Glosas del ser y el hacer cubanos. Herencias y aciertos de nuestra identidad
por Dra. Zoila María Fajardo Estrada
zoila@ffh.uh.cu

 

Introducción.

El asistirnos de mediaciones que nos identifiquen ha sido un recurso de comprensión psicológico de nuestro ego y su alter a niveles sociales. El valor de la pertenencia personal y social resulta significativo en la vida humana. Las identidades se presentan de manera contradictoria para nuestro análisis introspectivo, lo que dificulta la visión lineal como recurso aprehensivo de los comportamientos colectivos. Si bien es cierto que las identidades se derivan de construcciones sociales elaboradas de manera conjunta por los grupos humanos, al buscar significaciones afines en este proceso de interacción social la pertenencia emocional que semejante proceso sugiere, permite entender que a cada nación le es ínsita una forma específica de comportamiento que la hace ser, de acuerdo a sus experiencias vividas, portadora de comportamientos aglutinadores en simbiosis con el sentido de pertenencia que demuestren.

Este ensayo, pretende acercarse a esta problemática al tener en cuenta al Choteo como expresión moduladora del ser y hacer cubano en sus perfiles esenciales. El analizar el contenido de este comportamiento es el objetivo de este trabajo que no pierde de vista el hecho de que al introducirle carácter conceptual en esta investigación, puede simplificarse el significado real. Pues, el perfil sintético que esta propuesta persigue, puede obviar la riqueza concreta que esta definición posee en su realidad de existencia desde lo que  su propia identidad le propicia.

Contamos además como referencia la percepción que a nivel social se constata de manera evidente sobre el Choteo en la población cubana aunque este no es un trabajo de estudio sociológico de caso.

La tímida presencia de literatura afín a esta problemática en específico nos conduce por caminos múltiples de llegada al análisis de este comportamiento. Las tendencias a ser calificado en sentidos peyorativos o de exaltación de sus fundamentos ya sea por valoraciones que abarcan rangos de negatividad o favorables a enfoques positivos,  reducen la comprensión del significado de esta conducta de la que todos los cubanos somos partícipes.

Sostenemos como principio de análisis básico el considerar al Choteo como una forma de identidad abarcativa al contexto de formación y desarrollo de las relaciones sociales cubanas. En este sentido, es necesario tener en cuenta los tres niveles de aprehensión y comportamiento en los que yace el actuar humano: personal, grupal y como representante de la humanidad avalados por la Teoría de la identidad desarrollada con fuerza en nuestros días.

Es por ello que un análisis congruente con la realidad social, debe entender que si bien las teorías tradicionales expresadas en las obras de Freud y Le Bon aportan elementos iniciales determinantes en la argumentación del actuar humano desde la individualización como referente básico, una lectura contemporánea de la problemática no puede descartar los análisis realizados por la psicología social sobre los procesos de identidad. Como procesos en sí mismos, encierran la dinámica de los comportamientos humanos de tránsito entre la identidad personal y social. Ambos pares categoriales permiten comprender la identificación de los grupos, las percepciones y asimilaciones abarcativa a su experiencia personal y colectiva, metas, intereses, motivaciones y los estereotipos cambiantes. Estos últimos en su estructura no rígida, dotados de la movilidad que le otorga la vida, es decir avalados por las condiciones sociales en que se desarrolla el contexto y que permite al individuo y al grupo social postularse por comportamientos de homogeneidad o discontinuidad de acuerdo a las normas sociales y al principio de positividad o negatividad que avale o prestigie a nivel social la pertenencia como acción de éxito en el reino de las relaciones sociales. En este sentido, la autoimagen del individuo y del grupo puede establecer rutas preferenciales para los haceres sobre los que se construye su vida individual y colectiva. Sólo que las metas, las percepciones, la autoconciencia de sí mismo, poseen a nivel de humanidad determinaciones que se encuentran mediadas en el horizonte planetario, por normas condicionadas por el sentido de aprehensión de los dictadores de cánones. Circunscriben su discurso poderdante y ritualizan las acciones de identidad a partir del qué entender como lo socialmente valorado y como pertenezco como identidad personal o grupal a esa valoración.

Otrora el dictado diferenciador hizo excluir comunidades humanas o condenarlas al ostracismo en América.  El principio diferenciador también hizo nacer al Choteo en esas salidas diferenciadoras y aglutinadoras complejas, manifiestas en los tres niveles de comportamientos personal, grupal y de humanidad. Se trata de una salida de cambio ante una mentalidad dominadora que lo ubica como identidad social no valorada de prestigio. Obedece en sus inicios al desgaje evolutivo identificativo postulado posterior al proceso de evangelización, exterminio, transculturizador triunfante en la vida insular. Es resultante, el Choteo, de la percepción de una identidad social insegura e inestable y se vale en sus dimensiones de aparición de la creatividad, de la redefinición de los caracteres de los que se dispone como certeros, y de los patrones de movilidad social establecidos de manera rígida, como mecanismos de salida intrínsecos que aportan  la  adaptación necesaria sobre la construcción de relaciones de complicidad, cooperación y correspondencia pertenecientes al grupo social.

Entender quiénes somos conforma, desde hace siglos, una preocupación y ocupación de los hombres de todos los tiempos. Establecer rutas preferenciales para un decir y hacer lo nuestro, resulta luego de un extenso período de incertidumbres y cambios movilizativos de la subjetividad. Esa que se muestra conexa en una  conversación interior, con la historia y  la experiencia vivida en la especificidad de poseer  consonancias de influencias múltiples. El Ser y Hacer desde lo nuestro implica tener en cuenta lo otro, lo adquirido y lo rechazado en ese juego de roles en el que somos protagonistas o espectadores de una vida que es o finge ser conformadora de la existencia.

