Miguel Ángel Asturias: una mirada al mundo mágico americano

 por Tomás Bernal Alanis

Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco.

Miguel Ángel Asturias

 

Y es que, por la virginidad del paisaje, por la formación, por la ontología, por la presencia

fáustica del indio y del negro, por la revelación que constituyó su reciente descubrimiento,

por los fecundos mestizajes que propicio su caudal de mitologías.

¿Pero qué es la historia de América sino una crónica de lo real maravilloso?

Alejo Carpentier

Resumen

Miguel Ángel Asturias es parte fundamental de la búsqueda de una conciencia y una literatura propia, de crear mundos acordes con el espíritu y con la magia de nuestras tierras americanas. El mundo mítico del ayer y la problemática indígena actual encuentran en la obra narrativa, poética y dramatúrgica de Asturias una expresión compleja y rica, de un lenguaje desbordante que descuella en la frontera del sueño y la vigilia, de mostrar esa realidad con la fuerza de nuevas recreaciones del mundo del pasado dando pie a esa corriente literaria conocida como el realismo mágico, origen de una tradición y un canon con la experiencia única de la realidad latinoamericana.

Abstract

Miguel Ángel Asturias is a key writer in the search for a true Latin American conscience and literature. He is also a master in the creation of worlds that reflect the spirit and magic of our Latin American lands. Mythic universes of the past and the problems native peoples face today find in Asturias’s narrative, poetry, and theater a most rich and complex expression. By means of a lan-guage that blurs frontiers between the dreamlike and the objective, Asturias recreates the world of the ancients and advances magic realism, a literary trend and canon deeply rooted in the unique Latin American experience.

Palabras clave/Key words: Realismo mágico, superposición cultural, latinoamericanismo / Magical realism, cultural overlapping, Latin Americanism.

El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) cultivó numerosos géneros literarios: ensayo, poesía, teatro y novela. Dentro de su prolija obra se encuentran algunas que se pueden considerar clásicas o dignas representantes del canon. A partir de Asturias se rescata eso que se ha dado en llamar realismo mágico.

Pionero de esta corriente, Asturias ha sido una influencia innegable en autores como: Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Isabel Allende, sólo por nombrar una línea temática que lleva más de medio siglo. Sus obras Leyendas de Guatemala (1930), El señor presidente (1946) y Hombres de maíz (1949) podrían conformar parte importante de las ideas centrales del discurso literario de Miguel Ángel Asturias: la presencia y vigencia del mito, el omnipotente poder personal y una literatura de los pueblos latinoamericanos que intenta descifrar el mundo mágico y cotidiano que envuelve las historias individuales y colectivas en un estado de vigilia que flota entre la realidad y la ficción. Un sueño permanente de encuentros y desencuentros entre el pasado y el presente, como lo expresa el estudioso Joaquín Marco: “De un lado, una zona importante de sus modos narrados responde a inquietudes político-sociales; de otro, en estos mismos mundos podemos descubrir la atención del novelista hacia una zona profunda y maravillosa de América: sus mitos[1].

El interés de Miguel Ángel Asturias por el folklore de la América antigua es patente en la configuración de una tradición que se construye con él mismo y con otros escritores, como el cubano Alejo Carpentier, quien en 1949 en un soberbio ensayo De lo real maravilloso americano realizaba una declaratoria literaria que el mismo Asturias había hecho patente en sus creaciones:

sin darse cuenta aún que, en ese mundo, los acontecimientos que ocupan al hombre suelen cobrar un estilo propio en cuanto a la trayectoria de un mismo acontecer. Arrastraba el latinoamericano una herencia de treinta siglos, pero, a pesar de una contemplación de hechos absurdos, a pesar de muchos pecados cometidos, debe reconocerse que su estilo se va afirmando a través de su historia[2].

