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El amante bilingüe (1993)  
Jesús María Dapena Botero

A  mi amigo Eugenio Cornide Cheda, quien hiciera un trabajo de psicoanálisis aplicado a la obra de Juan Marsé. 

Deseo que seas locamente amada

(André Breton)

NACIONALIDAD:  Hispano-italiana

GÉNERO:  Drama

DIRECCIÓN:   Vicente Aranda

    PRODUCCIÓN:  Enrique Cerezo 

                         Andrés Vicente Gómez    

PROTAGONISTAS:  Imanol Arias como Juan Marés

                            Ornella Muti como Norma Valenti

                            Loles León como Vicenta

                            Javier Bardem como el limpiabotas

GUIÓN: Vicente Aranda sobre novela homónima de Juan Marsé

FOTOGRAFÍA:  Juan Amorós 

MÚSICA:  José Nieto

               Alberto Domínguez 

                Federico Moreno Torroba

DURACIÓN:  103 minutos  

El relato de Juan Marsé, un novelista de los más importantes de la narrativa española contemporánea, contiene rasgos caranavalescos en un contexto que trata de temas profundos, como son el de la disglosia cultural en Cataluña, la búsqueda de una identidad social homogénea y el tema de la identidad subjetiva.

 

Su estilo se ha considerado de un realismo tremendista; Vicente Aranda, al extrapolar esa novela al cine, con una mirada que el mismo considera hipérbolica y esperpéntica sobre la vida sexual, enfoca no sólo al campo de lo social sino el retrato psicológico, de una manera bastante original y libre, al sentir que tiene mucho que decir, tras la caída del franquismo en España,

el cual denuncia sin piedad en su cinta, ya que es en el contexto del postfranquismo, como tanto Juan Marsé como Vicente Aranda despliegan el placer de contar historias para atraer la atención del gran público.

 

El mismo director cinematográfico respondería a Antonio Gregori afirmativamente cuando éste le pregunta si lo que ahora busca es un equilibrio entre la calidad y la comercialización, cuando le dice:

 

- Me dí cuenta de que el cine son una serie de butacas delante de una pantalla y ¿qué íbamos a hacer sólo con una pantalla si las butacas no estaban ocupadas por nadie? [1] Yo añadiría que tanto el cine como la literatura hacen parte de las acciones comunicativas.

 

Así, entonces, se iniciaría una narrativa literaria y cinematográfica de corte postmoderno, que retoma el pasado o el realismo desde otro lugar, a partir de la crisis de la noción de sujeto, de la negación de la unidad y de lo absoluto en torno a la realidad circundante, ya que nada, en verdad, es como aparece, dado el dinamismo de la vida misma.

 

Y tanto en la novela de Marsé, como en la cinta de Aranda, asistimos a la historia de la vida de Juan Marés, un anagrama del apellido del novelista, en la que se trasponen letras, un niño al que vemos en la introducción que vive en uno de los barrios altos de Barcelona, hijo de una deteriorada cantante de zarzuelas, quien ahora es una modistilla alcohólica y un mago que olvidó su nombre de origen, Rafael Marés, al asumir por entero el pseudónimo Fu-Ching, utilizado para hacer las veces de ilusionista chino, quien al decir de Juan Faneca, no fue un padre para Juan Marés pero el chico lo quería mucho. [2]  

 

Juan ya grande, tiene un encuentro casual con la aristocrática nacionalista catalana Norma, en una exposición de fotografías de la UNESCO, donde al participar en una huelga de hambre quedan atrapados en la sede de la exposicón, estos jóvenes progresistas que protestan contra el régimen por el Proceso de Burgos, un juicio sumarísimo que se hiciera, en 1970, contra dieciséis miembros de ETA, acto de rebeldía que interrumpen los esbirros del sistema franquista para hacerlos “comer a hostias”.

 

Este encuentro hace que Juan, ahora todo un hombre, ascienda en la escala social, sin otra preocupación de sus suegros sino de que fuera un buen católico, para así gozar de los discretos encantos de la burguesía catalana aunque, un día, tras varios años de matrimonio, se encuentra a su mujer, en el piso donde vive la pareja, con un lustrabotas y ya harto de compartir el lecho con camareros, taxistas o morenos, vendedores de macramé en el metro, además de la ninfomanía de esta mujer, por lo demás, una fetichista de los zapatos, que le ocasionan un gran goce en el momento del coito, estalla en una crisis de celos.

