El emperador de la China

cuento de Marco Denevi

Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. Él único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado del difunto emperador. «¿Veis? – dijo–. Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser emperador». El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.

 

cuento de Marco Denevi

Tomado de El libro de la imaginación, de Edmundo Valadés (antología)

 

Publicado en Cubaliteraria de donde se tomó, en forma autorizada

Link del texto: http://www.cubaliteraria.cu/cuento-del-dia-el-emperador-de-la-china/

 

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