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Estructura y lenguaje del poema “Adiós”, de Ramón Palomares 
por David Cortés Cabán

Existen diferentes modos de leer un texto literario. El más usual es la lectura que, sin apartarse de la emoción y el goce estéticos, se hace por placer. Era ésta  la que solíamos hacer cuando leíamos de adolescentes las Rimas de Bécquer para sentirlo más cerca de su angustiosa y fallida búsqueda de un amor imposible. Otra, que implica un mayor esfuerzo y concentración de parte del lector, es la que guiada por una determinada voluntad, busca indagar cómo se construye el texto literario y cuáles son sus atributos y elementos formales. En ambas el lector recoge lo que hay en la poesía de inexplicable, lo que se desprende del poema y deja en la memoria como una extraña y profunda sensación. Partiendo de esta experiencia, quiero acercarme a lo que hay de aprehensible en “Adiós”,[1] y destacar lo que nos revela su tema y los aspectos formales de su léxico y estructura.

Al comentar la poesía de Ramón Palomares, el crítico norteamericano Paul W. Borgeson Jr., ha observado “…que bajo la sencillez del lenguaje que por momentos vemos en la superficie, hay una estructura artística y conceptual sumamente compleja…”[2] A esta estructura “artística y conceptual” es a la que voy a referirme en este trabajo, pues es ésta la que sostiene los elementos que infunden armonía y coherencia al poema y, además, señalan la configuración interna de sus imágenes. Ya de entrada, el título mismo, conectado al verso final del poema, proyecta una grafía circular. Esto  lo notamos al iniciar la lectura, pues el poema está suspendido sobre una serie de imágenes que fluyen girando armónicamente a través de todo el texto.[3] Además, el título es significativo no sólo por la carga emocional que proyecta, sino también por el sentido que la palabra “adiós” infunde a la vida del hablante poético. En el poema hay todo un concepto de la creación y de la génesis de un universo en sincronía con los elementos de la naturaleza y las acciones humanas: la flora y la fauna, la fundación de ciudades y culturas, los mitos y tradiciones, los orígenes de la existencia, el amor y la muerte se convierten en una gran imagen cíclica del mundo. Todo se transforma en el continuo fluir de la vida en el tiempo. Por eso, como nos advierte Borgeson, “Leer a Palomares es, más profundamente, celebrar un rito de iniciación a la humanidad, con sede en los Andes y con validez universal”.[4] Este poema nos aproxima a la iniciación de ese rito, y también a la celebración de ese universo donde las fuerzas de la creación y de la vida misma confluyen en sucesivas y llamativas imágenes. Se nos muestra cómo se manifiesta la naturaleza y la vida, y cómo ocurren y cambian las cosas en el mundo. A continuación, reescribo el poema para que el lector tenga una percepción de lo que intento señalar sobre algunos aspectos del lenguaje y la  estructura del texto.          

Adiós

                                                                            Para Antonio Luis

Llovió y ha vuelto a llover

y cayeron las hojas y el sol las abrazó y el viento vino

y arrastró las hojas y sonó la hojarasca

y otra vez cayeron las hojas y el sol las abrazó y vino el viento                                                                             

y el rocío se hizo en la yerba[5] y se fue

y abrieron los capullos y el insecto rompió la húmeda cáscara

                                                                      [y voló

y otra vez el pájaro que cantaba en la cuerda

bajó a jugar bajo el rosal y volvió a su cielo

y cantó y la mariposa estuvo dormida al amanecer y con el sol

                                    [caliente subía dando ligeros golpes

y la lluvia la heló y otra mariposa voló por el jardín y el

                                                              [jardín de ayer

 quedó yerto y enrojeció y volvió a quedar yerto y pálido y las

                                                                 [ramitas secas   

chasquearon y cayeron al césped y el sapo cambió de sombra y

                                                                [volvió a cambiar

y ha buscado otra sombra húmeda

y el gusano ha terminado de hilar y ya voló y ya volvió a

                                                                 [hilar y el viento

mueve la hoja que lo hospeda

y los jejenes han ascendido en el vaho caluroso y caído con las                    

                                                                     [aguas del cielo

y se han levantado de nuevo porque otra vez ha sido el día

                                                                              [caluroso

y la hilera de hormigas corta el campo en el claro seco y

                            [boronoso y ahora regresa al patio sembrado

y el ratón de monte ha dormitado largamente en su cueva y

               [ha despertado por muchos días corriendo en secreto

lejos del búho y ha caído lejos de las garras del búho y el búho

               [comió y pasó noches de hambre y volvió a su comida

y duerme este día y se despertó de nuevo y cazó la rata gris

y un hombre encontró su pareja y se amaron y el hijo que

                                      [nació encontró su pareja y la amó

y el hijo que de allí naciera encontró su pareja y la amó y de

                                                              [allí nació un hijo

y el hombre murió y volvió otra muerte y se llevó otra vida y

                                           [otra vida se apagó al entretanto

y vinieron hermosas costumbres y cambiaron las

viejas costumbres y otras costumbres y modales se cambiaron y

se levantaron templos prodigiosos y los templos prodigiosos se

                           [fueron y llegaron nuevos templos prodigiosos.[6]                            

