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Ponencia en el XV Taller Científico SCIF
Noviembre, 2012
 

Precursores del Pensamiento Filosófico Cubano en la Educación
© Dra. Rita María Buch Sánchez 
rita@ffh.uh.cu

 
 

Autora:

Rita M. Buch Sánchez

Dra. en Ciencias

Dra. en Ciencias Filosóficas

Profesora Titular de Historia de la Filosofía

Académica Titular de la Academia  de Ciencias de  Cuba

 

“Precursores del Pensamiento Filosófico Cubano en la Educación”

 

La filosofía escolástica hasta mediados del siglo XVIII, prevaleció en las colonias de ultramar, conformando un pensamiento que desde el Medioevo (siglos IX – XIV) hacía prevalecer  la dogmática cristiana en la enseñanza y se manifestaba en función de afianzar  los dogmas de la fe. Pero el “Discurso del Método”, de 1637, elaborado por Renato Descartes,  había revolucionado el pensamiento filosófico de Europa Occidental, independizando definitivamente la  filosofía de la teología. En este “Discurso” su autor invitaba a someterlo todo al tribunal de la razón, a partir de la “duda metodológica”, como premisa de toda verdad.

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII se producen transformaciones  económico-sociales, tanto en la metrópoli como en sus colonias, que condicionan importantes cambios en las ideas, resultado de lo cual, el pensamiento filosófico asume un matiz reformista electivo, sobre todo como consecuencia de la introducción del pensamiento moderno, fundamentalmente en lo que atañe a las ideas de Newton, Locke y Descartes.

En esa época, el Despotismo Ilustrado, como política reformista que el gobierno de Carlos III asumió en España, promulgó medidas que repercutieron de manera favorable en el fomento de la economía española, tales como la libertad de comercio y la creación de nuevas instituciones económicas y socio-culturales, todo ello a partir de un gobierno rígidamente absolutista, que a la vez se caracterizó por una mayor tolerancia hacia las ideas modernas, plasmadas sobre todo en la corriente del Iluminismo Europeo, especialmente el  francés y el español.

Entre los ilustrados españoles de mayor influencia en el pensamiento hispanoamericano, resalta la figura de Benito Jerónimo Feijóo  y Montenegro (1676 – 1764), también conocido en su época como el “Bacon español”. Su fuerte temperamento y espíritu polémico, contribuirían decisivamente a conformar un pensamiento de estilo propio y crítico hacia la Escolástica.

Autor  del “Teatro Crítico Universal”  (1726) y las “Cartas Eruditas”, Feijóo incursionó en las más variadas ramas del conocimiento humano (Historia Natural, Medicina, Letras, Matemática,  etc.). Su prestigio desbordó las fronteras de España hacia Europa y el “Nuevo Mundo”.

Sus concepciones filosóficas influyeron notablemente en el campo de la enseñanza, contribuyendo por esta vía a la creación de cátedras de ciencias naturales, como por ejemplo, la de Química, en el reino de Oviedo, en 1787. Mediante una labor de rescate de lo mejor de la tradición española, Feijóo intentó colocar a España a un nivel decoroso, respecto al pensamiento ilustrado europeo, a partir de un enfoque polémico y crítico. 

El surgimiento de la filosofía electiva en Hispanoamérica.

La influencia de la Ilustración en Hispanoamérica a finales del s. XVIII, resultó uno de los factores determinantes en el surgimiento de la filosofía electiva hacia finales del siglo XVIII. Esta filosofía electiva, en ocasiones, también ha sido denominada filosofía ecléctica, lo cual ha generado confusiones, que provienen de que muchos de estos filósofos, en su intento por eludir sectarismos y ataduras intelectuales, definían su propia filosofía como ecléctica, queriendo diferenciarla del tradicionalismo y conservadurismo escolásticos.

Entre las premisas del electivismo que surge en Hispanoamérica a finales del siglo XVIII se destacan las siguientes: 1) Estos filósofos propugnaban la elección libre y la búsqueda de la verdad, dondequiera que esta se hallara y 2) Partían del eclecticismo de los antiguos, como presupuesto teórico-filosófico.

