VIAJE AL PAIS DE LA ESPERANZA, por Samuel Aizicovich. Buenos Aires, Editorial Milá, 2006. 64 pp. (Testimonios)

El autor resume su biografía: “Nací en el Hospital Dr. Noe Yarcho de Villa Domínguez, Provincia de Entre Ríos. Viví con mis padres y hermanos en la colonia San Gregorio (Sonnenfeld) ubicada a diez kilómetros del pueblo de Domínguez. En la colonia me crié trabajando con lo que la tierra y la naturaleza ofrecía. Concurrí a la Escuela Nacional N° 112 por la mañana, y por la tarde a la escuela hebrea. A partir del cuarto grado y hasta completar el sexto comencé a viajar todos los días hasta el pueblo de Domínguez para concurrir a la Escuela Provincial N° 111, por supuesto a caballo, tanto en los días fríos; de lluvia, en el calor, etc. Si bien yo me sentía cómodo en la colonia, mis padres resolvieron trasladarse a vivir en Villa Domínguez en el año 1938. Ahí cambió mi vida, me encontré con cosas que no tenia en la colonia. Pero traté de integrarme y lo logré fácilmente, ya que encontré buenos amigos y comencé a colaborar en algunas instituciones. En el pueblo participé en muchas actividades culturales y sociales. Hasta que tuve que ausentarme para cumplir con el servicio militar. Al regresar me incorporé a la JCA. Sin dejar de ayudar a mi padre en las tareas del campo, me dediqué con toda mi energía y voluntad a la función que estaba ejerciendo y a la vez, aporté con mi colaboración a instituciones tanto dentro de la comunidad judía como fuera de ella”.

Escribe Roberto Schopflocher: “Samuel Aizicovich es hijo y nieto de aquellos colonos idealistas, que en su carácter autodefinido de “einikels fun Baron” –los nietos del Barón de Hirsch- regaron la tierra con el bíblico sudor en la frente y fundaron las instituciones que dieron vida a los asentamientos agrícolas judeo-argentinos. Pero aparte de su condición de heredero de una tradición y trabajador en la chacra paterna hasta los veinte años de edad, el autor pertenece al grupo de los funcionarios de la Jewish Colonization Association (J. C. A. o “Yewish” en la jerga popular) que intervino en la penosa etapa final de la obra socio-filantrópica de Hirsch en nuestro país.

Muchos son los factores que se opusieron al proyecto de este banquero benefactor de trasladar a cinco millones de judíos oprimidos por el zar a países democráticos de ultramar, donde pudieran vivir libremente como agricultores y artesanos. La incompetencia de muchos de los encargados en dirigir la obra, que quedó casi huérfana por la muerte prematura de Hirsch no es el menor de ellos. Pero Aizicovich nos invita a concentrar nuestra atención no en las fallas –que las hubo-, sino en los logros de la obra, que no son pocos, empezando con la salvación de decenas de miles de seres humanos, que, de no haber llegado a tiempo a las colonia del Barón, hubiesen perecido como víctimas de la Shoá, y siguiendo con la pléyade de profesionales, artistas , políticos y científicos que nacieron en las colonias, para enriquecer con el correr de los años el acervo cultural de la patria argentina”.

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