Formas y maneras de proyectarnos conceden expresiones conexas con salidas conductuales específicas ante lo que se le presenta a los pueblos en la vida. Desde el Ser y el Hacer cubanos se proyectan estas, a partir de  peculiaridades que en apariencias pueden impresionar al sentido común, al ofrecer la visión de superficialidad o conductas desmedidas para el espacio social y valorativo. Este es el caso del llamado Choteo, actitud reflejada a diario en la conducta del cubano. Rebasa este el límite etario, histórico, clasista, para manifestarse en todos los órdenes. Sin embargo, ¿es posible entender el Choteo como expresión deformada del comportamiento de los cubanos? ¿Es el Choteo una conducta de identidad social adaptativa resultante del desarrollo de las relaciones sociales cubanas?  El Choteo es expresión de identidad social y de comportamiento cívico cubano esta es la tesis que sostenemos en este ensayo.

La identidad, tejido permanente que rodea nuestras vidas dándole forma o molde a nuestros quehaceres, se entroniza luego de vagar de manera no lineal por nuestros sentidos. “Lejos de ser algo estático, la identidad de uno mismo o la del “otro” es un muy elaborado proceso histórico, social, intelectual y político que tiene lugar en un certamen, en el cual intervienen personas e instituciones de todas las sociedades”… “la creación de una identidad depende de la disposición de poder o de la indefensión de cada sociedad y, por tanto, es algo más que un simple pasatiempo propio de eruditos”…”la identidad humana no solo no es natural y estable, sino que es creada e incluso, en ocasiones, creada completamente”[1].A ella nos enfrentamos desde la inclusión o la exclusión.  Las vulnerabilidades nos sitúan como marginales o no del proceso social. La expresamos en manifestaciones disímiles que pueden oscilar desde la introspección, la mirada interna de las verdades en nosotros mismos o  la exteriorización en el evento a incorporar como posible pero no entendido.

La cubanidad, expresión de una identidad específica, acostumbra a entenderse como criterio  de identidad de  la nación cubana. Las salidas interpretativas políticas no han faltado ante semejante condicionamiento. La determinación de isla o archipiélago en explicaciones incluyentes o excluyentes de todos o los que viven en la nación, han dejado sus huellas en el quehacer social de los nacidos bajo la pertenencia a la cubanía. Enmarcada en un espacio geográfico y bajo determinaciones específicas parece situarse la cubanidad en este patrón, al expresar lo sentido y lo vivido bajo un cielo y un salitre que sólo puede ser apreciado en la medida reveladora de verdades, para los que viven en esta condición.  Enuncia el carácter y la condición del cubano. Sin embargo, es este un principio que va más allá de aquello común a la isla y se expresa de manera diferenciada en la espiritualidad de cada cual, en tanto afinidad ante la que creemos ser diferentes e inigualables. En ella influye un complejo mecanismo de factores que como relojes engarzados en nuestra comprensión de lo social, engranan nuestra penetración en aprehensiones vinculantes de una vida específica de sentimientos, pasiones, emociones emplazadas en un contexto natural de adoración al terruño, al salitre del mar, a la poesía nostálgica o a la música movedora de contornos corporales bajo ritmos específicos y sudoraciones motivadoras.

Es también lo cubano la forma de enfrentarnos a la vida. Esa que no pasa en el día, sino en la reflexión crítica que vio nacer al cubano más allá del color de la piel, la estatura o la influencia étnica. La confluencia de elementos diversos en ámbitos disímiles hace nacer a un ser humano específico para una tierra insular específica, formas de enfrentarse o respaldar lo absurdo en medio de lo real maravilloso.

La  complicidad con la realidad en sus variadas manifestaciones la establece la cubanía en aquella representación específica  desde la corporeidad, la gestualidad o el lenguaje corporal uniforme con la estructura emotiva del hecho narrado. Tal parece que no alcanzan las palabras ni el universo descriptivo oral para defender el punto de partida de nuestros pensamientos. Se necesita una estructura paralela para el decir de las emociones, en juego místico con la naturaleza no quieta de nuestra vegetación o el sonido irreverente del mar ante el imperio climático del viento. Los gestos conforman en sí mismo, el idioma de raíz genética, el entrenamiento ante las limitaciones de aquellos que no pudieron entenderse con el extraño invasor proveniente de continentes lejanos, y con la cultura confusa de estos lares, en medio de vacilaciones mediadoras de cuestionamientos fundados en el quiénes son, que necesitan.

A los gestos lo representan también imágenes, símbolos de actos esotéricos de bienvenida o despedida al universo de nuevas o viejas verdades. Verdades aprendidas en medio del conflicto del cómo hacer ante la realidad personificada en el propio Hombre, que es Luz, Dios, Mal o Salvación.

En la conformación de lo cubano participa el contexto histórico social, la época y sus estructuras sociales.  Las formas lógicas abstractas del pensamiento humano en sus diversas etapas. Las convenciones incorporadas bajo la plenitud del imperio de la moral. Esa que hace aceptar o negar los elementos de la vida en los límites socioculturales de los espacios físicos y temporales de nuestro universo valorativo. Nos llegan las máximas morales de amplio contenido cultural. Asimilamos en confluencia con lo vivido, en diálogo directo de concurrencias de variada oferta valorativa. Ante la imposición, lo confluyente se expone y por esta vía, la percepción de aceptación en duelo de creencias. La pertenencia contra la otredad, quedan resignadas a una salida conflictual reproducida por el absurdo del ser y el hacer específico de la Isla o mejor del Archipiélago, en una expresión milagrosa avenida como salida interpretativa ante lo no entendido o no comprendido de esa vida llena de historia, sabores y olores específicos, no importados, sí traicionados en ocasiones, por la sintaxis invisible entre lo que debe ser y lo que debo ser en este mundo incoherente de paradigmas, que se presenta bajo el rótulo “sentido de lo nuestro”.

