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Con los ojos del alma

Agenor González Valencia

A María Gabriela González Gutiérrez

Esa tarde de primavera, el poeta, sentado en una solitaria banca de provinciano parque, meditaba abstraído y sin que él lo advirtiera, transitando por la acera, frente al parque, pasaba un niño tomado de la mano por una mujer bella y elegante que al ver la abstraída presencia del poeta exclamó alegre, dirigiéndose al niño:

—¡Qué suerte tenemos!, frente a nosotros se encuentra un poeta. 

Ante esa exclamación, el niño responde:

—¡Madre, llévame a su presencia!

Así, madre e hijo encaminaron sus pasos hacia la banca en la que el inspirado hombre, sentado, mirando sin mirar al horizonte, repasaba en silencio pensamientos. Ella, apenada, pero dibujando en su rostro advertida emoción, dijo al poeta:

—Perdone que le interrumpa en sus pensamientos. Mi hijo es admirador constante de su poesía y por eso me he atrevido a interrumpirlo.

El poeta, volviendo a la realidad, respondió con una sonrisa de gratitud a la dama. El niño extendió la mano hacia el poeta, estrechando entre ambos un hilo fluyente del corazón.

Aquella mujer hermosa y elegante, manifiesta:

—Soy admiradora al igual que mi hijo de su obra. Le vi frente a nosotros y de seguro, indudablemente, usted estaba mirando algo bello.

El poeta respondió:

—¡Si!, estaba observando desde aquí, ante nuestros ojos, el más hermoso de los árboles, cuyas hojas son pájaros que cobran vida, aletean y cantan no sólo en la alborada, también en el crepúsculo. Allí está, frente a nosotros.

La intrigada y elegante dama se queda perpleja y, con asombro, contesta:

—Perdone, mi admirado poeta, yo no veo ese árbol, sólo veo una solitaria lejanía.

—Tiene usted razón, señora. Es que acostumbro a venir a este parque y, sentado en esta banca, gozo la magnificencia de ese árbol y me lleno de júbilo porque lo miro y admiro, ¡con los ojos del alma!

Al oír esto, el niño, estrechando entre sus manos las manos del poeta, emocionado exclama:

—¡Yo también lo estoy mirando!, porque a pesar de ser ciego de nacimiento, contemplo, al igual que usted, ese árbol, ¡con los ojos del alma!

Dr. Agenor González Valencia
http://agenortabasco.blogspot.com/  
agenor15@hotmail.com  

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