Es el acontecer de la crónica -siguiendo a los cronistas de la conquista española- el diario del transcurrir de un pueblo, de una gente que ve en el pasado los augurios y el destino de su presente. Aquí Cien años de soledad es el epígono de una larga historia de búsqueda de esos espíritus que habitan el alma americana, así como la novela El señor presidente (1946) es precursora de El recurso del método (1974) de Alejo Carpentier, Yo el supremo (1974) de Augusto Roa Bastos y El otoño del patriarca (1975) de Gabriel García Márquez.

La aparición de pensadores como José Vasconcelos y José Carlos Mariátegui, y el surgimiento de movimientos sociales como el indigenismo a nivel continental, trascienden la problemática de lo nacional para convertirse en un desafío para todos los países latinoamericanos, dando así una unidad de preocupación y resolución a los nudos temáticos e históricos como: el mestizaje, el problema del indio, el inmigrante, la dualidad barbarie-civilización, el mundo indígena vs. el mundo ladino, lo rural y lo urbano, la tradición y la modernidad, todo lo cual aparece con fuerza en tanto problema de identidad[3].

El escritor Miguel Ángel Asturias se mueve entre el mundo antiguo americano y las resonancias de éste en una modernidad siempre inconclusa y llena de contradicciones. Con la escritura del autor guatemalteco, la condición del mundo indígena encuentra un espacio para la edificación de una tradición literaria que rebasa por mucho los límites geográficos de una división política, para convertirse en materia de introspección sobre nuestro pasado.

Las formas de gobernar propias del mundo americano, entre el sueño de la democracia y la cruda y recurrente fuerza de los gobiernos militares basados en el uso de la violencia y represión hacia sus pueblos, son una constante que deja una cicatriz histórica en el rostro de los pueblos latinoamericanos. Las voces de protestas son silenciadas, perseguidas, el miedo a la noche se convierte en un miedo ancestral que recorre los caminos de los pueblos y las calles de las ciudades. El espíritu bolivariano y la raza cósmica cimbran las conciencias por construir una identidad del latinoamericano, entre las brumas del pasado y las incertidumbres del presente, la escritura se convierte en una especie de conciencia, en la voz interior del ayer que nos habla al oído para recordarnos nuestro pasado.

La escritura de Miguel Ángel Asturias no es ajena a estos tópicos y problemáticas, su obra y estilo son la búsqueda de esa voz ancestral que nos de firmeza para enfrentar los retos de nuestra modernidad. La obra literaria de Asturias represente un puente hacia nuestras conciencias, y el trazarlo es una pasión, como lo expresó Eduardo Galeano: “Encender la imaginación y la memoria, revelar lo escondido: ¿puede la literatura reivindicar mejor función en estos tiempos y en estas tierras nuestras? La cultura dominante, cultura de los sucedáneos de la vida, enmascara la realidad y anestesia la conciencia.”[4]

La casa de Asturias es su escritura, su pasión es conocer los distintos niveles de la edificación de la historia de Guatemala. Reconocer el rostro del país como una superposición de culturas, en un tejido ancestral en el cual se sigue bordando el ropaje actual de los indios y ladinos que transitan por un mundo diferenciado por el presente.

La obra

Podríamos iniciar con un pensamiento del poeta T. S. Eliot para remarcar la importancia y trascendencia de una obra como la del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias: “Este sentido histórico, sentido de lo atemporal y de lo temporal, así como de lo atemporal y lo temporal reunidos, es lo que hace tradicional a un escritor; es, también, lo que hace a un escritor más agudamente consciente de su lugar en el tiempo, de su propia contemporaneidad.”[5]

Toda la obra de Asturias está cruzada con gran fuerza por la presencia del tiempo, de un tiempo cíclico que se renueva cotidianamente a través de la vida de sus personajes. En ella se encuentra enraizado el mito, elemento dinámico para construir realidades y destruir sueños. Lo real en Asturias es un estado permanente de la naturaleza americana con su simplicidad y a la vez complejidad para explicar el actuar de sus personajes en una sociedad que se debate entre el ayer y el hoy.

