conmemorar el Quinto Centenario del Descubrimiento de América. No importe cómo se le denomine, lo que es ineludible es el significado que para nuestra historia y la historia universal tiene ese 12 de octubre de 1492. En esta fecha se inició la dolorosa gestación de un mundo auténticamente nuevo. Un mundo nuevo por estar enraizado en una nación del llamado viejo mundo y en las naciones al otro lado del Atlántico que hasta antes de esa fecha eran desconocidas por quienes con ellas se encontrarían. Considero que en la medida en que reflexionemos con hondura sobre este encuentro y su sentido, realizaremos el descubrimiento de la región hasta ayer más encubierta que descubierta. Descubrimiento de la misma España que aportó su identidad a la identidad encontrada. Por algo españoles y americanos han estado preocupados, a lo largo de la historia que siguió a ese hecho histórico, por su peculiar, pero también común identidad. La inteligencia española, como la hispanoamericana han bregado por definir una identidad obviamente existente. pero que escapaba una y otra vez a su definición, obligados a realizar irracionales amputaciones de ese su propio ser. ¿Somos americanos?, ¿Somos europeos? Se pregunta en América, como en España se preguntan a su vez, ¿somos españoles?, ¿somos europeos? Como si algo sobrase o algo faltase. Siempre sobrando o faltando lo que ineludiblemente se tenía y se tiene. Interrogantes nacidos paradójicamente de una identidad extraordinariamente rica y que, por serio, se distingue de otras identidades que no se rebasaron a sí mismas. La afirmación, de que Europa termina en los Pirineos, y la africanidad de España antes del descubrí miento y su americanización después del mismo, fue vista como una negación siendo expresión de. la identidad de una España capaz de enriquecer su propia identidad con otras identidades, capacidad para mestizarse racial y culturalmente como expresión de la más alta cualidad de lo humano. Universalización plena, auténtica, pero que prejuicios al uno y en otro lado del Atlántico presentaron como corrupción de esa misma y rica humanidad. En la América española se presenta como la más absurda de las alternativas: ¡civilización o barbarie! La civilización como lo otro, lo extraño a una identidad extraordinariamente rica y que por serio, distinta de identidades más limitadas. Habremos de llegara ese 12 de octubre de 1992 conscientes de la riqueza que poseemos. ¿Indios? Sí, pero también españoles. ¿Europeos? También, pero también españoles y americanos. Ambas cosas y por ello expresión de un peculiar y rico mundo en el que el hombre se agranda comprendiendo a otros hombres; un pueblo a otros pueblos. Por lo que se refiere a mi América, nuestra América que diría José Martí, somos ya conscientes de que somos fruto de una doble raíz. Hijos de una doble patria, la madre España y la madre América. La España de raíces de las que es expresión el rey que ha dado nombre al honor que ahora recibo, Alfonso X el Sabio. Rey que dio unidad y sentido a una cultura, fruto a su vez de otros mestizajes, haciendo posible a la España de nuestros días. Raíces también nuestras en América. Madre patria de la España nación y las naciones al otro lado del Atlántico. Y Madre de la España nación, fruto de esa cultura y en este sentido patria hermana de las naciones de esta nuestra América. Es en este sentido que recojo una utopía, nuestra utopía, la de una nación de naciones, de patria de patrias, de naciones hermanas, y al otro lado del Atlántico. Una gran patria que vaya de los Pirineos a la región que en América se forma entre el Río Bravo y la Tierra de Fuego. Patria de patrias, nación de naciones, que puede ser el punto de partida del reconocimiento de una gran identidad que abarque al mundo entero, sin menoscabo de las múltiples expresiones de identidad que la forman. Relación así solidaria, de pares entre pares, de iguales entre iguales, por ser cada una peculiar, pero al mismo tiempo capaz de reconocerse en otras peculiaridades como expresiones de su propia identidad.

Hemeroteca Virtual ANUIES. http://www.hemerodigital.unam.mx/ANUIES

Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
http://www.anuies.mx 
 

Anexo 2

Creación de la Secretaría de Educación Pública

www.sep.gob.mx/wb2/sep

Historia de la Secretaría de Educación Pública y Edificio Sede

De acuerdo con las ideas defendidas por Carranza acerca de la autonomía municipal, en la Constitución de 1917 se suprimió la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, pues contraria a la aspiración de democratizar la administración educativa, sólo abarcaba al Distrito Federal y los territorios federales. A pesar de las buenas intenciones, los municipios fueron incapaces de afrontar la problemática educativa y ya para 1919, la educación pública resentía gravemente la falta de una adecuada organización: tan sólo en el Distrito Federal, quedaban abiertas 148 de las 344 escuelas existentes en 1917. Con la llegada de Adolfo de la Huerta al poder, se iniciaron los cambios para poner remedio a esta situación. En primer término, se le otorgó al Departamento Universitario la función educativa que tenía el gobierno del Distrito Federal. Para cumplir con la democratización de la administración educativa, y con los postulados del Artículo Tercero Constitucional, era ya necesaria una acción a nivel nacional, pues no bastaba con sólo declarar la educación gratuita, laica y obligatoria: se necesitaba tomar medidas para realizarla. El proyecto de crear una Secretaría de Educación Pública Federal, requería de una reforma constitucional; en tanto esto ocurría, asume la rectoría de la Universidad Nacional, el Licenciado José Vasconcelos Calderón, quien se había revelado como uno de los más firmes partidarios de dar a la educación carácter federal. Como rector de la Universidad y titular del Departamento Universitario, el Lic. Vasconcelos inició la formulación práctica del proyecto, emprendiendo diversas medidas con el objeto de reunir a los distintos niveles educativos; depuró las direcciones de los planteles, inició el reparto de desayunos escolares y llevó a cabo su idea fundamental: que la nueva Secretaría de Educación tuviese una estructura departamental. Los tres departamentos fundamentales fueron:

1. El Departamento Escolar en el cual se integraron todos los niveles educativos, desde el jardín de infancia, hasta la Universidad.  

2. El Departamento de Bibliotecas, con el objeto de garantizar materiales de lectura para apoyar la educación en todos los niveles, y  

3. El Departamento de Bellas Artes para coordinar las actividades artísticas complementarias de la educación.  

Más adelante se crearon otros departamentos para combatir problemas más específicos, tales como la educación indígena, las campañas de alfabetización, etcétera.

Vasconcelos asumió las tareas educativas desde la perspectiva de la vinculación de la escuela con la realidad social; en su discurso de toma de posesión como rector de la Universidad afirmó:

"Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo, en favor de los que nada saben; me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productiva de cada mano que trabaja, de cada cerebro que piensa [...] Trabajo útil, trabajo productivo, acción noble y pensamiento alto, he allí nuestro propósito [...] Tomemos al campesino bajo nuestra guarda y enseñémosle a centuplicar el monto de su producción mediante el empleo de mejores útiles y de mejores métodos. Esto es más importante que distraerlos en la conjugación de los verbos, pues la cultura es fruto natural del desarrollo económico [...]". Con estas ideas, se creó la Secretaría de Educación Pública el 25 de septiembre de 1921 y cuatro días después, se publicó en el Diario Oficial el decreto correspondiente. El 12 de octubre del mismo año, el Lic. José Vasconcelos Calderón asume la titularidad de la naciente Secretaría. Una nota de prensa de la época lo refiere de esta manera: En sus inicios la actividad de la Secretaría de Educación Pública se caracterizó por su amplitud e intensidad: organización de cursos, apertura de escuelas, edición de libros y fundación de bibliotecas; medidas éstas que, en su conjunto, fortalecieron un proyecto educativo nacionalista que recuperaba también las mejores tradiciones de la cultura universal. En 1921 el número de maestros de educación primaria aumentó de 9,560, en 1919, a 25,312; es decir, se registró un aumento del 164.7 por ciento; existían 35 escuelas preparatorias, 12 de abogados, siete de médicos alópatas, una de médicos homeópatas, cuatro de profesores de obstetricia, una de dentistas, seis de ingenieros, cinco de farmacéuticos, 36 de profesores normalistas, tres de enfermeras, dos de notarios, diez de bellas artes y siete de clérigos. En materia de enseñanza técnica, Vasconcelos rechaza el pragmatismo de la escuela norteamericana sustentada por Dewey, lo que no significa rechazo al trabajo manual: éste se aprecia pero sin descuidar la necesidad del razonamiento y del conocimiento teórico. El Lic. Vasconcelos, todavía como titular del Departamento Universitario, creó el primero de marzo de 1921 la Dirección General de Educación Técnica. Desde esta Dirección General se crearon las siguientes instituciones: la Escuela de Ferrocarriles, Escuela de Industrias Textiles, Escuela Nacional de Maestros Constructores, Escuela Tecnológica para Maestros, Escuela Técnica de Artes y Oficios, Escuela Nacional de Artes Gráficas, Escuela Técnica de Taquimecanógrafos, Escuela Hogar para Señoritas "Gabriela Mistral". Además de estas escuelas, existían otras 88 de tipo técnico: mineras, industriales, comerciales y de artes y oficios, 71 de carácter oficial y 17 particulares. En la política educativa oficial se propuso la ampliación de la infraestructura y extensión de la educación, así como la elevación no sólo de la calidad, sino de la especialización. Sin embargo, a pesar de los avances logrados en el impulso inicial de la Secretaría, la lucha electoral por la sucesión presidencial de 1924, que desembocó en la rebelión del ahuertista, y, las presiones norteamericanas plasmadas en los compromisos acordados en las conferencias de Bucareli, limitaron el alcance nacionalista que se pretendía en el proyecto vasconcelista, pues aunque no se abandona el proyecto original, éste se modera.

Anexo  3

Vasconcelos: Roja Pasión

Germán Martínez Cazares

Nuestro origen indio está en Oaxaca, y la expresión más pura y acabada de nuestro mestizaje también vive y late profundamente en esa tierra.
El intenso rojo de nuestra bandera tiene su origen en la cochinilla. Ese insecto que vive sobre el nopal y que durante mucho tiempo, sobretodo al final de la Colonia española, se cosechó muchísimo en Oaxaca.

La viveza, pues, del color rojo nacional es la expresión de la viveza del pueblo de Oaxaca. Y justo en la céntrica calle donde antaño se comerciaba la cochinilla -así se llamaba: Calle de la Cochinilla, ahora Calle 20 de Noviembre-, nació el político e intelectual mexicano más intenso y más apasionado, como el rojo de la cochinilla, que conoció el siglo XX: José Vasconcelos Calderón.

