Poesía no eres tú: palabra, silencio, eco sutil de Rosario Castellanos

por Yvonne Cansigno Gutiérrez

El otro, la mudez que pide voz al que tiene la voz

y reclama el oído del que escucha. (Poesía no eres tú)

Introducción

Evocar la imagen de Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925 -Tel Aviv, 1974), conlleva a recordar a una escritora mexicana clave en la Generación de Mascarones, grupo de jóvenes escritores que con el tiempo se convirtieron en autores de gran nombre en el escenario intelectual. Las figuras de Jaime Sabines, Bonifaz Nuño, Dolores Castro, la misma Rosario Castellanos y dramaturgos como Emilio Carballido y Luisa Josefina Hernández son parte de esta generación distinguida por sus significativas trayectorias literarias. Cada uno de ellos ha enriquecido la formación escolar y académica de un sinnúmero de estudiantes de diferentes niveles educativos tanto en México como en el extranjero. Asimismo lectores asiduos se han recreado con la lectura de sus diversas obras.

En el caso particular de Rosario Castellanos, surge la presencia de una mujer asombrosa cuyas ideas y brillante participación en la vida social, política, científica y literaria dejó huella en nuestro país y en el extranjero. Rosario Castellanos, es sin duda, una escritora fundamental en nuestra biblioteca que cultivó todos los géneros[1], especialmente poesía, narrativa y ensayo, distinguiéndose también por el género epistolar. Sus cuentos y valiosos ensayos de crítica literaria, así como sus textos, fueron publicados en diversos momentos en suplementos culturales de los principales diarios del país y en revistas especializadas de México y del mundo de hoy. Se percibe en todo su itinerario intelectual y su creación literaria, una valiosa y franca confrontación con la falsedad, la hipocresía, la injusticia, la fragilidad de seres vulnerables como los indios, particularmente los de Chiapas. Asume también su rol como mujer sensible y talentosa en la reivindicación de la condición femenina, plasmando en sus escritos diversas problemáticas con acertada filosofía, particularizando figuras sumisas, abnegadas, maltratadas y sufridas, haciendo eco a condiciones que prevalecen aún en México y América Latina.

En una especie de bola de cristal, Rosario Castellanos muestra con audacia situaciones dignas de reflexión, extrayendo con un particular estilo crítico, el privilegio de la maternidad y el duro camino de marginación, sometimiento, ignorancia y engaño que viven muchas mujeres en soltería o vida conyugal, desmitificando así, con inteligencia e ironía, preocupaciones de formación social tan arraigadas en México.

Rosario Castellanos escribió, de manera especial, para nosotras las mujeres, intentando llevarnos a tomar consciencia de nuestras vivencias, nuestras recónditas e inconfesables preocupaciones, revalorando procesos dolorosos que vivimos nosotras por herencia occidental, cultural, social y familiar. En su discurso poético y narrativo, la escritora busca constantemente a través de la palabra la emancipación de cada mujer y de un sinfín de mujeres que viven en la prerrogativa de lucha por su libertad y su dignidad en un escenario de soledad e incomprensión. Pero también pugna por la reconciliación de ambos sexos en un trato inteligente, anhelando el conocimiento y la verdad como deseos ineludibles.

Poesía no eres tú

¿Pero qué hay de Rosario Castellanos como poeta sensible y notable? El privilegio de compartir su poesía es un encuentro con las diversas tonalidades de cada palabra, un oasis al identificarse con ella en la búsqueda constante que hace tanto de manera introspectiva como en la de su entorno, en contextos que la conducen a descifrar el mundo y el ser.

El objetivo de este texto es recrear los matices de la palabra y el silencio que caracterizan especialmente su libro Poesía no eres tú, obra poética de 1948-1971, editado en 1972 por el Fondo de Cultura Económica. En este volumen, la escritora reúne su obra poética bajo un título donde “negaba la poesía”, en una atmósfera sublime que describe sus propias experiencias espirituales y estéticas. Aunque no lograba considerarla poesía, nos ofrece a los lectores la posibilidad de transformar su texto en Poesía eres tú. Cabe señalar que se incluyen los poemas dramáticos de “Salomé y Judith” y textos de Emily Dickinson, Paul Claudel y Saint-John Perse. El volumen se estructura en 14 poemarios enriquecidos cada uno con diversos temas: Apuntes para una declaración de fe (p. 7), Trayectoria del polvo (p. 17), De la vigilia estéril (p. 31), El rescate del mundo (p. 61), Poemas (p. 75), Al pie de la letra (p. 105), Salomé y Judith (p. 129), Lívida luz (p. 175), Materia memorable (p. 193), Versiones (p. 231), En la tierra de en medio (p. 287), Diálogos con los hombres más honrados (p. 317), Otros poemas (p. 321), Viaje redondo (p. 337).

