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Hombres legítimos y verdaderos Agenor González Valencia |
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México
es un mosaico de razas indígenas. De hombres que a pesar de los siglos no
olvidan sus tradiciones, su cultura, sus raíces y que luchan por
sobrevivir pesando sobre sus hombres el fardo de la conquista, la
marginación, la discriminación y la indiferencia ante los problemas que
diezman día con día a su población. Por eso la afirmación del
comandante Tacho ante los representantes de la Secretaria de Gobernación
en el diálogo de San Andrés Larrainzar, Chiapas, cala muy hondo en la
conciencia de quienes sentimos que por nuestra venas corre sangre indígena:
“hasta el 1º de enero de 1994, fecha de la sublevación, -manifestó
como un reclamo reprimido- supieron ustedes que existía la muerte, el
dolor, en estas tierras chiapanecas”. Ellos que se autocalifican como
los “hombres sin rostro”, caminantes de noche, que empuñaron las
armas en defensa de su dignidad de seres humanos, de mexicanos que exigen
respeto a su cultura, han dado al mundo entero lección viril en sus
demandas. “Hombres legítimos y verdaderos” es la
traducción que se da al nombre de los Tojolabales que forman parte de los
grupos mayenses que habitan en el Estado de Chiapas fundamentalmente en
los municipios de Las Margaritas, Altamirano, Comitán, Independencia y La
Trinitaria. La tradición oral señala que los tojolabales, que se llaman
a sí mismo tojolwinik’otik, proceden del área de los Cuchumatanes,
Guatemala. A los conquistadores atrajo la fertilidad de las tierras
chiapanecas, principalmente Comitán, que fue convertido en eje económico
de la provincia de Los Llanos, cuya ubicación geográfica servía de
puente comercial entre Guatemala y La Nueva España. Esta provincia la
habitaban no sólo Tojolabales, sino también cabiles, tzeltales y
totiques amén de ser linderos de mochós, lacandones, chujes, kanjobales,
mames y jacaltecos. ¡Suficientes esclavos, mano de obra regalada para
explotar sin misericordia alguna! Durante todo el siglo XVI esta tierra de
indios fue aprovechada por los dominicos, hasta que en el XVII la
explotación pasó a manos de ganaderos y trapicheros convergiendo
entonces indios y castas que dieron por resultado el crecimiento del
mestizaje biológico. En el XIX florecieron prósperas para los
exploradores las haciendas en torno a Comitán, gracias a la esclavitud
humillante de los sobrevivientes cabiles y coxoh, y al sometimiento de los
indios de Comitán y Zapulta (hoy Trinitaria), ¡no había nada que
envidiar a los conquistadores de África! El siglo XVIII llenó de
“luces prósperas” las haciendas llamadas fincas, que se extendieron
hacia Las Margaritas como resultado del despojo que de sus tierras eran víctimas
los indios. Los regímenes liberales destruyeron las economías comunales
y continuaron el tradicional y aceptado robo de tierras indígenas que
para 1893 las autoridades remataban al mejor postor convirtiendo a los
antiguos dueños en peones acasillados a quienes obligaban a trabajar
jornadas de 12 a 14 horas en trapiches, sembradíos y en el vejatorio, uso
de bestias para transportar –a lomo- hasta San Cristóbal, Comitán y
Soconusco, los productos de la hacienda y, en ocasiones, a sus amos. Para
contener la rebeldía los terratenientes utilizaban el cepo, el látigo y
las tiendas de raya. ¡El mejor indio era el indio muerto! Balúm Canán (Comitán), ya no era propiedad
de los indios, era propiedad de los finqueros. La raza indígena trabajaba
las milpas, pero el maíz no era para sus hijos, sin embargo a pesar de
los siglos continúan siendo los portadores de una cultura que ansía
dignidad, democracia y justicia. Las primeras décadas del siglo XX, fueron
escenarios de rebeliones indígenas en las que los hacendados siempre
ganaron las batallas. Carranza promulgó en 1914 la “ley de obreros”,
un salario mínimo y una jornada de 8 horas que no se aplicaron en
Chiapas, Estado en el que se respetó la oposición de los finqueros,
quienes en 1915 realizaron actos contrarevolucionarios instalando en Comitán
la sede provisional de su gobierno. En 1991, Obregón en busca
de la paz, garantizó a los hacendados en detrimento de los indios,
derechos de propiedad a aquellos. En 1931 hubo escasos repartos de tierra,
pero los indios continuaron en condición de servidumbre. Hoy el mundo está
pendiente de lo que sucede en Chiapas, está pendiente de que se cumplan
las justas demandas de los alzados. México exige que vivamos en un Estado de
Derecho en el que la justicia social sea realidad no sólo para los
blancos, no sólo para los mestizos, sino también para los indios, para
los marginados, para quienes viven en la extrema pobreza. El pueblo de México exige el cumplimiento de
la Constitución que en su artículo 27 fracción VII, párrafo 2º
establece como obligación la protección de la ley a la integridad de las
tierras de los grupos indígenas. No olvidemos que la nación mexicana tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas y que por ello el artículo 4º constitucional sostiene que la ley protegerá y promoverá el desarrollo de sus lenguas, cultura, usos, costumbres, recursos y formas específicas de organización social, y garantizará a sus integrantes el efectivo acceso a la jurisdicción del Estado. |
Dr.
Agenor González Valencia
http://agenortabasco.blogspot.com/
agenor15@hotmail.com
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