Hablar de José Vasconcelos es recordar eso: la roja pasión con que escribió, educó, pensó y abrazó sus convicciones.

El credo de Vasconcelos es de un rojo tan intenso como el de los trajes que tejen las indígenas mixtecas de la región de Tlaxiaco. Fue una pasión encendida en la historia nacional. Una cicatriz de fuego en nuestra conciencia, dijo Alfonso Reyes.
Una pasión por la educación, la cultura, por la lucha civilizatoria del hombre que combate al oscurantismo en que vive el analfabeta y a la rusticidad con la que despacha el déspota.

En esa pasión dejó su vida. Vasconcelos afirmaba que un verdadero cambio o revolución social (hablaba, evidentemente, de la de 1910, pero podría aplicarse hoy) debía ser consumada por los maestros.

“Sólo los maestros -decía- pueden crear una generación salvadora, una generación realmente revolucionaria, que ya no va a endiosar a los hombres sino a exigir que se cumplan las leyes; que ya no va a jurar lealtad a los caudillos sino lealtad a los principios, aun cuando por guardarlos se tenga que reñir con todos los hombres”.

Vasconcelos creía en la escuela, en la universidad, como único y auténtico instrumento de liberación del hombre. Pero para Vasconcelos la genuina educación no queda satisfecha en la adquisición egoísta de conocimientos y destrezas.
Para él, un mexicano educado tiene el deber ético de enseñar a otro. La persona que acumula un saber tiene el imperativo de robustecer a su comunidad con ese conocimiento.

Vasconcelos, pues, exige solidaridad al sabio frente al aprendiz, al competente con el inexperto, al maestro frente a su pueblo, a la universidad frente a la nación. Por eso organizó desde la Secretaría de Educación Pública y desde el rectorado de la UNAM las más impresionantes campañas de alfabetización y de cultura: todo aquel que supiera leer y escribir tenía el deber moral de enseñar a otro.

Formó maestros, organizó la educación rural y la técnica y afirmó categóricamente que el problema de nuestros pueblos indígenas no era un problema económico ni de injusto reparto de tierras sino de algo más profundo, un problema de elevación humana, una injusticia en la distribución del saber, un problema de ignorancia.

Vasconcelos siempre fue un universitario. El universitario cree en la universidad, es decir, en la unidad que existe en la diversidad. El universitario cree en sus convicciones y las defiende, pero aprecia y respeta al que piensa diferente.
La universidad, pues, debe ser herramienta de redención nacional, alas de un pueblo para volar, así lo creía con entusiasmo, con rojo entusiasmo, José Vasconcelos.

Para Vasconcelos toda esa tarea educativa prolongaba y encarnaba su concepto de la belleza. Entendió que la estética, que lo bello, eleva al ser humano, al espíritu. Si la búsqueda del conocimiento permite un bienestar terrenal, Vasconcelos diría que la conquista de lo hermoso, de lo sublime, es la que debe conducir los pasos del alma.

Por eso Vasconcelos cultivó las bellas artes y se ocupó de que los mexicanos se interesaran por lo estético. Creó el Instituto de las Bellas Artes, fundó la Orquesta Sinfónica Nacional, impulsó las compañías nacionales de Danza y Teatro, edificó bibliotecas y editó con fruición miles de libros clásicos, sobre todo griegos y romanos.
El arte emancipa a la materia y traslada a las personas al sueño del ideal. Por eso contrató a Diego Rivera, a José Clemente Orozco, Montenegro y David Alfaro Siqueiros para que el horror de la sangre de la Revolución tuviera un toque sublime.

El arte, la apreciación de la belleza, para Vasconcelos tiene también una función animadora del hombre. La belleza enciende la pasión del individuo. Sin estética el ser humano está reducido a una vil animalidad, hueca de sueños, presa del más hondo vacío.

Sin aprecio por la belleza, por lo sublime, por lo que mueve a los sentimientos, el hombre es trofeo fácil del consumismo, de la vana y fatua materia.
Una comunidad que adora lo light y lo fast y no piensa más que en el confort es una comunidad rendida al dictado de la publicidad y del mercado voraz. Esa comunidad es perecedera. Sólo alcanza la plenitud el hombre, dice Vasconcelos, cuando logra imprimirle a las cosas terrenales el grado incorruptible que sólo da el espíritu.

Una sociedad sin ideales es una sociedad de mandriles. Y las sociedades de mandriles se mueven sin sentimientos, son mecánicas y las gobiernan los gritos de los más fuertes.
Muchas de nuestras universidades educan resignadas frente a la imagen de que ya no es posible construir ciudadanos con nuevos sueños, de que los ideales no valen, de que la belleza no existe, de que la pasión por los colores no sirve de nada, de que hemos llegado -como dice absurdamente Francis Fukuyama- al “fin de la historia”.
No. De ninguna manera la resignación puede ser buena lección a los jóvenes. No debemos rendirnos frente a los emisarios de una mayéutica del desencanto. No pueden triunfar los que buscan aplastar los lazos solidarios de nuestras comunidades pregonando sólo tesis individualistas.

Podemos y debemos soñar en nuestras universidad como espacios de fraternidad, tal y como los imaginó Vasconcelos. Podemos pedirle a los universitarios de hoy que no olviden la virtud cívica, que no olviden la roja pasión del Maestro de América, esa roja pasión que exige soñar y esforzarse por conquistar en la realidad los sueños.

http://www.pan.org.mx/?P=182&ArtOrder=ReadArt&Article=202748  

Anexo 4

José Vasconcelos: El Águila Mexicana
por Luis Alejandro Hernández Ríos

http://www.alephermes.org/Vasconcelos.htm

Estoy abrumado de qué hacer, pero he descubierto el secreto de no sentir el cansancio y tal como supones estoy libre de monstruos y serpientes y animado sólo por el impulso de las águilas. (J. Vasconcelos, Carta a Alfonso Reyes, Julio 27 de 1920).

Yo volveré, con este sol, con esta tierra, con esta águila, con esta serpiente, y no a una vida nueva, o mejor o semejante: volveré eternamente a esta misma vida, idéntica, en lo más grande y en lo más pequeño, para enseñar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas, para decir de nuevo la palabra del gran mediodía de la tierra y de los hombres, para volver a anunciar a los hombres la venida del superhombre. (Nietzche, Así habló Zaratustra).

Y sólo tendremos patria y raza y noble imperio sobre una hermosas zona del mundo, ¡así que en nuestras almas el águila destroce a la serpiente! (J. Vasconcelos, Cuando el águila destroce a la serpiente, 1921).

José Vasconcelos Calderón filósofo, educador, político y escritor nació en Oaxaca, México, el 28 de febrero de 1882. Su infancia fue de vagamundo pues la familia cambió continuamente de residencia por el trabajo del padre. Lo que le permitió percatarse de muchos de los problemas de los indígenas mexicanos.

Se opuso al porfiriato en todos los terrenos; en el económico por la explotación de las mayorías; en el político por la sucesión presidencial; en le filosófico y educativo por el positivismo y hasta el evolucionismo; en el cultural por las limitadas opciones que ofrecían los “científicos” y su voluntad personal de traspasar las fronteras del espíritu. En su rebelión llegó así a proponer hasta lo irracional, lo mágico y lo esotérico, todo con el objeto de lograr un visión general de la vida diferente a la que prevalecía.

La oposición de Vasconcelos fue activa: por un lado se unió al movimiento político del maderismo y por otro al movimiento intelectual del Ateneo de la Juventud. De modo que política y culturalmente participaba. Y pronto probó tanto las delicias del cultivo del espíritu y de la discusión. En ambas líneas compartió sus afanes con lo mejor del México de entonces, desde los revolucionarios más idealistas y democráticos que eran los seguidores de madero, hasta los pensadores más lúcidos como Alfonso rayes, Antonio Caso y Pedro Henríquez Ureña.

Vasconcelos había estudiado derecho en la ciudad de México y aunque durante un tiempo ejerció actividades relacionadas con él, la filosofía fue su pasión. Pero una que era también una estética, que unía al pensamiento, la palabra y la belleza en una conjunción particular de neoplatonismo, yoguismo hindú, budismo y cristianismo. Amalgamaba este pensador ciencia y poesía, mito con teología, rezón con emoción” y tomaba de todo, de los Evangelios, Potino, Tolstoi, Nietszche, ahí donde encontrara lo que buscaba: el misticismo, la grandeza, la iluminación. A Vasconcelos lo marcaba una profunda religiosidad en el sentido más amplio pues en ella cabían Pitágoras y Prometeo, Cristo y Buda, Dostoievsky y Wagner, el erotismo, la literatura y la aspiración a la superación espiritual y al absoluto. Y fue esto lo que después, cuando fue Rector de la Universidad (a la que compuso su lema: “Por mi raza hablará el espíritu”) y Secretario de Educación Pública, quiso transmitir a los estudiantes del país: hacerles creer en las posibilidades de la voluntad, la energía y la educación, hacerles subir por el camino de los libros hasta la cima de lo humano. Fue eso lo que pediría a Diego Rivera en los murales que él mismo le encargó pintar y a Gabriela Mistral en las conferencias que él mismo le invitó a pronunciar.

Quería que la gente pensara, aprendiera, se elevara. Creía en la cultura y quería que todos llegaran a ella. Pensaba que sólo el trabajo y el saber redimen, y su obsesión fue redimir y elevar a México. Una obsesión absolutamente revolucionaria y sólo posible en un país que acababa de pasar por una revolución.

Bajo los auspicios del presidente Álvaro Obregón puso en marcha una gran empresa educativa y cultural que como decía él “unifique la heterogeneidad cultural del país, redima al hombre y dé orientación a los esfuerzos nacionales”. Vasconcelos conseguía así poner en práctica sus ideas, “hacer posible la utopía”, “cumplir una obra, una obra terrestre”, “hacer una acción que merezca la eternidad”.

Para cumplir sus propósitos, Vasconcelos desplegó una actividad febril e intensa. Su proyecto consistía en un amplio programa cultural y educativo que ya no sólo quería formar ciudadanos, sino hombres nuevos, a los que ya no sólo le importaba instruir, ni siquiera sólo educar sino transformar. Un hombre nuevo liberado de la necesidad y la maldad.

En resumen podemos decir que el proyecto educativo vasconcelista tuvo tres fuentes principales:

1. La herencia de Justo Sierra, que tenía una visión de conjunto de los problemas del país y una política definida de educación y cultura, y que estableció varias estructuras que sobrevivieron a la revolución.

