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-Abuela, ¿ me contás un cuento?
Eso dijo Ezequiel y miró a la abuela que estaba sentada sin hacer más nada que hojear una revista.
-Hoy no tengo cuentos -dijo ella y siguió mirando una revista horrible que ni siquiera tenía dibujos.
-Cómo no, abue -se puso zalamero- si vos siempre tenés cuentos.
-No, hoy no tengo cuentos, se me acabaron, anoche te conté un montón.
-Bueno, no importa, contame de nuevo alguno de los de anoche.
-Pero si anoche me dijiste que estabas cansado de que te contara los mismos cuentos.
-Ah bueno, pero anoche, ahora es de mañana, ya me podés contar uno repetido.
-Mm,( abuela pensando), dejame ver...
-No, si vos no los ves abuela, vos te acordás de memoria todos.
-Por eso, dejame ver en la memoria cuál te cuento.
-¡Ah! ¿La memoria se ve?
-¡Claro! Uno la mira y ella te deja revisar lo que tenés allí escondido.
-¡Ah! Es como una computadora la memoria entonces...
-Sí, más o menos, sí, claro, es como una computadora -dijo la abuela resignada.
-Bueno dale, revisala rápido y contame uno.
-Bueno, te cuento el de Juan que iba por el bosque y los animales peleaban por un pedazo de carne y lo llamaron y Juan...
-¡Nooooooooo! Ese no, ese ya me lo sé de memoria.
-Mmmmmmmm, bueno entonces te cuento el de la servilleta mágica.
-¡Ah no!, ese siempre termina igual.
-Todos los cuentos terminan igual.
-No, vos a veces inventas algunos y les cambiás el final.
(Sonrisas de la abuela y risas del nieto.)
-Bueno mirá, voy a contarte uno de un caballo hermoso y negro...
-Abuela, ¿me podés contar cuentos sin animales?
-¿Por qué?
-Porque ya estoy aburrido de los animales, siempre hablan y hacen cosas de gente, y después yo me lo creo y les hablo y nunca me contestan...-dice el nieto con pena.
-Pero mirá que estás complicado hoy para los cuentos, mejor cantamos una canción...
-¡No abuela!, dale, contá un cuento lindo.
-Bue... a ver, había una vez un niño, que se...
-Noooooooooooo, ya empezaste con lo del niño, siempre es parecido a mí y se porta bien y al final termino pensando que me querés menos porque yo me porto peor que el que se parece a mí...
-¿Eh? No te entendí nada Ezequiel.
-Bueno, no quiero ese del niño.
-Ah, bueno, entonces te cuento uno de hadas y brujas.
-Cuáles salen primero, ¿las hadas o las brujas?
-Salen las hadas y después las brujas hacen macanas.
-¿Hay princesas y príncipes?
-Si querés, sí.
-Y sí... en los de hadas y brujas siempre hay princesas y príncipes.
-Bue...-dice la abuela un poco nerviosa- podemos hacer uno donde no haya ningunos de los dos.
-¿Te parece abuela? ¡Nunca me contaste uno así!- grita entusiasmado Ezequiel por fin-. Con hadas y brujas, sin princesas ni príncipes.
-Pero puede aparecer uno así, ¿no te parece? -suspira la abuela.
-Sí, sería lindo, un cuento donde las hadas salen de sus guaridas, porque…
¿viven en guaridas, no?
-Sí, tienen guaridas especiales en el centro de las rosas.
-Sí, dale, entonces son hadas chiquititas y viven adentro de las rosas y salen para enfrentarse con las brujas que andan haciendo macanas como decís vos…-se entusiasma el nieto.
-¡Ahá!... Bueno, entonces las hadas salieron en primavera de adentro de las rosas y fueron a buscar a las brujas -la abuela pone voz de contando un cuento.
-No abuela, -interrumpe el nieto- no las fueron a buscar,
salieron y se reunieron para ver qué podían hacer con las macanas que habían hecho las brujas.
-Esperá un poquito, nene, todavía no sé ¿qué macana habían hecho las brujas?
-Y... las brujas hacen siempre cosas que no tienen que hacer, qué se yo abuela, inventá algo.
(Silencio de abuela pensando y nieto también.)
-¡Ah! ya sé abuela, ¿no dijiste que era primavera?
-Sí, dije.
-Entonces las brujas habían marchitado todas las flores.
-No -aclara la abuela- porque si habían marchitado todas las flores las hadas no podían salir de las rosas.
-Sí podían salir, de rosas marchitas, ¿por qué no, eh?, acaso si se te despinta el frente de tu casa ¿no vas a poder salir? ¿Eh?
-¿ Mmm? – piensa la abuela y se resigna-....y sí, tenés razón, justo eso necesitábamos, que las brujas marchitaran las flores y las hadas salieron muy preocupadas porque era primavera y las brujas andaban haciendo macanas, las abejas no tenían polen para su miel y...
-Sin animales dijimos abuela.
-Ah sí, me olvidé...
-Claro abuela, las brujas en cuanto vieron salir a las hadas, se escondieron adentro de las tunas y porque como están llenas de espinas, ¡ni las varitas mágicas les hacen efecto!
-Sí eso mismo, -ahora se entusiasma la abuela- y entonces las brujas se metieron en las tunas pero… las tunas a pesar de sus espinas son plantas buenas, las echaron a patadas, digo, a espinazos.
-Ajá, así me gusta el cuento abuela, -se ríe con ganas el nieto- con la cola toda llena de espinas y se encontraron con las hadas que las estaban esperando.
-¿Y qué habrán hecho las hadas cuando vieron a las brujas llenas de espinas?
(Silencio de nieto pensando y abuela también.)
-Y... mirá abuela, las hadas de tan buenas… a veces son aburridas, que las vieron así y las perdonaron y las brujas no se metieron más con la primavera para no quedar llenas de espinas, ¿eh?, ¡ya está! ¿Vamos un ratito a la plaza con la bici?
-Sí, mejor nos vamos a la plaza, pobres brujas... |