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Marjani Satrapi
Berta Lucía Estrada Estrada

Escritora y crítica literaria

Nota de la autora: El presente artículo hace parte del libro ¡Cuidado! Escritoras a la vista (2009), Ble Ediciones; puede leerse en versión completa en la siguiente dirección: http://www.ellibrototal.com/Colombia total/Caldas total (buscar por libro o por autor)  

El nombre de Marjani Satrapi aún no nos dice nada en Colombia, no obstante dentro de poco estará en la boca de muchos de nosotros, gracias a la película Persépolis, basada en el libro homónimo, escrito por Satrapi, y dirigida por Vincent Paronnaud. Persépolis es una historieta en cuatro tomos, sin color, realizada enteramente en blanco y negro; habiendo vendido hasta el momento más de un millón de ejemplares en todo el mundo. Por otra parte es la primera obra en su estilo escrita por una iraní.

Persépolis, es una relato autobiográfico, que narra la vida de su autora y los últimos treinta años de la historia iraní, con títulos tan sugestivos y tan simples a la vez, como: El velo, La carta, La llave, El maquillaje, La convocación, entre otros, pero cada capítulo nos sumerge en un mundo desconocido para Occidente, en especial para los latinoamericanos, al mismo tiempo que nos da las claves para entender mejor al Irán contemporáneo. Y es que como dice su autora, los iraníes si bien son musulmanes no quiere decir que sean árabes. Es una cultura de 4000 años de antigüedad, donde la mujer siempre tuvo un rol preponderante, rol que le ha sido arrebatado por el fundamentalismo islámico imperante en su país desde casi tres décadas.
Marjani Satrapi nace en Irán en 1969, en el seno de una familia burguesa, culta, laica y emancipada. A los diez años le toca enfrentar el derrocamiento del Sha y el inicio de la Revolución Islámica. Poco a poco, y a medida que va experimentando los cambios en la sociedad, descubre el pasado de su familia. Un pasado cuya línea transversal es la política, la rebelión contra la injusticia social y la búsqueda de una sociedad más equitativa. La voz de estos relatos se alterna en la voz de la madre, del padre y de la abuela. Esta última es una mujer que contradice en todos los aspectos la imagen de la mujer musulmana que los medios nos han querido mostrar. Es una mujer libre, contestataria y de una gran rebeldía a la hora de expresar sus ideas. Característica que heredará a grado sumo su nieta Marjani y que la llevará a enfrentar diferentes problemas a lo largo de su vida. Su padre es un libre pensador y respetuoso de las ideas ajenas. Su madre, feminista y cultivada, empujará a Marjani para que parta lejos de Irán y así poderla proteger del círculo que se cierra cada vez más en contra de las mujeres iraníes. En otras palabras su familia es humanista y moderna. Algo inconcebible en el Irán contemporáneo.

Y si bien en Colombia Marjani Satrapi es una completa desconocida, en Francia, donde está radicada actualmente, es ampliamente conocida en el ámbito de las historietas y en el mundo cinematográfico. El primer tomo de Persépolis fue galardonado con el Premio Autor Revelación de 2001 y el segundo al Mejor Guión 2002 del Festival Internacional de Angulema. No serían los últimos, luego ha ganado varios premios, que la han consolidado como uno de los autores de viñetas más respetados en un país donde el culto por la historieta hace parte de su cultura. Sin embargo, antes de ser aceptada por L’Association, su casa editora, Satrapi había enviado su obra a 168 editoriales, donde era sistemáticamente rechazada. Hasta cuando conoce a Cristophe Blain. Es él quien la introduce en el Atelier des Vosges, sede de L’Association, la cual ha visto nacer a muchos de los autores de historietas que han alcanzado renombre internacional. El haberse visto rechazada un sinfin de veces, hace que Satrapi vea su proyecto de publicación como un fracaso inevitable y así se lo expresa a su editor; quien lejos de preocuparse, le dice: “Hasta ahora nunca he hecho un libro con el fin de conseguir dinero, incluso si sólo se vendiesen 100 ejemplares, tu libro debe existir”.