2. Una toma de posición contra el positivismo, cultivada en el Ateneo de la Juventud. A la clasificación comtiana de las ciencias, Vasconcelos opone un ideal, una mística, el alma y la emoción; sus ideas bergsonianas sobre el “impulso vital”, la literatura, el arte desembocan en una filosofía espiritualista. “Toda una pedagogía implica una tesis sobre el destino y no solamente una ciencia de los objetos”, escribió en De Robinson a Odiseo.

3, La reforma de la educación soviética a partir de 1918, impulsada por Lenin y Krupskaia, que él estudió durante su exilio californiano. El propósito de congruencia total desde el jardín de niños hasta la universidad, las técnicas de difusión cultural, los festivales populares, las ediciones de gran tiraje y bajo precio, la multiplicación de las bibliotecas, la sistematización de la alfabetización, la protección del patrimonio cultural tuvieron aquí su inspiración; rechazó, en cambio, el propósito de politizar la educación subordinándola totalmente a los fines del Estado.

Con estos elementos, Vasconcelos concibió una gran “cruzada educativa y cultural”, con amplia visión social e intención inclusiva. Su visión irradió en ocho direcciones:

·  La creación de un ministerio federal de Educación Pública – pese a la resistencia de algunos estados celosos de su autonomía – que establecería un poder central fuerte y eficaz.

· La campaña de alfabetización, iniciada ya desde la rectoría de la Universidad, que logró enseñar a leer y escribir a 100 000 adultos y obtuvo un gran consenso y colaboración.

· La construcción de locales escolares, en escala hasta entonces desconocida.

· La formación de un nuevo tipo de maestro y su revaloración social; las misiones culturales y los maestros rurales fueron los más característicos.

· Un concepto de educación que adoptó los principios de la “escuela activa”.

· La relación de la educación con otros problemas nacionales, con fin, por ejemplo, de apoyar la reforma agraria contra el latifundio, desterrar el militarismo, castellanizar a los indígenas e “integrarlos” al desarrollo, o de incorporar a las comunidades más apartadas mediante el establecimiento de escuelas rurales, etcétera.

· Una visión de la “cultura” como factor de liberación  y de dignificación de la persona, parar tender a la “civilización perfecta”: la que propone – escribió – el mayor aprovechamiento de la energías del mundo y de las energías del cuerpo, en beneficio de una vida espiritual más intensa y más amplia” (Estudios indostánicos, Obras Completas, III, p. 201). De aquí la fe en los clásicos y la revaloración del libro.

· La conciencia de nuestra identidad mestiza y la afirmación de nuestra vocación latinoamericana. (Latapí 1999. Pág. 24-26)

Vasconcelos se cuenta entre los primeros que, en Latinoamérica, luchan y actúan para instaurar una cultura a la vez nacional, continental y popular. Lanza una serie de llamados de inspiración espiritualista y pacifista a la juventud del continente iberoamericano.

En su afán por pensar en una América que no siguiera el modelo europeo sino que fuera germen de “una civilización nueva, una cultura original, una personalidad independiente” proponía una nueva manera de ver el mundo, en la que lo que antes se consideraban las lacras de este continente, se volvían ahora sus virtudes: el mestizaje, la geografía. En ellas fundaba el mundo del futuro, el camino a la grandeza.

Vasconcelos hablaba de una estirpe indoibérica mestiza, que encarnaba el nuevo ideal del individuo y de la sociedad, capaz de homogeneizar y dar lugar a una nueva raza, la raza cósmica, síntesis del genio y la sangre de todos los pueblos.

En breve el vuelo del águila supo enseñarnos como destruir la serpiente de la discordia, de la injusticia, de la ignorancia, del aislamiento y de la enajenación. Las miradas se vuelven, a intervalos, hacia el cielo del Anáhuac, buscando divisarlo otra vez. Era pues, necesario bosquejar brevemente el tramo más radiante y soberbio de su trayectoria.

José Vasconcelos murió en la ciudad de México el 30 de junio de 1959.

“Espero que algún día conozcan a José de Vasconcelos (el exministro de Instrucción Pública de México) y su obra admirable de educación pública. Él encabeza a toda la joven América”. (Romain Rolland, Carta a Kalinas Nag, Febrero 9 de 1925).

Anexo 5

Emisiones de México en 2001

http://timbresdemexico.galeon.com/2001/2001_04.htm

 

 

 Cancelación                      Día del Maestro. Maestro José Vasconcelos

 

No. DE EMISIÓN  4

DENOMINACIÓN Día del Maestro. Maestro José Vasconcelos

FECHA DE EMISIÓN Mar/15/May/01

No. DE TIMBRES 1

No. DE CLAVE GGR-396

No. SCOTT  

No. VACKIMES 

VALOR FACIAL $3.00

MEDIDAS (H x V) 40 x 24 mm.

PERFORACIÓN 14, de peine

TIRO 300,000

DISEÑADOR Anne Marie Aguilera Reynaud

TÉCNICA Por computadora

MOTIVO Retrato de José Vasconcelos.

TINTAS UTILIZADAS Cyan, magenta, amarillo, negro, plata y tinta de seguridad

TIPO DE IMPRESIÓN Offset

HOJAS CON 50 estampillas

PAPEL Couché blanco brillante, una cara engomado de 105 gms/m²

IMPRESA POR Talleres de Impresión de Estampillas y Valores

Referencias:

[1]José Vasconcelos es el intelectual mexicano quien proyectó dotar a su país de un sistema educativo y de un marco cultural adaptado a las circunstancias nacionales, abierto a todos. Vasconcelos siempre consideró que la cultura, es un mecanismo reivindicador de la Raza, y creyó en el mexicano que puede conquistar el espíritu, el intelecto y la grandeza. Los logros y esfuerzos de este pensador mexicano en el primer tercio del siglo XX, se reconocen por su visión de enlazar a Hispanoamérica en una gran patria, en 1922 en sus viajes a América del Sur, las asociaciones estudiantiles de Colombia, Panamá y Perú, otorgan a Vasconcelos la designación de Maestro de la Juventud, que luego cambió a Maestro de América, por el alcance de su obra pedagógica y filosófica”  (Sosa Ramos, A. El humanismo iberoamericano de José vasconcelos, México, 2001, p.1)

[2] Una visión de la “cultura” como factor de liberación  y de dignificación de la persona, parar tender a la “civilización perfecta”: la que propone – escribió – el mayor aprovechamiento de la energías del mundo y de las energías del cuerpo, en beneficio de una vida espiritual más intensa y más amplia” (Estudios indostánicos, Obras Completas, III, p. 201). De aquí la fe en los clásicos y la revaloración del libro.

[3]“Vasconcelos se formó filosóficamente bajo la influencia del positivismo que a  finales del siglo XIX,  con la labor de Gabino Barreda y posteriormente de Justo Sierra,  se cultivó en el pensamiento mexicano de esa época.  Ambos pensadores fueron los que mayor incidencia directa tuvieron inicialmente en su formación intelectual.

A principios del siglo XX, se constituyó El Ateneo de la Juventud  que congregó intelectualmente a ese nuevo grupo que reaccionaba contra el predominio hasta entonces del positivismo” (Guadarrama, P. Positivismo y Antipositivismo en América Latina. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, 160).

[4]Vasconcelos, J. Ulises criollo. Ediciones Botas. México. 1945; En el ocaso de mi vida.  Populibros La prensa. México. 1957;  Estudios indostánicos. Ediciones Botas, México; Tratado de Metafísica.  Editorial México joven. 1929; Historia del pensamiento filosófico  Ediciones de la Universidad Nacional de México.  1935; Breve Historia de México. Ediciones Botas. México;  Estudios indostánicos.Ediciones Botas, México. 1938; Lógica orgánica.  Edición del Colegio Nacional. México. 1945; Indología. Barcelona. 1927; Ética. Editora Botas.México. 1939; Lógica orgánica. El Colegio Nacional. México. 1945; “Abstraer y generalizar” en Páginas escogidas. Editorial Botas. México. 1940; El viento de Bagdad. Letras de México. México. 1945; Bolivarismo y monroísmo. Ediciones Ercila.Santiago de Chile 1935;”Pensamiento iberoamericano”. En Latinoamérica. Imprenta Madero. México. 1979; ¿Qué es la revolución?  Botas. México. 1937; Estética.  Ediciones Botas. México. 1945; “La raza cósmica” en Vasconcelos. (Antología) Ediciones de la Secretaria de Educación Pública. México. 1942; Historia del pensamiento filosófico.  Ediciones Universidad Nacional de México.  México. 1937, entre otras.

[5] La teoría educativa de Vasconcelos buscaba el desarrollo espiritual del hombre, en contraposición a la visión pragmática y material de la civilización sajona.

La educación debía de dar al educando cierta especialización técnica, que le permitiera ganarse la vida, pero debía trascender más allá, es decir, proporcionarle una visión general del mundo invisible a los sentidos, que se aprecia con el intelecto y que está conformado por  valores que están más allá de lo práctico y lo empírico. (Sosa Ramos, A. El humanismo iberoamericano de José vasconcelos, México, 2001, p.4)

[6]La conclusión a que llega Vasconcelos es que es necesario un nuevo tipo de hombre, con una nueva forma de vivir. La razón y la ciencia no forman los auténticos valores humanos, es la emoción la que nos hace vivir lo propiamente humano, este filósofo, recomienda que los Iberoamericanos debemos practicar esa forma de vida y dejemos de imitar al sajón racionalista que revive al universo en lo que tiene de material y biológico y nosotros los latinos e iberos, debemos expresarnos en términos de espíritu”. ((Ibídem).

