Gombrowiczidas 

Witold Gombrowicz y Milan Kundera
Juan Carlos Gómez

Entre los hombres de letras que conocen a Gombrowicz, hay algunos que lo admiran abiertamente, los otros se dividen entre los que buscan la diversión sin preocuparse de otra cosa, y los graves, los graves a secas y los graves ofendidos. El checo Milan Kundera pertenece sin duda al grupo de los que lo admiran abiertamente. Después de la guerra se contaban historias de los checos y de los polacos.

Dos perros, uno checo y el otro polaco, se encuentran en la frontera, el perro checo está bien alimentado y va camino de Polonia, al perro polaco se le ven las costillas y va camino de Checoslovaquia: –¿Adónde vas?, pregunta el perro checo; –Voy a ver si puedo comer algo, ¿y vos?; –Voy a ver si puedo ladrar un poco.

Es probable que sí, que los polacos se hayan convertido en unos maestros del ladrido, Copérnico fue uno de los primeros en ladrarle al geocentrismo de Tolomeo, y Gombrowicz fue unos de los primeros en ladrarle al modernismo.

Milan Kundera


Sesenta años después que Rimbaud hiciera el llamado a la modernidad Gombrowicz no estaba tan seguro de que este llamado fuera necesario.

En el medio de un mundo de hombres paralizados a Gombrowicz se le ocurre ponerse en contra del lema del romanticismo polaco que convocaba a los jóvenes a medir las fuerzas por las intenciones y no las intenciones por las fuerzas, y escribe "Ferdydurke" con un propósito restringido, pero la obra se le va de las manos, le sale el tiro por la culata y se pone en línea con la "Oda a la juventud" de Adam Mickiewicz.

Kundera contabiliza algunos elementos de "Ferdydurke" que vale la pena anotar pues están relacionados con la familia y con una transformación del mundo a la que se llamó modernidad.

"La familia está dominada por la hija, una ‘colegiala moderna’. A la chica le encanta llamar por teléfono; desprecia a los autores clásicos; cuando un señor llega de visita, se limita a mirarlo y, mientras se mete entre los dientes una llave inglesa que sostenía en la mano derecha, le alarga la mano izquierda con total desenvoltura (...)"

También su madre es moderna; es miembro del ‘comité para la protección de los recién nacidos’; milita contra la pena de muerte y a favor de la libertad de costumbres; ‘ostensiblemente, con aire desenvuelto, se dirige hacia el retrete’, del que sale ‘más altiva de lo que ha entrado’; a medida que envejece, la modernidad se vuelve para ella indispensable como único ‘sustituto de la juventud’. ¿Y su padre? Él también es moderno; no piensa nada, pero hace todo lo posible para gustar a su hija y a su mujer"

La idea de Kundera es que Gombrowicz captó en "Ferdydurke" el giro fundamental que se produce en el siglo XX. Hasta entonces la humanidad se dividía en dos, los que defendían el statu quo y los que querían cambiarlo.. En el pasado el hombre vivía en el mismo escenario de una sociedad que se transformaba lentamente, de repente la historia se empezó a mover bajo sus pies como una cinta transportadora sobre la que también viajaba el statu quo. Por fin se podía ser a la vez conformista y progresista, equilibrado y rebelde. El sillón de la historia empieza a ser empujado hacia delante por todo el mundo.

"Los colegiales modernos, sus madres, sus padres, así como todos los luchadores contra la pena de muerte y todos los miembros del comité para la protección de los recién nacidos y, por supuesto, todos los políticos que, mientras empujaban el sillón, volvían sus rostros sonrientes al público que corría tras ellos, y que también reía, a sabiendas de que sólo el que se alegra de ser moderno es auténticamente moderno (...)"

