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Espejo del tiempo

Agenor González Valencia

La mente es un espejo. En él miro su imagen, altiva, elegante, soberbia, bella. Esa imagen la he aprehendido en la memoria. ¡Qué elegancia señores! ¡Qué porte! ¡Qué manera de ser! ¡De estar y de sentirse emblema! ¡Sí!, ella, la de siempre, estampada en mis pupilas. Duplicación de imagen. Dos en un sólo pensamiento. Cabello lacio, negro, derramado en sus hombros, como la noche que luciendo luceros derrama su infinito sobre las rocas que, en éxtasis, contemplan la grandeza del mar. Frente amplia, despejada, sonrosada epidermis de caracol marino. Ojos enlutecidos, luciendo sus luceros, nariz perfilada, finísimos labios plenos de clorofila; suaves mejillas; inolvidable faz.

 

Erguida, portadora de inigualable atractivo; caminante de ritmo ensoñación; vestido a la moda; significativo busto; cintura excepcional; curvas permanentes; bien torneadas piernas; gracia al caminar.

 

Así la rememoro. Así la presiento y así la siento. Sus maneras de mujer admirada, su clara voz de celeste alborada, su plática atractiva, sus recuerdos soñados.

 

Han pasado 10 años. 10 años de no verla en la materia, de verla sólo en espíritu; de rendirle homenaje a su recuerdo. Ayer la vi.  Era ella o acaso no era ella. Me correspondió la mirada. Interrogación abierta. Incertidumbre. Sonrisa. Miradas al pasado. Era ella pero no era ella. Era yo pero no era yo. Era el tiempo. Pasó la primavera. Pasó el verano, Pasó el otoño.  Quedamos los dos. Las hojas de los árboles, desprendidas de sus ramas, barcas aéreas, riman remembranzas y el tiempo las conduce hacia el crepúsculo ignoto.

 

Somos hoy lo que no fuimos ayer. La hojarasca piensa, sueña… ¡duerme!

Dr. Agenor González Valencia
http://agenortabasco.blogspot.com/  
agenor15@hotmail.com  

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