[7]Había que comenzar dando a la escuela el aliento, superior que le había mutilado el laicismo...Era indispensable introducir en el alma de la enseñanza el concepto de religión, que es conocimiento obligado de todo pensamiento cabal y grande...Usé de la vaga palabra espíritu, que en el lema significa la presencia de Dios...En suma, por espíritu quise indicar lo que hay en el hombre de sobrenatural y es lo único valioso por encima de todo estrecho humanismo y también, por supuesto, más allá de los problemas económicos que son irrecusables pero nunca alcanzarían a normar un criterio de vida noble y cabal” (Discurso pronunciado ante la Confederación Nacional de Estudiantes, en selección de Álvaro Matute, José Vasconcelos y la Universidad. México: UNAM, 1983, p. 212)

[8]“Vasconcelos se cuenta entre los primeros que, en Latinoamérica, luchan y actúan para instaurar una cultura a la vez nacional, continental y popular. Lanza una serie de llamados de inspiración espiritualista y pacifista a la juventud del continente iberoamericano. En su afán por pensar en una América que no siguiera el modelo europeo sino que fuera germen de “una civilización nueva, una cultura original, una personalidad independiente” proponía una nueva manera de ver el mundo, en la que lo que antes se consideraban las lacras de este continente, se volvían ahora sus virtudes: el mestizaje, la geografía. En ellas fundaba el mundo del futuro, el camino a la grandeza”.( Hernández Ríos Luis Alejandro.  José Vasconcelos: El Águila Mexicana.    http://www.alephermes.org/Vasconcelos.htm)

[9]Guadarrama, P. El monismo estético de José Vasconcelos. En Positivismo y Antipositivismo en América Latina. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004;  Gaos,J. Pensamiento de lengua española. Editorial Stylo. México. 1945; Ingenieros, J. “José Vasconcelos” en  Ideas en torno de Latinoamérica. UNAM. México. 1986; Martínez Llantada, M. “Principios fundamentales del sistema filosófico de José Vasconcelos” Revista Cubana de Ciencias Sociales. La Habana. N. 13. Enero-abril 1987; Kempff Mercado, M.  Historia de la filosofía en Latinoamérica  Editorial Zig-Zag. Santiago de Chile. 1958; Larroyo, F. La filosofía iberoamericana. Porrúa. México. 1978; Blanco, José, Se llamaba Vasconcelos .México, Fondo de Cultura Económica, 1998; Domínguez, Michael Christopher, José Vasconcelos, Obra Selecta. Venezuela: Biblioteca Ayacucho, 2003; Emeterio Valverde Téllez, Bibliografía filosófica mexicana. Edición Facsimilar. México: El Colegio de Michoacán, 1989; Fell, Claude. José Vasconcelos, los años del águila, UNAM, México; Fernández,  MC gregor, Genaro, Vasconcelos, SEP, México, 1997; Fernández del Valle, Agustín Basave, La filosofía de José Vasconcelos, Diana, México, 1998; Matute, Álvaro, José Vasconcelos y la Universidad, Selección de UNAM; Paz, Octavio, Las páginas escogidas de José Vasconcelos en obra de Octavio  Paz, F.C.E, México, 1986; Taracena, Alfonso. José Vasconcelos, Editorial Porrúa, México, 1970; Carlos Pellicer "José Vasconcelos. "El hombre de la genial impaciencia". México. dirección URL: http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/; 

[10] En esta dirección el ensayo homónimo del Dr. Sc. Pablo Guadarrama, constituye una fuente priorizada de consulta. En él se aborda en síntesis el sistema filosófico de Vasconcelos.

[11] Sobre la praxis, ver de Pupo, R.  La práctica y la filosofía marxista. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, y del propio autor “La actividad como categoría filosófica. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

[12] Tomado de Agustín Basave Fernández del Valle, La Filosofía de José Vasconcelos. México, 1973, pp 315;http://www.canalsocial.com/biografia/filosofia/vasconcelos.htm; http://dragon.dgsca.unam.mx/rectoria/htm/lema.html; http://dragon.dgsca.unam.mx/rectoria/htm/escudo.html; Jesús Guisa y Azevedo; Semblanzas de Académicos. Ediciones del Centenario de la Academia Mexicana. México, 1975, 313 pp.

[13] Boletín Tecnológico #247, Pág. 12, Art. Tomado del periódico "El Maestro" # 65, marzo de 1998;  www.CanalSocial.com; This a copy of the page kept at the Universidad José Vasconcelos de Oaxaca, http://www.itox.mx/univas/bibliografia.html

[14] www. José Vasconcelos, trascendente filosofía de un maestro mexicano.htm. Boletín Tecnológico #247

[15] Ibídem.

[16] En general, aquella actitud teórica que sostiene que el único auténtico conocimiento o saber es el saber científico. Le caracteriza una actitud crítica ante la filosofía tradicional, en especial la metafísica, y afirma que también la filosofía ha de ser científica. Para ello, el «espíritu positivo» es fiel a unos principios orientativos o reglas, que se mantienen en todas las filosofías positivas de las diversas épocas: la regla ontológica del fenomenismo, según el cual la realidad se manifiesta en los fenómenos, obliga a rechazar cualquier concepción de una esencia oculta más allá de los fenómenos; la regla del nominalismo, según la cual el saber abstracto no es saber de cosas en sí o universales, sino de meras cosas individuales generalizadas; la regla que obliga a renunciar a juicios de valor y a enunciados normativos, en cuanto carentes de sentido cognoscitivo y, finalmente, la regla de la unidad del método de la ciencia, según la cual cabe pensar en un solo ámbito del saber, reducible a la observación y a la experiencia, en definitiva a una única ciencia, preferentemente la física.

La principal aportación de Comte al positivismo es la idea de que la realidad humana es social y también ella debe poder ser conocida científicamente. A la ciencia que estudia esta realidad como síntesis de todos los conocimientos humanos llamó Comte «sociología». Este positivismo sociológico, junto con el positivismo biológico de Claude Bernard, la ética positivista de John Stuart Mill y el positivismo evolucionista de Herbert Spencer son los principales representantes del espíritu positivo europeo del s. XIX. En el último cuarto del siglo pasado, el empiriocriticismo de Mach y Avenarius defiende la necesidad de una filosofía científica y, en el período que transcurre entre los años veinte y los treinta de este siglo, tras la primera guerra mundial, se desarrolla el denominado positivismo lógico, empirismo lógico o neopositivismo. Este neopositivismo, que representa la tradición positivista germánico-austriaca, y que cristaliza en torno al llamado Círculo de Viena, cuyos representantes más destacados son M. Schlick, R. Carnap, C. Hempel y O. Neurath, además de inspirarse en Hume, Comte y Mach, se distingue del positivismo del s. XIX por centrar su estudio, no en los hechos, objeto de las ciencias naturales, sino en el análisis lógico del lenguaje. Su característica más positivista es, sin embargo, el criterio empirista del significado, o principio de verificación, según el cual sólo tienen significado, y producen conocimiento, por tanto, aquellos enunciados que son susceptibles de verificación, esto es, aquellos para los cuales existe un método de comprobar si son verdaderos o falsos. El Círculo de Viena propugna, además, la tesis de la unidad de la ciencia, o de la ciencia unificada y, por lo menos algunos de sus miembros sostienen también la afirmación, propia de Comte, de que la sociología ha de seguir los mismos métodos que las ciencias de la naturaleza; esta afirmación constituye el núcleo del llamado «positivismo sociológico».

[17] www.Vasconcelos\Boletín bibliográfico_ No_ 9.htm

[17] www .José Vasconcelos, Op. Cit. Boletín Tecnológico #247  

[19] Ver anexo 3

[20] Vasconcelos, J. La Raza Cósmica. Espasa – calpe, Mexicana, S. A,  México, 1997, p. 52.

[21] http://www.geocities.com/amwriter.geo/Publicaciones/Poemas/a005e01.htm

univas@univas.edu.mx;  Vasconcelos\Vasconcelos\Lema de la UNAM Vasconcelos.htm

[22] Ver anexo 2

[23] www.sep.gob.mx/wb2/sep. Historia de la Secretaría de Educación Pública y Edificio Sede

[24] www .José Vasconcelos, Op. Cit. Boletín Tecnológico #247

[25]  Ver anexo 2

[26] Martínez Bolaños Raúl, “Historia III Nuestro Pasado”, Ed. Kapellus, pág 234.

[27] Casola Gustavo, “Historia Gráfica de la Revolución Mexicana”, Ed. Trillas, pág 528; González Gomes Francisco, “Historia de México II”, Ed. Quinto Sol, pág. 400; Cosio, Villegas, Daniel, “Historia general de México” Tomo I y II, Ed. Colmes, 3ª ed, México 1981; Rodríguez Palacios Mario, “México en la Historia”, Ed. Trillas, pág 600.

[28] Veraneos 2 y 3

[29]  www.univa.edus.mx/vasconceliana.html

[30] Casasola Gustavo, “Historia Gráfica de la Revolución Mexicana”, Ed. Trillas, pp. 36-60.

[31]  González Gomes Francisco, Historia de México II, Edit. Quinto Sol, México,  p. 180-188; Rodríguez Palacios Mario, “México en la Historia”, Ed. Trillas, pág 320.

[32] Rodríguez Palacios Mario, “México en la Historia”, Ed. Trillas, pág 330; Martínez Bolaños Raúl, “Historia III Nuestro Pasado”, Ed. Kapellus, pág 228.

[33] Idem

[34] Cfr. Casasola, Gustavo, Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, Ed. Trillas, pág 36, 40, 528; González Gomes, Francisco, Historia de México II, Ed. Quinto Sol, pág. 180-184,400; Rodríguez Palacios, Mario, México en la Historia, Ed. Trillas, pág 320-330,600;  Martínez Bolaños, Raúl, Historia III Nuestro Pasado, Ed. Kapellus, pág 228-334; Cosio Villegas, Daniel, Historia general de México Tomo I y II, Ed. Colmes, 3ª ed, México 1981; www.Vasconcelos\Literatura Universal.htm.2001 Caracol S.A. Todos los derechos reservados

[35] Ver anexo 4

[36] Vasconcelos, José, Memorias I y  II: Ulises Criollo, La tormenta. México: F.C.E., 1986

[37] Vasconcelos, Op, Cit

[38] Memorias II: El desastre, El proconsulado. México: F.C.E., 1986

[39]www.Vasconcelos\Historia de La literatura en México.htm

[40]Intuición, en filosofía, forma de conocimiento o saber independiente de la experiencia o la razón. La capacidad de intuición y el saber intuitivo se consideran en líneas generales como cualidades inherentes de la mente. El término intuición se ha empleado en sentidos distintos, a veces opuestos, por numerosos autores, con lo que no puede definirse más que en referencia a las obras de algún filósofo en particular. El concepto de intuición surgió al parecer de dos fuentes: del concepto matemático de axioma (proposición obvia que no necesita ser demostrada) y de la idea mística de la revelación (verdad que supera las capacidades del intelecto).La intuición era importante en la filosofía griega , en particular en el pensamiento de filósofos como Pitágoras y sus seguidores, que poseían una formación matemática. El concepto tuvo también mucha importancia en gran parte de la filosofía cristiana como una de las maneras en que podía llegarse a conocer a Dios. Los filósofos que más se apoyaron en la noción de intuición fueron Baruch Spinoza, Immanuel Kant y Henri Bergson. En la filosofía de Spinoza, la intuición es la forma más elevada de conocimiento que existe por encima del saber empírico que se deriva de los sentidos y del conocimiento científico que se deriva del razonamiento basado en la experiencia. El conocimiento intuitivo da a una persona la comprensión de un universo en orden y unido, y permite a la mente formar parte del Ser Infinito.

