La esperanza
Alejandra Flores Bermudez

Había una vez unas mariposas traviesas que viajaban mucho por los ríos, los bosques, las quebradas...En fin, eran incansables. Nunca se detenían como si viajar fuese su única intriga y destino. Sucedió una vez que Mnaaga, la más pequeña de ellas, se quedó atrás y oyó un ruidito a sus espaldas como el de un “cric” que la asustó un poco. Voló hasta alcanzar a su tribu y y emocionada les propuso: “Es hora, hermanas, de descansar un poco y conocer lo que es la curiosidad, Hemos recorrido el mundo a lo ancho y a lo alto pero ¡no hemos conocido el afán por su suelo y los rincones hermosos que puede esconder! Detengámonos por un segundo y despertemos a la curiosidad.” Las mariposas descendieron y también escucharon un “cric” como de hierba tostada o de hojas alteradas. Esto era nuevo para ellas pues nunca tuvieron tiempo para reparar en las cosas pequeñas. Mnaaga se acercó aún más a la hierba separándose un poco de ellas. “¡Hermanas! Mmm...cuán sabroso huele la hierba. ¡¡Y el viento es más anguloso y más rebelde que en las alturas!! ¡¡Trae fragancias de árboles y ramas, de hierbas y flores y todo es disparejo!! ¡Es más emocionante que el vuelo errante!” Las otras mariposas se acercaron a ella y estuvieron de acuerdo comentando un largo rato sobre la diferencia entre lo alto y lo bajo, cuando de pronto se asomó una ramita verde diminuta y algo como una pequeña espiga verde saltó entre la hierba. Mnaaga se emocionó mucho pues era muy pequeña y por eso muy sensible y amorosa. Pasó un rato hasta que la espiguita verde decidiera moverse otra vez pero esta vez saltó con tanto garbo que impresionó a todas. Mnaaga, emocionada, se acercó a la espiguita y le dijo: “¿Eres una espiga? ¿Cómo es que saltas tan lindo y tan alto como si no estuvieras sembrada ni enraizada?” La espiguita la observó asustada saltando más y más. Mnaaga la seguía y le insistió: “Quiero ser tu amiga y conocerte, permítelo.” La espiga, cansada de ser perseguida le contestó: “Está bien, está bien. Soy una esperanza, un insecto...¿satisfecha?” Mnaaga sació su curiosidad y no sin nostalgia por dejar atrás a su nueva amiga, voló hasta donde estaba su tribu contándoles que la espiguita le había confesado que era una esperanza. Las mariposas opinaron que esperanza era un lindo nombre nuevo para ellas, y con ansias de seguir viajando dispusieron proseguir su vuelo. Mnaaga no podía quedarse atrás y un poco triste siguió con ellas. Mnaaga conoció una esperanza y eso transformó su vida.

Alejandra Flores Bermúdez

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