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Filosofía
 

Juan Andrés Cardozo
         Filósofo

La universidad como sistema
Juan Andrés Cardozo
galecar2003@yahoo.es

 

 

 

 
Hay que universalizar la educación media, mejorar la calidad de la básica. Y es determinante re-fundar la universidad y, en general, la educación superior.

En época de propuestas y de debate, forzoso es pensar sobre la educación. Para avanzar y no estancarse es un factor dinámico y horizontal de desarrollo. Pero siempre que el enfoque sea sistémico y exista una interacción totalizadora con el entorno. De lo contrario, la educación ahonda la desigualdad social.

 

En función a la “era del conocimiento”, perentorio es subirse al movimiento del presente hacia el futuro. Hay que universalizar la educación media, mejorar la calidad de la básica. Y es determinante re-fundar la universidad y, en general, la educación superior. Este re-fundar se sustenta en la teoría de que la universidad es un sistema de producción de conocimientos. Pues sin teoría no hay verdades. Las que proceden del pensar, de la teoría crítica y de la ciencia.

Jon Fox, pintor surrealista

 

 

La universalización de la educación media presupone necesariamente el 100% de la cobertura de la básica. Con lo cual este enunciado exige la equidad. La que, a su vez, supone una agenda de erradicación de la pobreza. Lo que plantea la articulación de la educación con una sociedad que se transforma estructuralmente al mismo ritmo. Entonces, la educación forma parte de un proyecto de sociedad. Aislada, reproducirá el atraso.

 

Formuladas estas premisas, que las iremos profundizando, reflexionemos sobre la educación superior. ¿Por qué? La razón es que en los niveles precedentes será difícil introducir el mejoramiento de la calidad –la revolución educativa—si antes no se re-estructuran las universidades y los institutos superiores. Estos, para que sean genuinamente tales, no solo tienen que “apropiarse” y repetir los saberes. La apropiación incluso sería aceptable toda vez que signifique una transferencia de conocimientos.

 

La universidad como sistema

 

El concepto de sistema adquiere su diferenciación gnoseológica en la teoría general de sistemas. Y más concretamente en la teoría del conocimiento científico, en la que el sistema deviene como autorreferencia. La autorreferencialidad de la ciencia, y de la reflexión filosófica, se hace universal mediante la metateoría del sistema de Niklas Luhmann.

 

El pensador alemán no inventa en realidad la teoría de sistema. La eleva como condición misma de la auto-reproducción de la ciencia, que sobreviene en un sistema de autorreflexión en continua superación a través de teorías que se re-crean, corrigen y renuevan sin cesar. Él mismo reconoce, en Sociedad y sistema: la ambición de la teoría, la concepción fundante de Hegel como filosofía totalizadora del saber y de la teoría de las verdades universales. Y, en las ciencias sociales, el aporte de Talcott Parsons, como metodología funcional del conocimiento científico de la sociedad.

   

Pero es en su obra fundamental, La ciencia de la sociedad, en la que la superteoría de sistemas se fundamenta la correlación autorreproductiva de la ciencia con su autorreferencialidad. Y se complementa como una teoría inseparable de la investigación y del conocimiento científico en carácter dialéctico de la autopoiesis. Término originalmente de Aristóteles, que designa la reflexión teórica que busca el autoconocimiento del ser y el fundamento lógico de la verdad.

   

En una reelectura de la autopoeises artistotélica, el extraordinario téorico chileno de la “biología del conocimiento”, Humberto Maturana, sentó la categoría propia de todo saber científico mediante esa autorreflexión y autorreproducción teóricas. En conexión con esta concepción biológica del conocimiento, Luhmann establece la teoría de sistemas como función determinante para el lenguaje científico, la validez exclusiva y las investigaciones específicas. A ello aspiran las proposiciones con pretensión de verdades universales y también los modelos de saberes y principios que se autorreproducen continuamente.

   

Y es desde este marco de diferenciación constitutiva que se concibe la universidad como sistema. En su ámbito se aprende y reproduce el conocimiento. El saber científico y teórico está obligado a re-pensar y a crear, construir y producir conocimientos, pues los adquiridos se hipostasiarían en una repetición anulante de la investigación y de las nuevas teorías. La universidad se convertiría en un mausoleo de las ciencias.

 

El sistema y su entorno

 

El sistema es independiente, autónomo, de su entorno. Si no fuese así carecerá de la capacidad de autorreferenciarse. Sin embargo, puede tener una relación interactiva y articuladora con su entorno. El conocimiento de la sociedad le permite actuar y poner límites, o franquear sus horizontes. También influir sobre su realidad presente y futura, siempre y únicamente cuando el conocimiento y la teoría modifican la concepción del mundo, rompen con las tradiciones y lograr encarnar, en la sociedad, las verdades contrarias a los prejuicios, a los errores y a la ignorancia.

  

Desde la teoría de la comunicación, como el mundo de la vida, Habermas ha sumado los conceptos de representación y de legitimación a la teoría de sistemas. Su código es también autorrerefente en tanto procedimiento de autorregulación y reproducción de conocimientos en evolución constante y expansiva de la autonomía humana. Y desde la lógica consensual, Karl-Otto Apel considera que el sistema es irrebasable como teoría del conocimiento científico. Sin él, la vulgarización de la opinión disuelve la razón e instrumentaliza la ciencia en estrategias simbólicas y prácticas de dominación.

   

Esta esquemática exposición pretende enunciar, por lo expuesto, que la universidad es, en sí misma, un sistema. Existe como una unidad diferenciada, como institución, para producir conocimientos. Aun en los campos de la profesionalidad, es responsable de fomentar una competencia creativa, analítica y crítica. El derecho, por poner un ejemplo, se petrificaría en el pasado sin la moderna Teoría de la Justicia. Pero, además, ignoraría los principios de equidad al margen de la sociología del conocimiento.

    

La cuestión no es tanto por dónde comenzar. Pero con una educación superior que no habilita a pensar, a investigar y a innovar la ciencia y la tecnología, el país está condenado a reiterarse en sus involuciones.

 

Juan Andrés Cardozo
galecar2003@yahoo.es

 

Publicado, originalmente, en ÚltimaHora (Asunción, Paraguay) http://www.ultimahora.com/ el 26 de enero de 2013

Autorizado, para Letras-Uruguay, por el autor

 

 

 

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