Kant consideraba la intuición como la parte de una percepción que proporciona la mente por sí sola. Clasificaba lo perceptible o phenomena, en dos tipos: la sensación causada por el objeto externo percibido y la forma, o la comprensión de esa percepción en la mente, que proviene de la intuición. Percepciones como el espacio y el tiempo son variedades de la intuición pura o Anschauung.Bergson oponía el instinto a la inteligencia y consideraba la intuición como la forma más pura de instinto. La inteligencia es para él adecuada al objeto de tratar las cosas materiales, pero no puede entender la naturaleza esencial de la vida o el pensamiento. Bergson definió la intuición como “el instinto sin objetivos, consciente y capaz de reflexionar sobre sí mismo y acrecentarse indefinidamente”. Por otro lado, la inteligencia sólo puede analizar y la función del análisis es la de determinar qué es relativo a un objeto, más que lo absoluto o individual. Sólo a través de la intuición, pensaba Bergson, puede alcanzarse lo absoluto. Algunos filósofos éticos, como Spinoza, han sido llamados intuicionistas por su creencia de que los valores morales son intuitivos e inmediatos. Este punto de vista se opone al de los empíricos, que sostienen que los valores morales nacen tan sólo de la experiencia humana, y al de los racionalistas, que creen que los valores morales vienen dados por la razón.( Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.) En el caso de Vasconcelos sigue la concepción de la intuición de Bergson, aunque en algunos momentos es posible encontrar  ideas de otros filósofos al respecto, pero con la siempre originalidad que le imprime el gran Maestro.

[41] www.Vasconcelos\Sala de Prensa - Conaculta a.htm; Noticias del día  11 de diciembre de 2001, afirma Adrián Marcelli, Gibrán Bazán.

[42] La raza cósmica. México: Espasa-Calpe.

[43] En su axiología influyó mucho la filosofía oriental, particularmente la hindú, dado el carácter espiritual que encerraba sus concepciones. Por supuesto, no es posible obviar el lugar de la cultura grecolatina, y particularmente la ética cristiana, como hombre religioso, cristiano.

[44] Ese antintelectualismo idealista en Vasconcelos busca sus fuentes en la teoría de las emanaciones de Plotino. Este filósofo latino,  seguidor de Platón, había dado pie a interpretaciones del cristianismo primitivo sobre bases profundamente idealistas. Es sabido que el utilitarismo romano fue lo suficientemente inteligente para nutrirse de la  cultura judeo-cristiana y  de la cultura griega que sintetiza. Muchos de  los filósofos del pensamiento antiguo tuvieron alguna incidencia directa sobre el nacimiento del  cristianismo. En el caso de Vasconcelos, que también es un filósofo cristiano, expresaba su fe católica en todo momento, aunque  no tal vez con tanta vehemencia como la de Antonio Caso. 

En él está latente un  cristianismo arraigado,  pero no beato sino irreverente, y sobre todo se trata de  un cristianismo reivindicador de lo que siempre los mejores humanistas cristianos latinoamericanos han reivindicado en el cristianismo originario: la identificación con los pobres,  con los humildes. Este hecho se aprecia en un texto de Vasconcelos en el cual  valoraba profundamente la filosofía de los primeros filósofos  cristianos,  que tributaron ideas a la conformación del  cristianismo, como Plotino o Séneca. En su libro Estudios indostánicos (1921) sobre sus reflexiones de la filosofía de la India,  considera  a Plotino como el filósofo más grande de todos los tiempos.

Vasconcelos, siguiendo las ideas del pensamiento hindú y de Plotino, parte del criterio de que todas las cosas que existen en el mundo se van depurando en un proceso permanente de perfeccionamiento hacia la divinidad. Es un  acercamiento a lo perfecto, y en eso coincide con las tesis nietzscheanas de que en la vida hay una especie de lucha  entre lo apolíneo y lo dionisíaco como dos fuerzas que se enfrentan.  Pero a diferencia de Nietzsche,  quien estimula posiciones más caotizantes e irracionales,  en Vasconcelos  hay como una especie de  teleologismo de la historia.

En su texto  de  Filosofía de la historia,  Vasconcelos desarrolla una filosofía propia de la historia para concebir la historia en un devenir teleológico, de perfeccionamiento hacia la divinidad. Sin embargo, él considera que en ese perfeccionamiento el hombre como individuo está sometido a fuerzas muy pasionales en las cuales el  élan vital bergsoniano es como una especie de palanca que lo mueve e impulsa hacia esa superación.

En tanto en la filosofía hindú, sobre todo en las Upanishadas,  cree que  el Atman es esa especie de alma, como lo concibe la filosofía hindú, y el Brahma —del cual se deriva el famoso brahmanismo de la filosofía hindú— es una especie de absoluto permanente presente, o de 'espíritu absoluto' diría Hegel. Pero él no valora tanto a Hegel en este aspecto,  sino la filosofía hindú que concibe cierta especie de elementos que impulsan el devenir de la historia en una lucha entre el individuo y la sociedad.

Ese elan vital personal que poseemos cada uno pero que se aproxima o se identifica con  una especie de fuerza superior a la cual todos nos supeditamos de una forma u otra y conduce a Dios.

Así, Vasconcelos fue formando su pensamiento con tan heterogéneas fuentes como en todo pensador  que siempre se forma en la lectura crítica de otros autores. También en Vasconcelos influyó Emmanuel Kant, y es lógico que así haya sido porque en Vasconcelos su idealismo con  sus tonalidades místicas y su humanismo, tendría que ver con la tesis kantiana de apreciar al hombre nunca como medio sino siempre como fin. Esa posición hizo  que Vasconcelos se identificase  con la idea de estimular en el hombre el cultivo de los valores. Esta preocupación se expresa en la ética de Kant y posteriormente se acentúa en la Escuela de Baden, con Wilhelm Windelband y Heinrich Rickert, quienes la desarrollarían en la axiología  alemana de finales del siglo XIX y posteriormente iría tomando cada vez más fuerza en este siglo con Nicolai Hartmann.

 La influencia de Hartmann y de Max Scheler a través de Ortega y Gasset es importantísima para entender el auge de la axiología en América  Latina a partir de la década del treinta y luego del existencialismo.

No es justo pensar que las preocupaciones axiológicas  llegaron a América Latina  solamente a través de Hartmann, de Scheler y  de Ortega y Gasset. En otros filósofos latinoamericanos,  no solamente Vasconcelos, también en  Rodó, Juan Montalvo en Ecuador  y otros pensadores del siglo XIX latinoamericano,  ya el tema de los valores comenzaba a  tener una significación muy especial.

 Esta preocupación humanista particular fue confluyendo con la preocupación que se estaba dando en Europa también sobre el tema de los valores. Este hecho hay que destacarlo para  combatir ese frecuente complejo de inferioridad según el cual la producción filosófica latinoamericana se ha limitado a recibir   solamente ideas importadas de Europa.

 La filosofía en América latina había ido gestando pensadores de la talla de Vasconcelos desde mucho tiempo atrás, que aunque no fueran absolutamente originales en todas y cada una de las tesis que propugnaban, tampoco tenían necesidad de estar al tanto de las imprentas europeas con sus últimas obras para ir gestando ideas con suficiente nivel de originalidad y autenticidad.

En 1919 escribió: “y no solo los pueblos  hispanoamericanos,  que preparan una nueva cultura:  todo el pensamiento occidental está llamado a renovarse con las influencias hindúes. Todo el pensamiento  contemporáneo ha de ir a la India en busca de las ideas esenciales  que allí han elaborado grandes espíritus. La crítica de  todas esas doctrinas  y la asimilación a nuestras creencias  de todo aquello que sea válido habrá de ir construyendo  esa filosofía que todos anhelamos: una filosofía que ya no sea expresión  de una sola raza, ni obra de una sola época, sino resumen y triunfo  de toda la experiencia humana: una filosofía mundial” (15).

Vasconcelos fue un severo  crítico de aquellos latinoamericanos que se limitan a reproducir miméticamente la filosofía europea, en ocasiones hasta sin entenderla bien.  Así se burlaba de la  acogida que había tenido la fenomenología  en la mayor parte de los países latinoamericanos, cuando planteaba: “con excepción  del Brasil, que defendido  por una estrecha relación con Francia, se ha mostrado inmune a la plaga fenomenológica, en casi todos los centros  didácticos del Continente Latino, el observador extranjero se sorprende al descubrir, a la mayoría de los filósofos de cátedra, sudando para explicar a Husserl, que apenas pudo explicarse a sí mismo,  o para traducir a Heidegger, que se asegura, padece ingénita dificultad para expresarse en su propio idioma.” (Guadarrama, P. Positivismo y antipositivismo en América Latina. Editorial de Ciencias Sociales, La habana, 2004, pp. 266 – 270).

[45] Vasconcelos, José, De Robinson a Odiseo; Pedagogía estructurativa, México, 1952

[46] Vasconcelos, José, Estética,  Ediciones Botas, México, 1935, p. 21

[47] Vasconcelos, José, Pitágoras, una teoría del ritmo, México, 1916, p. 20

[48]  Vasconcelos, José, El monismo estético, México, 1918, p. 18  

[49]  Vasconcelos, José, Estudios indostánico, México, 1920, p. 42

[50] Vasconcelos, José, Prometeo vencedor, México, 1916, p. 33

[51] Vasconcelos, José, La metafísica. México, 1935

[52]La gente que está formando la América hispánica, un poco desbaratada, pero libre de espíritu y con el anhelo en tensión a causa de las grandes regiones inexploradas, puede todavía repetir las proezas de los conquistador castellanos y portugueses. La raza hispana en general tiene todavía por delante esta misión de descubrir nuevas Zonas en el espíritu ahora que todas las tierras están exploradas.

