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Las guerras culturales de Octavio Paz
- Introducción - 
Por Armando González Torres

En el ámbito intelectual mexicano,  muy probablemente el siglo XX es el siglo de Octavio Paz. Son pocos los temas de la historia cultural y política en ese periodo  que pueden abordarse sin referencia a la obra o la figura de Paz, quien por varias décadas inyectó de vivacidad y pasión los debates colectivos más relevantes.  No se pasa impune por la obra de este escritor: ciertas formas de sensibilidad, ciertas representaciones intelectuales, ciertos reflejos de la cultura llevan su impronta. 

 

Como ningún otro escritor  mexicano del siglo pasado, Paz tuvo un éxito notable en la tarea de crear un estilo literario  y de pensamiento, así como de establecer una identidad y un capital cultural. Mediante un complejo y azaroso proceso de gestación intelectual, Paz se convirtió en un artista de vanguardia, que contribuyó a renovar las formas literarias y las percepciones críticas, practicó un polémico trabajo de registro, codificación y difusión de la cultura mexicana y alcanzó un amplio reconocimiento internacional. Después de 1968, Paz capitalizó este crédito cultural y representó un arquetipo intelectual que, en una época marcada por el imperativo del compromiso, reivindicaba la autonomía del arte, lo certificaba como medio de conocimiento e instrumento crítico  y legitimaba la participación  social del artista. 

Ciertamente, la  irrupción del escritor en la tribuna es habitual en muchas sociedades, particularmente en aquellas situadas en los márgenes del progreso económico y los banquetes culturales. No es extraño que en estas estancias periféricas, surja la figura del escritor proteico que transgrede disciplinas y asume una tarea simultánea de creación, educación, legislación y litigio.  En México, muchos autores -José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Jorge Cuesta, Jaime Torres Bodet, Agustín Yañez- estuvieron ligados a la vida activa y al acontecer de la nación, ya en la militancia política, ya en la administración pública, ya en la construcción de instituciones y empresas culturales; sin embargo, pocos experimentaron una exposición pública tan virulenta y prolongada como lo hizo Paz.  Desde los debates en torno al compromiso artístico en los años 30 hasta la discusión en torno al  levantamiento guerrillero en Chiapas en los 90, Paz vivió inmerso en la controversia y libró numerosas guerras culturales con representantes de diversas generaciones.

 

Este ensayo busca trazar un esbozo de la presencia pública de Octavio Paz en México, a través de su participación en diversas batallas culturales e ideológicas. En este sentido, más que ocuparse de la persona, el ensayo se ocupa de la personalidad intelectual que encarnó Paz y, más que ocuparse de su literatura, se ocupa de su política literaria.  No se persigue un registro exhaustivo del pugilato que mantuvo este gladiador del intelecto, sino una serie de instantáneas que muestren el temperamento intelectual del poeta y los tonos de las distintas etapas de la lucha de las ideas en México; tampoco hay una adscripción a teorías o metodologías estrictas, sino el registro de un lector que experimenta una mezcla de fascinación y escepticismo ante el papel cultural y social de Paz, y que ha querido documentar este sentimiento mediante un acercamiento ecléctico a su obra y a su trayectoria. Así, estas conjeturas buscan proponer una lectura posible del ascenso intelectual de Paz y, sobre todo, buscan compartir ese sentimiento ambivalente de admiración y enfado que se experimenta hacia esos padres fundadores de una cultura,  que orientan pero también abruman con la magnitud y el peso de su influencia.

 

¿Por qué realizar un recuento de esta naturaleza, cuando las anécdotas de la vida pública de Paz son harto conocidas y forman parte del patrimonio de nuestra historia oficial y de nuestra picaresca? Porque fuera del mausoleo de los elogios o de la fosa común de las diatribas, el Paz público resulta, a veces, un desconocido. Por un lado, la asimilación y discusión seria de la obra y la figura pública de Paz se soslayaron frecuentemente una vez que el escritor se convirtió en un polo del debate ideológico. En este sentido, el conocido recurso de refutar o ignorar al Paz político y aplaudir incondicionalmente al poeta ha conducido a la incomprensión y la separación injustificada de una obra inusualmente unitaria. Por otro lado, consciente de su sitio prominente, Paz fue especialmente cuidadoso en escoger su genealogía, fijar sus afinidades y diferencias con la tradición y establecer su papel en la literatura y el pensamiento mexicano y universal. No es extraño que el cuerpo establecido de su obra responda a esta caracterización y que haya expurgado de ella los elementos que no se adaptaban a la imagen pública que el poeta quiso legar a la posteridad. Así, como ensayista, memorialista y principal autoridad sobre su obra, Paz dicta su biografía y propone contextos, métodos y claves para interpretar dicha obra.  

