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Posmodernismo en Estados Unidos
Rafael Bolívar
rbolivarg@hotmail.es

 
 

La ficción Estados Unidos

La cultura norteamericana

Los yuppies

GI Joe regresa

El gran show del siglo veinte. Desinformación. El arte del estado. El Trust estadounidense. J. Edgar Hoover. Edward Landsdale. David Wise. El nudo central de la Guerra Fría. Steven Skull. La teoría de la percepción. Un hecho ficticio. La tesis del más tonto.

La ficción emergente. Jonathan Miller.

La civilización global. Jürgen Habermas.

 

Walter Truett Anderson (1933-  ), politólogo, psicólogo social y escritor estadounidense. Su libro REALITY, Isn’t What It Used To Be, traducido al español como: La Realidad Emergente. Ya nada es como era, cuenta con el mayor número de ediciones y fue galardonado como “Uno de los 100 libros más importantes sobre el futuro”.  

 

 

La ficción Estados Unidos

 

Mientras luchamos por entender  las diversas ficciones  que nos ofrecen la derecha y la izquierda todos los días, también debemos luchar por entender  la ficción misma de Estados Unidos.

 

Una de las  ficciones políticas fundamentales es la ficción de un pueblo, un conjunto de seres humanos  distinguible de otros conjuntos de seres humanos, organizado en una unidad política. Un “nosotros” identificable  como algo separado de un “ellos”.

 

Los Estados Unidos de Norteamérica aunque siempre han tenido una  particular dificultad con, la ficción de pueblo, es evidente  que su pueblo no emergió de la tierra. Ese  pueblo llegó  de muchos sitios distintos  y les quitó la tierra a quienes ya estaban allí. La identidad patriótica que los norteamericanos comenzaron a formar consistía en una lealtad a un estado. Una clase de lealtad  que casi echa a pique  la empresa de construir  una nación en sus comienzos, y luego de nuevo durante la guerra de secesión, y que aún le da dolores de cabeza a Washington de tanto en tanto.

 

Las olas de inmigración masiva que han venido desde sitios muy distintos del mundo, mientras los primeros colonos se conviertían en ciudadanos estadounidenses, han causado mucha angustia, con respecto a posibles tradiciones culturales  norteamericanas. Esto llevó a la creación de una nueva cultura.

 

Existe una diferencia entre tener una cultura y no pensar demasiado en ella, y tener una idea de la cultura como algo para ser admirado y preservado. Cuando se busca preservar una cultura  lo que se hace es crearla. La cultura que los norteamericanos crearon es una extraña mezcla  de ideología y religión que denominaron Americanismo (Americanism).

 

Aunque ya no se escucha hablar del Americanismo, en una época los periódicos  hacían  editoriales con regularidad  a su favor,  y los observadores externos   comentaban lo raro  que resultaba que esta nación tuviera tanta conciencia sobre sus sistema de valores  y creencias.

 

¿Cómo  no crear alguna clase de cultura cuando se intenta hacer  que varios millones de seres humanos de todos los tamaños, formas, colores, clases religiones y culturas se mezclen en un pueblo  que pueda funcionar como una nación en un mundo de naciones?  Había que crear algo para entregar a los recién llegados. Por ello, en los primeros años del siglo veinte, la Americanización  fue la piedra basal  de la política federal.  El gobierno creó  un puesto de, Director de Americanización, dependiente del departamento del interior, y una variedad de programas educacionales diseñados para que los ciudadanos americanos pudieran ayudar a los inmigrantes, según las palabras de una publicación de la división para la Americanización. Renunciar a la fidelidad a  la vieja patria  y prepararse para vivir o morir por la gloria de la nueva…  América.

 

Existe una fotografía de una clase de Americanización durante este período: Muestra una aula lleno de mujeres inmigrantes que observan a cuatro damas norteamericanas  con atuendos de la época revolucionaria cosiendo una bandera de los Estados Unidos, la agrupación   Betsy Ross.  En la pared del frente del aula  hay un cartel que dice, en grandes mayúsculas, SED LEALES (BE LOYAL).

 

Los Americanizadores tenían idea de algunos de sus fundamentos, en especial de la importancia de hacer que la gente redefiniera sus identidades personales.