 

Pero ella, ante esta reacción, decide abandonarlo, con lo cual empieza a desencadenarse en el hombre una psicosis; su estructura psíquica comienza a resquebrajarse, ante la imposibilidad de elaborar la separación de su compañera y, si bien se queda en el piso, que ella le cede, vamos asistiendo a su deterioro mental, ya que como el personaje mismo lo declara: su vida era Norma, con quien vivió un sentimiento oceánico, de fusión absoluta, en un vínculo totalmente alienado en ella y tras la partida de su mujer, Marés se enfrenta con un total desamparo, ante la pérdida de un objeto idealizado, con el que esperaba mantener un estado de fusión narcisista. [3]

 

Se convierte entonces en un acordeonista callejero y se anuncia con carteles donde escribe cosas como:  

Fill natural de Pau Casals, busca oportunidad.  
o  

Pedigüeño charnego [4] sin trabajo,

ofrece en Cataluña,

un triste espectáculo tercermundista.

Favor ayudar.  

Siempre obsesionado por la canción Perfidia que oyera al mismísimo Nat King Cole.

 

O llama desde un teléfono público a Norma, encargada de asuntos psicolingüísticos de Catalunya, al hacerse pasar por dueño de un almacén de prendas de ropa interior o dueño de un comercio de tubos de escape de automóviles, para que ella le traduzca al catalán y así, al menos, entrar en contacto con ese objeto parcial que es la voz.  

 

Hasta que, en una asonada, de los fascistas profranquistas a una manifestación nacionalista, sufre una quemadura, ocasionada por una bomba Molotov, que lo desfigura totalmente, de tal forma que pasa a ser una especie de Fantasma de la Ópera de Gastón Leroux, que lo obliga a asumir la condición del hombre invisible, el famoso personaje de la novela de H. G. Wells, con un estado mental tan inestable como la del protagonista del escritor inglés, vestido con un grueso abrigo largo y la cara cubierta por vendas, grandes gafas y un sombrero de ala ancha, condenado a una inmensa soledad. [5] [6]  

Con un estilo de un naturalismo excesivo, asistimos a los ataques de vómito, como fenómeno psicótico, que podríamos interpretar con David Rosenfeld, como expulsión de líquidos orgánicos que forman parte del esquema corporal, que Juan porta y a una interesante presentación de una alucinación en el espejo, en el que se le aparece su amigo de infancia, Juan Faneca, quien lo incita a buscar a Norma, de una forma delirante, que deviene en acción, al recurrir a la caja de disfraces de su padre, cuando Rafael Marés se transformaba en el chino Fu-Ching. [7]

 

Entonces asistimos a la desaparición de Juan Marés, para asistir a su transformación psicótica en Juan Faneca, un hombre enigmático, un auténtico charnego, que, a pesar de sus amores con la vecina, solicita una cita con Norma, una vez adoptada una nueva identidad, con otro nombre, con otra fisonomía y otra actitud.  

La cual nada tiene que ver con el Juan Marés del principio de la película. 

 

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Con la identidad asumida de Faneca, logra encontrarse con Norma para, al fin, tener el encuentro deseado con su amada y volver a la cama con su vecina, quien tiene muchas de las características de su madre, para finalmente, ir logrando un estado de estabilización de su psicosis, convertido ahora, en un charnego apuesto y elegante, quien también nos recuerda el personaje de La máscara, a su vez un antihéroe demente.  

Así, asistimos a un juego de metáforas identitarias entre un Juan Marsé, que se transforma en un coétaneo suyo, Juan Marés, quien a su vez, se convierte en Juan Faneca, quien porta el apellido del genitor de Juan Marsé, antes de ser adoptado por sus nuevos padres, de ahí que su dedicatoria de El amante bilingüe sea:

 

Para Berta y para mis otros padres y mi otra hermana, al otro lado del espejo. [8]

 

Asistimos entonces a un desplazamiento imaginario del yo de estos Juanes, que bien podría evocarnos una fijación en el estadio del espejo, esa fase en que se constituye el yo, según Jacques Lacan. [9]

 

Y bien vemos el fenómeno cuando la alucinación aparece en la luna especular tras el vómito, como si se diera todo un juego de proyecciones e introyecciones, que le permiten adquirir su falsa identidad delirante.

 

Pero también, en esta, obra tanto Marsé como Aranda nos enfrentan con el problema del doble.  

De hecho el lustrabotas, con el que la mujer le pone los cuernos a Marés, es otro charnego, con lo cual sería una especie de doble suyo, ya que su mujer se acostaba con camareros, lustrabotas, morenos que vendían macramé en el metro, taxistas, en fin, charnegos como él,  de la misma manera que lo es Juan Faneca, su amigo de infancia, quien entra a hacer parte de su identidad delirante, mediante un retorno de lo Real.  