En la 2da. mitad del siglo XVIII, las nuevas fórmulas en el pensar filosófico (la elección) y  la introducción del conocimiento científico, constituyeron un paso de renovación en la filosofía y la pedagogía filosófica hispanoamericanas. Tal fue el caso de Benito Díaz de Gamarra y Dávalos, en México,  y José Agustín Caballero y Rodríguez de la Barrera, en Cuba. Ellos fueron los “Pioneros del electivismo” en Hispanoamérica.

Destacado pensador fue el sacerdote mexicano Benito Díaz de Gamarra y Dávalos (1745-1783), quien constituye una de las figuras más representativas del llamado Reformismo Electivo en el pensamiento filosófico de la América hispana durante la segunda mitad del siglo XVIII. Gamarra, quien ejerció también como profesor de filosofía, fue autor de la obra “Elementos de Filosofía Moderna”, la cual constituye un clásico de la literatura filosófica de la época. Esta obra influiría notablemente en el pensamiento  hispanoamericano, contribuyendo por una parte, a la divulgación del racionalismo cartesiano, y por otra, al  acuñamiento del término filosofía electiva, como expresión del nuevo espíritu pedagógico y filosófico, que invitaba a la libre elección del maestro.

Para Gamarra, la filosofía ecléctica, (en latín, electiva), es aquélla en la que buscamos la sabiduría sólo con la razón y dirigimos la razón con los experimentos y observaciones de los sentidos, la conciencia íntima, el raciocinio, y con la autoridad acerca de aquéllas cosas que no pueden saberse por otro camino.

En el caso de Cuba específicamente, el surgimiento de la filosofía electiva estuvo estrechamente vinculado a la Reforma Filosófica en Cuba. Su fundador fue el presbítero José Agustín Caballero (1762-1835), profesor de Filosofía del Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio y autor de la primera obra filosófica escrita en Cuba:  Philosophia Electiva (1797), en la cual aparece una definición, que expresa de modo excepcional la actitud (o método electivo) de Caballero. En ella puede leerse:

Es más conveniente al filósofo, incluso al cristiano, seguir varias escuelas a voluntad, que elegir una sola a que adscribirse.”[1]

Principales reformas de Caballero en la pedagogía filosófica

Como iniciador de la reforma filosófica en Cuba, la labor educativa de Caballero estuvo indisolublemente ligada a su carácter de fundador de la corriente electiva en el pensamiento filosófico cubano. A él se deben las siguientes reformas en el campo de la enseñanza y de la filosofía:

I. Con evidente intención reformadora y a través de su labor filosófico-pedagógica, incorporaba a fines del siglo XVIII nuestra filosofía al pensamiento moderno, a la vez que inauguraba como pionero sin precedentes, la posibilidad de “elegir libremente” entre todos los sistemas filosóficos.

II. Renuncia definitivamente a aceptar el método escolástico como el “único” y el “adecuado” para comprender la realidad.

III. Otorga a la educación un rol de primer orden para la ilustración de las mentes y la transformación de la realidad.

IV. Denuncia abiertamente la caducidad del sistema de la enseñanza pública de la época y el estorbo que ello constituía para el desarrollo de las artes y las ciencias.

V. Señala la necesidad de ampliar las potestades de los maestros y la libertad de elección de éstos sobre cómo instruir a la juventud y qué conocimientos trasmitirles.

VI. Introduce en la pedagogía filosófica el conocimiento del pensamiento moderno europeo experimentalista y racionalista con sus nuevas propuestas de método.

VII. Solicita al trono español la inclusión de la cátedra de Gramática castellana.

VIII. Reclama, en fin, una reforma radical en el campo de la enseñanza, que estuviera a la altura del Siglo de las Luces, de la patria y la juventud cubana.

Discurso de Caballero sobre la Reforma de los Estudios Universitarios (1795)

En varios Discursos, Caballero clamó con vehemencia por la reforma de los estudios en general, y particularmente, por la de los estudios universitarios. Entre ellos, merece destacarse el Discurso pronunciado ante la Sociedad Patriótica el 6 de octubre de 1795. Aquí se expresa:

"Yo os convido esta noche, amigos míos, a tratar una empresa, la más ardua quizá, pero la más útil a nuestra patria y la más digna de las especulaciones de nuestra clase. El sistema actual de la enseñanza pública de esta ciudad retarda y embaraza los progresos de las artes y las ciencias, resiste el establecimiento de otras nuevas, y por consiguiente en nada favorece las tentativas y ensayos de nuestra clase. (...) Mas, confieso simultáneamente que los maestros carecen de responsabilidad sobre este particular, porque ellos no tienen otro arbitrio ni acción que ejecutar y obedecer”  (…)