 

La cultura norteamericana

 

Crear y mantener la identidad de un pueblo siempre moviliza  a las artes  y en Estados Unidos  los medios masivos desempeñan un papel muy importante.  La cultura norte americana, para bien o para mal, es una cultura pop. La conciencia Americana del siglo  veinte cabalga  sobre las olas de los medios de comunicación: publicaciones vistosas,  programas de radio de costa a costa, películas,  discos, compactos  y cassettes. Tal vez algunos puristas en sus fortalezas de marfil  puedan imaginar una cultura norteamericana  separada de los medios masivos, pero para la mayoría de nosotros esto es casi imposible. Nadamos en una mar de símbolos noche y día,  y de una manera o de otra  debemos lidiar con ellos. Nuestros intelectuales escriben discursos cultos a cerca de los filmes de Hollywood, y nuestros rebeldes punk nihilistas  parodian la cultura pop  con una intensidad emocional que parece mezclar  partes iguales de amor  y odio hacia los objetos  de su preocupación obsesiva.

 

Los yuppies

El término Yuppie engloba una serie de características de comportamiento que decantaron en un estereotipo muy común en Estados Unidos:

· Básicamente son personas, entre 20 y 40 años, de ingresos medio-altos, recientemente graduados en Universidades y ejerciendo sus profesiones, además de estar al día tecnológicamente hablando y vestir a la moda.

· Tienen una exacerbada tendencia a valorar más los bienes materiales, esto se aplica a inversiones en Bolsas de Valores, compra de autos y mantenerse a la vanguardia en tecnología (móviles más sofisticados, notepads, etc.).

· El término también es utilizado de manera peyorativa para definir al profesional joven, exitoso, arrogante e “inmerecidamente rico”[ debido a su búsqueda primordial de su estatus de Convivencia.

· La escasez de tiempo y el estrés con el que viven (debido a su afán por mantener su Statu quo) afectan sus relaciones familiares.

· Aunque existe un cierto aire de informalidad entre ellos (de acuerdo con el estereotipo), poseen un cierto código de conducta no escrito que gobierna sus actividades, desde practicar deportes como el Golf o el Squash, hasta comer en ciertos restaurantes.

· Políticamente hablando, se podría decir que son mucho menos liberales que sus “predecesores”: los Hippies

 

GI Joe regresa

 

Sin duda existen muchas razones  por las cuales no se pudo envasar y volver a  vender una versión algo arreglada  de la misma historia de los años 60 GI Joe regresa en la que:

 

Los buenos norteamericanos sobrepasan a los malos  y reciben con gran alegría  a quienes regresan de vencer a sus agresores.

 

Muchos intentaron montar la triste y confusa historia  de los años de Vietnam que incluye simbolismos de los medios de comunicación: la balada de las boinas verdes (the ballad of the  green berets),  el infatigable  Bob  Hope  entreteniendo a las tropas.

 

Pero la construcción de mitos es un arte impreciso y, por alguna razón esta realidad no prevaleció. En el largo plazo, es sólo otra historia desgastada  por demasiada información,  demasiadas realidades rivales.

 

En lugar del nuevo mito de un Estados Unidos, nos encontramos con el gran desafío   de la obra musical de contra-cultura, Hair, en la cual se describe la guerra de Vietnam como una situación en la cual  los blancos envían a los negros a matar a los amarillos  para defender las tierras que les habían quitado a los rojos. En la confusión y el conflicto cultural de los años de Vietnam, Estados Unidos dejó de ser una nación.

 

El gran show del siglo veinte

 

· Así comenzó el gran show del siglo veinte. Occidente aceptó el desafío y las operaciones de inteligencia sobrepasaron los límites del simple juego de espionaje y hasta los métodos más sofisticados como el contraespionaje, los dobles agentes y el suministro de documentación falsa.

· Desinformación. La inteligencia se transformó en la intrincada tarea de crear complejas realidades de grandes proporciones, historias con tantos niveles y vueltas como un dibujo de Escher. Para denominar a este tipo de operaciones se utilizó la palabra desinformación. Dijo al respecto un ex agente del CIA: Cuando la desinformación se convierte en el arte por excelencia del estado, como en el caso del “Trust”, las naciones utilizan los servicios de inteligencia para pintar, pincelada tras pincelada, realidades que llevarán a sus adversarios a extraer las conclusiones equivocadas.