Solamente la parte ibérica del continente dispone de los factores espirituales, raza y el territorio que son necesarios para la gran empresa de iniciar la era universal de la Humanidad. Están allí todas las razas que han de ir dando su aporte; el hombre nórdico, que hoy es maestro de acción, pero que tuvo comienzos humildes y parecía inferior, en una época en que ya habían aparecido y decaído varias grandes culturas; el negro, como una reserva de potencialidades que arrancan de los días remotos de la Lemuria; el indio, que vio Perecer la Atlántida, pero guarda un quieto misterio en la conciencia; tenemos todos los pueblos y todas las aptitudes, y sólo hace falta que el amor verdadero organice y ponga en marcha la ley de la Historia. Muchos obstáculos se Oponen al plan del espíritu, pero son obstáculos comunes a todo progreso”.(Vasconcelos, J. La raza cósmica. Colección Austral Mexicana, Espasa – Calpe Mexicana, S. A,  México,  1997, p. 51)

[53] Bolivarismo y Monroísmo. México; Obras completas.( cuatro tomos) . México: Libreros Mexicanos

[54]En cambio, la verdadera potencia creadora de júbilo está contenida en la ley del tercer período, que es emoción de belleza y un amor tan acendrado que se confunde con la revelación divina. Propiedad de antiguo señalada a la belleza, por ejemplo, en el Fredo, es la de ser patética; su dinamismo contagia y mueve los ánimos, transforma las cosas y el mismo destino. La raza más apta para adivinar y para imponer semejante ley en la vida y en las cosas, ésa será la raza matriz de la nueva era de civilización. Por fortuna, tal don, necesario a la quinta raza, lo posee en grado subido la gente mestiza del continente iberoamericano; gente para quien la belleza es la razón mayor de toda cosa. Una fina sensibilidad estética y un amor de belleza profunda, ajenos a todo interés bastardo y libre de trabas formales, todo eso es necesario al tercer período impregnado de esteticismo cristiano que sobre la misma fealdad pone el toque redentor de la piedad que enciende un halo alrededor de todo lo creado.

Tenemos, pues, en el continente todos los elementos de la nueva Humanidad; una ley que irá seleccionando factores para la creación de tipos predominantes, ley que operará no conforme a criterio nacional, como tendría que hacerlo una sola raza conquistada, sino con criterio de universalidad y belleza; y tenemos también el territorio y los recursos naturales. Ningún pueblo de Europa podría reemplazar al iberoamericano en esta misión, por bien dotado que esté, pues todos tienen su cultura ya hecha y una tradición que para obras semejantes constituye un peso. No podría sustituirnos una raza conquistadora Porque fatalmente impondría sus propios rasgos, aunque sólo sea por la necesidad de ejercer la violencia para mantener su conquista. No pueden llenar esta misión universal tampoco los pueblos del Asia, que están exhaustos o, por lo menos, faltos del arrojo necesario a las empresas nuevas” (Vasconcelos, J. La raza cósmica. Colección Austral Mexicana, Espasa – Calpe Mexicana, S. A,  México,  1997, p. 50)

[55] “De las entrañas, conmovidas aun de tanta grandeza, ha de brotar, para esperanza de Cuba, la verdad de los pobres. ¡Tu pueblo, Oh patria, no necesita más que amor!- y la guerra, lo que tu pueblo le ha dado...Hay que crear un pueblo con las virtudes desenvueltas en el esfuerzo...y hay virtudes conque crearlo”. (José Martí: “El viaje del Delgado a la Florida”. 28 de Dic. 1893. O.C.T.2 Edit. Nal. de Cuba. La Habana, 1963, Pág. 471).

[56] “Tradicionalmente, parte de la filosofía que tiene por objeto de estudio lo bello, o la belleza en general y, de un modo especial, las condiciones con las que se percibe y crea lo bello, y los criterios con que se valora. En la actualidad, la disciplina teórica y normativa que incluye el estudio de los diversos fenómenos estéticos, como obras de arte, el sentimiento estético, la actitud y la valoración estética, es la teoría o filosofía del arte, que es en definitiva una interpretación del arte, o la crítica filosófica del arte hecha desde diversas perspectivas”. (Dic. de Filosofía Herder. Digitalizado)

[57]Las primeras teorías estéticas, aunque no con este nombre -que se referían propiamente al conocimiento que se obtiene mediante los sentidos-, arrancan de Platón y Aristóteles. En ambos, la naturaleza de lo bello y de las artes se trata por separado, sin vincular la belleza con el arte, y relegando a un segundo plano la vivencia placentera que produce el arte. En Platón, lo bello se identifica con lo bueno (6"8@6G("2\", kalokagathía), y bello es lo que es bueno para el individuo y el Estado, mientras que a las obras de arte o a las artes propiamente dichas las consideraba -por razón de la teoría de las ideas- una mera imitación de una imitación. Para Aristóteles, el arte es una forma de conocimiento, correspondiente a la JZP<0 B@40J46Z, tekhné poietiké, un saber productivo, y trata más del arte que de lo bello, que ya no se identifica idealmente con lo bueno; la belleza pertenece a la forma. Su tratado de Poética establece una normativa -un comienzo, un medio y un final para toda obra de arte- que influye en la estética literaria de todas las épocas. También el arte, según él, imita a la naturaleza, pero además perfecciona lo que ella deja inacabado. De las ideas de Platón y Aristóteles, pensadas luego por la mente mística de Plotino (la idea de emanación le permite ver que no hay belleza si no se es bello, espiritualizando totalmente el arte) se nutre la estética medieval escolástica. El artista medieval no mira a los objetos para extraer de ellos la forma artística, sino que mira para sus adentros para ver la forma interior, la idea ejemplar, a la que tanto la naturaleza como el arte deben adecuarse. Tras la exaltación estética del Renacimiento, que ve en el arte, sobre todo en la pintura, una ventana abierta a la contemplación de la naturaleza, y entiende lo bello como la conciencia de la armonía que en ella existe, nace la estética moderna con la obra Aesthetica de A.G. Baumgarten, filósofo racionalista, discípulo de Ch. Wolff, quien hacia 1750 introduce este término para aplicarlo a una rama de la filosofía, «hermana menor de la lógica», que estudiará no el conocimiento claro y distinto, propio de esta última, sino el conocimiento sensible y «oscuro». El estudio sobre lo bello, que caracteriza como perfección sensible, lo aplica sin embargo Baumgarten sólo a la creación poética. Charles Batteux (1713-1780), que escribe Tratado de las bellas artes reducidas a un mismo principio (1740) lo generaliza a todas las «bellas artes». Se efectúa así el cambio de la consideración de lo bello entendido metafísicamente (ontológicamente), propio de la filosofía clásica y medieval, a la consideración de lo bello en la obra de arte y como manera de conocer.(Ibídem)

[58]Ibídem.

[59]Sobre esto ver Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[60] Ibídem.

[61]“La filosofía analítica ha criticado duramente los supuestos en que se basa la teoría estética tradicional por su falta de método, por la vaguedad y el uso impreciso de conceptos centrales y, sobre todo, por considerarla basada en un error fundamental: el de suponer sin fundamento que las obras de arte tienen un conjunto de propiedades en común, que constituyen la suma de condiciones necesarias y suficientes para que exista una obra de arte (esencialismo). Una estética analítica, no puede consistir en preguntarse e intentar definir « ¿qué es el arte?», sino más bien en preguntarse por el tipo de conceptos que aplicamos a lo que es arte; es una labor de crítica y análisis, por tanto, de los términos con que hablamos del arte”.(Ibídem)

[62]Dentro de la tradición estética, las investigaciones actuales se orientan -no meramente al análisis de los conceptos que se usan-, sino a analizar qué tipo de investigación es la estética, que se considera a sí misma excesivamente filosófica, esencialista y ahistórica, y alejada de los fenómenos de cultura de masas. O hasta cuestionan su misma necesidad o plantean la conveniencia de orientarse más hacia disciplinas parciales, como la historia, la psicología o la sociología del arte” (Ibídem).

[63] Ibídem.

[64] En Francia, Henri Bergson definió la ciencia como el uso de la inteligencia para crear un sistema de símbolos que describa la realidad aunque en el mundo real la falsifique. El arte, sin embargo, se basa en intuiciones, lo que es una aprehensión directa de la realidad no interferida por el pensamiento. Así, el arte se abre camino mediante los símbolos y creencias convencionales acerca del hombre, la vida y la sociedad y enfrenta al individuo con la realidad misma.

[65] Ver de Guadarrama, P. El monismo estético de José Vasconcelos. En del mismo autor: Positivismo y antipositivismo en América Latina. Editorial de Ciencias Sociales, La habana, 2004,  pp. 159 – 187.

[66] Vasconcelos, J. Filosofía Estética. Colección Austral Mexicana, Espasa – Calpe Mexicana, S. A, México, 1994, p. 56.

[67]La primera hipóstasis

Más allá del mundo sensible, Plotino afirma la existencia de tres hipóstasis fundamentales: por encima de todo, incluso por encima del ser y de toda idea, hay el Uno Absoluto (inspirado en el Bien platónico), que es la primera de las tres hipóstasis divinas, el punto de partida de la «procesión» de las otras dos hipóstasis que emanan de su propia superabundancia. Lo Uno tiende a expandir su propio ser, que irradia como una fuente de luz o de calor. Esta expansión o emanación no es, pues, en nada semejante a la noción judeo-cristiana de creación, sino que la concibe como irradiación necesaria del Uno entendido como único principio de realidad. Este Uno perfecto es inefable e indefinible, porque es tanto no-ser como ser más allá del ser, y carente de toda determinación finita. En cuanto que no puede tener determinaciones (¿qué lo determinaría, si por definición es lo Uno Absoluto?). Tampoco puede pensarse, ya que el pensar supone una dualidad entre lo pensado y el pensamiento. (Esta concepción de la inefabilidad e indefinibilidad de lo Uno, junto con su concepción ética ascética que culmina en el éxtasis, influyó poderosamente tanto en la mística -especialmente en J.Böhme y el Maestro Eckhart -, como en la llamada teología negativa.

La segunda hipóstasis

El Uno engendra la segunda hipóstasis: el Logos, Intelecto o Nous, cuya principal característica es conocerse a sí mismo y, en este sentido, ya no es lo Uno sino que supone la dualidad entre lo inteligible y la inteligencia. A diferencia de Platón, Plotino afirma que las Ideas, lo inteligible, no le son superiores, ni tampoco exteriores. En efecto, las Ideas forman una unidad con el intelecto, que se autodescubre examinándolas, siendo radicalmente uno-múltiple.

