|
La leyenda de la jarilla |
| Ya se sabe que el diablo es un envidioso de la obra de Dios. Durante miles de años no ha hecho más que rabiarse por todas las bellezas que el Creador sembró por el mundo. Entre tantas, hizo animales de todas las especies y tamaños, plantas útiles y hermosas que desparramó sobre las tierras fértiles. Al ver aquello, Mandinga pensó: —Voy a crear una planta distinta a las ya existentes que pueda vivir en desiertos y pedregales donde la seca y la esterilidad tengan su reino—. Miró y remiró: médanos, salitrales y montañas de pura piedra no tenían plantas de ninguna especie. Él haría una para esos lugares donde Dios no había dado su bendición. Se metió en una cueva a amasar una semilla con todas las maldades de la tierra, la apretó entre los dedos y la mojó con su saliva, para luego sembrarla por los arenales, guadales y salinas, en la sierra pelada y en la soledad del desierto. |
![]() |
|
|
Susana
Dillon
De "Ranquelito"
|
Ir a índice de América |
Ir a índice de Dillon, Susana |
Ir a página inicio |
Ir a mapa del sitio |