Los críticos de historietas concuerdan al decir que el éxito de Persépolis está en la calidad del dibujo. A lo que Marjani Satrapi agrega que el elemento principal de la obra está en la carencia del color, no porque el color sea un enemigo de la viñeta, sino porque en su obra la palabra es la protagonista. Satrapi confiesa que para ella las mejores obras están representadas en el trabajo realizado por Félix Valloton, más específicamente por sus grabados en madera. El blanco y negro le da la posibilidad de ignorar la decoración y de hacer mas énfasis en los gestos y diálogos de sus personajes. En otras palabras, su obra es un compendio sociológico de la condición femenina en Irán. Pero también es una crítica fina y profunda al sistema político y religioso. Estas características fueron hábilmente preservadas en la película que se estrenó en el pasado Festival de Cannes, donde fue ovacionada por el público hasta el punto que se llegó a especular que sería la ganadora de la Palma de Oro. No se llevó el preciado galardón, pero si una mención especial, máxime que era la primera vez que un filme de dibujos animados era aceptado por el Festival. Es de anotar que Catherine Deneuve y Chiara Mastroniani formaron parte de dicho proyecto, al prestar sus voces para darle vida a los personajes femeninos. Tanto en el libro como en la película, se aprecia un gran sentido del humor, lo que no oculta la tragedia de un sistema regido por el fanatismo y de la ignorancia que muchas veces surge de sus propias entrañas.

Cuando la película fue seleccionada por el Festival de Cannes, Irán, a través de su Agregado de Cultura, adscrito a la Embajada iraní en Francia, trató de impedir que fuese proyectada. La respuesta de la Dirección del Festival no se hizo esperar: “Es una decisión artística, no política”. Al ser interpelada al respecto, Satrapi agrega: “No es un asunto de Estado. No quiero atizar el fuego. Como demócrata acepto críticas, pero también ejerzo mi derecho de libertad y de expresión, aunque no pienso regresar a Irán. No es un Estado de Derecho y no se sabe que pueda pasar”.

Persépolis, como se anotaba anteriormente, es una obra totalmente autobiográfica; por lo que no es de extrañar que en ella se nos narren acontecimientos como una clase de dibujo o la anécdota de una adolescente que corre para no perder el bus que acaba de arrancar antes que ella llegue a la parada de transporte. Pero, ¿En qué radica que algo tan banal, pueda ser tenido en cuenta en una historieta o en un filme, pero que sobre todo se salga de lo usual? En lo que a la clase respecta, se trata de una clase de dibujo anatómico, sólo que la modelo está cubierta por el chador; por lo que lo único que puede apreciarse son sus ojos, la nariz, la boca y el mentón. Y una escena tan común en cualquier país occidental, una mujer corriendo detrás de un bus para no perderlo, aquí se convierte en una escena trágico cómica: Uno de los guardianes de la Revolución, barbudo, fanático y machista, por decir lo menos, le ordena a través de un altavoz de dejar de correr, porque el movimiento de sus caderas es indecente. Y es que para los fundamentalistas musulmanes todo lo que concierne a la mujer es símbolo de lujuria: El pelo, las orejas, el cuello, deben ser ocultados con el uso del velo y los brazos y piernas, deben estar bajo el chador. Una frente que no se cubra bien y algunos cabellos que se dejen al descubierto, son la fuente de la perdición masculina. Sin embargo, la autora increpa a un estudiante revolucionario, que exige una presentación mas estricta para las mujeres, para que ni él ni los otros estudiantes se exciten a la vista de unos cuantos cabellos que se escapan del velo, porque los compañeros de su clase se ponen pantalones estrechos y ni ella ni sus compañeras de curso se excitan al ver claramente marcados sus sexos. En un país machista la fuente del mal es la mujer, por lo que el hombre se otorga el poder omnímodo de humillarla para supuestamente no caer en la tentación carnal.

Pero la obra no sólo habla de la condición femenina. De igual forma hace un recorrido por la guerra Irán-Irak que sacudió el país en la década de los ’80 y que acabó con la economía del país. Al final de la obra, cuando Marji Satrapi va a tomar el avión rumbo a Francia, su madre le recuerda que Irán regresó al estado en el que se encontraba 50 años antes; y es en ese momento en el que le prohíbe el regreso a casa. Esa despedida generosa, pero no por ello menos dolorosa, no oculta el amor por la hija. Lo que en verdad le está ordenando es que sea feliz y ante todo libre. La libertad es el regalo más importante que puede dársele a un hijo. Por eso en la última escena, cuando Marji está en la sala de espera del aeropuerto y se quita el velo, el blanco y negro dan paso al color; que en este caso es símbolo de la libertad y de la esperanza por una vida mejor

Berta Lucía Estrada E.
Blog: www.beluesfeminas.blogspot.com

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