Tanta muerte entre la muerte (el río)
Patricia Díaz Bialet

A I. C. LL.

y ahora cómo se vive después de tanta muerte entre la muerte
cómo se respira lápida tras lápida
zapato valija diente violín sobretodo 
y en el agujero máximo el hueso invisible

cómo entre la montaña de náusea puede uno decir algo 
hablar siquiera de lo suyo 
(o afirmar yo podría imaginarlo)

cómo recobrarse el corazón y no arrojarlo al foso que significa ahora el mundo
cómo repensar al hombre
al satánico esquizoide
(o cómo dividirse en zonas, en razas, en países 
si los muertos son muertos solamente) 

pero ahora mismo nada acude a mi poema
todo se detiene
soy un avestruz inmóvil en el viento
y en mi ojo de quilate transparente 
veo caer cuerpos como escombros
o piñas 
o meteoros 
o carnadas

veo franjas de cadáveres humeantes y nada de eso acude a mi poema
veo ríos espesados como el café que uno olvida por semanas
veo la tierra seca a través del agujero en donde anida la bala 
y una rasurada nuca que implora la muerte 
pero insisto en que nada de eso acude a mi poema

veo a la mujer pariendo
mientras una insignificante bomba de luz gotea el frío del calabozo hasta la
/mixtura de cartílago traslúcido
y nada de eso acude a mi poema

tamaña cobardía
tamaña idea satánica esquizoide
pero nada de eso acude a mi poema

será quizás porque mi piel es ahora líquida anestesia

se lanza desde un aeroplano un casi esqueleto 
lo hace una mano mecánica, 
también más muerta que los muertos, 
lo hace una mano aguijón que se envenena a sí misma
pero hoy nada de eso acude a mi poema

tamaño plan tamaña cobardía
ella sigue pariendo y cada contracción es un disparo
una caricia de verdugo 
una excreción que la entierra
cae el frío en su plenitud eléctrica y la bomba de luz casi no aguanta el tufo ni el gemido
sigue pariendo como si evitara dar la vida a quien no sabe de qué se trata este foso que es ahora el/ mundo 
o en qué espesura 
-si en el río o en la ancestral cobertura de la pampa o bajo la columna de cemento- 
quedará flotando por siempre su líquido amniótico desencontrado, disperso,
/huérfano

por eso sigue pariendo 
en cuanto dé a luz 
lo que le queda ya no será de ella

(tamaño plan tamaña cobardía)

pero nada de eso acude a mi poema
año tras año los mágicos cadáveres saltan de sus galeras 
y dan el puñetazo propicio 
regresan en partes 
en trozos 
en astillas
aunque sea un gramo de su alma -piden ellas-
aunque sea un fragmento de herida, 
una bata empecinada en su dolor

pero nada de eso acude a mi poema ahora
sólo veo algo que cae
algo que suma 
algo que hace montañas 
algo que quema 
algo que se entierra con cemento
-por eso a veces ni los perros lo encuentran-
pero nada de eso acude a mi poema

bajo la fría electricidad que gotea su mecánica parsimonia
ella –el instrumento ahora de su propio cuerpo– 
sigue evitando los partos corpóreos
el contraído impulso subterráneo

en cuanto dé a luz 
será de lodo su tumba secreta
y será –inevitablemente– 
su medio fruto parido lo que aúlle sobre la ola unánime que despierte los grandes yates en la noche