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Universidad de Ciego de Ávila: Máximo Gómez Báez

 
 

Título: José Agustín Caballero en las bases del periodismo en Cuba

Autora: Lic: Rosa Alba Arrechea Bravo.

 

Datos de la Autora: Rosa Alba Arrechea Bravo. Título que posee: Licenciada en Educación: Especialidad historia y ciencias sociales. Carné de identidad. 58052503577. Dirección particular: Calle: Calleja. Número: 55 A  / Martí y Narciso López. Municipio: Morón. Provincia: Ciego de Ávila.

Centro de trabajo. Universidad de Ciego de Ávila: Máximo Gómez Báez Cargo que ocupa: Profesora de Filosofía e Historia. Categoría docente: Asistente. Categoría científica: Aspirante a doctora en Ciencias filosóficas. Tutora: Dra Cs. Rita María Buch Sánchez. Ema-il: rosa@humanidades.unica.cu

 

Resumen: 

La historia del periodismo en Cuba se relaciona con el proceso de desarrollo de la nacionalidad cubana. En 1790 se funda el órgano periodístico: “El Papel Periódico de La Havana”, el cual contó con muchos  colaboradores que constituyen la vanguardia del periodismo cubano; entre ellos se cuenta, como fundador y colaborador, José Agustín Caballero.

 

El presente trabajo tiene como objetivo fundamental, resaltar la labor periodística de José Agustín Caballero; el que desde las páginas de los principales órganos de la prensa de la época, escribió artículos, críticas, discursos, traducciones, entre otras manifestaciones literarias. Impregnaba a sus obras un apreciable valor literario y alto contenido ético sociocultural, reflejando las inquietudes de la época. Sus aportes literarios le sirvieron para ser considerado una de las figuras más importantes de las bases del  periodismo en Cuba y en Latinoamérica.

 

José Agustín Caballero en las bases del periodismo en Cuba.

 

A través de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX se fue forjando una cultura identificativa que cultivó los diferentes géneros en Cuba, mezcla de las culturas de otros pueblos, destacándose con mayor influencia, la europea y la  africana.

 

La literatura y el periodismo fueron las manifestaciones que con más fuerza, influenciaron la cultura en Cuba, desde los primeros albores de la formación de la nacionalidad.

 

El período que media entre 1790 y 1878 fue complejo en más de un sentido, consolida y define la madurez de nuestra nacionalidad, expresa la rica diversidad  que inevitablemente orienta su cause, en el sentido progresista de la historia.

 

Entre los acontecimientos más sobresalientes que marcan este período, está la apertura del gobierno de Don Luís de las Casas en 1790, la Revolución de Haití, la asistencia de nuestros primeros diputados a la Corte de Cádiz, la conspiración de Aponte en 1812, la Conspiración de Soles y Rayos de Bolívar en 1823 y la conspiración de Agüero y Sánchez en 1826.

 

En la última década del siglo XVIII, tomó cuerpo, La Ilustración  Esclavista cubana o la Generación de 1792, sobre ella Eduardo Torres Cueva planteo: “Por primera vez en la historia del país, se presentó un movimiento interno de claros perfiles intelectuales y políticos que, a su vez, contenía una amplia gama de aspiraciones intelectuales”[1].

 

Caracterizan además el panorama cultural de Cuba, los sucesos en torno a la Academia Cubana de Literatura junto al desarrollo económico de la colonia en las plantaciones agrícolas, la integración de la nación, la lucha por el despotismo ilustrado y la controversia reformismo independentismo. En torno a tales temas se movía nuestro pensamiento literario, en los principales órganos de la prensa literaria de la época. En este contexto se desarrolla la vida de José Agustín Caballero, el que se destaca en diferentes actividades, principalmente en la labor periodística.

José Agustín Caballero nació en La Habana, el  28 de agosto  de 1762. Realizó estudios como becado en el Real colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, de 1774 a 1781. Al terminar, con premios en todas las asignaturas, vistió los hábitos clericales.

 

En la misma casa  de estudios, en 1785, ganó por oposición la Cátedra de Filosofía que ocupó primero como interino y después en propiedad. Tres años más tarde alcanzo los grados mayores de Licenciado y Doctor en sagrada teología en la Real y Pontifica Universidad de La Habana. Allí, posteriormente fue juez en diversas oposiciones a cátedra y desempeñó el decanato de la Facultad de Teología.

