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El racismo como pretexto de
persecución |
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Con
alguna frecuencia los mass-media hacen alusión a Sudáfrica, país del Apartheid;
palabra que podría muy bien ser sinónimo de opresión, de fascismo y
por supuesto de racismo. Denunciar e informar es su labor. Pero, sin
embargo, esta sólo queda a medias ya que nunca se han detenido a realizar
un trabajo exhaustivo sobre el racismo en Colombia. Se habla, eso sí,
sobre peculados, sobornos, narcotráfico, guerrilla, deuda externa; pero
el racismo no sólo no es un tema que les atraiga sino que en últimas lo
consideran inexistente en nuestro territorio. Así, la forma de pensar, de
hablar y de actuar del colombiano diga lo contrario. Tal vez la explicación
de este fenómeno sea la poca importancia que sé le da en nuestro medio
al racismo. El
racismo y la historia: Según la definición
del diccionario, racismo significa ‘Exacerbación del sentido racial de
un grupo étnico que en ocasiones, ha motivado la persecución de otro
grupo étnico considerado como inferior’.[1]
Esta definición, difiere ligeramente de otras en cuanto que hace explícita
la palabra “persecución”. El racismo, no es otra cosa que el arma más
poderosa con la cual ha contado el hombre en el transcurso de la historia
para poder perseguir, esclavizar y oprimir a diferentes grupos humanos que
él mismo, en su omnipotencia, ha designado como inferiores. El
racismo, ha sido el pilar de muchos sistemas políticos, económicos y
religiosos; por lo tanto, no siempre ha representado el cúmulo de
prejuicios que aún hoy persisten en contra de las mal llamadas minorías
étnicas. Por el contrario, esta idea -como se verá posteriormente- es
relativamente nueva. Antecedentes:
Los griegos denominaban a todo
aquel que no había nacido en territorio helénico con el apelativo de ''To
xeno'' (el extranjero). Luego, "extranjero" se convirtió en
"Bárbaro", denominación recogida posteriormente por los
romanos, sirviéndoles de baluarte en la campaña de extensión de su
Imperio. Luego, Occidente reemplazó el término por el de
"Salvaje", siendo este último el utilizado en nuestros días. Es
posible que "Bárbaro'' haya sido en un principio identificado al
canto inarticulado de los pájaros, en, contraposición al lenguaje
humano. Y "Salvaje", hace referencia directa a algo agreste, inhóspito,
a selva, en últimas a la vida animal, opuesta en su totalidad a la
cultura humana. En los dos casos se niega la existencia de una cultura
diferente a la del pueblo que se autodenomina como "civilizado"[2]. En
la mayoría de los grupos étnicos -considerados por Occidente como
salvajes- la humanidad se restringe a su propia tribu o a su grupo lingüístico;
hasta el punto que muchas de ellas tienen una palabra especial que designa
a los integrantes de su pueblo como los hombres verdaderos, mientras que a
los congéneres de otras tribus se les asigna una palabra que carece del
significado esencial de "hombre". Esto es lo que comúnmente se
conoce como etnocentrismo. El "centro" en el mito: Para los Incas, Cuzco significaba “ombligo del mundo”. En Irán, la montaña sagrada Haraberezaiti se haya igualmente en el centro de la tierra. La mitología judeo-cristiana considera al Gólgota el centro, y el paraíso terrenal tiene la misma ubicación.[3] Ejemplos como estos abundan en las mitologías de Laos, Japón, Finlandia, etc... El simbolismo del "centro" aparece a su vez en la literatura y arquitectura medievales: "...la basílica de los primeros siglos de nuestra era, así como la catedral de la Edad Media, reproduce simbólicamente la Jerusalén celestial''.[4] Los
"elegidos" y la persecución: El pueblo israelita se
consideraba como el “elegido” por Jehová. En la Edad Media,
Occidente emprendió las grandes cruzadas con el pretexto de rescatar la
tierra santa de manos paganas; pero como siempre el verdadero objetivo era
ir tras la riqueza y el botín que la guerra pudiera depararle. Los españoles,
escudándose en la idea de que su fe y su religión eran las verdaderas y
de que su dios era el único, oprimieron, avasallaron y saquearon a América:
Si ese dios no reinara sobre el mundo, no habría esclavos ni amos, ni
vasallos ni colonias.[5] En
la isla de La Hispanioia (hoy territorio de Haití y República
Dominicana) a comienzos del siglo XVI, Fray Bartolomé de las Casas
abogaba por los indios y denunciaba la explotación de la cual eran objeto
por parte de los españoles, y proponía como único medio para aboliría
traer esclavos negros del África. Para defender a los nativos, alegaba
que también eran hijos de Dios y que poseían -al igual que los
cristianos- un alma. Al mismo tiempo, los indígenas dejaban a los cadáveres
de los españoles hechos prisioneros varios días al sol, con el fin de
verificar si sufrían o no putrefacción.[6] Los
