Sea socio fundador de la Asociación de Amigos de Letras-Uruguay

 

Si quiere apoyar a Letras- Uruguay, done por PayPal, gracias!!

 

Un ómnibus en una casa tomada
Alejandro F. Della Sala

adellasala@hotmail.com 

 

A Julio Cortázar

 A 100 años de su nacimiento. In memoriam.

 

San Martín y Nogoyá, a la espera del colectivo de la línea 168.  Un barrio de Buenos Aires: Villa del Parque.  Un tiempo: indefinido, tal vez la década del 40 o del 50. Una mujer: Clara, empleada, estudiante de veintitantos años. Otros personajes: el chofer, un guarda, un joven y los demás pasajeros.

Clara compra un boleto “De quince” y el guarda como el conductor del ómnibus,  no le sacan sus ojos de encima. Algo extraño en una Buenos Aires ordenada, pacífica, que se jactaba de respirar libertad. Sube un joven y adquiere un boleto “de quince”, al igual que Clara, se miran, ninguno lleva  flores. “Usted y yo sacamos boleto de quince -como si eso los acercara-”. Los personajes principales se identifican espontáneamente,  ya que ninguno de los dos tenía flores. Inmediatamente, el colectivo se llena de pasajeros  y todos acarrean flores. “Está bien que la gente lleve ramos si va  a Chacarita”, dice uno de los personajes, en alusión al cementerio del mismo nombre de ese barrio emblemático porteño. Después de todo, es normal que la gente se mire al subir a un colectivo, pensó Clara. Aparecen claveles, ramos de rosas, violetas, crisantemos, dalias y  otras flores de diverso tipo, de la mano de los pasajeros. Parecía que todos ellos compartían una misma misión, un mismo objetivo, tal vez irían a un entierro de alguna persona importante del escenario político de la época ¿Y si era un acto político al que todos teníamos que concurrir, con flores? “Tengo miedo” dice Clara en un momento; “ Si por lo menos me hubiera puesto unas violetas en la blusa. Él la miró, miró su blusa lisa.” A él también le gustaba llevar un jazmín del país en la solapa. De repente, Clara siente frío, una mezcla de silencio y calor que se expresa en cólera y miedo al mismo tiempo: No compartían las reglas de la mayoría.  Como en el cuento “Casa Tomada” de Cortázar, ambos personajes no soportan la opresión de vivir en una casa que estaba tomada por un poder  ajeno, inmanejable, en este caso, por viajar en un colectivo  “tomado” por una mayoría que imponía la moda del momento.

Clara es el personaje principal de este cuento del mismo autor. Clara siente la angustia de un sistema  intrusivo,  instaurado para un viaje  por las calles de Buenos Aires, un colectivo que podríamos comparar con una sociedad determinada, una casa tomada por alguien.  Aquí todo el mundo llevaba flores y quizás los pasajeros hayan sido víctimas de una suerte de clientelismo o de algo parecido.  Los personajes  son simples, no tienen el mayor interés en entender lo que sucede en aquel período de la historia, aunque este autor siempre les agrega a sus historias cotidianas, lo fantástico y lo inesperado. Tampoco ellos querían llamar la atención y ser reprendidos. El diálogo entablado entre Clara y el joven es trivial: “Cansa más el viaje que el empleo”, pero tanto el chofer como el guarda los seguían observando.

Por su parte, en “Casa tomada” los personajes dejan la casa que estaba tomada por un poder inexplicable,  por un miedo irracional devorador y por eso, tiran la llave por la alcantarilla. Aquí Clara y el joven escapan del colectivo. El guarda y el conductor se abalanzan sobre la pareja, pero ellos logran huir  de esa nueva “casa tomada” que habilita a la mayoría a imponer sus reglas.

Ellos compran flores en Retiro.   Solo los unía el problema concreto compartido en ese ómnibus.  Pasado el peligro, “él no la vuelve a tomar del brazo”.  Tal vez  nos acontezca lo mismo en la vida real, ante un problema concreto las personas se unen para resolverlo y una vez terminado el peligro, la gente continúa su vida, como si no se conociese. Este fenómeno también puede observarse en el cuento “La autopista del sur” de Cortázar, solucionado el problema del embotellamiento de la autopista que  había dejado a los automovilistas varios días en situación extrema, cada uno continuó su vida ordinaria de cada día, sin pensar en lo que había sucedido.

El 168 se aleja del barrio de Retiro con un sonido ronco. Clara y su compañero, ya cada vez menos comprometidos, aceptan las reglas impuestas: “cada uno llevaba su ramo, cada uno iba con el suyo y estaba  contento.” 

Fuentes consultadas:

CORTÁZAR, J., Bestiario, 2 ª  ed., Alfaguara, Buenos Aires, 2007.

CORTÁZAR, J., Todos Los Fuegos, el Fuego, edición especial para  el diario La Nación,  Buenos Aires, 2001.

 

Dr. Alejandro Della Sala
adellasala@hotmail.com

 

Ir a índice de ensayo

Ir a índice de Della Sala, Alejandro

Ir a página inicio

Ir a índice de autores