Es un encuentro con un estilo sencillo donde el matiz se vuelve eco y la palabra un canto poético impregnado de filosofía. Ya Emmanuel Carballo, al entrevistar a la autora de Poesía no eres tú, en 1964, indagó con ella la pregunta sobre si “¿Se imponía el deslinde entre poesía y filosofía?” A lo cual Rosario Castellanos afirmó que “entre los géneros literarios el que más se aproximaba a la filosofía era la poesía”. Sin embargo, ella insistió que la diferencia radicaba en el lenguaje: “si la filosofía tiene su principio de identidad, la poesía también lo tiene: es la metáfora. Para mí, la poesía es un ejercicio de ascetismo, un intento de llegar a la raíz de los objetos, intento que, por otros caminos, es la preocupación de la filosofía” (Carballo 1986, 524). En este sentido la poesía de Castellanos está impregnada de la filosofía misma de la vida, con la lucidez de sus reflexiones críticas y con la sutileza melodiosa de cada verso.

Cabe destacar que la escritora se distingue como una de las plumas líricas más espontáneas y destacadas de su generación. Su afortunada formación universitaria y su participación en la vida intelectual y cultural del país la estimulan en la lectura de autores claves de la época que le permitirán un profundo avance académico. Es de señalarse que motivada por el texto de Muerte sin fin de José Gorostiza en 1948, la escritora logra su primer libro de poemas titulado Trayectoria del polvo (1948), al que le seguirán De la vigilia estéril (1950) y El rescate del mundo (1952). Los tres volúmenes constituyen títulos alusivos, empapados de la sutil visión que Castellanos siente del mundo que le rodea.

En cada uno de sus poemas se recrean tópicos emparentados con el amor, la soledad, el sufrimiento, la muerte y el destino. Castellanos logró combinar sabiamente su formación filosófica con la escuela de la vida, plasmando en sus poemas sus percepciones y reflexiones como poeta y asumiendo sus experiencias dolorosas en el plano personal con el toque de su deslumbrante inteligencia. Con una gran madurez como ser humano, la escritora afirmó que “la única misión del amor es precisamente ésa: exponernos a la herida y luego desaparecer. No es algo que pueda cumplirse y alcanzar la plenitud. Su misión es la de romper el círculo del yo en que estamos encerrados y, de ese modo, comunicarnos con los demás” (Carballo 1986, 524-525).

Partiendo de sus vivencias personales, enfatiza una perspectiva sensible y reveladora de su existencia con versos claros, directos y dotados de significados. La poesía es para ella, un ejercicio de misticismo, un intento de llegar a la raíz de los objetos, una tentativa que, por otros senderos, es la preocupación de la filosofía (Carballo 1986, 524). Así lo dice en su poemario Lívida Luz, del que la propia autora afirma lo siguiente: “En ella llegué propiamente a la frialdad, a pesar de que escribí los poemas en estado de fiebre... en ellos reflexiono sobre el mundo, ya no como objeto de contemplación estética sino como lugar de lucha en el que uno está comprometido. Allí se reflejan las experiencias que tuve en Chiapas en mi trabajo para el Instituto Indigenista. En esos lugares la lucha ha llegado a extremos desgarradores de brutalidad. Allí también figuran mis experiencias en ciertos ambientes de la ciudad de México. Asimismo, aparecen lecturas sobre los temas sociales y políticos que, por entonces, comenzaron a interesarme de manera muy particular” (Carballo 1986, 523-524).

En Apuntes para una declaración de fe, Castellanos registró, entre las variadas crisis de su adolescencia, la crisis religiosa. En 1948, a los veintitrés años, escribió “Trayectoria del polvo”, poema de largo aliento que reveló un periodo de gran desolación, con el cual matizará muchos de sus poemas posteriores: Me desgajé del sol (era la entraña/ perpetua de la vida)/ y me quedé lo mismo que la nube/ suspensa en el vacío./ Como la llama lejos de la brasa,/ como cuando se rompe un continente/ y se derraman islas innumerables/ sobre la superficie renovada del mar/ que gime bajo el nombre de archipiélago./ Como el alud que expulsa la montaña/ sacudida de ráfagas y voces (Castellanos 1975, 17).