Hijo de su tiempo, lleno de exilios y dictaduras, a Miguel Ángel Asturias le tocó vivir los procesos de una reforma agraria conservadora, de una época dominada por las botas militares y por un sentido en la búsqueda del alma guatemalteca. Asturias alcanzó la dimensión universal que heredaría en otros autores guatemaltecos como Luis Cardoza y Aragón y Augusto Monterroso, a quienes delegaría el rescate específico de la cultura de Guatemala.

Asturias se tituló en Derecho en 1923 con una tesis sobre el problema social del indio, trabajo con ecos positivistas que el mismo autor conservaría a lo largo de su carrera literaria. Viaja ese año a París e inicia su estudio de la gran cultura maya. Ahí le deslumbra el texto del Popol-Vuh, del cual será un fiel seguidor en las tradiciones de una rica cultura quiché. De este encuentro con la cultura ancestral, todavía latente y viva, va a publicar su primera obra Leyendas de Guatemala (1930), que no es más que el reencuentro consigo mismo y su pasado cultural. En 1946 publica El señor presidente, novela que impactó el ambiente político en Guatemala cuando gobernaba el dictador Manuel Estrada Cabrera, y creó una tradición literaria de obras dedicadas a esos personajes recurrentes en la historia latinoamericana: los dictadores militares. En 1949 aparece otra obra emblemática Hombres de maíz donde las fuerzas mágicas del pasado se enfrentan a las fuerzas presentes de un mercado capitalista que gobierna las relaciones entre los hombres.

Posteriormente aparece la llamada “trilogía bananera”, con Viento fuerte (1950), El papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1960), donde realiza una denuncia de los intereses extranjeros en el país y del papel que juega la empresa United Fruit Company en la economía del país. En la cuentística sobresalen El alhajadito (1961) y El espejo de Lida Sal (1967). En 1963 aparece la novela Mulata de tal, en 1969 Maladrón y en 1972 Viernes de Dolores. Entre otras obras escribió el relato Torotumbo (1972), la pieza teatral La audiencia de los confines (1957) y el poemario Mensajes indios (1958). Además de ganar en 1967 el Premio Nobel de Literatura, fue un gran diplomático que representó a su nación por muchos países. Asturias murió en 1974.

La magia americana

Desde la misma Conquista hecha por los españoles su grado de asombro fue múltiple. Las comparaciones fueron ineludibles y desde ahí se originó la disputa por el nuevo mundo. Los ojos de los conquistadores quedaron maravillados ante el mundo “exótico”, lejano e incomprensible de los pobladores y la geografía americana. Pero el acto de robar se explica en Maladrón: “¡Lo tomado de estas tierras nos pertenece, no porque lo robamos!, gritó; enfrente sólo tenía la noche inmensa: ¡Nos pertenece por derecho de conquista, es como el que a tomar lo que es suyo y que ha sido en abandono y olvido! ¡Por la señal de la cruz del Maladrón, persígnanos, Conquistador!”[6]

El derecho de conquistar legitima una violencia que justifica lo propio frente a lo ajeno. Es el canto atemporal de la visión de los vencidos, el canto agonizante de un mundo ante la imposición de otro. La conquista militar y la conquista espiritual ponen las piedras fundacionales del nuevo edificio social: la sociedad colonial. Las estructuras se resquebrajan pero hay que construir otras. El mundo de las ruinas es ocupado por otros dioses y templos, el proceso de la simbiosis cultural ha comenzado, el pasado no será olvidado totalmente, la profundidad de las creencias seguirán vivas y renacerán como el ave fénix. O es acaso como lo ha expresado el crítico literario Fernando Alegría:

¿Habrá que aceptar, entonces, el libro de Asturias como un documento folklórico, una floración moderna de la vieja civilización maya? No lo creo. La novela de Asturias es el resultado de un curioso fenómeno de culturas superpuestas. Los especialistas en arquitectura y escultura barroca americana pueden distinguir con facilidad entre dos motivos iguales en apariencia, pero debidos uno a la mano de un indígena y el otro a la mano de un europeo.[7] 

