Métodos para apoyar a Letras-Uruguay

 

Si desea apoyar a Letras- Uruguay, puede hacerlo por PayPal, gracias!!

 
Miradas del espectador
 

Rent: Sí al amor, no a la droga y al VIH-SIDA
por Jesús Dueñas Becerra
jesus@infomed.sld.cu

 
 

Rent, del escritor y dramaturgo norteamericano Jonathan Larson (1960-1996), autor del texto y de la música, fue el estreno que el proyecto Habana-Broadway llevara a las tablas de la sala Tito Junco del capitalino Complejo Cultural Bertolt Brecht, con el auspicio del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y Nederlander Worldwide Entertainment.

Jonathan Larson es un autor teatral famoso por esta obra póstuma que adquirió fama a escala universal. Vio la luz en un pueblo cerca de New York City, donde transcurre la acción de dicha obra. Desde la infancia, se destacó en el teatro musical, aunque por aquel entonces estaba dividido entre la composición musical y la interpretación. En 1982, después de graduarse, fue a Nueva York, donde residió hasta su lamentable deceso.

El espectáculo ¡Tick, Tick… Boom!, es su obra obra reconocida, narra la historia autobiográfica de Jonathan Larson (Jon en el texto) que parece tener un futuro prometedor, pero poca suerte. Aunque dicho espectáculo es original de Larson, presenta algunas referencias y similitudes con la obra Company, escrita por su ídolo y mentor, Stephen Sondheim.

Sin embargo, el toque de Larson es evidente y a través de una sencilla anécdota, lleva al espectador a un mundo cruel, lleno de imperfecciones y muy real, que refleja la realidad neoyorquina de los años 90 del pasado siglo XX. Se estrenó y fue producida por el Off-off Broadway en el Teatro Second Stage (1990) y en el New York Theater Workshop (1991), con el título 30/90 un monólogo rock, así como fragmentos de Superbia, obra futurista que tomaron en cuenta para el monologo, ambas con una formula teatral innovadora para aquellos tiempos.

¡Tick, Tick… Boom!, mucho más ligera que Rent, muestra las frustraciones, sentimientos, pesares y percepciones del joven creador, y cualquier ser humano que haya atravesado etapas de transición en su vida podrá identificarse con Jon, sin caer en lo meloso.

En 1989, el escritor Billy Aronson le propone escribir un musical actual a partir de la ópera La Boheme, del maestro Giacomo Puccini. En octubre de 1995, reescribió  la pieza. Al intelectual estadounidense le faltaban las ganas o las fuerzas físicas, psíquicas y espirituales para llevar dicho proyecto a puerto seguro. No obstante, lograron convencerlo y poco tiempo después, ya se ensayaba con el texto definitivo. Lamentablemente, Jonathan Larson no pudo ver el estreno de Rent ni disfrutar del rotundo éxito que obtuvo en los países donde se ha representado.

La obra, devenida centro de atención e interés en Broadway, y valorada como acontecimiento teatral, único e irrepetible, por la cálida acogida que le dispensara el público y la prensa especializada, estuvo en cartelera durante más de una década, con un total de cinco mil funciones a teatro lleno.

Rent se inspira en una joya del género operático, con un montaje muy contemporáneo, que le facilita al espectador descubrir —a través de códigos estético-artísticos por excelencia— los efectos desastrosos generados por la drogadicción y el letal VIH-SIDA sobre el equilibrio bio-psicológico, -socio-cultural y espiritual en que se estructura la salud humana; y al mismo tiempo, percibir cómo destruye la calidad de vida de los adolescentes, jóvenes y adultos que caen, inconscientemente, en esas trampas diabólicas que, en ocasiones, pueden arrojarlos a los brazos de la muerte.

El elenco está integrado por Josep Rafael Puentes, Premio Adolfo Llauradó 2014, Yaité Ruiz, Osvaldo Pedroso y Joanna Gómez, quienes les prestan piel y alma a personajes que son víctimas del VIH-SIDA; lamentable situación humana y social que se refleja en escenas donde lo trágico desempeña una función «clave».

En ese contexto dramatúrgico, los actores-cantantes no siguen al pie de la letra las coordenadas en que se sustenta la ópera, ya que sus voces no se caracterizan —precisamente— por el virtuosismo técnico-interpretativo que requiere ese género musical, sino por una expresividad que, por la forma sui generis con que la proyectan en el proscenio, acaricia las fibras íntimas del universo subjetivo de los espectadores.

Si bien prevalece el montaje coral, esa puesta adquiere momentos dramáticos, mediatizados por un hondo clima emocional que en el desarrollo de la puesta, alcanza relevante trascendencia.

Ruiz, por ejemplo, logra en un monólogo impresionante por su conmovedor dramatismo un desdoblamiento que impacta por las tonalidades que le otorga a su personaje. En la escena protagonizada por Puentes y Gómez, ambos integran un magnífico dúo actoral, con una química muy especial; mientras Pedroso, con una manera muy peculiar de cantar, le muestra al público un conjunto de emociones y sentimientos que brotan del alma, al igual que el agua pura y cristalina corre por los ríos subterráneos del espíritu humano.

A Rent podríamos calificarla como una obra musical dramática, cuya elaboración se apoya —básicamente— en la estética de títulos que condicionaran una nueva orientación dada al género y tiene como antecedente la pieza Hair, que abrió nuevos derroteros en la producción intelectual y espiritual de ese tipo de espectáculos, cuyo objetivo fundamental es buscar, ante todo, la naturalidad en los intérpretes.

La trama en que descansa la acción dramática de esa puesta en escena, se podría resumir con una máxima ético-humanista, que constituye un leit motiv desde el principio hasta el final: Hay que aprender a vivir con amor para poder decirles NO a las drogas y al VIH-SIDA.

Ese es el mensaje de amistad y de unión que le envía Jonathan Larson a la juventud, atrapada en las redes invisibles de la drogodependencia y el SIDA; enemigos de la salud y de la vida, que amenazan con destruir la integridad física de la persona por no medir, a tiempo, las nefastas consecuencias que implica evadir la realidad y en consecuencia, seguir una senda equivocada que la lleva, inexorablemente, a la total desintegración  física, psicológica y -socio-espiritual.

Por esas y otras muchas razones, imposibles de reseñar en esta crónica, no me asiste la más mínima duda de que Rent se ha convertido —por derecho propio— en un hecho cultural sin precedente en la escena cubana.

Jesús Dueñas Becerra - crítico y periodista
jesus@infomed.sld.cu
 

Publicado, originalmente, en la web de Cuba Literaria http://www.cubaliteraria.cu

 

Link: http://www.cubaliteraria.com/articulo.php?idarticulo=18439&idseccion=32  - La Habana, 09 de abril de 2015
 

En Letras-Uruguay ingresado el presente trabajo el día 3 de junio de 2015


Autorizado  por el autor, al cual agradecemos.

 

 

Ir a índice de teatro

Ir a índice de Dueñas Becerra, Jesús

Ir a página inicio

Ir a índice de autores