Y se levantaron los ídolos todos de metal noble y refulgente

                   [y dieron vuelta y otro rostro cubrió el rostro de ellos 

y otra vuelta cambió este rostro por otro de otra forma

y el polvo hundió los ídolos y salieron flores del polvo y el

                                [desierto llegó a cantar un largo silencio

y las ciudades despertaron y se durmieron y se ocultaron y

                                                                     [desaparecieron

y volvieron a nacer con sus comercios y sus tiendas y sus reyes

                                                                      [y príncipes

y poetas y bellas mujeres y mártires y guerreros y sacerdotes y

                                                                 [santos y maestros

y muchachos atarantados y viejos

y la luna estaba dando vueltas y se encendía toda y se

                                                 [adelgazaba y se hacía tenue

y se llenaba y se vaciaba de plata y volvía a llenarse y a subir

                 [tarde y tarde bajando tarde y tarde y noche y noche

y la tierra corría y corría y regresaba y corría y la tierra en la

                                 [noche en la oscuridad dando su cara negra

          [y rodando su cara deslumbrante y su azul ligero y su azul

                                                            [negro y sus nubes y aladas

y sus nubes estrepitosas[7]  y deshechas con el mar que saltaba

                [hacia su madre y saltaba desde el pecho de su madre

 y con el viento que lloraba y cantaba como un niño y lloraba

           [y cantaba como una mujer y lloraba y cantaba como un

                                                         [anciano y como un perro                       

y como un mar hasta que era otra vez viento y lloraba y

                                                                           [cantaba

y la tierra iba loca y bella entre sus madres entre sus padres

   [loca como una jovencita y loca como una mujer en una fiesta

    y como un paso de baile y como una caída de flores y como

                                                                                [un beso

iba i[8] venía mientras las grandes redes de estrellas subían y

            [aleteaban como insectos desesperados de amor y como

chispas que volaban desde la raza áspera y como cabelleras

                                              [solas y como fuego solo y como

oro raptado y oro yéndose y oro viniendo y oro jugando en

    [todas partes y moscas plateadas y anillos perdidos y collares

y cuellos y rostros de mujeres exquisitamente desenvueltas

                                                                        [y allí las noches

soltaban sus amarras y se aprisionaban y amaban la noche

                                                            [hembra y la noche viril

y el tiempo hembra y el tiempo varón y la vastedad toda y los

                                                            [círculos de vastedad

que iban y venían a sí mismo y de sí mismos alejándose y

       [entregándose y frotándose como dos hocicos de hembra y

                                    [macho encelados, tigres, lobos en celo.                                             

Y ha vuelto a llover y dime qué sol ha venido y qué canción

               [has oído y qué mariposa baja hasta la flor del patio

y duerme y

dame ese perfume que todo es un perfume y una esencia y una

                    [vaga brisa que llega y se mueve anda y desanda

y dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir

y si de ti todo se ha ido y todo está por llegar y todo está en

                                          [viaje y todo es nuevo y vuelve.

Adiós Salud Adiós.

Hay en “Adiós” un sentido de la vida como continuidad y transformación. El tiempo es una fuerza invisible generadora de cambios en las acciones humanas y en la naturaleza. Cambios materiales y sociales, ideas y situaciones que matizan y definen la convivencia y la historia de los pueblos. La vida en el reino animal y vegetal está ligada al sentir de una conciencia plena de la armonía de la naturaleza y los cambios que transcurren en ésta a través del tiempo. El título es por sí mismo significativo, como señalé anteriormente, pues presenta una base que anticipa el contenido fundamental del poema: el “adiós” como una imagen que se origina en Escuque, hasta expandirse en una visión universal de los procesos y cambios de la vida en el planeta.