Son Leyendas de Guatemala (1930) y Hombres de maíz (1949), las obras cumbres de un lenguaje mágico, mítico y telúrico sobre las tierras americanas. Hombres de maíz, es un canto desgarrador sobre el mundo ultrajado del indígena y su relación ancestral con la tierra: “El maíz empobrece la tierra y no enriquece a ninguno. Ni al patrón ni al mediero. Sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz. Sembrado por negocio es hambre del hombre que fue hecho de maíz.”[8]

Leyendas de Guatemala son el canto a un pasado vivo, presente en el mundo del indio guatemalteco, de esas realidades superpuestas en el tiempo y en el espacio, donde Asturias define y sintetiza magistralmente la historia guatemalteca en el siguiente pasaje:

Es una ciudad formada de ciudades enterradas, superpuestas, como los pisos de una casa de altos. Piso sobre piso. Ciudad sobre ciudad. ¡Libro de estampas viejas, empastado en piedra con páginas de oro de Indias, de pergaminos españoles y de papel Republicano!... Dentro de esta ciudad de altos se conservan intactas las ciudades antiguas. Por las escaleras suben imágenes de sueño sin dejar huella, sin hacer ruido. De puerta en puerta van cambiando los siglos. En la luz de las ventanas parpadean las sombras. Los fantasmas son las palabras de la eternidad. El Cuco de los sueños va hilando los cuentos.[9]

Recorrido por la historia milenaria guatemalteca, la prosa de Miguel Ángel Asturias resalta las leyendas de una Guatemala que no termina por definirse como tal, de aquella que a los ojos del canon occidental no ha alcanzado la madurez y el reconocimiento de las letras universales. La vieja disputa entre lo nacional y lo cosmopolita encuentra en la obra de Asturias un campo propicio para la lucha entre lo americano frente a lo europeo. Esa situación de ser un viajero en la Europa ilustrada y el de conocer y vivir el mundo cotidiano de su país, hacen de él un maestro para la oposición, para buscar las rupturas y permanencias de esos dos mundos: el indígena y el ladino:

Vivió años fuera en distintas ocasiones, viajó mucho. Este cosmopolita tan parroquial vio a nuestra tierra como pródigo hijo suyo y como extranjero sorprendido por su “exotismo”, por su mágica “extravagancia”. Su calor es más visible para el extranjero que para el guatemalteco, sumergido en ello desde su nacimiento. En Asturias hubo, al unísono, esa capacidad inaugural de ser extranjero, de ser indio y ser ladino, mezclando lo cotidiano y lo onírico [...] Es en la escritura de Miguel Ángel que empieza, con fuerza y originalidad, a vivir el indio de las creaciones nuestras, y diría que con él empieza y termina.[10]

Esa crisis de identidad y del mismo desarrollo de las estructuras políticas de Guatemala hace de él un campo propicio para que la violencia se convierta en un estado permanente sobre las relaciones sociales. Éstas están dispuestas a conceder al poder y a la historia una fuerza desatada sobre esa multiculturalidad expresada en la sociedad guatemalteca: “El núcleo que articula las distintas novelas de Asturias es la búsqueda de la nacionalidad guatemalteca, tal como lo había propalado el escritor desde su realidad social en su juventud parisina.”[11] Por ello, de la obra de Asturias emana una fuerza incontrolable de lo telúrico, de esa raigambre en el pasado que se ha convertido en mito, en raíz de explicación de una realidad presente pero que tiene un legado inmemorial de nombres, olores, sabores y vientos atávicos, de una realidad múltiple que convive en el pueblo guatemalteco.