Por todo lo anterior, es importante revisar la emergencia de Paz como figura cultural; las empresas literarias y las estrategias extra-literarias con las que se proyecta en la imaginación intelectual de diversas generaciones y su relación con las ideas y los grupos de poder político y cultural. Dicha perspectiva puede contribuir a evaluar la actualidad y utilidad de los argumentos y posiciones de Octavio Paz, una vez que las circunstancias en que surgieron han cambiado radicalmente y, sobre todo, puede brindar elementos de juicio para leer la obra del escritor más allá de las instrucciones de uso que contiene, más allá de la censura o la condescendencia con que, en ocasiones, suele ser petrificada. 

 

El ensayo se divide en cuatro capítulos y un epílogo. En el primer capítulo, se pasa breve revista a la formación de la figura pública de Paz y a la adquisición de su significativa influencia cultural antes del 68. El segundo, se centra en la relación de Paz con el ánimo radical de los años 60 y, particularmente, con el movimiento estudiantil mexicano de 1968.  El tercero, aborda la trayectoria pública de Paz en los años 70, periodo en el cual el poeta se transforma en un tribuno y define su conflictiva relación con gran parte de la izquierda mexicana e internacional.  Finalmente, el cuarto capítulo se ocupa del itinerario polémico que recorrió Paz en los años 80 y 90 y recoge las disputas en torno a temas como el papel y el tamaño del Estado, la democracia en México, la política exterior, la caída del socialismo y el controvertido gobierno de Carlos Salinas.

 

Lo ideal sería que una perspectiva del ascenso y la influencia intelectual de Paz no se centrara en la biografía del escritor sino en el entramado social y cultural en que surgen sus argumentos y posiciones.  Las tendencias intelectuales, las estructuras de poder político y literario, las figuras culturales que Paz asimila y opaca, en fin, todo aquello que en las biografías oficiales suele ponerse en segundo plano o subordinarse a la ascensión del genio debería ocupar la atención primordial.  Igualmente, sería deseable hacer una documentación mucho más detallada y una lectura atenta de las operaciones que fortalecen el prestigio literario y la influencia de Paz: la participación en antologías y publicaciones periódicas en los 30; el encuentro de nuevas fuentes y contactos literarios en los 40 y 50; la labor como traductor, crítico de arte e impulsor de la vanguardia o el acceso a las publicaciones y editoriales internacionales entre los 50 y los 80; la tarea como empresario cultural y su trato con las élites políticas e intelectuales en México a partir de los 70.  Desgraciadamente, este trabajo ideal requiere una serie de condiciones prácticas y competencias académicas que están fuera de mi alcance.  No ha sido posible, en este sentido, emprender un registro que haga justicia al detalle y la complejidad de las diversas etapas históricas a las que se hace referencia, se ha intentado, en su lugar, el trazo global de los acontecimientos y los climas de ideas. Igualmente, se ha acudido a diversas licencias: quisiera señalar las más importantes. Una licencia de carácter histórico: pasar revista sumaria de los movimientos culturales fundadores del México contemporáneo, mencionar someramente a figuras determinantes en la configuración de la cultura mexicana moderna (y de la obra de Paz) como José Vasconcelos, Jorge Cuesta, Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas (también antípodas como Salazar Mallén).  Otra abstracción de carácter ideológico: se dice frecuentemente que Paz enfrentó a la izquierda, sin que ello ignore la diversidad de trayectorias dentro de este espectro político. Esta exageración tiene el objetivo de ilustrar la oposición entre Paz y los ideales, métodos de análisis, estilos de comunicación y actitudes políticas de una mayoría ¾no toda¾ la intelectualidad de izquierda.  En fin, abordar una obra tan vasta y llena de matices implica inevitablemente el riesgo de las generalizaciones, ojalá ello se compense con una ampliación de la perspectiva que permita observar, en estos litigios culturales de  Paz, las ideas, los ideales y las pasiones de un siglo.

 

Armando González Torres

Año 2002

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