Conversando con Miguel Ángel Asturias
Gaceta Literaria (Buenos Aires), Año I, nº 1, febrero 1956

Miguel Ángel Asturias podría hacer suya aquella frase que fue bandera de los renacentistas: "Para mí, vivir y escribir son una misma cosa", porque define -vital y culturalmente- una conducta integrada con la dramática peripecia de los pueblos de América Latina.

Por ello -y por considerar la obra de Asturias como una de las más importantes señales de la literatura americana- es que la dirección de Gaceta Literaria entrevistó al gran poeta guatemalteco en su residencia de Buenos Aires, rincón de un exilio que, en su concreta realidad, también define el riesgo que presupone la palabra cuando no se resigna a ser un juego sino una alta expresión de la odisea humana.

Pero el riesgo no asusta a Miguel Ángel Asturias. Sus libros, por el contrario, atestiguan que la suya (como se dice ahora) es una literatura comprometida. Su compromiso con el hombre —con sus conflictos, con su dolor, con su esperanza— está solventado por una conducta, por una vertical y frontal actitud en el mundo. Y dentro de ese mundo, urgiéndolo, reclamando su palabra y sus héroes, su América, su Guatemala, ocupan el corazón y el lúcido pensamiento de quien vive y escribe con la profunda intensidad de un tiempo de definición y compromiso.

Penetrar en el estilo, en el barro elemental de las criaturas de Asturias, es un poco, como entrar, al decir de Neruda, en lo más genial de lo terrestre, en los elementos y las cosas que rodean al hombre como puntos de referencia para su aventura. Tal vez por ello, y por reflejar cabalmente los alcances de esa aventura humana en su país, sus libros han tenido tanta trascendencia en éste y otros países del Nuevo y el Viejo Mundo.

-Siempre creí y sostuve -nos explica Asturias- que todo artista que expresa el temperamento, los rasgos vivenciales y las aspiraciones comunes de su pueblo, tiene, naturalmente, que atraer sobre sus trabajos la curiosidad humana... y también -si eso se ha logrado- la adhesión del hombre de otras latitudes. Es imposible que la literatura alcance una real trascendencia si no logra reflejar creativamente el paso del hombre por su medio, por su época -afirma el novelista.

Miguel Ángel Asturias


—La literatura de nuestra América es un ejemplo -agregamos nosotros-. Obras como "La Vorágine" o el "Canto General" de Neruda, están indicando esa afirmación.

—Les diré más ... Desde el comienzo de la literatura americana, desde los antiguos textos y la poesía oral de nuestros mayores, el hombre de estas latitudes expresó poéticamente su deseo de liberación espiritual y material. Toda nuestra herencia literaria (hablo, también, del cielo prehispánico en América) es un canto a la libertad del hombre.

Nos habla entonces de esas historias, de las leyendas, de la herencia épico poética americana, del impulso vital que un día reconocimos en sus libros como una resonancia de un acervo no siempre traducido. Ello nos incita a preguntarle a Asturias si esas creaciones, en América, nos revelan la incorporación de una forma, de un estilo que nos corresponde.

-Ese es un resultado implícito en la búsqueda del artista que quiere recrear la epopeya de los hombres de nuestros pueblos. No sé si nuestros anónimos se plantearon esos problemas. Seguramente, no. Eso está implícito en el trabajo literario.

-Pero esa inquietud por enaltecer el trabajo literario y llevarlo a una máxima expresión ... ¿disiente en su aplicación y en su sentido del que elaboraron las minorías europeístas en América Latina?

-Los juegos, las variaciones formales de esas minorías -define Asturias- son el fruto de un pensamiento que se contrapone al gran arte de América. La cultura de nuestro continente tuvo grandes creadores, grandes maestros, que han conseguido trascender por la eminencia preponderante de sus mensajes, pero también por lo excepcional de sus estilos.

Sus últimas palabras nos dan pie para una pregunta que molesta, por un instante, al escritor. Le preguntamos, simplemente, sobre sus influencias europeas ...

-No las reconozco... Si las tuve, si las tengo, ellas no son fundamentales.

-Sin embargo, creemos que podría hablarse de surrealismo frente a algunas de sus páginas.

-Busquen mi surrealismo en el "Popol-Vuh" —nos indica Asturias.

Prometemos ir a buscar esa lejana influencia. Pero volvemos al ataque:

-¿Se niega a todo lo europeo?

-No, desde luego que no. Me niego a los que niegan nuestra América.

Estamos de acuerdo.

-¿Su próximo libro?

-"Week-end en Guatemala".

-Un título explícito- comentamos.

Entonces Asturias nos habla del dramático "fin de semana" de su pueblo. Su rostro anguloso, fuerte, recibe un golpe de sombra; sus labios musitan las palabras que condenan la invasión de su país:

-En mi patria -dice el poeta- se está ensayando ahora una nueva forma de dictadura latinoamericana: la dictadura impuesta desde afuera,
sostenida desde afuera con métodos policiales. Y todo para entregar un país a los consorcios financieros. Esa es la verdad. ¿Podemos hablar ahora de panamericanismo?

Pero agrega:

-Mi condena, no hace falta que lo explique, no es para el gran pueblo de los Estados Unidos, sino para los truts y los hombres que no hacen honor a la noble tradición de la patria de Lincoln y Walt Whitman.

Entonces la conversación deriva hacia el pueblo y la literatura norteamericanos, hacia las posibilidades y frustraciones de una cultura que hizo posible uno de los fenómenos más interesantes de nuestra época: la novelística norteamericana. Después, naturalmente, surge la comparación con las novelística de las otras dos Américas. Se habla de sus hombres, de sus posibilidades. Asturias se muestra optimista, esperanzado. Luego, cuando le señalamos que los grandes orientadores y creadores de los países americanos adoptaron siempre una posición popular en el arte, Asturias responde aclarando el concepto:

-El escritor de América no puedo serlo ampliamente si no entronca con esa corriente emancipadora que dio vida y alientos a nuestras mejores obras literarias. Entre ustedes, el caso de Sarmiento...

-Sarmiento fue el creador de un tipo, el denunciante de una forma inapropiada y antipopular de gobierno bárbaro que hería los sentimientos más caros de nuestro pueblo -decimos-. "Facundo" es, en cierto modo, su "Señor Presidente", para los guatemaltecos.

Asturias acepta el paralelo. Sabe que él puede proyectarse en el plano de la discusión, de la ardiente polémica de una literatura americana. Ella, al fin, está determinada por la azarosa existencia de los pueblos que expresaron y expresan -cuando pueden- su aspiración de libertad. Esa literatura -de la que Asturias es un auténtico representante- es la que hoy define una actitud dentro de la cultura y los problemas del tiempo que nos toca vivir en este nuestro mundo, que Asturias habita con su fe y su gran estatura de creador.

NO-DO - 06-11-1967 - Nº 1296B... Reportajes. Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura 1967. El escritor, Representante de Guatemala en Paris, etc, etc.

CAUDAL Texto y contexto de Miguel Ángel Asturias

 

“Conversando con Miguel Ángel Asturias”, Gaceta Literaria, Año I, nº 1, febrero 1956, pág. 11

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