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Trampas del idioma
I/II
  
Agenor González Valencia
http://agenortabasco.blogspot.com/  
agenor15@hotmail.com

Para Geney Torruco Saravia y
Adolfo Martínez

 

El idioma nos pone trampas. Cuando escribimos o hablamos sucede que en algún momento inquietan  dudas acerca de la corrección de alguna palabra. La gramática y el diccionario son nuestros mejores amigos. Hablar y escribir correctamente es una tarea que preocupa y que sin embargo cuando la realizamos bien, nos colma de felicidad.

 

¡Cuántas veces nos atrapa la letra a!  Los que saben de estas cosas señalan  que es un galicismo (galicismo: proviene del latín, gallicus, francés).

 

Es un  vocablo de la lengua francesa empleado en otra. Así vemos expresiones como problemas a resolver o actividades a realizar. Por lo general se advierte en lenguajes comercial u/o administrativo. Es preferible decir: problemas que hay que resolver. También nos topamos con expresiones como éstas: Avión a reacción, olla a presión, cuando frecuentemente es: avión de reacción, olla de presión.

           

En muchos casos escuchamos abdicar como sinónimo de dimitir. Su significado es: “Renunciar a unos derechos o dignidad determinada” y sólo debe utilizarse para hacer referencia a reyes, príncipes, pontífices o emperadores. El rey abdicó.

 

Se dice impreso. No imprimido. Se dice: licua no licúa. 

 

Carteles: Anuncio que se pega en sitio público. En cambio, cártel significa: “Acuerdo entre dos empresas con el fin de controlar la producción y los precios de un producto” y También: “Organización delictiva vinculada al tráfico de drogas o de armas”: El Cártel de Medellín.

 

No olvidemos que hay tres acentos: prosódico, ortográfico y diacrítico. El prosódico es el que se pronuncia; el ortográfico es el que se pronuncia y escribe; el diacrítico es el que señala diferencias entre dos palabras que tienen las mismas letras. La prosodia es la parte de la gramática que enseña la recta pronunciación y acentuación de las letras, sílabas y palabras. La ortografía nos enseña a escribir correctamente y el acento diacrítico se aplica a los signos ortográficos que utilizamos para dar a una letra algún valor especial.

 

Los diccionarios señalan como ejemplos: dé (de dar) y de (preposición): “Quiero que le las gracias” y “Vengo de Ciudad del Carmen”.

 

 

Trampas del idioma II

 

En respuesta a mi artículo: Las Trampas del Idioma I, Geney Torruco Saravia se tomó la molestia de enviarme el siguiente mensaje:

 

 “Querido maestro, de acuerdo con el Diccionario Práctico de Conjugación- Larousse (1982) por Ramón y Fernando García Pelayo y Gross Micheline Durand, el verbo licuar en presente Indicativo, así como actuar se conjugan: yo licúo, tú licúas, él licúa, nosotros licuamos… Y yo actúo, tú actúas, él actúa”.

 

Por otra parte, el Dr. Adolfo Martínez, estudioso del Lenguaje y atento a los dictados y reformas que establece respecto al idioma La Real Academia Española, nos dice:

 

 “Gracias, Agenor, por tus siempre enriquecedores mensajes. En este caso, me permito hacerte una observación, precisamente para evitar trampas del idioma: supongo que conoces la última reforma de la ortografía, dada a conocer en la Feria Internacional del libro de Guadalajara en noviembre de 2010. Después de muchas reuniones de las 22 academias de la Lengua Española. Pues bien, en tu brillante comentario sigues acentuando el pronombre demostrativo Estas y el adverbio solo, como se hacía hasta dicha reforma. Ahora han pasado a las reglas generales y por lo tanto, al ser graves que terminadas en vocal “o y s” no llevan tilde. Si necesitas alguna Información al respecto, para  eso somos amigos. Un abrazo. Adolfo Martínez”

 

Respecto al tema, éste ha ocupado la atención de la Real Academia Española al igual que las veintiuna Academias de América y Filipinas que sumadas integran La Asociación de Academias de la Lengua Española, cuya preocupación es la puesta en práctica de una política lingüística, cuya preocupación las lleva a una colaboración conjunta en un plano de igualdad y de ejercicio responsable común, en aquellas obras que tienden a la expresión unívoca de nuestro idioma en su multicolor variedad y que dan origen al Diccionario, la Gramática y la Ortografía.

 

En ellas se plasma el compromiso académico de la dinámica en la acción conjunta, transcendente a los espacios lingüísticos, para edificar en unidad lo que es la solidaridad de los pueblos hispánicos en las relaciones lingüísticas e iberoamericanas de los países que se identifican en el mismo idioma. Por ello cobran interés las nuevas tecnologías que en unión lleva a cabo la Academia, forjando de este modo la poderosa y clara red de colaboración, que va más allá de cualquier política lingüística de alcance internacional.