· El arte del estado: una frase para analizar en profundidad. El hecho de que la creación de realidades para nuestros adversarios se considere una función primordial del estado constituye un importante avance. Quizás la desinformación sea una consecuencia natural de la evolución de la inteligencia militar. Si se cuenta con sistemas de recolección de información, no resulta extraño que se desarrollen sistemas de suministro de información falsa. Si existen sistemas tales como servicios de inteligencia y funcionarios que necesitan historias, ¿por qué no habría de existir alguien que se ocupe de proveer las historias que quieren hacernos creer?

· El Trust estadounidense. A medida que la Guerra Fría se expandía hasta convertirse en un conflicto internacional importante y una fuente de preocupación para las grandes potencias, la desinformación se fusionó con la propaganda y surgieron nuevas obras de arte.

· J. Edgar Hoover. Los estadounidenses perfeccionaron su habilidad para el juego, infiltraron dobles agentes y montaron sus propias operaciones dentro y fuera del país. Se dice que el entonces jefe del FBI, J. Edgar Hoover, se opuso a la proscripción del Partido Comunista Estadounidense en el momento culminante de la Guerra Fría porque la mayoría de los puestos claves del partido estaban cubiertos por dobles agentes suyos y prefería mantener intacta la estructura del mismo para poder identificar a sus miembros y controlar sus actos, no era otra cosa que el Trust estadounidense.

· Edward Landsdale. Los militares, una vez que comprendieron la mecánica del juego, idearon propuestas imaginativas para mejores y más ambiciosos proyectos: al general Edward Landsdale, oficial del planeamiento de la CIA, se le ocurrió, después de la asunción al poder de Fidel Castro en Cuba, tratar de convencer a los ingenuos cubanos católicos que el Segundo Advenimientos de Cristo se aproximaba pero que pasaría de largo por su isla mientras el gobierno estuviese en manos de un ateo comunista. El general Landsdale agregó que sería buena idea hacer que un submarino disparara bengalas en medio de la noche para hacerles creer que Cristo estaba en camino. Algunos de sus colegas opinaron que el plan iba demasiado lejos y nunca se puso en práctica.

· La inteligencia norteamericana también desarrolló métodos sofisticados, para tratar con disidentes exiliados o informantes, sobre quienes caía la sospecha de ser dobles agentes y usar la información que éstos proporcionaban.

· Durante la década del 50, la CIA consideró seriamente la posibilidad de mantener dependencias paralelas con hipótesis de trabajo diferentes: una operaría según la realidad de que se trataba de un espía auténtico, la otra lo haría de acuerdo con la realidad de que se trataba de un desinformador.

· Las estrategias de desinformación y propaganda también se fusionaron con las políticas gubernamentales de suministro de información verdadera o falsa a los ciudadanos, quienes, a su vez, comenzaron a analizar la información y dejaron de aceptar las historias transmitidas por sus líderes, con la misma ingenuidad patriótica con la que lo habían hecho durante la Segunda Guerra Mundial.

· Gran parte del trauma nacional de la época de la guerra de Vietnam fue la creciente brecha de credibilidad entre el gobierno y el pueblo. Mientras la versión oficial aducía que todo iba de maravillas, se escuchaban noticias que afirmaban lo contrario, tales como las denuncias de la matanza de civiles en My Lai a manos de los norteamericanos, y la divulgación no autorizada de documentación del Pentágono sobre la mínima cantidad de información veraz que el gobierno había incluido en sus anuncios oficiales.

· David Wise. Los gobiernos prefieren la versión de que todo está bien. Uno de los ejemplos más extraños del intento de mantener a flote a cualquier costa esta construcción de la realidad es el que relata David Wise en su libro La política de la mentira (The Politics of Lying): En 1971, un empleado del Centro de alarma de emergencia nacional (National Emergency Warning Center) envió por error una señal, que de inmediato fue reenviada a las estaciones de radio y televisión de todo el país. El mensaje decía que el presidente había declarado el estado de notificación de acción de emergencia y que toda emisión debía ser interrumpida. Se trataba de la notificación correspondiente a un ataque nuclear y se la emitió con el código que indicaba que era una situación real y no un simulacro. Se descubrió el error y se canceló el mensaje, pero la investigación del hecho reveló, que una de las cintas que los funcionarios de defensa civil habían preparado para emitir en caso de ataque nuclear decía, que el enemigo había asestado el primer golpe y agregaba el siguiente mensaje como intento de tranquilizar a la población:

- Nuestro Comando aéreo estratégico y nuestras unidades navales han devastado muchas de sus principales ciudades y centros industriales.