 

En 1793 pasó a formar parte de la Sociedad Patriótica y dentro de ella, ese mismo año, es nombrado sucesivamente, miembro de la diputación de la Casa de Educandas y de la clase de Ciencia y Arte; individuo de la Diputación, encargado de la Redacción del Papel Periódico de La Habana, miembro de la Comisión encargada de redactar la memoria u ordenanza sobre escuelas públicas en primeras letras y por último censor.

 

Fue nombrado en 1794, y más tarde, en 1796, director del Seminario de San Carlos. Desde 1804 hasta su muerte desempeño en dicho seminario la Cátedra de Escritura y Teología Moral. En 1811, redactó un Proyecto de Gobierno autonómico para Cuba dirigido a las Cortes Nacionales, por intermedio del Diputado Andrés Jáuregui.

 

En su larga carrera de profesor tuvo como discípulos a Varela, Saco y su sobrino José de la Luz y Caballero. Su pensamiento filosófico se enriquece influenciado por la filosofía sensualista de Locke y Condillac y por la pedagogía de Rousseu, que parten de la experiencia sensorial.

Fue fundador y se mantuvo colaborando, bajo cualquier condición, con el Papel Periódico de La Havana, cuya historia, hasta 1794 dejó escrita, y fue dada a conocer por Antonio Bachiller y Morales en el segundo tomo de sus Apuntes. Caballero no solo se limitó a colaborar con el “Papel Periódico de La Havana”, sino también, con otros órganos representativos de la prensa de la época.

 

Se destacó en otras ramas del periodismo y la literatura. Tradujo del Latín la Historia del Nuevo Mundo, escrita por Sepúlveda, donde se puede apreciar un amplio panorama de la historia de la región, en especial de México; del ingles, la novela, Cartas de Milady Julieta Castelvi a su amiga Milady Enriqueta Campley; del Francés la correspondencia de Sepúlveda con Melchor Cano y las lecciones preliminares del curso de estudios del Abate Condillac, entre otras obras.

 

Se distinguió como crítico literario y de costumbres, notable latinista y orador. Para escribir algunas de sus obras, sobre todo aquellas que más pudieran comprometer su posición política y como eclesiástico, por las limitantes sociales que le imponían la época en que desarrolla su vida, utilizó los seudónimos de: “El amigo de los esclavos, “El amigo de los encarcelados”, “El amante del Periódico”, “El redactor”, entre otros.

A los  días del mes de abril de 1835, deja de existir, a los 72 años de edad,  el hombre que, al decir de Luz y Caballero,”… para con los jóvenes de la nueva generación, cuya mayor parte acaso no conoce a nuestro personaje más que por la voz de la fama, así por las circunstancias de haber escaseado sobremanera los ejemplares de sus principales producciones…” [2].

 

La bibliografía activa de José Agustín Caballero es muy amplia y constituyen muestra del desempeño de una fecunda actividad social. Se encuentran, entre sus principales obras literarias: de importancia para la pedagogía,  Fhilosophia Electiva (texto en español y latín), Discursos como “Discurso sobre la física”, “Discurso filosófico”,” Discurso sobre la necesidad de la lengua castellana” y  resalta su Patria en formación en la obra:”Sobre polémica entre el Cínico y el Peregrino“.

 

Defendió la virtuosidad de las mujeres en la obra, “Las mujeres” y  su pluma se alzó pidiendo mejoras para los esclavos en las obras, “En defensa del esclavo” y en su Cuaderno de Consulta: “Matrimonios entre esclavos”.  

 

Pronunció Elogios y Discursos memorables como: “Discurso pronunciado en la junta general de la sociedad patriótica de la Havana, el 11 de diciembre de 1796, en honor a Don Luís de las Casas,  “Panegírico en honor del gran doctor de la Iglesia de San Ambrosio, Arzobispo de Milán”, pronunciado el 7 de diciembre de 1797, Sermón fúnebre  en Elogio del excelentísimo señor “Don Cristóbal Colon, Primer Almirante, Virrey y Gobernador general de las indias Occidentales, su descubridor y conquistador, pronunciado con motivo de haberse trasladado sus cenizas de la Iglesia Metropolitana de Santo Domingo a la Catedral de Nuestra Señora de la  Concepción de la Havana. “ Elogio a la inmortal memoria del Excmo. S. D. Luís de las Casas y Arragorry”.