Una salida a este duelo epistémico donde no queda fuera la intersubjetividad asentada por nuestra condición humana, es posible encontrarla en el Choteo. Ese ser y hacer del cubano que se manifiesta en todo momento. Puede ser este,  la salida lógica al universo del mundo de los renegados, los condenados a la barbarie, los descubiertos en  infraganti.  Ante una cultura no similar a la ya vista,  demostrada “efectiva”, otra conforma la  propia, es expresión cultural de una civilización con autoría propia no reconocida.

 Si bien el Choteo cubano demuestra su existencia en vínculo directo con todas las formas humanas de expresión de las emociones: Sátira, Burla, Humor, Gestualidad, Parodia, Risa, Ironía, entre otras, una mirada a sus connotaciones ha provocado la aceptación o negación de este como mecanismo socializador, expresión de la subjetividad humana cubana. Es posible constatar en los intentos explicativos de este evento conductual en el que todos estamos involucrados interpretaciones disímiles. Abarcan propuestas del rango más diverso, desde la canonización hasta el entierro despiadado, pasando por los desenlaces decodificadores que dan crédito a la debilidad del comportamiento cívico  de los naturales insulares de Cuba.

Es la búsqueda de la integridad humana el motivo que mueve al Choteo. Su contenido histórico y permanencia en el tiempo es revelador del duelo inicial que conformó el universo de verdades sobre el que se asienta la propia creación de la nación y que se establece como prejuicio hasta nuestros días. La necesidad del diálogo entre la autonomía moral establecida de manera social a partir de máximas por la modernidad y la autonomía personal constituyen el gran dilema ético de nuestros días. El Choteo, asiste a este dilema en su aparición y diseño de salida al mundo. Es expresión del compromiso de la igualdad moral de los individuos tejida en las mentalidades a partir de su pertenencia consigo mismo, al grupo y la humanidad.

Una de las formas de aparición del Choteo es el Humor. El humor, se manifiesta como actitud propia de los humanos. Tómese como referencia al respecto el Alacraneo argentino, salida específica al rumor ante lo desconocido o lo supuesto a nivel superficial. El Humor es una condición psíquica humana. Su recurso expresivo se manifiesta de manera visible a través de la risa o el gesto mimético simuladora de ella. El choteo es, en cambio, algo más que una nota humorística de una situación excepcional. Enmarca una semblanza valorativa implícita de aspiraciones y definiciones de contenido histórico, guardado al interior del ser y el hacer cubano, como asiento aclaratorio ante la no interiorización de las máximas ajenas en congruencia lógica y como consecuencia, asimilativa.

En el psicoanálisis y en especial en la obra de Freud, podemos encontrar un punto de apoyo para explicarnos esta condición de comportamiento frecuente de los cubanos. Más allá de las limitaciones ya conocidas de este autor, el referente categorial bien puede servirnos como recurso epistemológico de entendimiento de nuestro objeto de observación, al tomar como criterio de partida aquello que a nuestro juicio aún valida sus postulados, el dinamismo del enfoque freudiano frente a un estructuralismo que como premisa es posible  encontrar en el tratamiento de esta problemática.

Se trata de entender el análisis del Choteo a partir de la psicología colectiva o alma colectiva. Como comportamiento, sentimiento de potencia invencible. Habitualmente esta disposición conceptual suele observarse desde dos perspectivas: como arma para suprimir represiones o para ahogar responsabilidades. Pues, en sus modalidades de aparición el Choteo exige complicidad con el otro y se manifiesta en grados diversos de complejidad atendiendo a la situación objeto de “burla”, es decir de broma o chiste que genera risa en una primera impresión.

La diferenciación establecida por Freud y otros psicólogos sociales  entre masa psicológica, multitud y alma colectiva puede también constituir referente en su sentido directo, alejando de este análisis aquellos elementos que conducen a las salidas peyorativas, sobre las que ya se han escrito, que subestiman el papel de las masas y su naturaleza interna al situarlas en los límites de las consideraciones y epítetos de rebaño desprovisto de pensamiento previo y de acción individual. Para Freud, siguiendo los estudios de otros pensadores en su tiempo, “para que los miembros …de un grupo humano lleguen a formar algo semejante a una masa, en el sentido psicológico de la palabra, es condición necesaria que entre los individuos exista algo común, que un mismo interés les enlace a un mismo objeto, que experimenten los mismos sentimientos en presencia de una situación dada y que posean en una cierta medida, la facultad de influir unos sobre otros…Cuanto más enérgica es esta homogeneidad mental, más fácilmente formarán los individuos una masa psicológica y más evidentes serán las manifestaciones de un alma colectiva… Además, los individuos de una multitud experimentan una voluptuosa sensación al entregarse ilimitadamente a sus pasiones y fundirse en la masa perdiendo el sentimiento de delimitación individual”[2]

Para una masa psicológica provista de limitaciones de proyección de sus ideales, la conducta Choteo puede convertirse en una burla superficial en ausencia de otros fetiches más elaborados que los del sentido común, aquel denominado por Gramsci como negrero de los espíritus. Para una multitud psicológica con sueños y proyecciones con cierto grado de organización compleja, es decir, que toma como elemento de mediación para el logro del fin  niveles de interrelación más abarcativos a todo el contexto donde se produce la ilusión, la burla, el chiste, la parodia, el comportamiento reflejado bajo el signo del Choteo alcanza otros formas de realización.