- Nuestras fuerzas de defensa han respondido con gran efectividad y las probabilidades de victoria son muy alentadoras.

- Podemos imaginar al país devastado, las grandes ciudades en ruinas, destrucción y muerte por doquier, y una pequeña estación de radio que emite el mensaje de que todo está bien, como la sonrisa del gato Cheshire de Lewis Carroll, que sobrevive una vez que el gato ha desaparecido.

· El nudo central de la Guerra Fría. El conflicto nuclear en sí mismo, ese asombroso acopio de armas y la forma en que se las utilizó, es la característica más impresionante de la Guerra Fría. Las armas poseen tal poder de destrucción que nadie en su sano juicio las utilizaría, y sin embargo las estrategias de defensa de las grandes potencias se basaron en pretender que los gobiernos estaban dispuestos a utilizarlas, éste era el nudo central de la Guerra Fría.

· Steven Skull, psicólogo clínico entrevistó a varios funcionarios encargados de la política de defensa y descubrió que, en algún momento del extenso interrogatorio, dejaban de lado el aspecto armado del planeamiento militar, la necesidad de las armas para vencer en la guerra, y se centraban en la necesidad de manipular en tiempos de paz las percepciones de posibles adversarios.

· La teoría de la percepción, la cual sostenía básicamente que lo más importante no era lo que una arma podía hacer, ni lo que intentábamos hacer con ella, sino lo que podíamos hacer creer a los demás que intentábamos hacer con ella, influenció más que ninguna otra teoría  a quienes ocupaban puestos claves.

Un prominente analista estratégico explicó: Las armas estratégicas son en primera instancia artefactos políticos. Y cuando dejan de ser artefactos políticos, pierden toda relevancia, toda razón de existir… El significado de su existencia se mide en términos políticos. La única categoría relevante es la percepción. La cuestión es determinar cómo la gente las define, cómo las percibe.

· Un hecho ficticio. La carrera armamentista como el proyecto de construcción militar más grande en la historia de la humanidad y la amenaza que se cierne sobre las economías de los países más poderosos del mundo, ha sumido al mundo en sombras durante décadas, es un hecho ficticio. Y nos dice que:

- hemos perdido el control sobre los mecanismos de creación de la realidad.

- está aún más fuera de control que el aparato de producción de bombas.

- incluso después de décadas de intrigas, de espías y contraespías y dobles agentes, tendemos a ser víctimas de nuestras propias fantasías.

· La tesis del más tonto. Kull afirma en relación con lo que él denomina la tesis del más tonto, que:

- la nación que logrará la hegemonía en un periodo de disuasión nuclear es la que posee mayor capacidad para convencer al mundo de que está lista para destruirlo todo,

- el rasgo clave de la tesis del más tonto para mantener el equilibrio, no es la idea de que existe una ilusión generalizada acerca de la importancia militar de ese equilibrio,

- sino la orden de seguir adelante como si la ilusión fuese un hecho real. Ser consecuente con la ilusión la confirma implícitamente y por consiguiente la fomenta. Por lógica, esto no es necesariamente así, los encargados de las políticas pueden esforzarse para neutralizar la ilusión y convertirla en una respuesta pasiva.

- creo que la moraleja es que hay que ser cuidadoso con la obra que se escoge para el teatro global o local, pues se puede terminar por creer en ella, y hasta morir por ella en el último acto.

 

La ficción emergente

 

Jonathan Miller. De acuerdo con este director, el mundo es una ficción emergente, algo que fabricamos cual escultores una y otra vez, en cada uno de los momentos de nuestra vida.

 

Esta afirmación intenta describir la experiencia individual, pero también es aplicable a la experiencia de los grupos sociales, desde pequeñas comunidades hasta la humanidad completa, a medida que crean y re-crean las realidades comunes a todos sus miembros.