 

Llama así el reconocimiento a la Academia de fijar, responsablemente, las reglas en el correcto uso del idioma; las Academias desempeñan esta labor consciente que la expresión verbal o escrita no obedece a un eje central en la realización del idioma español, sino que su manifestación es policéntrica. Así, pues, se estiman íntegramente legítimos los usos diferentes de la Lengua Española en las regiones lingüísticas que la animan, con la condición única que la costumbre no altere en su dignidad el espíritu del idioma. El español es rico en su contenido, es musical y es octosilábico. Recordemos el comienzo del Quijote: En… un… lu…gar… de… la… Man… cha…

 

Al final de cuentas: ¿Quién hace el idioma? No  lo hacen los cultos, lo hace el pueblo. Los cultos imponen reglas, crean palabras como: homologar en vez de la sencilla e inteligible palabra igualar. Lo que no sabemos es que si de mala fe la utilizan para que el pueblo no las entienda, que no se pueda comprender, por ejemplo, cuando los políticos hablan de: homologar elecciones.

 

Si hacemos memoria, en la primera parte de este trabajo, apoyados en el Diccionario de dificultades de la Lengua Española, de Santillana, nos referimos al verbo licuar[1].

 

Santillana sostiene que en cuanto al acento dicho verbo se conjuga como el verbo averiguar: licuo, aclarando que con frecuencia se conjuga como actuar: licúo.

 

Manuel Seco en su Diccionario de dudas señala que licuar se conjuga en cuanto al acento como averiguar[2].

 

 

Conjugación del VERBO “AVERIGUAR”

Tiempos simples

INDICATIVO

 

Pres. Averiguo, averiguas, averigua, averiguamos, averiguáis, averiguan/ a.be.rí.guo, a.be.rí.guas, a.be.rígua, a.be.ri.guá.mos, a.be.ri.guáis, a.be.rí.guan/.

Pret. impf. Averiguaba, averiguabas, averiguaba, etc. /a.be.ri.guá.ba, a.be.ri.guá.bas,  a.be.ri.guá.ba/, etc.

Pret. indef. Averigüé, averiguaste, averiguó, etc. /a.be.ri.gué,  a.be.ri.guás.te, a.be.ri.guó/,etc.

Fut. Impf. Averiguaré, averiguarás, averiguará, etc. /abe.ri.gua.ré, a.be.ri.gua.rás, a.be.ri.gua.rá/,etc.

Pot. Simple averiguaría, averiguarías, averiguaría, etc. / a.be.ri.gua.rí.a, a.be.ri.gua.rí.as/.etc.

 

SUBJUNTIVO

 

Pres. Averigüe, averigües, averigüe, etc. / a.be.rí.güe, a.be.rí.gües, a.be.rí.güe/, etc.

Prest. Impf. Averiguara o-se, averiguaras o-ses, averiguara o-se, etc. /a.be.ri.guá.ra, a.be.ri.guá.se; abe.ri.guá.ras, a.be.ri.guá.ses/, etc.

Fut. Impf. Averiguare, averiguares, averiguare, etc. / a.be.ri.guá.re, a.be.ri.guá.res/, etcétera.

 

IMPERATIVO

 

Averigua, averigúe, averiguad, averigüen, /a.be.rí.gua, abe.rí.güe, a.be.ri.guád, a.be.rí.güen/.

 

FORMAS NO PERSONALES

 

Inf. Averiguar/ a.be.ri.guár/.

Ger. Averiguando /a.be-ri.guán.do/.

Part. Averiguando /a.be.ri.guán.do/.

Part. Averiguado /a.be.ri.guá.do/.[3]

 

Bien vale aclarar que el acento diacrítico es necesario para diferenciar el significado de palabras que tienen la misma grafía, pero que se distinguen por el acento. Así ponemos los ejemplos siguientes: 

 

Vengo de mi casa y quiero que le saludos a Juan.

Cuando estas muchachas vean a éstas, se morirán de envidia.

Me encuentro solo y sólo pienso en Dios.

 

Hace algún tiempo Nikito Nipongo critica justificadamente en su libro: “MADRE ACADEMIA” a quienes cometen vicios de lenguaje secundando abusos  de  académicos.

 

Referencias:

 

[1] Diccionario de dificultades de la Lengua española, Santillana, abril 2002, Madrid (España) P. 256

 

[2] Seco, Manuel Raymundo “Diccionario de dudas de la Real Academia Española” Espasa Calpe,  licuar Madrid 1999 P. 245

 

[3] Seco, Manuel Raymundo. Diccionario de Dudas de la Real Academia Española, Espasa, Calpe, Madrid, 1999, P.61

 

Agenor González Valencia
http://agenortabasco.blogspot.com/ 
agenor15@hotmail.com 

En Letras-Uruguay 27/12/2011

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