Ángel Rama en la prensa caraqueña:

la riesgosa agenda del crítico exiliado

Ponencia de Facundo Gómez

UBA-INDEAL-CONICET

Además de ser crítico literario, dramaturgo, narrador, profesor, editor y ensayista, Ángel Rama fue también un periodista cultural destacado. El uruguayo es referencia obligada en los programas de literatura latinoamericana por la calidad y originalidad de sus propuestas teóricas e hipótesis de lectura. También es representante, en gran medida, de la figura del intelectual comprometido de la década de 1960, en tanto que su protagonismo al frente de las páginas literarias del semanario Marcha ha ameritado numerosos estudios[1].

Sin embargo, aunque la trayectoria de Ángel Rama ha quedado correctamente vinculada con su participación en la mítica revista montevideana, su trabajo en la prensa periódica no concluye allí, sino que continúa en los países donde fija residencia luego de su partida de Uruguay hacia 1969. Así, mientras desarrolla tareas de docencia en Puerto Rico y Venezuela, Rama trabaja como cronista en las secciones culturales de diferentes diarios y revistas. Esta parte de su obra ha sido notablemente menos atendida por las investigaciones académicas. Su lectura detenida ilustra las nuevas inflexiones de su proyecto intelectual y las polémicas y cuestiones en la que se halla sumido al momento de elaborar algunos de sus trabajos más importantes. Además, permite recomponer una mirada más integral sobre su obra y derrotero personal y, a la vez, delinear ciertos modos de intervención pública de la crítica literaria en los medios gráficos. Específicamente, los artículos que Rama escribe en Caracas entre 1972 y 1978 para periódicos de tiraje masivo conforman un notable corpus de análisis.

Entre los numerosos textos que publica por entonces, privilegiamos aquellos escritos hacia mediados de la década, los cuales permiten trazar una serie discursiva que vincula tres tópicos: el lugar de la crítica en la sociedad de masas, la praxis cultural del intelectual público y la problemática del escritor exiliado.

Un sudamericano en tierras caribeñas

Ángel Rama fija su residencia en Venezuela hacia 1972, luego de ser expulsado por oscuras causas diplomáticas de Colombia y de México. Imposibilitado de volver a su país desde el golpe de Estado uruguayo de 1973, el crítico se instala hasta 1979 en la capital venezolana, donde despliega una nueva etapa de su proficua trayectoria.

El encuentro con la urbe venezolana impacta notablemente en la percepción de Rama acerca de los procesos de modernización en curso en América Latina. Incluso, se podría identificar este forzoso aterrizaje en la nación caribeña hacia 1972 como un momento clave de su praxis. Hasta su partida de Montevideo, la urbanización y la ruptura con las tradiciones más conservadoras formaban parte del programa cultural defendido por Rama para el Uruguay y el resto de la región. Esta fe en la modernización se choca inesperadamente con la fisonomía y la vida de la capital caribeña. El anhelo montevideano se ha hecho realidad en Venezuela, pero de una manera inesperada y con consecuencias que vulneran el entero proyecto. El resultado del empuje modernizador no es una sociedad soberana ni una cultura autónoma, sino un conglomerado caótico de productos importados e inversiones irracionales. La fiebre desarrollista, impulsada por las regalías petroleras, se exhibe ostentosa e imparable en cada aspecto de la vida de la ciudad. Caracas se muestra a los ojos de Rama como un caso paradigmático de la modernización acelerada que no logra ser aprovechada por la conducción política y cultural del país.

Rama define el fenómeno como una novelería generalizada y se dedica a desmontar la oposición que separa y jerarquiza lo nuevo de lo viejo en el campo de las artes venezolanas. En uno de sus primeros artículos escritos para el periódico El Nacional hacia 1973, Rama discute el rechazo de los jóvenes narradores hacia los clásicos de la literatura nacional, como Pocaterra, Gallegos y Uslar Pietri y argumenta que el carácter de novedad no basta para consagrar una obra literaria (16 de septiembre de 1973).

En textos posteriores, la batalla contra la entronización de lo nuevo se profundiza y diversifica. Rama embiste primero contra la industrialización de la cultura y la importación desmedida de productos culturales norteamericanos, un fenómeno que encuentra condensado en la programación televisiva venezolana (26 de febrero de 1976). Y luego, en otro medio gráfico, se concentra en una de las problemáticas más urgentes a resolver por el campo intelectual venezolano: la ausencia de una práctica crítica profesional y seria que impida que la categoría de lo nuevo opaque los criterios más legítimos del valor estético e histórico de las manifestaciones artísticas y literarias (1 de agosto de 1976).