franceses -mientras tanto- encarcelaban y torturaban a los hugonotes, y a
sus mujeres las marcaban de la misma forma que lo hacían con las
prostitutas. La
Alemania nazi, inventa los hornos de cremación donde perecen varios
millones de judíos (que por lo demás siempre habían estado confinados
en los ghettos europeos) y de gitanos, aunque ya nadie se acuerde del
holocausto.de estos últimos. ¿A quién podría importarle la muerte de
un gitano? Total, no es explotable políticamente. Aún hoy siguen siendo
objeto de persecución por parte de la policía europea. Son los parias de
la opulencia. Rafael
Leónidas Trujillo (dictador dominicano), persigue y asesina, en los años
30 a 30.000 Haitianos. Otro tanto de argentinos desaparece durante la
pasada dictadura, en la llamada guerra sucia. En la India persisten las
castas, y se persigue a la minoría musulmana. En Sri-Lanka, la persecución
es contra el pueblo tamil. En Irlanda, continúan los violentos
enfrentamientos entre protestantes y católicos. En Colombia, el Grupo
Lingüístico de Verano evangeliza a los grupos indígenas, sin olvidar a
los sacerdotes y monjas católicos. Los
ejemplos anteriores, sirven para ilustrar el hecho de que el racismo no es
sólo un prejuicio contra el color de la piel, sino que la mayoría de las
veces ha sido utilizado como pretexto para perseguir a aquellos que no
profesan la misma religión
o la misma ideología del pueblo colonizador o de la clase con el poder
económico, militar y político necesarios para imponer su propia ideología. El
concepto de raza y sus implicaciones:
El diccionario define el concepto de raza como un “grupo humano que
presenta un conjunto constante de caracteres corporales distintivos y
hereditarios”.[7] Y aunque en la actualidad sólo se distinguen tres
grupos (caucasoides, mongoloides y negroides), aún se utiliza la
clasificación del naturalista sueco Carlos Von Linneo (1707-1778);
clasificación basada principalmente en la distribución geográfica y en
el color de la piel de los individuos. De ahí la creencia común de raza
blanca, negra, indígena, y en Colombia de raza criolla; llegándose
incluso a hablar de raza manizaleña (tal como reza en una publicidad con
fines turísticos para la ciudad). Las
implicaciones de la anterior clasificación han sido funestas, y lo que es
peor: se sigue perpetuando. ¿Cómo? A través de la educación, los
medios de comunicación, los prejuicios sociales, la religión, la política. El
racismo en Colombia: Para nadie es un secreto que el
departamento del Chocó, las intendencias y comisarías han sido las
regiones más desprotegidas por el gobierno. Su población representa la
minoría del pueblo colombiano; minoría a la que se denomina
despectivamente "negra e india". Estas regiones (que también
forman parte del territorio nacional), carecen de vías de penetración
suficientes, de servicios públicos, de programas verdaderamente
eficientes de vivienda, salud y educación. Y
por si fuera poco, el gobierno, obviando el problema de tenencia de
tierras, que hace imperiosa una política de reforma agraria radical, ha
impulsado a la clase campesina -hoy proletarizada en los grandes
latifundios o en las ciudades a colonizar territorios de asentamiento indígena,
con el consecuente enfrentamiento, que ha causado la muerte a centenares
de indígenas. Dichos
populares y racismo: El lenguaje
en Colombia, posee un sinnúmero de dichos populares con marcada connotación
clasista, que oculta en últimas los prejuicios raciales que se tienen
contra los grupos minoritarios: "Hay que trabajar como negro para
vivir como blanco". El insulto más grande es ser llamado
"indio". En el pasado mundial de fútbol, los comentaristas se
referían a los africanos como los "morenitos", pero nunca les
decían a los europeos los "blanquitos". Estas expresiones,
utilizadas en todas las clases sociales, representan sólo algunos
ejemplos del lenguaje racista empleado a diario por el colombiano. Habría que señalar que la educación impartida en los colegios, escuelas y universidades en general, continúa enseñando y transmitiendo la imagen de civilización occidental como la única aceptable, lo que supone que aún somos un país colonizado culturalmente. Referencias: [1]
Diccionario
Kapelusz de la Lengua Española,
Editorial Kapelusz, Buenos Aires, Argentina. [2] Claude Lévi-Strauss, Race et Histoire, Editions Gonthier, Unesco 1961, Bibliothéque Média-tions, France. [3]
Mircea
Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Alianza/Emecé. [4]
...,
Lo Sagrado y lo Profano, Labor
/Punto Omega, 5a edición, 1983. [5]
Eduardo
Galeano, Memorias del Fuego. 1. Los Nacimientos, Siglo XXI
Editores, S.A., 8a edición. [6]
Claude Lévi-Strauss,
Race et Histoire. [7] Diccionario Kapelusz. |
Berta Lucía Estrada E.
Diario La Patria de Manizales (Colombia).
Separata dominical " Papel Salmón"
11 octubre de 1987
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