Me atrevo a afirmar en honor de la justicia que le es debida, que si se les permitiese regentear sus aulas libremente sin precisa obligación a la doctrina de la escuela, los jóvenes saldrían mejor instruidos en la latinidad, estudiarían la verdadera filosofía, penetrarían el espíritu de la Iglesia en sus cánones y el de los legisladores en sus leyes; aprenderían una sana y pacífica teología, conocerían la configuración del cuerpo humano para saber curar sus enfermedades con tino y circunspección, y los mismos maestros no lamentarían la triste necesidad de condenar tal vez sus propios juicios y explicar contra lo mismo que sienten.” [2]

Como el discípulo más connotado y continuador del electivismo de  Caballero en el campo de la pedagogía filosófica, se destaca Félix Varela, y Morales (1788-1853), quien tradicionalmente ha sido reconocido en la historiografía, como el “primer filósofo cubano”.  Esto se debe –entre otros aspectos-  a que ésta ha registrado una frase de Luz sobre Varela en la que aparentemente se expresa que fue “el primero que nos enseñó a pensar”, cuando en realidad, Luz se refirió a Varela como “el que nos enseñó primero en pensar”, refiriéndose a la primacía del pensamiento sobre la acción. Este lamentable error, explica en gran medida por qué la tradición ha reconocido a Varela cronológicamente como el primero que enseñó a pensar a los cubanos, obviando o subvalorando el papel desempeñado por José Agustín Caballero, maestro de Varela, Luz y muchos otros destacados exponentes de nuestra filosofía decimonona.

En carta memorable que dirigiera a José de la Luz, a la muerte de Caballero, Varela rememora la significación de su Maestro de Filosofía del siguiente modo:

“Debió usted haber dicho que Caballero fue uno de los hombres de gran mérito, con gran influencia y en constante ejercicio de ella, que han vivido 72 años y han muerto sus enemigos. Aquí está, querido Luz, aquí está el gran prodigio y el mayor elogio que pueda hacérsele al incomparable Caballero”.

[…] “Vamos a lo que ahora debemos hacer para que Caballero viva, no sólo en la indeleble memoria de sus virtudes, sino en el saludable influjo de su doctrina. Me vengaré con usted y no le escribiré ni una sola carta, si se contenta con publicar una lista de los escritos de Caballero. Debe hacerse una edición completa, sin dejar absolutamente nada, en la inteligencia de que todo es oro. Costará trabajo entender algunos manuscritos, mas no por eso deben desecharse, sino hacer una junta de sus discípulos para descifrarlos. A la verdad es difícil encontrar mejor escrito y peor escribiente”.[3]

Años después del citado “Discurso” de Caballero, Varela, retomando las ideas heredadas de su maestro, expresaría magistralmente la esencia del valor de la enseñanza, del siguiente modo:

“(...) las obras elementales deben presentar sencilla y ordenadamente lo que se sabe, y no lo que está por averiguar en las ciencias (...); la erudición filosófica de los maestros, es el mayor obstáculo al progreso de los discípulos” (…) “Estos se confunden con la multitud de cuestiones que indispensablemente se suscitan, y a veces llegan a ser unos meros impugnadores de ideas ajenas, sin haber ordenado las propias; entréganse al placer de contradecir, sin cuidarse mucho del deber de aprender para hacerlo con propiedad” (…) “Un maestro debe hablar muy poco, pero muy bien, sin la vanidad de ostentar elocuencia, y sin el descuido que sacrifica la precisión... La gloria de un maestro es hablar por la boca de sus discípulos." [4]

Su reforma en el campo de la enseñanza filosófica, puede sintetizarse en los siguientes elementos[5]:

  1. Supresión del método escolástico, deductivo, silogístico, y sumiso a la autoridad.

  2. Empleo del español en la cátedra y en los textos.

  3. Introducción de la filosofía europea moderna, de Descartes a Condillac.

  4. Implantación de la enseñanza científica, con los cursos de Física y Química, todo ello, a partir de la impugnación de la falta de doctrina y el método verbalista de la escolástica, y aplicando en la enseñanza el método explicativo.

