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Un golpista |
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En su cama cierra los ojos piensa que puede dormir sueña ser arrojado sobre concreto un golpista sobre saltado se levanta golpista de dispararos se levanta con las piel eriza dolorida como si cañones metálicos Un golpista… se despierta Un golpista sabe que esa vestidura no es la suya… que no le queda bien se la prueba, sabe que no es su talla… pero igual, así son los sueños Un golpista sufre un insomnio terrible como si en su mente se acopiaran todas las voces de una América antigua… Un golpista siente los toletes que se estrellan indolentes Un golpista sufre un insomnio terrible como si en su mente se acopiaran todas las voces de una América antigua… Un golpista siente los toletes que se estrellan indolentes
un golpista delira que no está, que no se encuentra por ningún lado, que se siente sin carnes y sin huesos, un
golpista no duerme,
se
retuerce en la cama,
alucina que se le vienen encima, balanzas, escucha
que le gritan
xenofóbico, asesino, racista… un golpista se levanta, como se levantan los golpistas… asustado y se pone la máscara de humano… y reza, hace una plegaria hipócrita… que no alcanza más distancia que el paso lento, resignado Un golpista no es demonio… los demonios son temerosos de la justicia y de la historia incluso, demasiado leales y honestos y sobre todo convencidos que más allá de la muerte siempre hay quien pasa factura. Un golpista escucha la diana y se oculta tras las armas, es demasiado diminuto… como para llenar la fatiga, el uniforme de soldado con su cuerpo es demasiado traidor para cobijarse en la bandera Judas lo escupe y da la vuelta…
Un golpista, se levanta con la aurora, charlatanamente se sienta frente a una cámara mientras el dueño del zoológico… le lanza una cáscara en premio. Un golpista no duerme, soñando que es presidente, y repentino… es presidente, falso, golpista pero presidente decreta toques de queda… sale golpista en televisión, anuncia golpista al mundo que no sucede nada… porque el pueblo es siervo y Honduras es sólo un feudo para él. Un golpista es el resultado de sacar un ciudadano, presidente, legítimo para variar enviarlo a Costa rica para repetir lo de Morazán, golpear a un pueblo, llenar cada rincón de soldados y otras marionetas… ponerse una careta de humano, actuar como primate y sacar de su inconsciente, una a una su mediocridad, su odio, su ineficiencia, su democrática rapacería, el lacónico deseo de los sueños inconstitucionales de ser, por un día o por un mes aunque sea golpista… pero ser presidente.
Un golpista se despierta suda como puerco, cuando le quitan o le niegan la visa y entonces se atormenta y se ve solo, solo, solo y enjaulado y aun se preocupa más, doloroso, angustiado, piensa a donde me iré a gastar la fortuna que me he robado en donde me ocultaré cuando los palos y las piedras me manden al exilio, quien me dejará un lugar, quien albergará un kon expatriado un golpista no duerme... no duerme… sólo, sólo espera los multiplicados golpes esos mismos que el dio a al pueblo…
Un golpista ha olvidado que aunque alta la noche Morazán vigila. |
Roberto Becerra Lanza
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