 

Todos nosotros compartimos la suerte o la desgracia, según como se mire, de vivir un momento clave para la historia y la evolución del hombre.

Somos testigos del surgimiento de una realidad social diferente en aspectos importantes de todo cuanto hemos conocido hasta el momento, la primera civilización global.

 

Sin embargo, decir que somos testigos es una metáfora, un  poco amplia pues esta nueva civilización no es tan fácil de percibir. La metáfora es una figura retórica que consiste en denominar, describir o calificar algo a través de su semejanza o analogía con otra cosa.

 

Cuando buscamos pruebas de que estamos abandonando la barbarie internacional, es decir pruebas de la transición del teatro global a la polis global, no podemos evitar la influencia de los modelos mentales preexistentes de cómo debe ser una civilización. En esas circunstancias nos vienen a la mente las antiguas civilizaciones griega y romana, o las actuales civilizaciones occidental o Islámica.

 

Es casi imposible saber dónde buscar, cuando lo que intentamos observar y definir es algo que nunca ha existido, ni se parece a algo que haya existido jamás.

 

La civilización global:

 

- tendrá que instalarse e incluir a todas las actuales civilizaciones, culturas y naciones.

- Tomará forma en un mundo posmoderno en el que las creencias acerca de la creencia han cambiado y siguen cambiando, incluso todas las ideologías, religiones y culturas que han servido de sustento a todas las civilizaciones a lo largo de la historia.

- Algunas veces, las personas se dejan llevar por la idea de la construcción social de la realidad y, al aplicarla a la civilización global, llegan a la conclusión exagerada de que, de alguna manera, podemos sentarnos hoy a construir el mundo del mañana.

- Esa ilusión alienta:

- a los más fervientes seguidores de las distintas historias globales que he enumerado en el capítulo anterior,

- el futurismo de la peor clase y gran parte de las tonterías de la Nueva Era.

- He presenciado reuniones de grupos de no más de veinte personas que creían estar forjando el futuro del pensamiento humano.

 

Pero hasta la creación de la experiencia personal es un acto colectivo. Creamos la ficción del momento con la ayuda de la evolución y la historia de todos nuestros antepasados. Y en la creación social de la realidad intervienen aún más participantes, no importa cuán a menudo repitamos la perogrullada de que nosotros construimos el futuro, nos damos cuenta de que gran parte de él se desarrolla de maneras misteriosas que nada tienen que ver con nuestros planes y que se remontan al pasado.

 

Poderosas fuerzas históricas atraviesan nuestro tiempo: la Reforma, la Ilustración, la Revolución Industrial colaboran en la formación del futuro, también lo hacen el aumento de la población y las alteraciones del medio ambiente y sólo Dios sabe cuántas personas y grupos diferentes, cuántas ideas distintas sobre lo que están haciendo y por qué.

 

A medida que mejoramos nuestra habilidad para crear realidades sociales, aumenta la cantidad de personas que intervienen en esta actividad y aumenta también el número de realidades. Y nuestros proyectos deliberados de creación de la realidad, del futuro o de civilizaciones siempre producen consecuencias inesperadas: ningún plan de acción social ni ninguna revolución logró dejar de sorprender a sus creadores.

 

Gran parte de las consecuencias son el resultado de acciones que las personas ponen en marcha sin un plan de creación de la realidad explícito, pero que de todos modos responden a uno.

 

Jürgen Habermas, filósofo alemán y uno de los grandes pensadores acerca de este tema, escribe sobre sistemas que colonizan el mundo de los seres vivos, es decir que los sistemas impersonales creados con el sólo propósito de hacer las cosas, como los mercados y las burocracias traen aparejados cambios de valores y creencias necesarios para hacer que el sistemas funcione con mayor eficacia.

 

Y así es como nos dirigimos hacia el futuro, a los tropezones pero con esperanza, creadores del mundo a pesar nuestro. Las cosas cambian, y tratamos de construir una polis global al tiempo que nos damos cuenta de que: no sabemos crear la realidad social, ni  cómo hacerlo.

     

Fuente: La Realidad Emergente de Walter Truett Anderson.

Autor: Rafael Bolívar Grimaldos

 

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