Como puede apreciarse, en la definición de electivismo que brinda Félix Varela se puede apreciar una línea de continuidad absoluta, respecto a lo expresado por Caballero sobre este aspecto. A continuación, citamos sus palabras:

“En la filosofía ecléctica (electiva) no seguimos a ningún maestro, si por esto se entiende que no juramos sobre la palabra de nadie; lo que no quiere decir que la filosofía ecléctica no proceda sin norma ni guía, y que de nadie aprendamos. Lo que la filosofía ecléctica quiere, es que tengas por norma la razón y la experiencia, y que aprendas de todos, pero que no te adhieras con pertinacia a nadie”[6].

Radicalizada su posición independentista y anticolonialista, y obligado a permanecer en el exilio hasta el final de su vida, donde murió, Varela continuaría mostrando el camino de la conducta ciudadana y la libertad de pensar, consecuente hasta sus últimas horas con la actitud y esencia inigualables de su pedagogía filosófica, sustentada en el electivismo.

Otro eminente discípulo y continuador de la filosofía electiva del padre Agustín fue José de la Luz y Caballero (1800-1862), quien define al verdadero electivismo como “la libertad filosófica de pensar, muy diferente de la escuela ecléctica francesa y sus adeptos[7]”, a los que

definió como “pseudo-eclécticos”.

En este mismo espíritu electivista, Luz expresaría de manera brillante en sus conocidos Aforismos: “Todos los sistemas y ningún sistema: ¡He ahí el sistema!”

La integración de conocimientos científico-filosóficos que alcanzó Luz, como consecuencia de su talento y a partir de sus viajes a Europa, le condujo a la definición de lo que constituiría el objetivo fundamental de su conocida Polémica Filosófica, desarrollada entre 1838 y 1840, que, entre otras características, tuvo la de ser plasmada en numerosos artículos sucesivos, en contrapunteo abierto, a través de las principales publicaciones periódicas de la Isla, como el Diario de La Habana y la Gaceta de Puerto Príncipe.

Aunque tuvo cinco aristas bien definidas, el objetivo esencial de la polémica filosófica, en la cual Luz desempeñó un papel protagónico, fue la cuestión del método, problema esencialmente ligado a la enseñanza. Para Luz, era necesario demostrar que la enseñanza de las ciencias particulares debía preceder a la enseñanza de la lógica, y no a la inversa, como se venía practicando.

Especial significado tuvo la quinta y última de las líneas polémicas, que de hecho incluiría las anteriores, la cual se inició a partir de septiembre de 1939, en lucha abierta contra el eclecticismo espiritualista francés, la cual culmina con la inconclusa obra de Luz "Impugnación a las doctrinas filosóficas de Víctor Cousin”, obra sin precedente en la Historia de la Filosofía Hispanoamericana, en la que se refuta el análisis realizado por el filósofo francés sobre el Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), de John Locke.

Para comprender en su justa medida, el significado de la enseñanza para José de la Luz y Caballero, sirvan de ejemplo algunos de sus Aforismos sobre Educación, que a continuación se transcriben[8]:

- “Nos proponemos fundar una escuela filosófica en nuestro país, un plantel de ideas y de sentimientos, y de método. Escuela de virtudes, de pensamientos y acciones; no de expectantes ni eruditos, sino de activos y pensadores”.

- “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para la vida”.

- “¡Ay de la juventud si no siente el estudio como una religión! “

- “Instruir puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio  vivo”.

- “Espinoso apostolado es la enseñanza: que no hay apóstol sin sentir la fuerza de la verdad”.

- “El espíritu de nuestra enseñanza es hacer sentir la ignorancia”.

Vinculado indisolublemente al tema de la Educación, Luz aborda el concepto de “Justicia”.  Sobre esto, resulta memorable su conocida frase:

“Antes quisiera yo ver desplomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano la justicia: ese sol del mundo moral”.