El Choteo se proyecta en los diversos contextos, atendiendo a las condicionantes que generan choques de criterios entre lo aceptado moralmente y lo presentado como objeto de contradicción. Entre ese mundo de realidades disímiles y la irrealidad que rodea de manera permanente en estos parajes, nuestra existencia. No podemos olvidar que a los individuos como a las agrupaciones colectivas  les resulta  ínsito, como poder irrevocable, la demanda de ilusiones que hace mover su vida en un sentido o en otro. Es en ellas donde se trazan los  lazos mágicos que dan poderes a lo irreal sobre las bases de lo real en la plenitud de sus posibilidades. Las metas que a nivel social e individual nos hacen pensar en metódicas como recursos para llegar a un fin, no existirían sin un universo de ilusiones a las que aferrar nuestras vidas. Las ilusiones y la realidad generan comportamientos variados, de acuerdo a los niveles de asimilación y de discernimiento de las metas y objetivos y sobre esta base también se generan conductas de Choteo. Se trata de la necesidad de comprobar el grado de establecimiento de esa verdad- ilusión y las perspectivas del logro de sus presupuestos sobre una realidad fundada. Detrás de todo esto la burla no como salida insolente, sino como recurso demostrativo del poder vinculante de lo irreal con lo real. Sobre la base de  esta, las posibles conciliaciones de las autonomías, individuales, morales colectivas y las humanitarias.

Tal perspectiva puede situarse, de manera ejemplificadora, atendiendo a  nuestra historia política nacional. Los símbolos creadores de atmósferas identificativas políticas no escapan a estos postulados. Frases metafóricas de nuestra historia política conjugan su significado directamente con el decir popular, dígase la utilizada en campañas electorales pre revolucionarias: “Tiburón se baña pero salpica”. En alusión a las posibilidades y posiciones políticas expresas de una figura de poder, enuncia una conducta cívica de amplia repercusión en todo el universo de relaciones de la nación, al utilizar incluso como enunciado representativo un animal de comportamiento tenebroso, pero esta vez en relajamiento expresivo de una moral de compartimiento corrupto colectivo.

El ejemplo podría ilustrar dos indicadores expresados por el  psicoanálisis. Nos permiten estos dilucidar al Choteo dentro de los elementos constituyentes del Ser y el Hacer cubanos. Se trata de la sugestión y el contagio que la conducta evidenciada por el Choteo exige. Para que se revelen se necesita de algo más que la voluntad. Los lazos afectivos contenidos, exigen formas subliminales culturales de comprensión referidas a la condición de cubanía. Son criterios de acercamiento y de identificación con la situación. Se trata de sentar sobre una misma mesa: emociones, sentimientos, historias de vida, símbolos, entre otros, que suscriben nuestra pertenencia a un mismo lugar, tiempo, espacio físico o virtual, decir, gestualizar, andar.

Debemos tener en cuenta que: “1º La identificación es la forma primitiva de enlace afectivo de un objeto; 2º siguiendo una dirección regresiva,…. (es) Introyección del objeto en el Yo; 3º puede surgir siempre que el sujeto descubre en sí, un rasgo común con otra persona…[3]”Se trata de la actitud tejida por la voluntad de colocarse en una misma situación bajo una comunidad afectiva. Se trata del poder de identificación con el principio creado como agente aglutinador. En este caso puede ser la cubanía expresada en el Choteo.

La consecuencia de la sugestión y el contagio que el choteo provoca podría enmarcarse a partir de la llamada inducción afectiva. -La tendencia a imitar o experimentar aquellos afectos cuyos signos observamos en otros-. Puede evidenciarse además, en esa tendencia que tal actitud provoca cuando se caracteriza al cubano a partir de signos distintivos provistos de designaciones dependientes, superficiales, incapaces de referir un juicio profundo, sumido en conductas irresponsables desprovisto de visiones  jerárquicas sociales.

Para algunos estudiosos el Choteo cubano es una actitud crítica ante las crisis que sufre la sociedad en sus diversos momentos de desarrollo. En tal perspectiva se sitúan algunos de los argumentos explicativos de uno de los más completos análisis reconocidos del siglo XX cubano sobre este tema, recogido en la obra: “Indagación del Choteo”. Su autor, Jorge Mañach, en este  trabajo escrito en 1918 sitúa la definición del Choteo como una actitud convertida en hábito. Su razonamiento lo vincula a dos momentos básicos o tipos de Choteo: la actitud escéptica y lo meramente jocoso en la conducta del choteador. Si bien Mañach establece su patrón de mira, limitado a aquellos aspectos que para él sistematizan la conducta de los cubanos hasta convertirla en hábito que en ocasiones alcanza sentido maligno, debe destacarse en esta obra la seriedad en el acercamiento al tema.  El intento sistematizador con que esta figura de la intelectualidad cubana, busca salidas argumentativas a tener en cuenta por todo aquel que necesite pretextos cognoscitivos  de descubrimiento de este fenómeno de asidua frecuencia en la forma de ser y hacer cubanas, es realmente relevante.

En este sentido, el escepticismo que las conductas de choteo motivan, se derivan de la falta de retención,  de perspicacia o  de consecutividad con que los cubanos se enfrentan a la vida, derivado de la inmadurez típica para construir su vida de este pueblo, en opinión de Mañach.

La consecutividad del  volver a mirar o detallar  ciertos asuntos, a  juicio de este pensador, no es una cualidad inherente a los cubanos. Lo que proporciona interpretaciones superficiales y en ese mismo orden conductas de “mohosa aptitud para formar juicios de valor”  referidas a una situación exterior determinada. De ahí el comportamiento meramente jocoso en franco compromiso con ese estado de impaciencia, recelo de alguna limitación impuesta por una auténtica o por una falsa autoridad. Es la condición de “pueblos impresionables” que nos viene dada a los habitantes del trópico.

