El sol y el río
Waldemar José Cerrón Rojas

Una sonriente mañana el sol le dijo al río. Solo en ti puedo verme el rostro. 

Esa tarde una muchedumbre llegó a la cercanía del río. Hicieron sus casas de paja y cartón. Los hombres arrancaron los árboles, las mujeres lavaron ropas, con detergentes desconocidos, los niños tiraron piedras al agua y los jóvenes arrojaron desmontes al río.

Al día siguiente el sol exclamo: ¡Ya no tengo espejo!

El río dijo: Estos humanos son peor que los animales. Me están matando. Se mueren las truchas, las ranas y los sapos. ¡Sol No quiero morir así.

-Tú no morirás. Dijo el sol.

El Sol se acercó a la tierra. La gente decía ¡Qué calor! ¡Qué calor¡ ¡Qué calor¡ corrieron al río. No pudieron bañarse porque las aguas, estaban negras con un olor nauseabundo. 

Las aves se habían alejado del lugar, las pocas plantas dejaban caer sus hojas, las flores no abrían sus pétalos, las mariposas se perdieron en el horizonte, los niños lloraban desnudos en los brazos de mamá.

¡Qué calor ¡ ¡Qué calor! en las noches.

Un anciano llamó a la gente y le dijo: Recuerdan que en este río nos bañamos cuando recién llegamos. Ahora el río cómo está.

¡Limpiemos! 

Así lo hicieron. Hoy tienen el río limpio, las aves volvieron a colgar sus nidos, los niños se bañan, las mariposas revolotean, las ranas, los sapos croan, el sol y el río sonríen.

El rigor de la naturaleza nos enseñará a cuidarla.

Waldemar José Cerrón Rojas 

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