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El país del autoengaño
Por Jorge Fernández Díaz 
Director de adn CULTURA

Si hubiera que buscar un hilo que enhebre y explique el fracaso de la dirigencia argentina, creo que muy bien podría ser la farsa y el autoengaño. Cuando Alfonsín intentó practicar la socialdemocracia mirando a Felipe González, olvidó que la UCR era un partido de clase media y que carecía de un componente fundamental en el PSOE: el proletariado. Y también, que la socialdemocracia europea se tomaba muy en serio la economía y tenía perfectamente controlada la inflación. Con su fracaso, la UCR se llevó a pique la socialdemocracia argentina.

Luego Menem adoptó la doctrina neoliberal, pero sólo en el discurso: las privatizaciones no fueron abiertas sino propiciadoras de monopolios, la moneda no actuó según las fuerzas del mercado sino siguiendo un férreo cambio fijo, el déficit fiscal que desvela a cualquier liberal no se solucionó nunca y el endeudamiento externo, desaconsejado por la ortodoxia, se volvió astronómico. Con su fracaso, los menemistas se llevaron a pique el liberalismo argentino.

Finalmente, después de saltearnos accidentes de la Historia como De la Rúa y Duhalde, recalamos en los Kirchner, quienes intentaron aplicar el nacionalismo de izquierda. Pero, una vez más, sólo en el discurso: castigaron con inflación a los sectores más populares, abrieron la brecha entre ricos y pobres, estatizaron pero sólo para entregar las empresas a sus amigos, pagaron al contado al FMI mientras crecían la pobreza y el desempleo (ocultados por el Indec); en lugar de impulsar una reforma tributaria no regresiva, la profundizaron. Y en vez de capitanear una reforma política para mejorar la calidad institucional, la congelaron y se abrazaron con las corporaciones más añejas y recalcitrantes, como los barones del conurbano, los burócratas sindicales y los jerarcas del fútbol. Con su fracaso, el kirchnerismo se llevará a pique el nacionalismo de izquierda.

No tenemos pruebas de que, bien aplicados, a conciencia y sin farsas, la socialdemocracia, el liberalismo o el nacionalismo de izquierda no hubieran funcionado en el país. Esas filosofías políticas dieron buenos resultados en otros lugares del mundo, pero en manos argentinas siempre parecen inventos atados con alambre, sin rigurosidad científica, contaminados de picardías criollas y mentiras, hechos a la bartola, escenificados con pomposidad y fatalmente destinados al fracaso. Sólo sustentables, seamos justos, gracias al autoengaño que los argentinos practicamos durante un tiempo, hasta que despertamos del sueño y nos abrazamos al próximo espejismo.

Jorge Fernández Díaz 
Director de adn CULTURA 

jdiaz@lanacion.com.ar
http://adncultura.lanacion.com.ar/ 

10 de octubre 2009
Autorizado por el autor

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