Una agenda modernizadora para una ciudad sin letrados

Por otra parte, en una serie de artículos escritos entre octubre y noviembre de 1976, Rama analiza algunos emprendimientos estatales destinados a la promoción de la cultura y el desarrollo de la investigación y la docencia en Venezuela. Las iniciativas son interpretadas por el crítico como un cambio significativo en la política estatal, un pasaje histórico desde la ejecución de proyectos monumentales y vistosos, pero superficiales e inmotivados, a la jerarquización estratégica de obras públicas sobre la base de un examen puntilloso de las necesidades reales de la cultura venezolana. Tanto la biblioteca nacional como el sistema informativo forman parte de lo que Rama denomina la “infraestructura cultural”. Tal es el título del artículo en cuestión (14 de octubre de 1976) y tal el sintagma elegido para señalar al conjunto de intelectuales, técnicos, instituciones, edificios y recursos que se precisan para alcanzar un desarrollo cultural moderno y autónomo.

Justamente, es este vacío de profesionales rigurosos y comprometidos con la sociedad lo que Rama señala como carencia del país caribeño. La insistencia por la infraestructura cultural apunta a construir y sostener una vanguardia de intelectuales humanistas que sean capaces de orientar responsablemente al Estado, las instituciones, las inversiones, los creadores y a la población misma en el proceso de modernización, superando las trampas del corto plazo, la novelería y la enajenación consumista. Fijado el programa, Rama procede a evaluar avances y retrocesos de la problemática en Caracas. La nota más pesimista al respecto, denunciada acremente por el crítico, es la catalogación en el presupuesto nacional de las becas para carreras humanísticas como inversiones “suntuarias”, en oposición a las “prioritarias”, representadas por las formaciones técnicas y científicas. La noticia motiva un artículo que jerarquiza el rol de los intelectuales humanistas en el desarrollo de la sociedad, destacando dos aportes: el cuidado de la lengua y la fijación de valores nacionales que mantengan integrada a la sociedad nacional (27 de noviembre de 1976: A-5). Su señalamiento termina de diseñar la efigie del intelectual público defendido y encarado por Rama en su estancia en

Caracas, que no solo fija estrategias de desarrollo de la cultura, sino que acompaña al Estado en la forja de identidades nacionales y la integración de las minorías. Una tarea que debería ser considerada en el análisis de propuestas teóricas como la transculturación, enunciada en 1974, en suelo venezolano.

Desacuerdos, polémicas, alegatos

La praxis crítica de Ángel Rama en los diarios caraqueños tiene amplia repercusión y genera una serie de debates más o menos medidos con los colegas en Venezuela. Pero la polémica que entabla en 1977 con Oswaldo Barreto, un sociólogo ligado a la izquierda venezolana, infringe una serie inflexión en su biografía y en su obra. El episodio se inicia con un artículo de Rama acerca de la visita de Leopold Senghor a Venezuela como parte de su agenda como presidente de Senegal. Allí, el crítico uruguayo se detiene en la figura del poeta africano para revisar su obra poética y ensayística y su trayectoria como intelectual y político (1984). La postura de Rama, favorable hacia el presidente africano, despierta la reacción de Barreto, quien publica la semana siguiente, en las mismas páginas de El Nacional, un texto manifestando su repudio integral al trabajo del crítico literario.

El uruguayo responde con incontenible furia en el artículo titulado “Sobre el verbalismo ignorante”, la tercera pieza de la confrontación, que termina por extenderse hasta fines de ese año. A través de las semanas, la polémica prosigue. La lectura de los títulos expresa cabalmente el grado de incomprensión y beligerancia que cada uno mantiene frente a su adversario. Al “verbalismo ignorante” de Rama, Barreto le responde primero con “La docta charlatanería”. Luego, cuando el uruguayo reincide con el mismo título, el sociólogo ataca con “El delirio de un intocable”. Hacia dentro, los textos revelan una animadversión que se impone sobremanera a los argumentos teóricos y académicos, que apenas alcanzan para tapar una enjundia visceral.

En el último texto de la polémica, titulado por el crítico “Habla el inmigrante”, el locus enunciativo cambia. Rama ya no escribe como intelectual ni opina como crítico literario; el artículo enfatiza que se trata del testimonio de uno de los miles de inmigrantes que han llegado a Venezuela en las últimas décadas y, como tal, denuncia la xenofobia mal disimulada que campea entre los intelectuales nativos. No hay debate riguroso ni ataque ingenioso, sino mero alegato.

Coda: hacia otra riesgosa navegación

1978 es un año de transición en la vida de Rama. Luego de una corta estadía en Barcelona, él y su esposa, la crítica de artes y narradora Marta Traba, vuelven a Caracas, donde el uruguayo prosigue con sus tareas editoriales y universitarias corrientes. Pero la atmósfera es distinta. La polémica con Barreto lo empuja a renunciar a su puesto en El Nacional y a escribir para el otro gran periódico caraqueño, El Universal. En sus páginas, poco y nada sobrevive de la agenda pública modernizadora y desarrollista expuesta años atrás. Rama desempeña en este medio como columnista hasta ya entrada la siguiente década, cuando la falta de aire del país caribeño se vuelva insoportable y encare un nuevo rumbo: las universidades de Estados Unidos, en cuyas aulas empieza a dictar clases en 1979.