Desolación o desamparo, es otro matiz en la voz de Rosario Castellanos, la poesía es un camino que le permite sobrevivir y compensar vivencias que le agobian profundamente: “Las palabras poéticas constituyen el único modo de alcanzar lo permanente en este mundo. Por esos años, y después de una fuerte crisis religiosa, dejé de creer en la otra vida” (Carballo 1986, 520).

Fuerte aseveración que la llevará a la postre a cierto ensimismamiento, y en donde surgen poemas nuevos que denotan más su intelectualidad, como en De la vigilia estéril y El rescate del mundo. No obstante que ambos poemas implican una gran vivencia emotiva, la autora regresa a lo concreto, y en ese contexto afirma: “Volví a una especie de religiosidad ya no católica a una vivencia religiosa del mundo, a sentirme ligada a las cosas desde un punto de vista emotivo y a considerarlas como objetos de contemplación estética. Me producía raptos de verdadero júbilo transformar en poemas lo que estaba junto a mí” (1986, 522).

Es conveniente mencionar que durante su estancia en España se convierte en una lectora asidua de Santa Teresa y San Agustín y se entusiasma vehementemente con el misticismo, de tal modo que asimila y recupera su propia postura religiosa. Ella declara: “[A] Dios, lo he perdido y no lo encuentro ni en la oración ni en la blasfemia, ni en el ascetismo ni en la sensualidad” (Castellanos 1996, 15).

Dentro de una larga carta que le escribió a Ricardo Guerra[2], quien fuera su esposo y al que llamaba: “Mi querido niño Guerra”, le comparte ese sentimiento de pérdida y desaliento religioso.

Sin embargo, no obstante su gran amor por él, no halló el eco que ella esperaba de él y tras de una serie de vivencias dolorosas, el desamor y abandono de Ricardo Guerra, logra escribir el poema en prosa: Lamentación de Dido, poema que no sólo se ciñe a la experiencia personal, sino va más allá del plano universal, evoca y matiza una figura femenina mítica que aparece en el poema Eneida de Virgilio, desea satisfacer un anhelo simbólico de mirarse en el espejo, como esa mujer sumida en el vacío, en el suicidio, enfrentando el drama de la pérdida amorosa.

En esta tesitura, José Emilio Pacheco alude al respecto, retomando las palabras que Ezra Pound pronunciara en el sepelio de Eliot: “Que lean sus libros quienes no han tenido acceso a ellos y los relean quienes los conocieron”. Esta frase aparece en una nota preliminar con respecto a “La palabra”, cuando en 1974 elabora el prólogo correspondiente al libro El uso de la palabra, recopilación de textos periodísticos de Rosario Castellanos que estaba a punto de publicarse cuando la escritora fallece inesperadamente.

Con una introducción conmovedora y brillante, se valora enormemente el trabajo de la investigadora estadounidense Andrea Reyes, el cual reproduce de manera póstuma, en un apéndice al primer volumen de Mujer de palabras (2004).

Y es gracias a la exhaustiva y valiosa investigación y al rescate íntegro que realiza con la publicación de los tres volúmenes de Mujer de palabras, espacio inapreciable donde se amplía y se pone a disposición del lector interesado, el panorama de los compromisos, intereses, obsesiones y preocupaciones de Rosario Castellanos, no sólo como una escritora respetable y perceptiva, sino también como una aguda mujer crítica de su medio intelectual, social y político. Se ennoblece así el don de sus ecos y voces interiores, ese despertar que nos ilustra pero también nos permite conocer un sinnúmero de inquietudes que agobiaban el corazón de Castellanos.

Pero, ¿cómo concebir su obra poética? José Emilio Pacheco llegó a comentar que estaba convencido de que “los poemas de Rosario Castellanos eran los más trágicos y dolorosos de la literatura mexicana”. Pero nosotros sus lectores, ¿cómo los sentimos? No cabe duda, que si profundizamos en cada uno de ellos, observamos que la escritora captaba el mundo de las palabras y de los silencios de todos esos seres vulnerables que no osan decir o hablar abiertamente de sus tragedias. Retoma el sentir de los seres marginados y entre ellos, por supuesto, el de nosotras las mujeres.

