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Regresión histórica


Lilia Cisneros Luján

Para quienes prefieren ver vaso lleno aunque sea a la mitad, la crisis -que ha hecho evidente el señor Donaldo Trump- está rescatando en diversos puntos del planeta la unidad nacional. Por principio fue esta inclinación a defender lo propio, forjado históricamente como sustento de la unidad, no solo familiar sino social, la que entusiasmó a cuando menos una tercera parte del electorado estadounidense. Pero ¡cuidado!, el ser humano es universal y por ende similares emociones o intereses, impulsan a “los otros”,  los que carecen de piel casi incolora, los de ojos rasgados, estatura baja o cabellos hirsutos; todos ellos  unidos en la igualdad que da la causa, los derechos, la visión y el anhelo más allá de la condición de género, trabajador, empresario, comerciante, creyente –practicante o no y de la denominación que sea- ateo o activista de algo.

 

La irracional sarta de amenazas que el señor presidente norteamericano, ha enderezado contra México despertó -cuando menos en las generaciones más adultas- la urgencia de darle sentido y carácter a la unidad nacional en un pueblo –no necesariamente a sus gobernantes- que históricamente se ha sabido víctima de la plutocracia. Desde la discusión de los términos del TLC, la gente manifestó su inquietud por el desmantelamiento de la industria nacional, la acaparación de tierras cultivables y como resultado de ello, el desempleo derivado de la idea de una mayor rentabilidad de las importaciones de alimentos que la producción interna de estos.

 

Una de las paradojas del siglo de la información es justamente lo muy limitado de los conocimientos, sobre todo en las generaciones más jóvenes, de las lecciones que ha aportado la historia. ¿Qué tanto influyó en el oscurantismo la expansión del imperio romano y luego su caída? ¿Podemos encontrar similitudes entre los colonizadores del siglo XIX en lo que era el norte del territorio de México y los desarrolladores[1] inmobiliarios del siglo XXI? Por todos lados, escuchamos invitaciones a unirnos para la defensa de lo que es propio pero este frente ¿debe ser para cobrarnos ojo por ojo, como se ha reiterado en un panel televisivo? Por otra parte el camino será ¿hacerle el juego a los plutócratas eufóricos defendiendo la paciencia a ultranza y una diplomacia que en poco se distingue de la sumisión abyecta?

 

Cómo solo sospechamos aunque no podamos afirmar que la intención de los ricos “nacionalistas” y amantes del progreso sea engullir la totalidad de nuestros recursos, es más prudente unirnos sí, pero no a favor de un grupo en particular o de líderes cuasi cacicales que en poco respetan los auténticos intereses de la gente. La era de los césares y sus presuntas réplicas en la edad moderna ya ha sido rebasada. Debemos resistir, primero que nada ubicando al enemigo que no solo está allende la frontera pues sus socios, para infortunio del mexicano, quizá están aquí, sus espías tal vez son nuestros vecinos y actúan informado y opinando acorde a sus intereses y frente a la debilidad institucional los aprovechados hombres de presa sin nacionalismos ni patria se multiplican.

 

La resistencia auténtica es prolongada, lo cual no significa pasividad. Podemos resistir los gobernantes locales -presidentes municipales, delegados, gobernadores- que nos insultan con discursos mentirosos[2], y nos pasan a cuchillo a pesar de sus promesas. Debemos hacerlo enarbolando causas muy especificas vinculadas con aspectos que ellos pretenden convertir en productos ignorando que son derechos, como es el caso del agua, el libre tránsito –vulnerado por la proliferación de ambulantes- la salud acechada por plagas de ratas y toda suerte de parásitos que se encuentran en las calles los ciudadanos forzados a comer tacos y comida chatarra.

 

Resistir, la corrupción de oficinas de parques y jardines que no mantienen las áreas verdes y han convertido la poda en negocio de pseudo autoridades de la materia pues dejan sin trabajo a jardineros entrenados para luego contratar empresas de cuates incapaces ni de hacer florecer lo que la naturaleza nos regala[3].

 

Unirnos y fortalecernos internamente es la condición sine qua non, para impedir que nos traten como súbditos y nos encierren detrás de muros. Responder con dignidad es actuar constitucionalmente en materia de límites de construcción en playas o fronteras y aplicar con serenidad leyes que violan constantemente agentes extranjeros en nuestro territorio.

 

Como a niños preescolares a los que se les quita el cinturón de seguridad, algunos grupos han empezado el proceso de desunión: unos dicen que no sean los partidos los convocantes porque están desprestigiados y los líderes de partido se pronuncian para encabezar la resistencia; medios propician no el diálogo sino la polémica desordenada, mientras los agentes del corporativismo continúan su camino mustio hacia la sustitución de la república, pasando por alto la gran lección del siglo XIX, por cuyas acciones de traidores e imprudentes perdimos la mitad de nuestro territorio.

 

Los ricos que buscan el poder, siempre quieren más. Para ellos no hay muros, ni bardas, ni límite alguno. Así como el pequeño trompo dando vueltas sin aparente fuerza puede dañar la palma de nuestra mano, el plutócrata puede vociferar, hacerse la víctima, llorar con tal de aprovecharse. Debemos estar unidos sobre la única base que nos da fuerza frente al abusivo: La ley, la que discutieron y promulgaron mexicanos con visión hace 100 años, la que ha sido vapuleada sin que realmente la defendamos, la que con todo y parches es la única fuente de legitimidad de nuestras acciones.

 

Notas:

[1] Tanto los de torres condominales en las ciudades como los de hoteles que destruyen manglares en las playas.

[2] No se subirá le predial, pero se modifica al alza la base tributaria y de todo modos nos están subiendo no solo en este rubor sino en todo los servicio en promedio 400%.

[3] Hemos testificado el deterioro de los viveros de Coyoacán y otros jardines de espacios públicos, a cuyas autoridades les venden de cuando en cuando plantas que se secarán por no ser la idóneas en la zona o por estar enfermos como los cientos de árboles de vito Alessio Robles, Progreso y la Escuela Superior de Música.

 

Lilia Cisneros Luján

lcisnerosescritora@gmail.com

30 de enero de 2017

 

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