Pasado y presente, tradición y modernidad, son dicotomías del mundo milenario de Asturias. Su escritura está llena de significados donde el nahual y el brujo se enfrentan con la medicina moderna, donde los viejos ritos paganos y cristianos se convierten en un peligro para una sociedad con otros valores simbólicos y mercantiles, como se expresan en Torotumbo,[12] obra en la cual el simbolismo de Asturias alcanza una gran eficacia, trastoca lo natural y lo sobrenatural para expresar la violación de una niña indígena en un mundo de disfraces que cobran vida para tal acción, lo cual desencadenará la revuelta popular, como ejemplo de ese mundo mítico indígena que convive con fuerzas modernas del mercado y el capital. La fiesta se convierte en una verdadera rebelión indígena con ingredientes mágicos y mitológicos de una cultura que sigue sobreviviendo en la mentalidad del pueblo y sus rituales.[13] 

Y el otro gran tema de Miguel Ángel Asturias fue el poder. Esa búsqueda vital del desarrollo ideológico tanto en Europa como en América Latina, en la búsqueda por discernir las propuestas políticas de los gobiernos dictatoriales que le tocó vivir. El crítico literario Claude Fell rescata esa imagen del poder en la novela El señor presidente, donde vibra un sentimiento de un miedo constante ante el hombre en el poder y sus mecanismos represivos:

Sin embargo, El señor presidente es, antes que todo, la novela del terror, en todas partes la fuerza bruta para solucionar el menor conflicto, el asesinato, la tortura, el calabozo. El Presidente del que apenas se entrevé una silueta negra es a la vez Lucifer y Tohil, el dios maya del fuego. El lector es capturado en una explosión de imágenes resplandecientes, trituradas, reiterativas, delirantes, alucinadas.[14]

El miedo recorre las calles, las plazas, los callejones de una ciudad que vive un sentimiento de orfandad, de un pueblo que es querido, pero a la vez odiado por el señor presidente, ese que da los discursos patrióticos o condena enfáticamente a los enemigos. Es el gran árbitro, el único capaz de perdonar o castigar, es el que elige el rumbo del país con su gallardía o presencia: “¿No se pregunte, general, si es culpable o inocente: pregúntele si cuenta o no con el favor del amo, que un inocente a mal con el gobierno, es peor que si fuera culpable.”[15]  

Como bien lo explica Luis Ernesto Pi Orozco, hay una dialéctica ineludible en la conformación histórica del dictador, de ese presidente que asume el cargo de un país basado en las armas como blasón de poder y dirigencia: “La existencia del dictador sólo es comprensible en tanto hay un pueblo al que sojuzga, explota y reprime; en complemento, la masa reducida en la sumisión se define por la presencia del individuo que la tiraniza.”[16] La presencia de esta figura en las letras latinoamericanas es imponente y Miguel Ángel Asturias con El señor presidente sólo describió una realidad que lamentablemente sigue existiendo en estas tierras mágicas del Nuevo Mundo.

Colofón

Al concedérsele el Premio Nobel de Literatura en 1967 a Miguel Ángel Asturias, no premiaban a un hombre sino a una tierra, a su pasado y a su grandeza. Con su literatura que recobra los viejos mitos y la problemática contemporánea del pueblo guatemalteco, hace una verdadera geografía de los pueblos indios, de sus sueños y sus realidades. De ese espacio de la imaginación en las letras latinoamericanas que daban a conocer al mundo la riqueza ritual de un pueblo y su cultura, de esa fecundidad de un lenguaje y una vida plena de maravillas. El mundo mágico americano tiene en la voz y en la letra de Miguel Ángel Asturias, uno de sus más dignos representantes que revirtieron la realidad en la creación de un canon literario, “el realismo mágico”, que abría nuevas rutas para la escritura en América Latina, sobre la piel de las letras universales.

Bibliografía

Alegría, Fernando. Literatura y Revolución. México, Fondo de Cultura Económica, 1971.

Asturias, Miguel Ángel. El señor presidente. Madrid, Unidad Editorial, 1999.

__El alhajadito. Buenos Aires, Losada, 1970.

__El espejo de Lida Sal y otros relatos. La Habana, Arte y

Literatura, 1988.

__Hombres de maíz. Madrid, Alianza Editorial, 1982.

__Leyendas de Guatemala. Madrid, Alianza Editorial/

Losada, 1981.