La tercera hipóstasis

La tercera hipóstasis es el Alma, que es fundamentalmente activa. El Alma es primariamente el Alma del mundo que mantiene una religación entre todas las cosas mediante un proceso de simpatía. El Alma transmite lo inteligible (propio del dominio lógico-dialéctico de la segunda hipóstasis) a lo sensible y, a su vez, vincula lo sensible no sólo con lo inteligible sino con lo Uno. En esta vinculación con lo sensible Plotino insiste en la noción de materia inteligible, ya que para él la materia no se limita a formar el mundo sensible sino que es el principio que permite la introducción de la multiplicidad en la unidad. En el Alma se distinguen dos partes: la parte superior que reside en lo eterno y la parte inferior, que es la que genera las cosas sensibles. Por tanto, es en el Alma donde la eternidad se transforma en tiempo”. (Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.)

[68] Ver, Vasconcelos, J.  Indología: una interpretación de la cultura Iberoamericana, Barcelona, p. 18, 1927,  p. 17.

[69] Ver de Guadarrama, Pablo, obra citada, p. 186

[70] Vasconcelos, J. En el ocaso de mi vida, Populibros La Prensa, México, 1957, p. 281.

[71] Según Bergson, La inteligencia permite la formación de conceptos, crea esquemas y categorías vacías, y engendra el lenguaje. Procediendo de una necesidad de adaptación a la vida y de solución de problemas prácticos, la inteligencia está todavía demasiado atada a sus grandes logros: la abstracción, la técnica y la ciencia. Pero la ciencia no es realmente cognoscitiva, sino práctica y utilitaria. Bergson defiende una concepción del conocimiento científico que, por una parte, le acerca a las tesis de los defensores del pragmatismo, como su íntimo amigo William James y, por otra parte, se asemeja a la mantenida por los filósofos vitalistas, como Nietzsche, por ejemplo. La ciencia fracciona lo real en unidades discretas y la convierte en estática. Como el cine, cuya sensación de movimiento es la irreal yuxtaposición de fotogramas estáticos. Esta estatificación de lo real permite su cómodo etiquetado lingüístico en conceptos también estáticos y fácilmente cuantificables. No obstante, si la inteligencia, surgida como superación del instinto en una etapa de la evolución biológica, es capaz de mantener su vinculación con la conciencia pero, a la vez, recuperar lo instintivo, entonces surge la intuición, que permite un conocimiento más profundo que el suministrado por la inteligencia, y que hace posible la superación de las barreras interpuestas por un lenguaje incapaz de fundirse con lo real.

[72] Es indudable, entonces, que podemos concebir la sucesión por penetración mutua y solidaridad. Los distintos elementos de esta organización no son aislables por la abstracción, sino que cada uno es percibido simultáneamente. Nuestros estados de conciencia se solidarizan como lo están en la vida. No los ponemos uno al lado del otro, como en el mundo fingido de los matemáticos. Expresan éstos la duración en extensión, pero la verdad está en percibirlos simultáneos y distintos, y sin embargo, ligados en un propósito.

La percepción de la multiplicidad distinta o cualitativa, sin relación con el número, nos da la imagen de la duración pura, que ya no es susceptible de medición. La organización rítmica del conjunto es lo que nos da la noción de calidad; a diferencia de la síntesis espacial o numérica, que nos da un símbolo, una imagen que representa sumas de unidades homogéneas yuxtapuestas.

La percepción de la simultaneidad es una forma específica del conocimiento que, como iremos viendo, encierra el mayor interés. Para comprender todas estas formas del conocimiento activo es conveniente recordar ciertas observaciones esenciales de Bergson, a saber: que el movimiento, en tanto que tránsito de un punto a otro, es una síntesis mental, un proceso psíquico inextenso; pero el conocimiento es un progreso, una síntesis cualitativa, una organización gradual de nuestras sensaciones con unidad análoga a la de una frase melódica. (Ibídem, p. 40)

[73] Vasconcelos, J. Filosofía estética. Obra citada, pp. 38 – 39.

[74] Ibídem, pp. 39 – 40.

[75] Ibídem, p. 41. La creación entera reposa en el seno de Dios, como los colores del iris en la luz blanca que los resume y contiene; los mantiene inmanifestados, mientras no encuentran la clave de su desarrollo en las gotas del rocío o el prisma del laboratorio. Luz neutra es, en apariencia, el rayo blanco; en realidad, es un recipiente de poderío genético sempiterno. Posibilidad permanente del milagro de la diversificación, que es el iris. Luz preñada es, en verdad, el rayo blanco y la prole limpia de los colores. Ser específico cada colar, su existencia depende de arreglos fijos de las ondas energéticas, perfectamente medidos y conocidos. Sólo los ignorantes o los ociosos buscan en los colores esencias y entes, como cuando de lo verde deducen la verdosidad, etc., etc., en disparatadas verbologías que estorban nuestra comunicación directa con el ser. Aparentemente, los colores del iris se pierden al desvanecerse el nublado, pero los recobramos cada vez que la gota de agua o el prisma les dan ocasión de escapar al rayo blanco que es para ellos hogar o cárcel. Sí, quizás también, la muerte, al desenraizar las almas, las entrega al espíritu en que hallarán la eclosión misteriosa de la redención. Con diferencia de que al salir de la cárcel corpórea, las almas escapan al ciclo vida y muerte para lanzarse al nuevo destino de la perdición o la salvación”. (Ibídem)

[76] “Hemos estado pensando con sólo ideas y es menester que la Filosofía disponga de los instrumentos del conocer que nos revela la cualidad. Son éstos: el ritmo, la melodía y la armonía. Coordinar es, en el fondo, armonizar. El pensamiento filosófico ha de llevar a la armonía. Señala Whitehead los siete elementos del «Timeo» de Platón como factores indispensables a la ciencia moderna para explicar la realidad, a saber: materia, fuerza, idea, receptáculo, psiqué, Eros y la armonía.

Entre esos siete elementos, ¿quién establece, no diremos la unidad, sino la coherencia? Muy sencillo: la conciencia. Un invisible, la conciencia, organiza todo lo visible en beneficio de la persona; otro invisible que llamamos la vida rige el cuerpo del hombre y los cuerpos de los animales, así como la actividad de las plantas.

Un invisible mucho más alto rige el proceso universal de electrones, átomos, células y almas, conforme a idéntica ley, según dijo el Dante, más sabio por este descubrimiento que todas las filosofías: «Un mismo amor mueve las almas y las estrellas».

Platón no se planteó el problema de la coherencia entre sus siete factores de la creación. Pero así como juntó en Dios las tres categorías socráticas: Verdad, Bien y Belleza, es fácil suponer que confió a Dios la tarea de unificar los disímiles factores de la existencia: materia, forma, psiqué, logos, armonía, Eros, etc. Nosotros no decimos unificar, sino coordinar. Si la realidad es coordinación de elementos activos estructurados, la verdad tiene que ser también un proceso de coordinación funcional viva e inteligente, más bien que el hallazgo de una coincidencia del término medio de dos o varias premisas. En vez de la obvia, aunque a veces complicada, verdad de igualdad que dan las ecuaciones matemáticas, el filósofo busca la coordinación de la desigualdad para el logro de las armonías superiores del existir.

La conciencia o la psiqué unifican de esta suerte para crear, para vivir y pensar, pero ¿quién realiza la unificación coherente del Universo? ¿Un elemento sensible como el agua o el aire, según creían los físicos? ¿Un concepto, como imaginaron los eleatas y más tarde los idealistas? Platón tuvo que olvidarse de la teoría de las Ideas para señalar a Dios como aquel a quien se unen: Verdad, Belleza y Bondad, pero no pudo dar el salto necesario que consiste en transformar el Uno de Parménides en el Dios Personal del Cristianismo.

La teoría del pensamiento como coordinación, a diferencia de la teoría clásica del pensamiento como abstracción, por reducción, nos conduce a reconocer un máximo ser, una última existencia que no es ni como la sensibilidad, ni como la inteligencia, ni como la voluntad; porque es todo esto, pero no expresado en sumas ni ecuaciones, sino como una conciencia absoluta que rige y sostiene los mundos”.(Vasconcelos, J.  Filosofía Estética. Obra citada, p. 55)

[77] Ibídem.

[78] Ibídem, p. 55.

[79] “Nuestra filosofía usa el universal para mejor determinar al individuo, lo aprovecha como instrumento estructural, indispensable para plasmar como ser de existencia, pero en vez de darle la espalda a la realidad, entra en ella confiada en que ha de hallarle significación y armonía” ( Ibídem, p. 64.)

[80]El Universo por su parte es pluralidad que se unifica en torno de la conciencia divina, y en ella encuentra integración y sostén. De esta suerte Dios es la conciencia del mundo. Pero la conciencia, tanto en el hombre como en Dios, es más que discurso y sensación: es coordinación que mantiene un existir asentado en la armonía e impelido  por el amor.

Reconocemos, en consecuencia, un todo que no es caos, sino orden estricto, pero no orden lógico abstracto, sino orden existencial de armonía y proporción como el de los colores o los sonidos, pero inmensamente más vario. Tan complejo, que sólo pode unificarlo por armonía de afinidad en cuanto al último. Y no hay otra manera de concebirlo que por coherencia y coordinación. El centro vivo de todas las  coordinaciones es el Creador del Universo. En él se opera un tipo de unificación que deja intacta la individualidad, la personalidad de cada una de las partes del conjunto, así se trate de un conjunto tan vasto como el propio Universo.

El hombre es el módulo que recibe en su seno el Cosmos y lo transfigura en dirección de lo absoluto, al mismo tiempo que en su conciencia descubre germen que le dará ciudadanía en el Universo de lo invisible. Por su parte, Dios unifica con su persona su conciencia, el Universo que es su creación. (Ibídem, p. 60)

[81] Ibídem, p. 72.

[82] Ibídem.

[83] Ibídem, p. 64.

[84] Ibídem.

