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La gloria secreta, de Arthur Machen (La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2011, 312 páginas)
por Germán Cáceres
 
 

En esta novela marcada por un sentimiento religioso que ronda el misticismo con ciertas resonancias esotéricas, se hace una crítica implacable del sistema educativo del Reino Unido, denuncia que ya había aparecido en la película The Wall (1982), de Alan Parker. Por ejemplo, el famoso bullying -del que hoy se habla tanto- estaba completamente difundido a fines del siglo XIX (la novela fue escrita en 1907 y publicada en 1922) y los profesores castigaban con varas a los alumnos considerados díscolos (“El cuerpo entero del chico era una masa de carne ardiente y torturada...”) Pero la acusación abarca la misma enseñanza: “una de las principales tareas del sistema es matar, destruir, aplastar y reducir a nada cualquier poder de la imaginación...” Tampoco se queda atrás respecto a la moral de la clase media inglesa: “Sí, es un mundo bastante execrable (...) Su fealdad esencial proviene, colijo, de su esencial y todavía más abominable hipocresía.” 

Sin embargo, Arthur Machen (Gales, 1863; Inglaterra, 1947) no es un escritor realista, sino más bien fantástico, ubicado en el movimiento weird fiction (ficción rara). Su mundo lo conforman el ciclo artúrico, los mitos y leyendas celtas, entre ellas la del Santo Grial (o sea la copa de la última cena de Cristo, que ciertas versiones sostienen que fue llevada a la isla de Britania). En ese ámbito mágico y ritual, como fuera del tiempo, se sumerge el protagonista, Ambrose Meyrick, a partir de su interinato en la escuela pública de Lupton –localidad cercana a Londres-, y es asaltado por visiones fantasmagóricas que lo hacen caer en éxtasis y alcanzar, como el título del libro, La gloria secreta. Se mencionan fuerzas ocultas y a primitivos habitantes escondidos entre las ruinas, que preanuncian los alienígenas de los Mitos de Cthulhu (1925/1935) de H. P. Lovecraft y su círculo de escritores.

El narrador evoca numerosas obras de las literaturas griega y latina, de las que es un profundo conocedor, y cita poesías de origen galés. Se lo considera afín a las corrientes decadentista y parnasiana.

Machen despliega una escritura exquisita, de primorosa musicalidad y bellas imágenes. Brillan las espléndidas descripciones de paisajes rurales: ”La melancolía infinita de la noche de otoño cubría el mundo entero y el cielo estaba cubierto por nubes lívidas.”/ “Los nubarrones se abrieron y se dispersaron, fugitivos en el cielo, y el último fulgor rojizo del sol tiñó el firmamento, y brilló la luz color plata de la primera estrella.” Esta prosa puede disfrutarse gracias a la inmejorable traducción de Teresa Arijón.

Arthur Machen, que fue también periodista, miembro de la orden ocultista The Golden Dawn y recorrió incansablemente las calles de Londres -experiencia que vertió en su famosa novela Los tres impostores (1895)- se ha convertido en un autor de culto, y como expone la editorial La Bestia Equilátera en su nota inicial: “A veces se lo ha leído con fervor religioso, y sus admiradores no protestaríamos si nos designaran como una legión con hábitos literarios de secta”.

 

Germán Cáceres
germanc4@yahoo.com.ar

 

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