"Fue entonces cuando una parte de los herederos de Rimbaud comprendieron algo inaudito: hoy, la única modernidad digna de ese nombre es la modernidad antimoderna"

Kundera trata de persuadir al lector de que la novela es un arte que nos permite comprender en su totalidad la naturaleza humana. Kafka, Musil, Broch, Gombrowicz... eran unos solitarios, sin embargo, su obra expresa una teoría estética similar: eran todos poetas de la novela, apasionados por la forma y por su novedad; cuidadosos de la intensidad de cada palabra, de cada frase; seducidos por la imaginación. Pero a la vez impermeables a toda seducción lírica: hostiles a la transformación de la novela, alérgicos a todo ornato de la prosa; concentrados por entero en el mundo real, concibieron toda la novela como una gran poesía analítica"

Gombrowicz, en cambio, trata de persuadir al lector de que la novela no nos permite comprender en su totalidad la naturaleza humana. En los diarios analiza las protestas de algunos escritores polacos que se estaban quejando de la literatura de postguerra porque no había sido capaz de agotar el tema de la guerra, que de ese abismo infernal no se había extraído todo lo que sobre el hombre se podía extraer.

Estos escritores se pusieron a hablar de los cuerpos torturados creyendo que la inmensidad del sufrimiento los proveería de alguna verdad, de un nuevo saber sobre nuestros límites, pero sólo descubrieron que la cultura de los estetas intelectuales no es más que espuma.

"Cuando te acercas con la pluma en la mano a las montañas de sufrimientos de millones de seres, te invade el miedo, el respeto, el horror, la pluma te tiembla en la mano, y tus labios no son capaces de emitir más que un gemido"

Gombrowicz era un terrateniente de origen noble, una herencia poderosa para los polacos, la historia de una familia que había tenido cuatro siglos de bienestar.

Los terratenientes, no importa cuál sea su origen, tendrán siempre, a juicio de Gombrowicz, una actitud de desconfianza hacia la cultura, y una naturaleza de señor.

"Pues bien, yo, aunque traidor y escarnecedor de mi ‘esfera’, pertenezco a pesar de todo a ella (...) muchas de mis raíces deben buscarse en la época de mayor depravación de la nobleza, el siglo XVIII (...) Pero no solamente era eso. Yo, que tenía un pie en el bondadoso mundo de la nobleza terrateniente y otro en el intelecto y la literatura de vanguardia, estaba entre dos mundos. Pero estar ‘entre’ es también un buen método para enaltecerse, puesto que aplicando el principio de divide et impera puedes conseguir que ambos mundos empiecen a devorarse mutuamente, y entonces tú puedes zafarte y elevarte ‘por encima’ de ellos"

Gombrowicz estaba pues, según la manera de pensar de Kundera, establecido en una modernidad antimoderna, y era por esa razón un ilustre heredero de Rimbaud, y según la mirada del mismo Gombrowicz, seguía teniendo algo del perfume de esa flor pegada a la piel de cordero del abrigo de un campesino polaco. Las campañas pro Gombrowicz que emprendía Kundera no siempre tenían éxito.

"Hablo con un amigo, un escritor francés; insisto en que lea a Gombrowizc. Cuando vuelvo a encontrármelo está molesto: –Te he hecho caso, pero, sinceramente, no entiendo tu entusiasmo; –¿Qué has leído de él?; –‘Los hechizados’; –¡Vaya! ¿Y por qué ‘Los hechizados’? ‘Los hechizados’ no salió como libro hasta después de la muerte de Gombrowicz. Se trata de una novela popular que en su juventud había publicado, con seudónimo, por entregas en un periódico polaco de antes de la guerra. Hacia el final de su vida se publicó, con el título de Testamento, una larga conversación con Dominique de Roux. Gombrowicz comenta en ella toda su obra. Toda. Libro tras libro. Ni una sola palabra sobre ‘Los hechizados’. –¡Tienes que leer ‘Ferdydurke’! ¡O ‘Pornografía’!, le digo. Me mira con melancolía: –Amigo mío, la vida se acorta ante mí. He agotado la dosis de tiempo que tenía guardada para tu autor"

Juan Carlos Gómez

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