Como heredero de la más pura tradición filosófica cubana electiva, plasmada en la línea que parte de José Agustín Caballero y continúa en Félix Varela y en José de la Luz, entre otros, nos encontramos con la gigantesca personalidad de José Martí (1853-1895), quien supo captar en toda su magnitud, la esencia y el significado de la enseñanza del padre Caballero en la cátedra de Filosofía del Real y Conciliar Colegio-Seminario de San Carlos y San Ambrosio, cuando expresó lo siguiente sobre el padre José Agustín en 1889, a propósito de rememorar la figura de Antonio Bachiller y Morales:

“Estudió en el Colegio de San Carlos […] cuando el sublime Caballero, padre de los pobres y de nuestra filosofía, había declarado, más por consejo de su mente que por el ejemplo de los enciclopedistas, campo propio y cimiento de la ciencia del mundo el estudio de las leyes naturales; cuando salidos de sus manos, fuertes para fundar, descubría Varela, tundía Saco y la Luz arrebataba (...)[9]

Se sintió heredero especialmente  de José de la Luz y Caballero, a  quien  llamó “El silencioso fundador”

Así se expresa Martí sobre Luz y el significado de su magisterio:  

“Los cubanos veneran y los americanos todos conocen de fama al hombre santo que, domando dolores profundos del alma y el cuerpo, domando la palabra, que pedía por su excelsitud aplausos y auditorio, domando con la fruición del sacrificio todo amor a sí y a las pompas vanas de la vida, nada quiso para serlo todo, pues fue maestro y convirtió en una sola generación un pueblo educado para la esclavitud en un pueblo de héroes, trabajadores y hombres libres” (…) 

(…)”Pudo ser abogado, con respetuosa y rica clientela, y su patria fue su única cliente. Pudo lucir en las academias sin esfuerzo su ciencia copiosa, y sólo mostró lo que sabía de verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras –para su patria al menos- inmortales, lo que, ayudando la soberanía de su entendimiento con la piedad de su corazón, aprendió en los libros y en la naturaleza, sobre la música de lo creado y el sentido del mundo, y no escribió en los libros, que recompensan, sino en las almas, que suelen olvidar. Supo cuanto se sabía en su época; pero no para enseñar que lo sabía, sino para trasmitirlo. Sembró hombres.”[10]

Aunque Martí llamó a Caballero, “padre de los pobres y de nuestra filosofía”, se reconoció especialmente como heredero de las enseñanzas de Luz, cuando lo identificó como el fundador de la conciencia independentista en la generación de patriotas que conducirían a la isla de Cuba hacia su total independencia.

Acerca de Luz, Martí escribió…

“Él, el padre; él, el silencioso fundador; él, que a solas ardía y centelleaba, y se sofocó el corazón con mano heroica, para dar tiempo a que se le criase de él la juventud con quien se habría de ganar la libertad que sólo brillaría sobre sus huesos; él, que antepuso la obra real a la ostentosa

(…);  él, que es uno en nuestras almas, y de su sepultura ha cundido por toda nuestra tierra, y la inunda aún con el fuego de su rebeldía y la salud de su caridad (…)”

“(…) ¿Qué es pensar sin obrar, decir sin hacer, desear sin querer? (…)”

“De él fue lo más la idea profética e íntima, que no veía acomodo entre su pueblo sofocado y crecedero, (…) y consagró la vida entera (…) a crear hombres rebeldes y cordiales que sacaran a tiempo la patria interrumpida de la nación que la ahoga y corrompe (…)

Un hecho histórico  sin precedentes, marcaría como símbolo el inicio de nuestras luchas independentistas, cuando el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes en su finca La Demajagua, en acto patriótico abolicionista, otorgaba la libertad a sus esclavos. En lo adelante, el independentismo se definiría como la única alternativa posible para librar a Cuba definitivamente del yugo español.

En este contexto, transcurren los primeros años de la vida de Martí. Entre 1865 y 1869 recibe directamente las enseñanzas del poeta y gran pedagogo Rafael María de Mendive, quien supo moldear la talentosa personalidad del joven discípulo en lo filosófico, artístico-cultural y político-social. En gran parte, gracias a la formación de su maestro y mentor, Martí se identificó desde muy temprano con los ideales independentistas, que le acompañaron  siempre y se fueron radicalizando a lo largo de su vida.

Nuestro Apóstol se preocupó especialmente por el tema de la Educación y muy particularmente por la de los niños, insistiendo en el hecho de que éstos debían educarse en su país, cuestión hacia la que Luz ya había antes llamado la atención. Sobre esto, escribió:

“El peligro de educar a los niños fuera de su patria es casi tan grande como la necesidad, en los pueblos incompletos e infelices, de educarlos donde adquieran los conocimientos necesarios para ensanchar su país naciente,  o donde no se les envenene el carácter con la rutina de la enseñanza y la moral turbia en que caen, por la desgana y ocio de la servidumbre, los pueblos que padecen en esclavitud” (...)