Tal referencia interpretativa se ha convertido en patrón de análisis de esta conducta. Al vincularse en la conciencia cotidiana el acto de chotear como actitud de escasa  profundidad analítica. Ha motivado como consecuencia la asimilación de este presupuesto en un sentido negativo. Hasta tal punto que se busque la eliminación de tal comportamiento y se rechace tal posicionamiento social por vincularlo a actitudes poco serias, desde un civismo que no hace compromiso con una forma específica y natural del hacer cubano. A pesar  de que en un inicio se explicaba esta actuación por la poca presencia de una educación forjadora de comportamientos responsables, por la vida ajustada a las necesidades perentorias, hoy puede contemplarse aún la presencia de este comportamiento desde matices que abarcan ideales y realidades propiciadores de reacciones sociales que no por complejas, dejan de manifestar la incertidumbre de la propia vida presentada por el Choteo.

Una lectura más amplia del Choteo, puede vincularlo, sin dudas, a otras salidas referenciales. Si tomamos en cuenta los compromisos establecidos por esta nación en su advenimiento al mundo civilizatorio, pudiéramos entonces declarar que los momentos en que se proyecta la cultura originaria al mundo exterior a ella, pudieran tener connotaciones posteriores en nuestra historia y por ende en la conducta que en todo orden manifiestan los cubanos. Las rupturas y diferenciaciones que Cuba y el continente establece con la cultura “consentida”, acercan a comprender la penetración  hacia la formación de nuevos rasgos de aceptación de una sensibilidad que se muestra contradictoria hasta nuestros días. “La experiencia de la inmensa desproporción existente entre lo ideal y lo real, unida a la incapacidad propia del hombre medio para establecer vínculos ingenuos con el próximo, integra las condiciones íntimas que prefiguran su conducta social. Desenvuélvese, por tal motivo, un estilo de vida que se caracteriza por un vivir compensando impotencias y aniquilando contactos humanos directos… Vive, pues el hombre de esta época, una radical desviación de sí mismo que constituye la expresión cabal de su inautenticidad, de su inseguridad frente al prójimo y la sociedad”[4] Entiéndase que se trata de una nación ante la que se imponen cambios involuntarios apoyados en conceptos de vida y de carácter nacional abarcativos de connotaciones impuestas, como recursos de aprehensión aceptados como civilizados. Tal disposición de cosas  puede generar mecanismos de rigidez ante situaciones artificiales de disposiciones imputadas a partir de lo que debe ser, en contradicción implícita con los choques de aceptación interior ante la no comprensión de lo dispuesto.

Sirva todo esto para destacar en la conducta de Choteo, en este sentido directo, no sólo la crítica tan necesaria a los sistemas sociales de que dispone la actitud choteadora, sino los hábitos de vicio en las conductas de burla en ocasiones avalados por la ausencia de razonamientos profundos ante la falta de la llamada mirada de consecutividad del cuestionamiento objeto de referencia. Pues, ante los vicios, las costumbres fundamentadas sobre bases de repetición no pensada, puede también manifestarse el choteo, al tomar como fundamento el juego entre la apariencia y la esencia de las cosas.

Tomemos en cuenta que la condición de SER es abarcativa de la síntesis del proceso de construcción, remodelación o cambios sobre los que esta supuesta nuestra vida. Son conocimientos, normas, valores adquiridos, pautas que persiguen necesidades, intereses y actitudes en vínculo estrecho con la incorporación al grupo y a la sociedad. Los hábitos contraídos y conservados adquieren mediante el proceso de socialización, extensiones múltiples reveladoras de identidades exportadas. Entronizan posturas, gestos, expresiones orales de repetición marcada. Son poseedores de verdades aprendidas como válidas, de incorporación notoria y vínculo societario de aceptación en diversos entornos sociales. Dígase a partir de una rápida mirada y como ejemplificación: La homogenización del vestir que aparece a partir del fenómeno de la moda.  Los habitantes de climas diferentes adoptan como suyos los dictados de los grandes centros hegemónicos del vestir, en un comportamiento estético que se aleja de las peculiaridades del contexto geográfico, político, social.

La socialización de modos de vida ajenos también genera automatismos ante los que el Choteo se manifiesta. La vida imitada por la vida de especificidades, las singularidades que no pueden percibirse a partir de la repetición. Henry Bergson sobre este asunto escribe: “Sólo empezamos a volvernos imitables ahí donde dejamos de ser nosotros mismos. Y es que la vida bien viva no debería  repetirse. Ahí donde hay repetición, completa similitud, sospechamos que hay un mecanismo funcionando detrás de lo vivo. Analice su impresión frente a dos rostros demasiado parecidos: verá que piensa en dos ejemplares obtenidos a partir de un mismo molde, o en dos marcas del mismo sello, o en dos reproducciones del mismo cliché; en resumen, en un procedimiento de fabricación industrial. Este desvío de la vida en dirección a la mecánica es aquí la auténtica causa de la risa”[5]. Risa representada por el Choteo a partir de la socialización del comportamiento. La incongruencia entre la diversidad de formas interpretativas de la realidad y el deseo monolítico de respuestas que llega a convertirse en un estereotipo, un consenso elaborado del deber hacer en el todo social.

Supone la vida societaria contemporánea, la presencia de mecanismos que hagan valer la individualidad. Esta fue una exigencia que hizo romper con los esquemas que hicieron posible el proceso de homogenización de la sociedad feudal. Las colectividades humanas sumidas en compromisos de obligaciones consuetudinarios, cedieron su lugar ante el impulso de la sociedad capitalista. Exigía esta última la representación de la individualidad de los seres humanos como tránsito hacia las señales de éxito.  Éxito cuya connotación se establece a partir de las capacidades y aptitudes humanas, en un diseño de vida donde la elasticidad y la tensión de las fuerzas de adaptación al entorno constituían la organicidad del evento. Al buscar nuevos patrones que distorsionaran las salidas autocráticas y autoritarias establecidas por el poder monolítico feudal, la sociedad se prepara para la vida liberal, no sin desembocar para el futuro nuevas estructuras rígidas sobre las que se moldea la conducta humana en cualquier dimensión del planeta.