Es entonces cuando podemos darnos cuenta del funcionamiento del narcisismo primario del personaje, que entra en un juego de identificaciones, con los que trata de restituir su yo perdido, en un estadio totalmente cercano a la fusión, a la indiferenciación, a la locura, donde hace falta un Otro, bien sabemos por Faneca, que Rafael Marés, no funcionó como un buen padre pero el chico lo quería mucho.

 

En el análisis que hace Eugenio Cornide Cheda sobre la obra de Marsé, este psicoanalista nos remite al concepto de lo siniestro, de lo ominoso en Freud, bajo la forma de lo que espanta, angustia, vinculado con fantasías muy primitivas, en las que lo reprimido retorna, avivado por circunstancias externas. [10]  

Usurpar y adquirir nuevas identidades había sido parte de su vida, a Norma la sedujo al hacerse pasar por un intelectual militante hasta lograr engañarse a sí mismo, al igual que su padre, un mediocre ilusionista que terminaría por olvidar su verdadero nombre para convertirse en Fu-Ching, ya que sus padres no le habían dado el sostén emocional necesario para construir un verdadero sí mismo, sin tener que acudir a un falso self, en el sentido de Donald Winnicott, para ocultar su falta de integración o convertirse, a la manera del Zelig de Woody Allen, en una personalidad como si, de las que nos hablara Helene Deutsch y así, la impostura, como lo señala Zac, pudiera ser una defensa psicopática que le evitara el desencadenamiento de una psicosis, sin que jamás llegara a constituir una identidad estable, problemática que también se manifiesta en su habla, pues, en la novela de Marsé, cuando hace una actuación en Villa Valenti usa un catalán acharnegado, cuando conquista a Norma, un perfecto catalán intelectual y, al final de la historia. Faneca departe en un franco charnego. [11] [12] [13]  
Pero, claro está que esa problemática singular del protagonista, está inscrita en un macrocontexto social, el de la comunidad catalana, con su bilingüismo, como si se tratase a su vez de una Barcelona esquizofrénica, que funcionaría como uno de los factores para que Vicente Aranda decidiera marcharse a Madrid, como lo declarara a Gregori que, efectivamente, se encontraba molesto e incómodo con la política lingüística de la Generatalitat catalana, que representa Norma. [14]   [15]  

Notas:

[1] Gregori, A. El cine español según sus directores. Cátedra, Madrid, 2009, p. 316.

 

[2] Cif. Simposium Internacional Juan Marsé (1º. Barcelona. 2003). Juan Marsé, su obra literaria: Lectura, recepción y posibilidades didácticas. Horsori,  Barcelona, 2005, p. 126  

 

[3] Cornide Cheda, E. Psicoanálisis aplicado a la novela El amante bilingüe de Juan  Marsé. http://www.gradiva.org/Amante%20bilin_Cornide.pdf

 

[4]  Charnego es un término despectivo y peyorativo usado entre los años de 1950-1970, en Cataluña, para denotar a los inmigrantes de otras partes de España, en especial de Andalucía, que no hablaban o no aprendían el catalán.

 

[5] Leroux, G. El fantasma de la ópera. Ed. Valdemar, Madrid, 2002, 504 pp.

 

[6] Wells, H.G. El hombre invisible. Ed. Anaya, Madrid, 2001, 256 pp.

 

[7] Rosenfeld, D. La noción de esquema corporal psicótico en pacientes neuróticos y psicóticos', Psicoanálisis. Revista de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, 4 (2): 383-404, 1982.

 

[8] Marsé, J. El amante bilingüe. Ed. Debolsillo, Barcelona, 2007, 216 pp.

 

[9] Lacan, J. El estadio del espejo como formador de la función del yo [“je”] tal como se nos revela en  la experiencia psicoanalítica en Escritos I. 3ª. edición, Siglo XXI editores, México, 1976, pp. 11-18.

 

[10] Freud, S. Lo ominoso en Obras Completas (t. XVII). Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1976, pp. 215-251.

 

[11] http://es.wikipedia.org/wiki/Donald_Woods_Winnicott#Falso_self

 

[12] Reyes Vallejo, O. Helene Deutsch, pionera en el acercamiento a la psico(pato)logía de la mujer desde la perspectiva psicoanalítica. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 83, jul-sep. 2002, http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0211-57352002000300006&script=sci_arttext#back

 

[13] Zac, J. El impostor. Contribución al estudio de las psicopatías. Revista de Psicoanálisis (Asociación Psicoanalítica Argentina), 21(1): 57-71, 1964

 

[14] Arana, M. y C. Castillo. Identidades, parodia y carnavalización en El amante bilingüe de Juan Marsé.  http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/amante.html

 

[15] Gregori, A. El cine español según sus directores. Cátedra, Madrid, 2009, p. 324.  

Jesús María Dapena Botero
Vigo, 20 de marzo del 2011

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