CASCANDO MIRASOLES Historias salpimentadas de gente común, por Felipe Fistemberg Adler. Buenos Aires, Milá, 2006. 132 pp. (Testimonios)

 

Felipe Fistemberg nació hace 69 años en Moises Ville, madre de las colonias judías argentinas y fue anotado el 1º de agosto de 1936. Transcurrió su infancia y preadolescencia, su vida incipiente de chiquilín de pueblo, en un conglomerado de inmigrantes judíos que fue centro cultural de la colonización judía argentina. Y de allí pasó a la gran urbe porteña, su primer contacto y confrontación con ese mundo "ancho y ajeno" que, luego, fue propio y enriqueció su formación humana y profesional. Reconocido maestro de la educación y cultura judías, testimoniado por los que compartieron con él sus horas y días, esfuerzos y entrega al trabajo. Fistemberg fue almacenando en su memoria y en su piel la experiencia de vida de personas, personajes e instituciones, que hoy, por medio de la palabra convocante, se materializan en éste, su segundo libro y nos participa con emoción, ternura, humor y autenticidad de historias de vida y vivencias únicas e irrepetibles de la vida en las otrora colonias judías argentinas. Desde el Uruguay, lugar que eligió vivir cerca de su familia, rescata en los recuerdos que plasman las paginas de sus libros la vida intima de la gente simple de la colonia.

Los relatos de Felipe Fistemberg nos transportan a esos gestos y actitudes vitales que hacen a la esencia humana: cómo se resuelven los conflictos con la ayuda del pragmatismo del rabino, cuál fue el costo psicológico y social de la adaptación a una nueva cultura, nueva lengua...

No siempre la ignorancia es un límite o impedimento para comunicarse con Dios, ni para compartir los ritos religiosos en un mismo espacio, en un mismo rango. Otras veces, las barreras de los prejuicios se borran cuando los niños criollos e inmigrantes comparten estilos de vida, juegos y escuelas. O la picardía de algunos que matizan la inmovilidad del grupo social sin más perspectivas que las de sobrevivir y vivir sin los miedos de la expulsión, del encierro y la masacre.

Pero también hay desvíos en la conducta social de unos pocos movidos por la ambición y la vanidad que los vuelven miserables. Un cierto tinte antisemita en más de un vecino, más que nada como expresión de su ignorancia. Y la aceptación del diferente como la del indio Toba Filomeno como espejo del propio exilio. Este pueblo de inmigrantes, sobre su tumba levanta hoy el monumento a los naturales de la tierra a 500 años de su expoliación y genocidio en América. Estos relatos se ofrecen como testimonios de historias que si bien son ajenas a nosotros, como individuos, nos pertenecen como parte de ese colectivo histórico cultural que está en nuestras raíces.

(contratapa)

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