Con la lectura de los poemas de Castellanos se recuerdan en silencio vivencias del alma compartidas, que al paso de nuestra existencia, marcan los diferentes ciclos de la vida de cada mujer. Algunos momentos son de una plenitud excelsa que quisiéramos no dejar escapar y que fueran perpetuos. Otros parecen ser instantes que nos inundan de un dolor y pena que hubiésemos preferido que fueran sueños fugaces de los cuales quisiéramos despertar. En cierto modo, tanto en su narrativa como en su poesía, se denuncia frecuentemente la barbarie, la explotación y lo precario de todo un mundo violento que existe y nos agrede cotidianamente. Pero es en la tonalidad franca de su poesía donde Rosario Castellanos recupera y trata de mostrarnos la esperanza maravillosa y sublime de alcanzar la libertad del ser y el disfrute frente a los trágicos periodos de la vida.

En los matices de cada palabra evocada, la escritora trasciende representando los espacios culturales de las mujeres contemporáneas de su generación. Incorpora una voz colectiva que da testimonio a un sinnúmero de vivencias donde la “palabra exacta”, “esa palabra clave y evocadora de significados”, constituye también la presencia latente del silencio como eco en su don de la escritura y la metáfora misma de un lenguaje filosófico. Desde Apuntes para una declaración de fe (p. 7-14) y Trayectoria de polvo (p. 17-29) ambos escritos en 1948, buscan encontrar un ancla ferviente donde silencios y dudas encuentren respuesta y esperanza a todas esas reflexiones existenciales que la escritora no logra dilucidar del todo. El primero, entre la crisis religiosa, donde el corazón de Castellanos se percata de su necesidad ferviente de hallar la fe, paradójicamente frente a una serie de objeciones de tipo intelectual. El segundo, constituye una honda meditación como un eco que nombra las diversas crisis de la adolescencia como periodo de silencio y de búsqueda. Mayor logrado es el poema De la vigilia estéril (1950) título del mismo poemario, el cual inicia evocando los matices de lucidez entre palabra-silencio: “No voy a repetir las antiguas palabras/ de la desolación y la amargura/ ni a derretir mi pecho en el pomo del llanto. / El pudor es la cima más alta de la angustia/ y el silencio la estrella más fúlgida de la noche” (p. 37-39). Palabras vinculadas al sufrimiento profundo y silencio, negaciones viles y certeras en el camino difícil e infecundo del dolor. El tono del poema transcurre en negaciones justificadas: “No quiero dar la vida./ No quiero que los labios nutridos en mi seno/ inventen maldiciones y blasfemias./ No quiero a Dios quebrado entre las manos inocentes y cárdenas de un niño./ No quiero sus espaldas doblegadas/ bajo el látigo múltiple y fuerte de los días/ ni sus sienes sudando la sangre del martirio./ No quiero su gemido como un remordimiento./ Seguid muertos girando dichosos y tranquilos./ La espiga está segada, el círculo cerrado./ Sólo vuestros espectros recorrerán mis venas./ Sólo vuestros espectros y este lamento sordo/ de mi cuerpo, que pide eternidad.” (p. 37-39).

En el mismo poemario, La despedida sugiere todo un estado de ánimo matizado de palabras nostálgicas, como alarde a un eco interior silencioso: “Déjame hablar, mordaza, una palabra / para decir adiós a lo que amo. / Huye la tierra, vuela como pájaro. / Su fuga traza estelas redondas en el aire, / frescas huellas de aromas y señales de trinos. / Todo viaja en el viento, arrebatado. / ¡Ay, quien fuera un pañuelo, / sólo un pañuelo blanco!” (p.57).

En cada uno de los poemas, la escritora pareciese librar una lucha interior en donde sonidos, aromas, tonos y vivencias, se reúnen para sugerir la ambición de mirar el mundo, experimentando la dificultad entre el desarrollo del intelecto y un anhelo imperioso de fe. Ambos senderos involucran la objetividad y la intuición, donde la subjetividad tiene un rol imprescindible. Éste parece recuperar en naturaleza y paisaje un oasis de luz propicio para experimentar las propias vivencias y desasosiegos de la escritora.

En el poemario El rescate del mundo (1952), el poema “Silencio cerca de una piedra antigua” toca el matiz sensible de las cosas: “Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras/ como con una cesta de fruta verde, intactas./Los fragmentos/ de mil dioses antiguos derribados/ se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo/ recomponer su estatua./De las bocas destruidas/ quiere subir hasta mi boca un canto. [Y continúa el peregrinar del ser para llegar al cabo de la última estrofa donde viene el cierre clave redentor:] Pero yo no conozco más que cortas palabras/ en el idioma o lápida/ bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado”. (p. 65-66)

Rosario Castellanos logra rescatar el origen de las cosas, del pasado y de los propios antecesores, cautiva y alude toda una nostalgia por esa llamada “edad de oro perdida”. ¿No será que un afán de recoger recuerdos al paso fugaz por este mundo, la escritora aspira encontrar las mieles del conocimiento y la verdad?

