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La república aplazada
Walter Bonetto

Terminamos el año en que festejamos el  bicentenario de la patria con una carga de emociones y expectativas que se movieron en un país con sus propias dificultades  en lo político,  lo  económico y también en lo social. La muerte del ex presidente  Néstor Kirchner  fue  como el ingrediente inesperado que termina sensibilizando en gran medida a la nación y provocando ciertas incertidumbres, muchas un tanto peligrosas en momentos previos al próximo año electoral.

En definitiva, desde muchas aristas se puede observar claramente fotografías distintas, una de un país muy alegre y entusiasta, y la otra de  una Argentina aún incierta que lucha por cosas que ya tendrían que estar superadas, pero que desde el gobierno se remueven constantemente para buscar un rédito político muchas veces alejados del bien común. ¿Cuál será la realidad? ¿Hacia dónde vamos los argentinos? ¿Será el camino correcto? Vaya uno  a saber; pero la gran duda se magnifica porque muchas veces se observa que la “ficción política partidista que gobierna”, se muestra en muchos casos  tan incorrecta y egoísta que pretende  cubrir con un manto de incertidumbres la realidad de cada día, dado que se notan indicadores  muy contradictorios que ponen en duda cualquier pronóstico de esperanza. Un país no crece sino es con trabajo, esfuerzo, educación y honestidad y por sobre todas las cosas gobernado con equilibrio y austeridad, pero si el equilibrio no siempre existe y la austeridad se escapa  constantemente, hay grandes peligros de  que el camino no sea el correcto.

Argentina que a pesar de tener un potencial extraordinario de recursos humanos y riquezas naturales, desde hace muchas décadas viene a los tumbos y no sale de este laberinto de dificultades, tan enmarañado como impiadoso en lo político y en lo económico, en donde solamente se vislumbra la desorganización y la falta de objetivos claros para lograr una nación trascendente mas allá del momento político en que este transitando;  por lo tanto de manera inmediata este país  precisa tomar el camino correcto para transitar su futuro; no hay otra manera, pero  se observa a diario como este camino es ignorado y hay parámetros que escandalizan al más optimista. Así podemos ver  que  la inflación actual corrompe los salarios y sostiene “la fábrica de pobres”;  la falta de información  estadística veras  pretende hacer creer que el costo de vida no aumenta; las medidas efectivas para combatir con mayor energía  y perseverancia la corrupción estructural que tiene la nación se mantienen ausentes, o por lo menos resultan insuficientes; la falta de acciones contundentes para reducir significativamente el gasto público en todos los niveles de la nación no son tomadas y el país sigue gastando más de lo que gana; las luchas descontroladas  entre funcionarios del más alto nivel nacional tal el caso de ministros que descalifican hasta con agravios a la figura del Vicepresidente de la República, (entre otros) por sus diferencias en las medidas de gobierno provocan falta de seriedad. Todo esto es un conjunto de anomalías que se tornan crónicas y  van sosteniendo al país en una plano descolocado de una realidad razonable y es indudable que no da una  imagen de nación creíble, al contrario, contagia desaliento que afecta a miles de personas que precisamos vivir en una república y ser gobernados con seriedad que aún los argentinos no conocen ni pueden encontrar.

Así es como los tiempos pasan y las décadas de vida llevan nuestros años y nos vamos frustrando porque el país soñado sigue sin  aparecer, al contrario, todavía estamos estancados en luchas partidistas intestinas que nos vienen separando desde décadas  y al lugar de encontrar unión, cada día se zanjan diferencias, muchas iniciadas y fomentadas por los mismos gobernantes. Seguramente que estos males  no son solo  causa del actual gobierno, es causa de nuestra desorganización que cada día avanza un poco más y crea desesperanzas, diferencias y termina formando dos repúblicas: la de los trabajadores, y la de  los “avivados y corruptos”  que quieren vivir  a costa de los primeros y da la impresión que cada día son más . Por lo tanto así  vemos que para miles de ciudadanos les conviene más ser desocupados que trabajadores; evasores que empresarios honestos, entonces el estado termina subvencionando todo, total lo pagan   quienes  trabajan y transpiran día a día.

En la Argentina sensata y actual del bicentenario hay muchos pobres con deseos de superarse y muchas personas que no desean que el gobierno las envíe a la pobreza con una inflación constante y en gran medida descontrolada, pero también hay muchos que no desean trabajar ni estudiar a pesar que hay educación gratuita; paralelo a esto, aumenta la droga, la delincuencia, la clandestinidad, el trabajo en negro, la explotación a la inmigración ilegal, la usurpación de propiedades,  la evasión de impuestos. Esto ocurre en la medida que decrece la seguridad en la educación, porque la violencia fue en aumento en los institutos de enseñanza y se ha visto que  muchos  de ellos se encuentran politizados, mientras que la relación educador con educando cada vez se degrada más. En conclusión  la situación nacional no es demasiado prometedora y lo más preocupante es que el gobierno demuestra interés  por situaciones triviales al lugar de ocuparse a planificar la nación. Nuestro país  precisa alcanzar y consolidar a la República, para ello tiene que tomar un verdadero ritmo de seriedad lo que actualmente no se observa.

Walter Bonetto
walterfbonetto@yahoo.com.ar

El Puntal, Río Cuarto (Córdoba)
Sábado, 11 de diciembre de 2010

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