El archipiélago cubano, sus individuos, que también encuentran en una segunda fase de su nacimiento con la República un encuentro con su contorno, elaborado según las distinciones y el sentido enunciado con anterioridad, se ve ante la disyuntiva del comportamiento elástico liberal y la tensión de un modelo de vida que como otrora seguía siendo diseñado de manera foránea y no siguiendo la medida de los usuarios-los cubanos.

La adaptación a este entorno en las desproporciones de estructuras de asimilación sobre las que se teje un universo de verdades válido para el contexto en tanto señales de civilización, se instala nuevamente a partir del automatismo de lo impuesto. El reflejo de este automatismo, en la actitud ínsita similar a la de otra época histórica pasada: el Choteo. Esta vez en referencia al nuevo hábito cívico, estético, filosófico, moral, científico, económico contraído como el más civilizado, en complicidad con el conservado de períodos anteriores en aquella ocasión en que aquél también era señal de la llegada al mundo.

 Ese automatismo que imita la vida, se instala como auténtico. Junto a él la presencia de mundos no imitables por ser genuinos, también  manifiesta al Choteo. Tratándose de proyectar hacia una comicidad  que devela el  “absurdo a los ojos de la razón”. Esa misma razón que mantiene un diálogo interior entre el Hacer y Ser cubanos, en franco compromiso entre lo que debo ser y lo que soy.

El Choteo desde aquí entonces, se manifiesta en estructura dinámica con la sociedad desde el comportamiento y  la organización que origina formas de proyección similares, apariencias tejidas en dialéctica comunión con reglas advenidas de universos lejanos. Imposiciones y rigidez, no comprendidas, si entendidas en juegos sintéticos de aceptación, enmascaradores de esencias de múltiple complejidad en  la conformación de sentidos de vida, patrones, paradigmas de entendimiento distantes formuladores de una rigidez de la mente, llamada a convertirse en elemento de sospecha para la aceptación interna de los humanos de estos lares, donde todo lo trae y todo lo disuelve el mar.

Para la conducta Choteo no importa el tiempo en sus matices, rapidez o lentitud de los acontecimientos, ese  tiempo físico. El reloj dictador es  el tiempo “construido” ese que se interioriza en lo histórico – colectivo, en la vivencia de los individuos y el colectivo.

Se trata de una actitud reflexiva analítica en la que la complicidad permite más allá de las distancias que el orden de lo social exige, llegar a una compenetración donde  distinguimos el tono [afectivo] en que es expresado, <el ritmo según el cual fluye, la manera particular en la que está organizado, la lógica bajo la cual se inserta y la coherencia propia de esa lógica>. La captación de todos estos elementos confluye en un sentir intelectual que surge tanto de los detalles como de la configuración total del alegato que se tome como bandera argumentativa. Este sentir, nos da una idea de lo que estamos escuchando y nos permite aproximarnos a lo que el sujeto del Choteo quiere transmitir.

El Choteo desde esta mirada  se evidencia, entonces en nuestras maneras. Conforma nuestro imaginario social. Aparece en expresión esencial y con él pretendemos marcar distancia ante la alteridad presentada en otros continentes.

 El Choteo es pues, una realidad instituida provista de múltiples significaciones, avalado por signos que pretenden cobrar sentido en contextos disímiles. Intenta expresar exclusividad. Sentido de lo diferente e inherente, busca moldear el decir y desarrollar la acción opuesta a la impuesta. Conduce hacia formas específicas de pensar, sentir, desear.

En sí mismo enuncia una forma específica de inteligibilidad marcada por la mentalidad que como metódica acompaña a su recurso de apelación. Ha surgido el Choteo motivado por la propia vida y no creciendo de manera autónoma como si no existiera compromiso directo con la actividad diaria de los seres humanos.

Si entendemos el modo de ser divorciado del desarrollo de mentalidades, pues el Choteo solo sería un reflejo pasivo de la realidad. Pero el cursar del tiempo en todas las incidencias que comporta, en las formas de manifestarse nos revela, al ser y la creación intelectual en unidad dinámica. Son agentes que se constituyen al tomar cada uno en cada momento el lugar convenido en el proceso integrativo que conforma el vivir mismo en sociedad y al interior de las individualidades humanas.

La necesidad de expresar juicios, criterios sobre determinadas cuestiones puede ser el antecedente inmediato para la formulación del Choteo. El convivir asociado a criterios de organización social con primacía hacia el autoritarismo, el alivio existencial ante el drama de la vida, sofocados por las injusticias o la existencia del absurdo como elemento integrante de nuestro pensar y hacer, la exigencia de ser un sujeto moralmente aceptado, son elementos para el florecimiento de las manifestaciones de Choteo. La cuestión no es referida solo a los rasgos fenomenales, sino también a aquellas esencias que en el orden asimilativo conforman nuestros modelos políticos, filosóficos, morales, estéticos, entre otros, de apropiación de la realidad. La necesidad de nuevos recursos para ser diferentes ante lo homólogo que resulta nacer en un planeta de Hombres y de culto antropocéntrico.