No obstante que el lenguaje utilizado por ella se distingue por su sencillez acorde con cada unos de los temas y las sensaciones recordadas, cada palabra converge con cada silencio de un alma desnuda ante los ojos de la escritora. En la Oración del indio, su voz evoca la plegaria sutil de un muerto que se tiende y abandona ante lo implacable de su destino: “El indio sube al templo tambaleándose/ ebrio de sus sollozos como de un alcohol fuerte/ Se para frente a Dios a exprimir su miseria/ y grita con un grito de animal acosado/ y golpea entre sus puños su cabeza/ [...] Se tiende, se abandona, duerme en el mismo suelo/ con la juncia y respira/ el aire de la acera y del incienso”. (p.73)

En el poemario Al pie de la letra, el poema que lleva el mismo nombre, encuentra el eco excelso de cada sueño y aprendizaje: “Lo que soñó la tierra/ es visible en el árbol. /La armazón bien trabada del tronco, la hermosura/ sostenida en la rama/ y el rumor del espíritu en libertad: la hoja. / He aquí la obra: el libro.” (p.107) Sugerente insigne matizado que valora la lectura.

Y qué decir con Diálogo del sabio y el discípulo, donde la palabra es el vínculo y razón de ser de todo lo que existe: “Pero los cielos narran lo que saben: /‘El tiempo no es la tenia que añade día a los días/ Su transcurrir continuo, su historia, es de un río./ Y los del coro cantan:/‘Aquí y allá: los cuatro/ puntos, las dieciséis atmósferas, los siete/ mares, los veinte climas,/ lo numerable, en fin, es uno y único.’” (p. 113)

En el Monólogo de la extranjera, palabra y silencio son cómplices exactos de la comunicación y su propio simbolismo: “Vine de lejos. Olvidé mi patria. /Ya no entiendo el idioma/ que allá usan de moneda o herramienta. /Alcancé la mudez mineral de la estatua./ Pues la pereza y el desprecio y algo/ que nos sé discernir me han defendido/ de este lenguaje, de este terciopelo/ pesado, recamado de joyas, conque el pueblo/ donde vivo recubre de harapos”. (p.119)

La escritora sugiere y aborda con cada unos de sus poemas una proximidad a objetos, situaciones especiales y problemáticas que mueven sentimientos en el lector. Esta cercanía comunica y trasciende con la sencillez de cada motivo que evocan. La importancia de la melodía de cada evocación poética alude ese silencio recreado en la reflexión de cada lector para entender la conspiración entre ambos. Conspiración o alarde figurativos que matizan un estilo sutil, sencillo y comprometedor en la voz de Castellanos.

En Viaje redondo, última serie del poemario, la escritora cierra el volumen con el poema Pasaporte, un cierre significativo donde nombra las repercusiones de su oficio de poeta: “¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una. Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas): ¿Mujer de acción? Tampoco. Basta mirar la talla de mis pies y mis manos. Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no. Pero sí de palabras, muchas, contradictorias, ay, insignificantes, sonido puro, vacuo cernido de arabescos, juego de salón, chisme, espuma, olvido. Pero si es necesaria una definición para el papel de identidad, apunte que soy mujer de buenas intenciones que he pavimentado un camino directo y fácil al infierno.” (p. 339)

Con esta ilustración de Pasaporte, la autora menciona que se trata de un documento de identificación que permite el paso o travesía entre fronteras. Es un texto que describe algunas características relacionadas a la imagen que la literata quiere presentar de sí misma. Hace énfasis en su condición de mujer, palabra y fuerza que se repite cuatro veces. En el primer cuarteto puntualiza sobre su capacidad intelectual y sobre la pequeñez de sus manos y sus pies, como si esto delimitara su desarrollo como escritora, como defensora de los indios de Chiapas y del género femenino. Juguetea con el lenguaje a través de distintos significados del vocablo palabra. Incluye en su juego la pluralidad temática y formal de su poesía, aunque con una buena parte de ironía; sabemos que inicia con temas sencillos pero relevantes y de trascendencia. Cada uno de sus temas aflige a los indios y las mujeres de manera especial, pues éstos tienen que padecer el abuso del poder. Y no obstante que buena parte de su poesía es feminista e ideológica, el gozo de Castellanos alcanza momentos de singular belleza, suele tocar temas donde la palabra y el silencio tienden las redes de una sorprendente invitación en la lucha de la justicia.