“Al decir cuatro cosas, confieso el fracaso de la razón, el fracaso de la abstracción. No quiero hablar de cuatro cosas; mi verdadero deseo es traducir al lenguaje la placentera realidad de las dos manzanas de tamaño desigual, de color peculiar, las dos peras de lustrosa corteza apetecible. Tantas preciosas particularidades que se contienen en cada cosa, tengo que sacrificarlas para decir: «cuatro objetos». Si esto es hablar filosóficamente, hay que renunciar a la filosofía y, sin embargo, ésta ha sido la filosofía: un sistema de esquematizaciones, falsificaciones de la realidad. Sostengo que el modo de expresión del artista, que pirita las manzanas, según el consejo de Empédocles, «sin sacrificar la cualidad», reproduciendo en imágenes la cualidad, es más filosófico que el del intelectualista, que lo reduce todo a entes y números. El lenguaje de imágenes se sobrepone, cuando interviene el artista, al lenguaje de las ideas abstractas y con ello la expresión se perfecciona, se complementa. Afirmo que el filósofo ha de ser el intérprete de todas las expresiones, la conceptual, la pictórica, la musical, la expresión sentimental, derivada de las conexiones de la cosa o el ser con nuestra vida. Para lograr esta suprema síntesis no basta la razón; hacen falta los aparatos varios de que dispone la conciencia para conocer: aparatos que quizás se reducen a las tres categorías: a priori mental racional, a priori ético, constituido por juicios de valor, a priori estético, que responde a las formas estéticas específicas: ritmo, melodía y contrapunto. (Ibídem)

[85] Ver Vasconcelos, J.  Filosofía Estética. Obra citada, pp. 61- 64.

[86] Ibídem, p. 61.

[87] Ibídem, p. 64.

[88] Ver de Pupo, R. La verdad como eterno problema filosófico. En “El ensayo como búsqueda y creación”. Hacia una aprehensión compleja. Universidad Popular de la Chontalpa, Tabasco, México, 2007.

[89] Vasconcelos, J. Filosofía Estética. Obra citada, p. 64.

[90] Ibídem, p. 63.

[91] http://www.monografias.com/trabajos16/jose-vasconcelos/jose-vasconcelos.shtml¿Quién era José Vasconcelos?

[92] Eco, Umberto. Kant y el ornitorrinco. Editorial Lumen, Milán, Italia, 1997, p. 26.

[93]La utopía es parte constitutiva del devenir humano en su siempre creciente afán de superación. Es preludiar lo futuro en lo presente para ascender humanamente y realizar los proyectos del hombre.

¿Quién que es, no es utópico? Todo hombre, en un grado mayor o menor, da riendas sueltas a su razón imaginativo, a sus deseos, fines y objetivos. No se aferra al presente incondicionalmente. Mira al pasado para enriquecer el presente, y a éste para transitar a lo por venir y superarse a sí mismo, trascendiéndolo” (Pupo, R. El ensayo como búsqueda y creación. Universidad Popular de la Chontalpa, Tabasco, México, 2007.

“¿Hacia la utopía? Sí: hay que ennoblecer nuevamente la idea clásica. La utopía no es vano juego de imaginaciones pueriles: es una de las magnas  creaciones espirituales del Mediterráneo, nuestro gran mar antecesor. El pueblo griego da al mundo occidental la inquietud del perfeccionamiento constante. Cuando descubre que el hombre puede individualmente ser mejor de lo que es y socialmente vivir mejor de cómo vive, no descansa para averiguar el secreto de toda mejora, de toda perfección. Juzga y compara, busca y experimenta sin descanso; no le arredra la necesidad de tocar a la religión y a la leyenda, a la fábrica social y a los sistemas políticos. Es el pueblo que inventa la discusión, que inventa la crítica. Mira al pasado y crea la historia; mira al futuro y crea las utopías” (Pedro Henríquez Ureña. La utopía de América.. En Leopoldo Zea. Fuentes de la cultura latinoamericana. Fondo de Cultura Económica, México, 1993, p. 386).

[94] Pupo, R. Filosofía y Literatura en Alejo Carpentier. Imagen Contemporánea, Cuba – CICAC, México,  2004, p. 91.

[95]Hay en Vasconcelos un culto a lo latinoamericano, a lo bolivariano, a la integración de esta América, y también hay un interés en la reivindicación de la cultura y en particular de la filosofía latinoamericana. Mantuvo al respecto una posición muy original.

No fue Vasconcelos un defensor de una  “filosofía latinoamericana”  propiamente dicha. Más bien fue un propugnador de la idea de que los filósofos en América Latina tienen que lograr el nivel de madurez intelectual, el nivel de creatividad y de originalidad que produzca el reconocimiento de la producción filosófica de Latinoamérica.

No cayó en la trampa del snob de ser latinoamericana la filosofía por ser regionalmente concebida. Esa es la particularidad que se  aprecia en un texto que llama  "El pensamiento iberoamericano",  publicado en su libro Indología,  en el que afirma: “Se ha dicho con frecuencia  que no existe una filosofía latinoamericana, confieso ser uno de los que han extremado la nota hasta el punto de  afirmar que no sólo no es posible sino que no es deseable que aparezca una filosofía iberoamericana, dado que la filosofía por definición propia debe abarcar no una cultura sino la universalidad de la cultura”.(Guadarrama, P. Obra citada, p. 272)

[96] Ver Vasconcelos, J. La Filosofía Estética. Obra citada, p. 14.

[97] Recordar que filósofo esteta es el que profesa una filosofía, fundada en el a priori estético y que tiene como método la coordinación de lo heterogéneo, y cuya aprehensión tiene lugar  a través de la intuición eidética o del pensamiento. Con esto el filósofo mexicano prácticamente identifica la verdadera filosofía con la Filosofía Estética.

[98] Vasconcelos, J. Filosofía Estética. Obra citada, pp. 130 – 131.

[99] En La raza cósmica, Vasconcelos realiza un utópico análisis del futuro de la humanidad, y más concretamente de Sudamérica, en el que, frente a la idea de exclusión que representa el concepto de selección natural, concede una vital importancia al argumento de síntesis que protagonizará el mestizaje. Debido a la herencia cultural que Sudamérica tiene en este sentido, será allí donde se producirá el surgimiento de una nueva civilización, una nueva raza, la que denomina “raza cósmica”, superadora, por integración, de las diferencias interraciales. Esa raza cósmica, sobre la que ejercerá un especial patronazgo España y que ubica en una ciudad amazónica a la que bautiza con el nombre de Universópolis, tendría como objetivo esencial la extensión de la enseñanza y la cultura por todo el mundo. Sin duda, este último aspecto es una prolongación de la ‘cruzada nacional’ en favor de la educación que Vasconcelos (secretario de Educación desde 1921 hasta 1924) desarrolló en su país tras cesar en dicho cargo.

[100] Ver de Vasconcelos, J. La Raza Cósmica. Colección Austral Mexicana. Espasa – Calpe, Mexicana, S. A, México, 1997.

[101] “Cuando, en 1920, el nuevo presidente Álvaro Obregón instaló al filósofo José Vasconcelos como su Ministro de Educación y ex Presidente de la Universidad, introdujo una nueva era cultural en México y, a través de su influencia revolucionaria, en toda América Latina. Con su teoría del tercer eslabón, estético, de la evolución humana, Vasconcelos puso las artes visuales al servicio de la revolución, alentando al sindicato de pintores y al movimiento muralista de los años '20.

El arte mural, que gozaba de larga historia en México desde antes de la Conquista, se convirtió en el medio a través del cual se exploraban la historia e identidad antigua y reciente de México, y se reexaminaba y reconsideraba la cuestión india, el problema de los pueblos nativos y sus culturas vernáculas. Para los muralistas, las tradiciones indias se convirtieron en el modelo para sus ideales socialistas de arte libre, abierto y público. La Declaración del Sindicato de Trabajadores Técnicos, Pintores y Escultores de 1922 rechazó la larga dependencia del arte mexicano:

"El noble trabajo de nuestra raza... es nativo (e indio) en origen. Con su admirable y extraordinario talento para crear belleza, peculiar a él mismo, el arte del pueblo mexicano es la más sana expresión espiritual en el mundo, y esta tradición es nuestro mayor tesoro. Grandioso, porque pertenece exclusivamente al pueblo y es por esto que nuestro objetivo estético fundamental tiene que ser socializar la expresión artística y suprimir el individuo burgués".  Nos percatamos también de la tendencia unificadora hacia las cuestiones religiosas, lo cual es ya un indicio del amanecer del espíritu filosófico; los aztecas tenían conciencia de lo bueno y lo malo, creían que el hombre había nacido para el bien y que por naturaleza era bueno; este hecho nos lleva a afirmar que entre los aztecas existió una moral plenamente formada, y lo que les faltó fue la conciencia del conocimiento racional, motivo por el cual no llegan a la comprensión del conocimiento científico y mucho menos a la noción de la ciencia.

"Vasconcelos, Henríquez Ureña y muchos otros veían a España como parte de su ineludible identidad, y por ello inclusive vislumbraron en la agresión del imperialismo estadounidense a España una agresión a los pueblos de América Latina. Con el derrumbe definitivo del imperio español se iniciaba la reconciliación iberoamericana."

"Confundidos más o menos los antecedentes de esta teoría en una tradición tan oscura como rica de sentido, queda, sin embargo, viva la leyenda de una civilización nacida de nuestros bosques o derramada hasta ellos después de un poderoso crecimiento, y cuyas huellas están aún visibles en Chichén Itza y en Palenque y en todos los sitios donde perdura el misterio atlante. El misterio de los hombres rojos que después de dominar el mundo, hicieron grabar los preceptos de su sabiduría en la tabla de Esmeralda, alguna maravillosa esmeralda colombiana, que a la hora de las conmociones telúricas fue llevada al Egipto, donde Hermes y sus adeptos conocieron y transmitieron sus secretos."

De vital importancia para el estudio de la filosofía en México, y por supuesto para una mejor comprensión de lo que hemos sido y de lo que nos cabe poder esperar llegar a ser como nación, son las aportaciones José Vasconcelos, quien se preocupo en su tiempo respectivo, y a su muy particular punto de vista, de enseñarnos lo que somos como nación y lo que nos cabe esperar, hemos descubierto valores que tenemos escondidos y que es necesario sacar a luz, nuestra identidad como pueblo mexicano debe ser respetada por nosotros mismos, y por aquellos con los cuales nos rodeamos, somos herederos de una cultura ancestral, equiparable con las culturas Egipcia, Griega y Romana” (¿Quién era José Vasconcelos?

http://www.monografias.com/trabajos16/jose-vasconcelos/jose-vasconcelos.shtml, p. 19)

[102](¿Quién era José Vasconcelos?http://www.monografias.com/trabajos16/jose-vasconcelos/jose-vasconcelos.shtml, p. 23.)

[103] Vasconcelos, J. La Raza Cósmica. Espasa – Calpe, Mexicana S. A., 1997, pp. 39-40.

[104] Ibídem, p. 42.

Dr. Feliciano Hernández Cruz

 

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