Lezama Lima, figura cimera de la literatura cubana, puede ayudarnos a entender la problemática. Cuando nos dice: “Solo lo difícil es estimulante; sólo  la resistencia que nos reta, es capaz de enarcar, suscitar y mantener nuestra potencia de conocimiento, pero en realidad ¿qué es lo difícil?, ¿lo sumergido, tan sólo, en las maternales aguas de lo oscuro?, ¿lo originario sin causalidad, antítesis o logos? Es la forma en devenir en que un paisaje va hacia un sentido, una interpretación o una sencilla hermenéutica, para ir después hacia su reconstrucción, que es en definitiva lo que marca su eficacia o desuso, su fuerza ordenancista o su apagado eco, que es su visión histórica. He ahí, pues, la dificultad de sentido y de la visión histórica. Sentido o el encuentro de una causalidad regalada por las valoraciones historicistas. Visión histórica, que es ese contrapunto o tejido entregado por la imago, por la imagen participando en la historia.”[6]

Esta representación de la imago encarnada en nuestro análisis  por el Choteo, bien puede ser su forma de participar en la historia. En tanto el mismo es contraversión al orden, búsqueda de autoridad, reconocimiento,  ingenio, gracia, humor. Es al decir de Mañach, lo irrisorio que es serio, es lo familiar, lo menudo, lo festivo, lo  que constituye nuestra circunstancia, nuestra vecindad, aquello con que ha de rozarse nuestra existencia.

 “Ciertas épocas han exhibido una marcada tendencia a revestir de gravedad ideas más o menos fatuas. Por ejemplo, el siglo pasado, que por su exaltación romántica y su devoción casi supersticiosa a los <principios> infló numerosos conceptos, atribuyéndoles un contenido real y una trascendencia que los años posteriores se han encargado de negar. Esas ideas globos gozaban hasta ahora de un envidiable prestigio de excelsitud. El realismo moderno les ha dado un pinchazo irónico, privándolas de lo que en criollo llamaríamos su vivío. Esta misma época nuestra, arisca a toda gravedad, insiste en reivindicar la importancia de las cosas tenidas por deleznables, y se afana en descubrir el significado de lo insignificante.”[7]

Los significados en la comunicación humana están mediados por la representación del otro, elemento de fuerza que construye contextos. El sentido histórico que la representación del otro porta para una determinada época, se torna en elemento de valor en la comunicación social y el Choteo es una forma de esta. Asimismo la imago o arquetipo rígido de la experiencia del individuo también guarda relación en su representación del todo. Establece condiciones de significado y rutas significantes ante lo valorativo que porta la experiencia vivida.  Conduciría esto a entender a  las expresiones de Choteo en el quehacer cubano. Más que adoptar estas sentido de dejadez, como arquetipos de una práctica histórica que expresa valores, refleja activamente subjetividades, verdades encontradas, conductas que arrastran tanto prácticas arcaicas como nuevos enfoques o maneras de entender el contexto en curso. Es el Choteo en sus diversas expresiones, construcción de convivencia sobre la base de la crítica a lo precario, a lo absurdo, a los enigmas de la vida individual y colectiva, a la ridiculez compartida y adaptación a los imperativos de los tiempos. Es a su vez, reconocimiento de la realidad y posibilidad de cambio.

No podemos olvidar que las sociedades modernas acostumbran a pensarse como autoinstituidas. Se crean, de manera general, bajo dos imperativos: la libertad y la conciencia, y a partir de ahí,  los mecanismos reguladores del convivir colectivo entre los que se encuentran la autonomía y la autodeterminación no siempre son constitutivos del modo ser de la sociedad. La conciencia del “nosotros” cubano o latinoamericano pasa por esta perspectiva. El creernos diferente no tiene que conllevar a lo peyorativo definitorio del Choteo. Es la lucha de lo proclamado con sentido y el reflejo interior de lo que entendemos sin sentido. Tal vez, es una forma de sentirnos libres aunque no siempre el camino escogido sea el cierto.

Desde esta visión “el sinsentido y el sentido abandonan su relación de oposición dinámica, para entrar en la copresencia de una génesis estática, como sinsentido de la superficie y sentido que se desliza sobre ella. Lo trágico y la ironía dejan sitio a un nuevo valor, el humor. Porque si la ironía es la coextensividad del ser con el individuo, o del Yo con la representación, el humor es la del sentido y el sinsentido; el humor es el arte de las superficies y las dobleces, las singularidades nómadas y el punto aleatorio siempre desplazado, el arte de la génesis estática, el savoir-faire del acontecimiento puro o la «cuarta persona del singular»; toda significación, designación y manifestación quedan suspendidas, toda profundidad y altura abolidas”[8]. Debe entenderse entonces aquí por superficie el enmarque del mundo concreto  sensible del acontecimiento objeto de Choteo. Es la lógica del sentido y el sin sentido en el individuo. La representación clásica interpretativa del hecho y el yo que siguiendo el acontecimiento le otorga una lógica individual de significación más allá del alcance conferido a nivel social. Se trata de “el lenguaje esotérico, que representa en cada caso la subversión, por el fondo, del lenguaje ideal y la disolución de aquel que detenta el  lenguaje real”[9]

“En la medida en que se esquiva el presente, el devenir no soporta la separación, ni la distinción entre el antes y el después, entre el pasado y el futuro. Pertenece a la esencia del devenir avanzar, tirar en los dos sentidos a la vez: Alicia no crece sin empequeñecer, y a la inversa. El buen sentido es la afirmación de que, en todas las cosas, hay un sentido determinable; pero la paradoja es la afirmación de los dos sentidos a la vez”[10] 

Y en esa paradoja se encuentra el Choteo. Al buscar el buen sentido se encuentra en la encrucijada de determinaciones aprehendidas y dialoga con ellas para establecer su propio rumbo en dependencia de la nueva sujeción sobre la que fundar sus propios recursos. De aquí las implicaciones sociales que tal comportamiento provoca. Busca imponer él mismo, metáforas propias comprensibles para el actuar social. Encuentra en cambio en muchos casos la “ironía cósmica”, la incoherencia entre las expectativas que suponen los sucesos y el evento real sobre el que se construye nuevamente la percepción. Vuelven entonces, como otrora a entronarse las contradicciones entre el deseo y las realidades manifiestas. 