Un índice del impacto de la polémica con Barreto, ya no solo en sus actividades como periodista, sino en el entero pensamiento de Rama, es el ensayo que en marzo publica en la revista Nueva Sociedad. Su título, “La riesgosa navegación del escritor exiliado” (1978) señala a las claras la centralidad que adquiere en sus preocupaciones la situación de los intelectuales latinoamericanos que deben emigrar de sus países de origen debido a la persecución política. Hasta entonces, el tema del exilio no había ameritado trabajos específicos en una producción muy atenta a los principales fenómenos culturales del subcontinente. El fenómeno del que él mismo participa adquiere relevancia luego de experimentar en carne propia y de manera directa las consecuencias nefastas del desarraigo y la ruptura de los lazos intelectuales que en los años anteriores se había propuesto tender y fortalecer.

La enseñanza de la polémica con Barreto va más allá del desengaño y la frustración, ya que el hecho sirve como coyuntura histórica obligada para la escritura de este texto, que con justicia se ha transformado en un clásico sobre el tema. Uno de sus más importantes hallazgos es la mirada retrospectiva en torno a los proyectos intelectuales emprendidos desde la década de 1960 y la aceptación de que muchas ideas y tentativas estaban animadas por un fervor ideológico y una mirada sobre América Latina que era más pasional que certera, más romántica que lúcida y acertada. En este sentido, el exilio fue la experiencia clave para que todos los intelectuales comprometidos con la integración regional y la construcción de una cultura emancipada pudieran revisar en conjunto lo actuado y se adentraran en una reflexión más aguda y atinada.

Los siguientes pasos de Rama, por ende, estarán marcados por un mayor nivel de reflexión teórica, un posicionamiento menos arriesgado en lo ideológico y una voluntad más reposada por entender la historia de la cultura latinoamericana como un largo proceso de ciclos, marchas y contramarchas. Al año siguiente, su partida a los Estados Unidos confirma el cambio de rumbo. Los vientos del exilio lo empujan y Ángel Rama comienza a atravesar su último año caraqueño, en el que también transcurre su postrer trabajo como columnista asiduo en los medios gráficos de comunicación masiva.

Referencias bibliográficas

Espeche, Ximena (2016). La paradoja uruguaya. Intelectuales, latinoamericanismo y nación a mediados del siglo XX. Bernal: UNQUI.

Gilman, Claudia (2009). “El factor humano y una rivalidad histórica: Ángel Rama y Emir Rodríguez Monegal” en Claudio Maíz y Álvaro Fernández Bravo (eds.). Episodios en la formación de redes culturales en América Latina. Buenos Aires: Prometeo. 1961-190.

Rama, Ángel (26 de febrero de 1976). “El enemigo público televisivo”. El Nacional.

Rama, Ángel (1 de agosto de 1976). “El servicio público del crítico”. Últimas noticias.

Rama, Ángel (16 de septiembre de 1973). “Lo viejo y lo nuevo”. El Nacional.

Rama, Ángel (14 de octubre de 1976). “Por una infraestructura cultural”. El Nacional.

Rama, Ángel (1978). “La riesgosa navegación del escritor exiliado”. Nueva Sociedad, núm. 35, marzo-abril, 95-105.

Rama, Ángel; Oswaldo Barreto (1984). Nación / Revolución: La polémica Rama-Barreto. Dossier especial del Boletín Informativo TILALC, Universidad Simón Bolívar, año I, núm. 2.

Rocca, P. (2006). Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal y el Brasil: dos caras de un proyecto latinoamericano. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.

Nota:

[1] En años recientes, la significación de su rol en el proyecto periodístico de la mítica revista montevideana fue ricamente explorada por especialistas como Pablo Rocca (2006), Claudia Gilman (2009) o Ximena Espeche (2016).

 

Ponencia de Facundo Gómez

UBA-INDEAL-CONICET

 

Publicado, originalmente, en: Actas del VI Congreso Internacional CELEHIS de Literatura  Literatura argentina, española y latinoamericana

6, 7 y 8 de noviembre de 2017 Mar del Plata, Argentina

CELEHIS - Centro de Letras Hispanoamericanas.Facultad de Humanidades - Universidad Nacional de Mar del Plata.
Link del texto: https://fh.mdp.edu.ar/encuentros/index.php/ccelehis/6celehis/paper/view/1649

 

Ver, además:

 

                      Ángel Rama en Letras Uruguay

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

Email: echinope@gmail.com

Twitter: https://twitter.com/echinope

facebook: https://www.facebook.com/carlos.echinopearce

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-echinope-arce-1a628a35/ 

 

Métodos para apoyar la labor cultural de Letras-Uruguay

 

Ir a índice de ensayo

Ir a índice de Facundo Gómez

Ir a página inicio

Ir a índice de autores