(…) “Es grande el peligro de educar a los niños afuera, porque sólo es de padres la continua ternura con que ha de irse regando la flor juvenil y aquella constante mezcla de la autoridad y cariño, que no son eficaces, por la misma justicia y arrogancia de nuestra naturaleza, sino cuando ambas vienen de la misma persona” (...)

(…) “El fin de la educación no es hacer al hombre desdichado, por el empleo difícil y  confuso  de su alma extranjera en el país en que vive, y de que vive, sino hacerlo feliz, sin quitarle, como su desemejanza del país le quitaría, las condiciones de igualdad en la lucha diaria con los que conservan el alma del país”[11] (…)

Única en el género de literatura infantil fue la revista La Edad de Oro, editada por A. Dacosta Gómez, generoso amigo de Martí. Los cuatro números que aparecieron en julio, agosto, septiembre y octubre de 1889, en Nueva York, fueron redactados íntegramente por el apóstol y publicados con bellas ilustraciones. Cada una de sus páginas brinda un útil conocimiento o una valiosa enseñanza. Es muy probable, que a nivel mundial, esta sea la obra más conocida y publicada de Martí.

Merecen especial atención, algunos  trabajos de esta revista, de contenido histórico y cultural, tales como: “Tres Héroes”, en el que se brindan semblanzas de Bolívar, San Martín e Hidalgo; “La Ilíada de Homero”; “La historia del hombre contada por sus casas”; “Las ruinas indias”; “El Padre Las Casas”; “Músicos, poetas y pintores” y “La Exposición de París”. Otros se caracterizan por su especial significación,  su honda ternura y gran sentido humano, como  el cuento “La Muñeca Negra”  y los tiernos versos titulados ”Los zapaticos de rosa”.

Llena de ternura y amor para los niños de “nuestra América”, y de gran valor para su formación y educación, es la hermosa introducción de Martí que termina con estas bellas y profundas palabras de ese hombre extraordinario que  murió en la flor de su vida por liberar a su patria y conoció desde temprana edad los horrores de la injusticia social:

“Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo y diga donde todo el mundo lo oiga:¡Este hombre de LA EDAD DE ORO fue mi amigo!”

 

Dra. Cs. Rita María Buch Sánchez

Departamento de Filosofía-Especialidad

Facultad de Filosofía e Historia

Universidad de la Habana

Noviembre, 2012

Notas:

[1] José Agustín Caballero, Philosophia electiva, Artículo Séptimo de la Disertación Primera: Sobre la Filosofía en general.

 

[2] Caballero, J.A.  -  "Sobre la reforma de los estudios universitarios". (Discurso pronunciado ante la Sociedad Patriótica el 6 de octubre de 1795.)

 

[3] Carta de Félix Varela a José de la Luz y Caballero, Nueva York, 2 de junio de 1835, en Revista Bimestre Cubana, La Habana, julio-diciembre,1942.

 

[4] Varela, Félix - "Lecciones de Filosofía". Edit. de la Universidad de la Habana. 1961. (en 3 t.) Tomo I, pp. 11-12.

 

[5] Según la opinión de Medardo Vitier  en su obra Las ideas y la filosofía en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002, p. 151.                                                                             

[6] Félix Varela, Varias proposiciones para el ejercicio de los bisoños. Se trata de un trabajo escrito por Varela en 1812 e impreso en un pliego suelto, en José Ignacio Rodríguez, Vida del presbítero Don Félix Varela, Biblioteca de Estudios Cubanos, Arellano y Cía., La Habana, 1944, p. 11.

 

[7] Tomado de José Ignacio Rodríguez, ob. cit. p.  253.

 

[8] Los fragmentos que a continuación se citan, han sido tomados de la obra: Aforismos de Luz y Caballero. Edit. Lex. La Habana, 1960.

 

[9] José Martí, “Antonio Bachiller y Morales” (1889), Obras completas, t. 5,  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 143-153.

 

10] José Martí: Obras Completas. T 6. Edit. Nacional de Cuba. La Habana, 1963, p. 249.

 

[11] José Martí: Obras Completas. T. 6. Ed. Cit. p.p. 260-261.

 

Dra. Cs. Rita M. Buch Sánchez
rita@ffh.uh.cu

 

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