Cien años sin Cézanne, cien años con sus obras
Berta Lucía Estrada E.

A treinta kilométros al norte de Marsella se encuentra la ciudad de Aix-en-Provence; la misma que vió nacer en el año de 1839 a Paul Cézanne, el pintor que cambiaría el rumbo del arte y que daría inicio a lo que posteriormente se conocería como pintura abstracta. Poco antes de su muerte, acaecida en 1906, él mismo diría que “un autre fera ce que je n’ai pas pu faire...je ne suis, peut-être, que le primitif d’un art nouveau” (otro hará lo que yo no pude hacer... posiblemente yo soy el primitivo de un nuevo arte). Y Picasso, por su parte, diría años más tarde: “¿Que si conozco a Cézanne? ¡El fue mi único maestro! Durante años estudié sus pinturas... Cézanne era como el padre de todos nosotros. Era él quien nos protegía”.

 

Cézanne en Provenza, éste es el nombre de la exposición que conmemora el centenario de la muerte de Paul Cézanne (desde el 9 de junio hasta el 17 de septiembre de 2006), en el Museo Granet de su ciudad natal. Son unas 120 obras, 84 óleos, 32 acuarelas y unos pocos dibujos en carboncillo. Esto fue posible gracias a la colaboración de varios museos y de colecciones particulares. Muchas de las obras pertenecen al Museo de San Petersburgo, otras a museos de Estados Unidos, de Inglaterra, de Alemania, de Francia... e incluso hay una obra que viene del Museo de Sao Paulo.

 

Pero, ¿Quién era Paul Cézanne?: Su padre, un prominente banquero,  esperaba que su hijo siguiera con el negocio familiar, a lo cual Paul Cézanne se negó firmemente. Por lo cual en el año de 1862 viajó a París, con el único propósito de estudiar pintura, su única pasión y a la que le permancería fiel por espacio de toda su vida. Allí conoce al grupo de los impresionistas, Renoir, Manet, Monet, Degas, Pizarro y Berta Morizet. Pero será Pizarro con quien tendrá una profunda y sólida amistad. El grupo estaba integrado por artistas que entonces eran considerados de vanguardia, fuertemente criticados y a los que permentemente se rechazaba del Salón Oficial, puesto que su pintura era la negación de los postulados artísticos de la época. Ante la imposibilidad de ver expuestas sus obras, el grupo decide abrir su porpio salón, el de los independientes. El nombre de Impresionistas, es dado por un joven periodista que buscaba ridiculizar una de las obras más importantes del arte: Impressión, Soleil Levant, de Claude Monet (Impresión de un amanecer, 1872).

 

Este grupo de artistas se caracterizaba por haber abandonado las cuatro paredes de talleres mal iluminados, por la luz natural y la orgía de colores del campo. Su “extravagancia” era el hazmerreír de la época. Su pintura, en cambio, rompió con todos los canónes hasta entonces establecidos y abrió un mundo que no ha dejado de ser experimentado, que no ha sido agotado y que dió la libertad absoluta a la creación. Esta “extravagancia” se conoce con el nombre de “plein air”, o pintar al aire libre. Cuando el padre de Cézanne se entera que su hijo no asiste a las clases de arte convencionales y que expone con un grupo a todas luces maldito -como lo eran Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud y Verlaine, poetas que a su vez habían roto con la estructura y temas de la poesía tradicional francesa-, monta en cólera y emprende una especie de chantaje económico que va a convertirse en un dolor de cabeza para el joven pintor. Los años que pasa en París, y en sus alrededores, están marcados por la falta de dinero y por la incomprensión paterna; sobre todo cuando sus padres se enteran que ha tenido un hijo con una mujer de origen humilde y con quien no se ha casado.

 

Entre 1877 y 1882 hace varios viajes a la Provenza y comprende que es el cielo, permanentemente azul, y la luz mágica de esta región, lo que necesita para continuar con su obra. Es la época en que pinta árboles sacudidos por el Mistral, el viento del norte, que en esta región francesa es casi permanente y de una furia incontenible. Sus árboles son azotados como lo es el hombre por los avatares de la vida. En esta época Cézanne emprende la búsqueda de si mismo, gracias a un trabajo cada vez más arduo y más disciplinado, termina por  encontrar lo que desea.

 

En 1882 decide instalarse nuevamente en Provenza. Es en este período que comienza a pintar uno de sus temas favoritos: la montaña Santa Victoria. Los lugares escogidos están muy cerca los unos de los otros: L’Estaque, Gardanne, le Jas de Bouffan, Bellevue-Montbriand. La Provenza, vista con los ojos del artista, se muestra en todo su esplendor y Cézanne comienza a tomar conciencia de su genio como artista. Región y producción artística se unen para siempre, a partir de este momento es inconcebible pensar que Cézanne pueda trabajar en otro lugar que no sea la Provenza. 

 

El período comprendido entre 1888 y 1899, Cézanne se dedica a viajar. Regresa a París, visita sus alrededores, así como el departamento de Franche-Compté y de allí pasa a Suiza. Entre 1890 y 1895 realiza una de sus obras maestras: Los Jugadores de Cartas. En 1895 Vollard, el marchante de arte, realiza la primera retrospectiva de su obra; lo que le permite comenzar a ser reconocido dentro de un estrecho círculo artístico. De las 80 obras que son expuestas en esta ocasión, 50 pertenecen a la Provenza. Es en este período que pinta la serie de Les grandes baigneuses. En esta serie puede verse a un Cézanne en paz consigo mismo, el lugar, la luz, las mujeres que toman un descanso en una tarde de sol o que respiran la noche, son el símbolo de un paraíso que no se ha perdido. No obstante estos cuadros contrastan considerablemente con los retratos de campesinos que son realizados en la misma época, donde la soledad, el desamparo, la incertidumbre ante el futuro, están soberbiamente representados.

 

En los años que van de 1900 a 1906, se instala nuevamente en Aix-en Provence. Hace construir un taller en un lugar privilegiado, la pendiente de las lobas, desde allí domina la ciudad. Realiza tres obras mas sobre el tema de las bañistas, que difieren de las anteriores, en cuanto que son cada vez mas abstractas. En este último período, Cézanne logra una sintésis inigualable de la luz, del color, de la composición y de la figuración.

 

El 15 de octubre de 1906, la lluvia y una oleada de frío lo sorprenden en el campo y se queda en la intemperie durante varias horas, hasta que un campesino lo recoge en estado de coma y lo lleva a casa. Al día siguiente se levanta para continuar con el retrato del jardinero Vallier. Se había jurado a sí mismo que la muerte lo soprendería con el pincel en la mano. Cuando regresa nuevamente a su hogar ya no volverá a levantarse. Muere en la noche del 22 al 23 de octubre de 1906. Para entonces ya eran muchos los marchantes de arte que comenzaban a comprender el genio de Paul Cézanne.

Berta Lucía Estrada E.
beluesfeminas.blogspot.com

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