__Maladrón. Buenos Aires, Losada, 1969.

__Torotumbo. Barcelona, Plaza & Janés, 1972.

__Viento fuerte. Buenos Aires, Losada, 1967.

__Viernes de Dolores. Buenos Aires, Losada, 1972.

Bloom, Harold. El canon occidental. Barcelona, Anagrama, 1996.

Campra, Rosalba. América Latina. La identidad y la máscara. México, Siglo xxi, 1987.

Cardoza y Aragón, Luis. Miguel Angel Asturias. Casi novela. México, Era, 1991.

Carpentier, Alejo. De lo real maravilloso americano. México, unam, 2004.

Eliot, T. S. Lo clásico y el talento individual. México, unam, 2004.

Fell, Claude. Estudios de literatura hispanoamericana contemporánea. México, sep, 1976.

Franco. Jean. La cultura moderna en América Latina. México, Joaquín Mortíz, 1971.

Galeano, Eduardo. “¿Una pasión inútil?”. En Tema y Variaciones de Literatura, núm. 35, uam, México, 2010, pp. 21-23.

Hurtado Heras, Saúl. La narrativa de Miguel Angel Asturias. Una revisión crítica. México, Universidad Autónoma del Estado de México/uNAM, 2006.

Los premios Nobel y su fundador. Madrid, Aguilar, 1959.

Los Premios Nobel. T. 19. Barcelona, Orbis, 1982.

Marco, Joaquín. La nueva voz de un continente. Literatura hispanoamericana contemporánea. Madrid, Salvat, 1982.

Paz, Octavio. Obras selectas de Premios Nobel. Barcelona, Planeta, 1994.

Pi Orozco, Luis Ernesto. El dictador latinoamericano en la narrativa. México, Instituto Mexiquense de Cultura, 2009.

Zweig, Stefan. El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Barcelona, Acantilado, 2011.erando, ahora más que nunca. El espacio sigue allí: La Castellana, ahora cercada por la ley nazi contra los fumadores. Signos de los tiempos.

Notas:

[1] Joaquín Marco, La nueva voz de un continente. Literatura hispanoamericana contemporánea, p. 32.

 

[2] Alejo Carpentier, De lo real maravilloso americano, p. 33.

 

[3] Para mayor información véase Rosalba Campra, América Latina: la identidad y la máscara, y Jean Franco, La cultura moderna en América Latina.

 

[4]  Eduardo Galeano, “¿Una pasión inútil?”, p. 21.

 

[5] T. S. Eliot, Lo clásico y el talento individual, p. 66.

 

[6] Miguel Ángel Asturias, Maladrón, p. 95.

 

[7] Fernando Alegría, Literatura y Revolución, p. 85.

 

[8] Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz, pp. 15-16.

 

[9] Miguel Ángel Asturias, Leyendas de Guatemala, pp. 12-13.

 

[10] Luis Cardoza y Aragón, Miguel Angel Asturias. Casi novela, p. 16.

 

[11] Saúl Hurtado Heras, La narrativa de Miguel Angel Asturias. Una revisión crítica, p. 115.

 

[12] Miguel Ángel Asturias, Torotumbo.

 

[13]  Los Premios Nobel. Tomo 19.

 

[14]  Claude Fell, Estudios de literatura hispanoamericana contemporánea, p. 123.

 

[15]  Miguel Ángel Asturias, El señor presidente, p. 58.

 

[16]  Luis Ernesto Pio Orozco, El dictador latinoamericano en la narrativa, p. 39.

 

Tomás Bernal Alanis
Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco

Publicado, originalmente, en Revista Tema y variaciones de literatura: los premios Novel latinoamericanos, el canon. Número 36 (semestre I, 2011) - Publicación semestral editada por la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco)

 

Ver, además:  Lenguaje y formas estilísticas en El Señor Presidente y Hombres de maíz de Miguel Ángel Asturias, por Antonio Carreño

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

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