Identifiquemos los conceptos que sustentan la estructura del poema y revelan la construcción de sus imágenes. Primero: en el poema predomina una perspectiva del tiempo, acontecimientos y transformaciones de la vida. Y, segundo: una concepción de la vida como libertad y expresión de la naturaleza misma. Desde el punto de vista de la construcción formal del poema, la anáfora (la reiteración de una misma palabra o sonido al principio del verso) es uno de los recursos que sustenta esta estructura. En este caso, la “y” no sólo anuncia la acción de los tiempos verbales, sino también es una conjunción copulativa que anexa los elementos internos del poema. Lo que acontece en el poema se nos revela en un marco narrativo-descriptivo de imágenes reiterativas. El verbo impersonal “llovió”, nos introduce rápidamente una acción que irá desarrollándose dentro de un marco de continuos tiempos verbales: el pretérito simple, el pretérito perfecto y el imperfecto. Estos verbos crean también el sentido circular que notamos en la estructura del texto.                                                                                                     

El verbo “sirve para ‘situar en el tiempo’ a la persona o cosa protagonista de la oración, denotando ‘algo que pasa’ relacionado con esa persona o cosa: lo que hace, o lo que ocurre, o su simple existencia”. [9] En este caso, el tiempo verbal que más se repite en el poema es el pretérito simple, cuya presencia proyecta una acción acabada en el pasado. La reiteración de este tiempo verbal destaca la instantaneidad de las imágenes, y la eliminación de la puntuación impacta la estructura del texto, confiriendo a la escritura un carácter oral y una lectura más dinámica. Hay que añadir, además, que los verbos intensifican la unidad del poema y concretan sus imágenes revelando, de este modo, el perfil de nuestra propia vida como perpetua transitoriedad. Las cosas que hoy son y mañana desaparecen se convierten en estas evocaciones en reminiscencias de nuestro paso por la tierra.    

En Ramón Palomares la poesía es reflexión y contemplación, expresión solidaria y amorosa en todo lo que mira, y en todo lo que humildemente recoge su pupila descubriéndonos la inmensurable belleza del universo.

Notemos algunos de los conceptos claves del poema: 

a)      visión de los procesos naturales de la existencia

b)      visión de lo temporal y el proceso cíclico de la creación

c)      visión de la vida en relación con la naturaleza

d)      visión de la flora y la fauna como imágenes de la plenitud del universo

En “Adiós” el poema mismo destaca su organización y los elementos que lo identifican, tal como señala en su libro la profesora Rosa Navarro Durán: “La esencia del poema nace y acaba en él. La intensidad lo caracteriza, y no sólo todas las palabras están interrelacionadas formando una unidad, sino que llevan en sí un peso específico superior al que tendrían si pertenecieran a otro tipo de textos”.[10]  En la estructura de “Adiós” la tensión de estas palabras se distribuye mayormente entre los verbos y sustantivos. Los verbos destacan la acción que ocurre en el poema y también el sentido del tiempo. La sustantivación, por otro lado, afirma elementos concretos que proyectan una imagen visual de lo que allí se dice. Los sustantivos destacan los seres y cosas que nombran; “designan seres reales”[11] y nombres que, en ocasiones, pertenecen a un mismo campo semántico: rosal, flores, hojas, capullos, flor. La reiteración de estas palabras y la instantaneidad con que aparecen contribuyen a resaltar la estructura en espiral del poema:

                                      […]

y el ratón de monte ha dormitado largamente en su cueva y

     [ha despertado por muchos días corriendo en secreto

lejos del búho y ha caído lejos de las garras del búho y el búho

          [comió y pasó noches de hambre y volvió a su comida…

Y otro ejemplo: 

                                      […]

y vinieron hermosas costumbres y cambiaron las

viejas costumbres y otras costumbres y modales se cambiaron y

se levantaron templos prodigiosos y los templos prodigiosos se

                                              [fueron y llegaron nuevos templos prodigiosos. (p. 254)[12]

Vemos cómo los verbos imprimen el sentido de fugacidad de las cosas, y también enfatizan esa imagen cíclica de los procesos naturales, históricos y sociales que permiten los cambios, conservación y transformación de la vida en el planeta:

Llovió y ha vuelto a llover

y cayeron las hojas y el sol las abrazó y el viento vino

y arrastró las hojas y sonó la hojarasca

y otra vez cayeron las hojas y el sol las abrazó y vino el viento

y el rocío se hizo en la yerba y se fue

y abrieron los capullos y el insecto rompió la húmeda cáscara y voló  (p. 253)[13]

“Adiós” encarna el ritmo y el equilibrio de un paisaje que se relaciona con nuestra existencia, con el entorno y la realidad de la vida: la imagen de la naturaleza, la humana convivencia de los pueblos, sus historias y leyendas, sus mitos y costumbres representan mucho más que una despedida. “Adiós” es un viaje a la propia interioridad del hablante poético, una imagen que proyecta su ser. Por eso, el poeta se detiene en las cosas que penetran los sentidos devolviéndonos nuevas y variadas sensaciones. Con profunda emoción, el poema describe lo elemental y lo trascendente del mundo. La naturaleza se convierte en la más alta expresión de una poesía, como ha señalado tan líricamente la poeta Patricia Guzmán:

Poesía de prodigios, poemas de primera vez, de asombros, de asomos del alma que resopla para que la escuchemos balbucear el hábito de estar despiertos, tal y como balbuceante llega la Aurora misma. ¿De dónde? ¿De dónde llega? Palomares los sabe pero fiel a su proverbial discreción –antes buscando, nunca aseverando- cifró en el título de su primer libro la clave e hizo señas a la poesía toda, a la poesía venezolana toda, para que accediera  a “El reino”. [14]  

Por eso, mientras más nos acercamos a la poesía de Palomares, más nos impresiona la relación del poeta con el mundo circundante. Su manera tan humana de captar el paisaje, su percepción y sensibilidad dejan en el lector una imagen armoniosa y límpida, sin ambigüedades. Una realidad ennoblecida por la imagen que proyecta su mirada. De ahí también lo que deslumbra, el sutil modo en que nos acerca a un universo poético donde las palabras encarnan su propia plenitud. En “Adiós” volvemos a encontrar el sentido de nuestra humanidad. Volvemos a un mundo que creíamos inalcanzable, siempre nuevo y conmovedor. Ahora, como quien mira a través de la amortiguadora presencia de la lluvia, dejemos que el silencioso resplandor de estos versos ilumine nuestra interioridad:  

                                         […]

Y ha vuelto a llover y dime qué sol ha venido y qué canción

          [has oído y qué mariposa baja hasta la flor del patio

y duerme y

dame ese perfume que todo es un perfume y una esencia y una

                   [vaga brisa que llega y se mueve anda y desanda

y dime si adentro de ti no oyes tu corazón partir

y si de ti todo se ha ido y todo está por llegar y todo está en              

                                        [viaje y todo es nuevo y vuelve.

                            Adiós Salud Adiós.

Por David Cortés Cabán

New York, verano del  2010


Notas:

[1] Este poema pertenece al libro ‘Adiós Escuque (1968-1974)’ que forma parte de la antología Ramón Palomares, Poesía, 2da. edición, Caracas, Monte Ávila Editores, C. A., 1985, pp. 253-256. También lo hallamos en la Antología poética, 1ra edición, en Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, publicada por Monte Ávila Editores Latinoamericana, C. A., 2004, con prólogo del poeta Luis Alberto Crespo, y una Cronología de la obra del autor por el poeta Enrique Hernández-D’Jesús.

2. Ver Paul W. Borgeson Jr., “Lo andino y lo universal en la poesía de Ramón Palomares”, http://tell.fll.purdue.edu/RLA-Archive/1990/Spanish-html/BORGESON, PAUL.htm.

[3] Véase José Luis Martín, Crítica estilística, Madrid, Editorial Gredos, S.A., 1973. Ver el capítulo XIX, “Estructura”, pp. 206-226.

[4] Paul W. Borgeson Jr., p. 5.

[5] En la 1ra. edición en Biblioteca Básica de Autores Venezolanos del 2004, ha sido cambiada a “hierba”. Ambos términos son igualmente correctos.

[6] En la edición de Biblioteca Básica de Autores Venezolanos del 2004, este punto se elimina dejando sólo el punto final y el que antecede a los últimos nueve versos que finalizan el poema.

[7] El la edición  que utilizo aparece como “estripotosas”. La errata ha sido corregida en la 1ra. edición de Biblioteca Básica de Autores Venezolanos, del 2004, pp. 179-182.

[8] Esta i Latina en vez de la y griega la encontramos también en la 1ra. edición de Biblioteca Básica de Autores Venezolanos del 2004.

[9] Manuel Seco, Gramática esencial del español, Madrid, Edición Aguilar, S.A., 1973, p. 175.

[10] Rosa Navarro Durán, Cómo leer un poema, Barcelona, Editorial Ariel, S.A., 1998, p. 40.

[11] Manuel Seco, pp. 135-140.

[12] He subrayado estas palabras para señalar cómo este tipo de construcción se corresponde con la estructura y la dinámica del poema. Este recurso reiterativo es también visible en el uso de los tiempos verbales.

[13] He subrayado los verbos para resaltar el concepto del tiempo.    

[14] Patricia Guzmán, “Tres hombres a prueba de poesía”, en Actual, Revista arbitraria de la Dirección de Cultura Universidad de Los Andes, Núm., 47-48 (Julio-Diciembre, 2001), pp. 47-53. La poeta menciona aquí el primer libro de Ramón Palomares, El Reino (1958), que atrajera el reconocimiento de la crítica venezolana, colocando al poeta entre las voces más importantes de la poesía hispanoamericana contemporánea. Véase también, en esta misma revista, el ensayo del crítico Leonidas Morales, “La modernidad y la poesía venezolana”, pp. 34-46. 

por David Cortés Cabán
New York, verano del 2010

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