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El amor en cualquier parte y momento
de
“El otoño de una mariposa”
Cuentos

Madalina Cobián
madalinacobian2008@yahoo.com 

Son las 7 a.m., y Miguel y Luisa, pareja recién unida, se preparan para salir a la calle a enfrentar una nueva jornada de labor. 

-¡Que dicha que tu hayas llegado a mi vida! ¡Que tranquilidad el poder compartir con alguien los azares de cada día! ¡Que seguridad la de saber que alguien va a responder por mis necesidades cada mañana! ¡Cuánto tiempo luchando sola sin esperanza! Cuanta veces he emprendido el camino cada mañana sin saber que le reserva a una el día, con la esperanza de poder resolver el objetivo de la vida, para luego, si el día ha sido afortunado, poder disfrutar, al anochecer, la satisfacción espiritual de saber resuelta la necesidad material. Pero ahora, he tenido suerte al encontrarte. Ya no tengo que volver a salir sola a aventurarme por los caminos del mundo en busca de la solución a mis carencias.

-No te preocupes, amor. Ya no vas a estar nunca más sola, Ahora yo voy a estar contigo para siempre, para acompañarte a cumplir esta ardua tarea que acometemos día a día. No vas a volver a carecer de lo que nos hace falta para vivir. Yo seré tu compañero siempre en la vida hasta que la muerte nos separe. Juntos saldremos todos los días a cumplir nuestra misión y a luchar por la vida. Tenemos ese derecho y lo vamos a disfrutar.

Después de haber recogido los papeles de periódicos que le habían servido para cubrir el piso que utilizaran como lecho la noche anterior y haber amontonado en un rincón del almacén abandonado donde habían pernoctado la víspera, las botellas de alcohol de bodega consumido esa noche, luego de haber hecho sus necesidades fisiológicas en otro rincón más apartado del sitio donde durmieran, y de haber esgarrado lo suficiente como para eliminar los restos del tufo de alcohol que sale de sus bocas y que aún emana de su piel, Luisa y Miguel intentan con los dedos estirar sus cabellos y humedecer sus rostros con saliva para adecentar su aspecto. Muy juntitos, ella, colgada de su brazo izquierdo y el con un sombrero boca arriba en su mano derecha, amorosamente salen a la calle a “luchar la vida” como dicen ellos, con la esperanza, de a su regreso, por la noche, disfrutar del fruto de su labor.

-“Una limosnita, por el amor de Dios” 

Madalina Cobián Madalina Cobián
madalinacobian2008@yahoo.com 

http://www.enelatardecerdetuvida.blogspot.com/

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