Pero ¿qué hay del título que identifica la poesía de Poesía no eres tú? Es un poema donde enfatiza la intención de tomar como suya la voz del otro, la palabra y el silencio del que padece pero no tiene la posibilidad de expresarlo: Poesía no eres tú, porque “Si tú existieras/ tendría que existir yo también. Y eso es mentira./ Nada hay más que nosotros: la pareja,/ los sexos conciliados en un hijo,/ las dos cabezas juntas, pero no contemplándose/ (para no convertir al otro en un espejo)/ sino mirando frente a sí, hacia el otro./ El otro: mediador, juez, equilibrio/ entre opuestos, testigo,/ nudo en el que se anuda lo que se había roto./ El otro, la mudez que pide voz/ al que tiene voz /y reclama el oído del que escucha./ El otro. Con el otro/ la humanidad, el diálogo, la poesía comienzan.” (pp. 342-343)

Voz y silencio en un simbolismo que se generan en el diálogo con el universo, con el ser, con la pareja misma, que se reclaman uno a otro para generar un acoplamiento pleno, el don mágico de una poesía, dulce a los oídos, melodiosa y precisa en su contenido. Sin duda es un texto que lleva a la reflexión y donde la escritora se concientiza y sale de su ensimismamiento y de su solitaria intimidad, manifestando sus preocupaciones y sentimientos en lo que se refiere a los seres cercanos más amados por ella. Cada poema de Castellanos es una vivencia individual y compartida, un privilegio íntimo de perpetuar voces melodiosas.

Conclusión

Tópicos como palabra y silencio matizan todos los ecos de la poesía de la escritora, se hable del ser individual o de la voz colectiva, de la vivencia personal o de una comunidad específica. Cada poema es un mensaje y una reflexión crítica y una preocupación hacia los otros en la pluma de Rosario Castellanos. Leer su poesía es experimentar a flor de piel el significado de cada palabra, la evocación de nuestro origen prehispánico, desplazando el yo del egoísmo y el yo de la herencia occidental. Con la lectura de Poesía no eres tú, se propicia un cambio satisfactorio para asumir la soledad y el aislamiento en los planos individual y colectivo. La autora de Poesía no eres tú, encuentra en su voz una salida humana, con una sensibilidad intensa y enriquecida por su brillante inteligencia. Su poesía es un bálsamo, un encuentro con la palabra y el descubrimiento de la ironía que le proporcionó el conocimiento de sí misma. Parece colmar el anhelo por alcanzar el desciframiento del mundo y del ser humano en un lenguaje de voces interiores.

Como poeta, Rosario Castellanos nos conduce a la búsqueda de ese placer por una lectura armoniosa donde se combinan los sentidos con el matiz de cada palabra. No se perciben limitaciones humanas porque se labra un camino de búsqueda a la perfección, a la plenitud y al conocimiento caracterizado con un lenguaje espontáneo y preciso. La poesía de Rosario Castellanos no se puede silenciar pues viene del alma y subyuga. Es vivencia placentera y dolorosa que inunda cada palabra matizada en ecos resplandecientes y unísonos. Poesía no eres tú es una alegoría de vivencias legendarias, de matices que nos conducen a reflexionar sobre la propia existencia del ser, del anhelo de descubrir el propio sendero que siempre nos acompaña con sus lunas y sus soles, de la pregunta que surge en el desaliento, en el motivo que nos impulsa a encontrar una respuesta filosófica que nos ubique con verdad, lucidez y conocimiento.

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ROSARIO CASTELLANOS

Publicado el 18 dic. 2015

"La lúcida rebeldía feminista de Rosario Castellanos, a 40 años de su fallecimiento"

Publicado el 7 ago. 2014

A 40 años de su fallecimiento, la Dra. Gabriela Cano recuerda a la gran escritora, filósofa y diplomática, Rosario Castellanos (1925-1974), quien fue una adelantada del feminismo en México, tema al cual dedicó una gran parte de su obra y sus esfuerzos. Comentarios por Gabriela Cano Lee su artículo “Rosario Castellanos y el feminismo de la nueva ola" en Confabulario de El Universal - http://confabulario.eluniversal.com.m... Producción: Programa de Educación Digital / Colmex Digital

 

por Yvonne Cansigno Gutiérrez
Originalmente publicado en "Revista "Tiempo y escritura" Nº 27

Publicación del Área de Historia y Cultura en México del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco

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