Como práctica histórica es, el choteo, una forma de precisarnos o de que nos definan, que se avala en nuestra constitución como pueblos y en contraste con la actitud trágica de los primeros pobladores de nuestro entorno. Es una forma de construcción de consenso, legitimidad. Mecanismo de integración en tanto muestra, contrasta y oculta la propia realidad.

Tener en cuenta estos elementos, a nuestro juicio, puede abrir el análisis aún en actitud sonriente, pero compleja, sobre nuestra conformación identitaria y los imaginarios sociales, que se traducen en conductas, concepciones, prácticas y valores de las que todos somos partícipes.

El Choteo es pues, disposición psicológica, expresión de emociones compartidas en tiempos históricos construidos al interior de los cubanos en sus vivencias, percepciones y contradicciones históricas. Confiere un lugar de primacía a la actitud reflexiva analítica desde el sentir inteligible que representa. Conforma los arquetipos de una práctica histórica que en sí misma refiere su legitimidad al establecerse como conducta consensuada. Se trata de una realidad instituida en choque de conflictos con la subjetividad que pretende congeniar, en tanto está provista de múltiples significaciones. Es, además práctica de construcción de convivencias, forma de edificación de significados, reconocimiento, integridad.

Sus implicaciones sociales están avaladas por las interpretaciones disímiles que sobre el Choteo se manifiestan .La representación en el imaginario que tales interpretaciones provocan y la perdurabilidad de este comportamiento al expresar en sí mismo la forma de Ser y Hacer cubano.

Avalado por las diversas realidades que se les presentan a los cubanos en los  senderos históricos de sus vidas, debemos entender en esta conducta la forma propia de vincular nuestra vida, sueños e ideales con lo aprehendido desde el pretérito lejano. El convivir de hoy, bajo los supuestos de nuevas verdades no supone la muerte del Choteo. Nuevas contradicciones inundan nuestros contextos de vida, nuevas dicotomías se abren paso, nuevos principios de civismo buscan sus salidas lógicas en un universo valorativo social que también es personal. De forma permanente queda, sentir, desear, chotear como recurso apelativo de un Ser configurativo de esencias, donde lo sustantivo expresa quiénes somos y como hacemos nuestro universo en medio de lo impositivo representado por “La Verdad”. Deja de ser esta única entonces, para ser plural de acuerdo al diseño inicial de configuración de la vida que vio nacer a pueblos diferentes en universos disímiles. En medio de todo, el Choteo, para decirnos acerca de la naturaleza de nuestra vida.   

Bibliografía.

-Bergson Henry. La risa. Ensayo sobre la significación de la comicidad. Ediciones Godot, Buenos Aires, Argentina 2011.

-Deleuze Guilles. Lógica del sentido. Edición electrónica de www.filosofía.cl. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.

- Freud, Erich, Psicología de las masas. OC- T IX. Editorial Santiago Rueda Buenos Aires 1953

- Honneth Axel. La lucha por el reconocimiento. Por una gramática moral de los conflictos sociales. Edición digital.

-Lezama Lima José. “La expresión americana” Editorial Letras Cubanas 1988.

-Mañach Jorge. Indagación del choteo. Editorial Libro Cubano, La Habana, 1955.

-Mañach Jorge. En Identidad y descolonización cultural. Editorial Oriente Santiago de Cuba

- Perenne, Henri. Historia económica y social de la Edad Media. Edición revolucionaria. Instituto Cubano del Libro, 1972

-SAID, Edward W. Orientalismo. Barcelona, Random House Mondadori, 2010

-Schwartzmann, Felix. El sentimiento de lo humano en América. Ensayo de Antropología Filosófica, Biblioteca Virtual Universal, Tomo I, 2003, pág. 3.

- Vasconcelos, José. La raza cósmica. Misión de la raza iberoamericana. Edición digital UNAM, México, 1972.

Notas:

[1]SAID, Edward W. Orientalismo. Barcelona, Random House Mondadori, 2010. Pág. 436-437.

[2] Freud, Erich, Psicología de las masas. OC- T IX. Editorial Santiago Rueda Buenos Aires 1953, pág. 25.

[3]Freud Sigmund, Psicología de las masas y análisis del yo. OC, T IX, Editorial Santiago Rueda, Buenos Aires, 1953, pág. 52.

[4] Schwartzmann Félix. El sentimiento de lo humano en América. Ensayo de Antropología filosófica, Biblioteca Virtual Universal, Tomo I, 2003, pág. 3.

[5]Bergson Henry. La risa. Ensayo sobre la significación de la comicidad. Ediciones Godot, Buenos Aires, Argentina 2011, pág. 25.

[6]Lezama Lima José. “La expresión americana” Editorial Letras Cubanas 1988, pág. 213.

[7]Mañach Jorge. En Identidad y descolonización cultural. Editorial Oriente Santiago de Cuba 2010, pág. 196.

[8] Deleuze Guilles. Lógica del sentido. Edición electrónica de www.filosofía.cl. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, pág. 103.

[9] Deleuze Guilles. Lógica del sentido. Edición electrónica de www.filosofía.cl. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, pág. 103.

[10] Deleuze  Guilles. Lógica del sentido. Edición electrónica de www.filosofía.cl. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, pág. 7. 

 

Zoila María Fajardo Estrada
zoila@ffh.uh.cu

 

En Letras-Uruguay ingresado el presente trabajo el día 17 de octubre de 2017

 

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