El UniKato K.
Por Susana Dillon

Fueron tiempos de riqueza concentrada y miseria repartida.

Sería muy interesante que nuestros analistas políticos se dieran una vueltita por las bibliotecas públicas donde se apilan en un rincón las antiguas revistas de humor, caricaturas y chistes a expensas de los protagonistas del fraude, los negociados, las entregas sin disimulos de nuestras riquezas y las tramoyas perpetradas por nuestros prohombres, como les gustó que los llamaran los chupamedias de turno.

No sólo lograron descorrer telones de lo que pasaba en la escena política, también nos enseñaron a leer entrelíneas, poniendo al desnudo a los que siempre ganaron con trampas, pero hacían bonitos discursos a los valores del pueblo. Entre aquellas publicaciones, las favoritas fueron “El Mosquito” y más tarde “Caras y Caretas” de agudísimo aguijón para que aún en regímenes duros pudieran realizar su oficio con creatividad y humor.

A Roca lo pusieron en la picota llamándolo “El Zorro” por su afamada astucia para salir ileso de cuanto exceso se le ocurrió en la escena política y en la privada. No hay más que enterarse de lo que le hizo a Ambrosio Olmos cuando lo destituyeron del cargo de gobernador de nuestra provincia Juárez Celman y su gavilla, mandándose a cambiar aires a Europa mientras su hombre de confianza (Olmos) era defenestrado indignamente. Se le dijo Zorro por lo mañoso, vueltero y sin escrúpulos. Bajo su empaque de general victorioso luego del genocidio de la Campaña del Desierto, pudo trepar a la presidencia de la Nación, un país acosado por guerras innecesarias e injustas, de las que sus nueve hermanos, por ser abastecedores de los ejércitos se hicieron millonarios en tierras y bienes raíces. Sus directos beneficiarios le llamaron “salvador de la Patria” y le levantaron monumentos que hoy todavía se discuten. Roca tuvo sus aciertos, como la implantación de las escuelas laicas, (ley 1420) o ley Sarmiento, el registro civil, la libertad religiosa, la separación de la Iglesia del Estado, que fueron bien recibidos por la ciudadanía, pero durante su gobierno se robusteció el fraude, el nepotismo, la corrupción, los nombramientos a dedo y el reparto de las tierras arrebatadas a los indios para sus amigos, parientes y socios, dejándole a su cuñado Juárez Celman esta herencia a quién por su corrupción se lo destituyó obligándolo a renunciar porque no dejó desastre sin hacer.

Juárez Celman y su hermano Marcos Juárez tiraron parejo para llevar al país a la quiebra cuando en 1889 se estrenó el primer corralito en que el país sufrió su más vergonzosa bancarrota, fruto de la vida dispendiosa de unos pocos y de la miseria del resto. Ellos inventaron los billetes sin respaldo como los cercanos bonos, se cerraron los bancos y muchos quebraron, el dinero se llevó al exterior, hubo corridas y pisadas de cajas de ahorro y cuentas corrientes, inflación y corrupción como en el 2001, pero tales demasías no figuran entre la historia que debemos aprender para no repetirla.

Pero Miguel Juárez Celman no paró hasta ser nombrado Jefe del Partido Autonomista, así concentró en sus manos todo el poder, de este modo sus detractores llamaron a esa época “EL UNICATO”, que bien mirado hoy podría ser “EL UNIKATO”: todo el poder en una sola persona. Nadie le pediría cuentas ni le haría sombra. En su codiciosa ceguera no se dio cuenta que los pueblos pierden la paciencia y estallan. Tuvo que renunciar, pero ya había hecho caja. Quedó en su lugar el Vice-Presidente Dr. Carlos Pellegrini, que tuvo que recoger los platos rotos del gran banquete.

Pero como siempre ocurre, el pueblo se tuvo que hacer cargo de saldar las cuentas con sangre, sudor y lágrimas, ajustarse el cinto y perder el empleo.

Los porteños, que son bravos para reírse de penas ajenas, llamaron a Juárez Celman “El Burrito Cordobés” y así lo dibujaron en “El Mosquito”.

El Unicazo de Juárez Celman se estableció como régimen político y les vino bien a sus sucesores, fue de allí en adelante conducta de los liberales que Mitre había puesto también en práctica, así lo expresa en su testamento político.

Aquellos fueron tiempos en que se burlaba impunemente la voluntad popular, las provincias se subordinaban al Congreso y los congresales atendían sus estancias y empresas, sin ocuparse de lo que necesitaban sus representados, sino que debían obediencia al Poder Ejecutivo que tenía la llave de la caja del presupuesto.
José María Gutiérrez en 1887 aseguró: “la elección libre es una burla sangrienta” y más tarde, Eduardo Wilde, ministro de Roca, lo declaró en la prensa: “El sufragio universal es el triunfo de la ignorancia universal”. Pero siguieron discurseando sobre los alcances de la democracia.

Pellegrini, perteneciente a la crema de la oligarquía, siguió en la lista de los nombrados a dedo, se ocupó de algo muy importante: fundó el Jockey Club.

A.J. Amuchátegui en el libro “Crónica Argentina”, comentando estos acontecimientos, registró esta metáfora sobre el accionar de la oligarquía porteña: se debía a que siempre se quedaba con el rancho, la china, el caballo y la guitarra, mientras el paisano se pudría en el fortín.

Con respecto al UNIKATO, me parece que sigue en vigencia.

¿Ud. qué opina?

Susana Dillon

viernes 11 de julio de 2008
Gentileza de "Ciudadanos autoconvocados de Río Cuarto"
http://ciudad4.blogspot.com/

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