 

Tampoco dejó escapar su posición política frente al régimen colonial español y redacta el Primer proyecto Constitucional para la Isla de Cuba, titulado: “Exposición a las cortes españolas, Ideas y bases para una Constitución de la Monarquía y sus colonias”.

 

En la obra del Padre Agustín no existe manifestación literaria que escape o dejara de reflejar en sus escritos. Amplia es su obra en el contexto social; se considerada de gran valor su crítica a una “Exhortación a los actos del nuevo teatro” y “Censura a una tonadilla” [3].

 

Después de su muerte y hasta la época contemporánea, se ha incursionado en los archivos históricos, sacando a la luz su biografía activa; bibliografía que ha servido para ampliar el espectro de su obra, abriéndola al conocimiento de las nuevas generaciones.

 

Aproximación a la historia del “Papel Periódico de la Havana”

 

En la última década del siglo XVIII y en las primeras décadas del siglo XIX, Cuba se caracterizaba por los profundos cambios sociales, generados por la expansión económica de la Revolución Industrial, que trascurría en Europa y repercutía en los países de Latinoamérica.

 

En este periodo los gobernantes españoles, desarrollaron políticas encaminadas a expansionar el comercio hacia sus posiciones de ultramar; cumpliendo estos propósitos el Rey Carlos IV, nombró Gobernador de la Isla de Cuba, a quien pasaría a la historia como el mejor de todos ellos, Don Luis de Las Casas.

 

En 1790 llegó a Cuba el General Don Luis de Las Casas, para ocupar la capitanía general de la Isla, venía dotado con las mejores ideas del Despotismo Ilustrado impuesta por Carlos III. Desde los primeros momentos de su llegada a la Isla, se rodea de una elite de hacendados y figuras representativas de la cultura cubana, con una amplia visión del futuro, entre los que se encontraban: Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay y el sacerdote académico y filósofo José Agustín Caballero.

 

Caballero estimó de gran valor los aportes de Las Casas para la cultura en  Cuba; muestra de ello es el discurso pronunciado en la Junta ordinaria el 15 de enero de 1801, en el “Elogio a la inmortal memoria del Excmo S. D. Luis de Las Casas y Arragorry” cuando señalaba “…fueron muy grandes y vivos los deseos y el desvelo del Excmo. Sr. Casas por hacernos .felices, y que a este fin practicó cuanto estuvo de su mano”.

Entre los aportes más importante de Las Casas a la cultura cubana estuvo, la fundación del Papel Periódico de La Havana, el domingo 24 de octubre de 1790, y la Real Sociedad Económica de Amigos del País, el 9 de Enero de 1793. Merece singular importancia destacar el papel jugado en el periodismo en Cuba en la etapa colonial con la fundación del Papel Periódico de La Havana.

Desde la fundación de El Papel aperiódico de La Habana, y hasta 1793, su dirección estuvo a cargo de Diego de la Barrera y como redactor, Tomás Romay. A partir de 1793, al constituir Las Casas, La Real Sociedad Patriótica de La Habana, que más adelante se convertiría en la Sociedad Económica Amigos del País, el periódico fue puesto, por el propio Las Casas, en manos de La Real Sociedad hasta 1805.

Con vistas a perfeccionar su publicación, Las Casas nombra una diputación integrada  por Agustín de Ibarra, Joaquín Santa Cruz, Antonio Robredo y Tomas Romay. Según nos refiere Emilio Roig de Leuchsenring, ellos redactaron un nuevo plan, referido por el presbítero, José Agustín Caballero, en informe sobre el tema, presentado a la Sociedad el 2 de septiembre de 1794 y referido por éste como “un plan sencillo y más conforme a los objeto de este periódico”[3]. Fue a partir de entonces, que Caballero comenzó a colaborar activamente en la redacción del bicentenario Papel Periódico.

Junto al Papel Periódico de La Havana circularon otros periódicos, algunos de singular importancia entre los que se pueden mencionar: el Diario de La Havana (1808-1812), el Lince  (1811), El Observador Habanero (1820-1824); entre otros periódicos que circularon en la época y trascendieron a la Republica Neocolonial, entre ellos: “La Gaceta de La Habana” (1848-1902), “El Moro Muza” (1859-1875), “Juan Palomo” (1869-1874), “La Charanga” (1857-1859) y, entre aquellas que trascendieron la era colonial, “El Curioso Americano” (1892-1920) y el centenario “Diario de La Marina”, fundado en 1832.

El periodismo cubano de la época no solo se ceñía la mundo literario si no también científico, muestra de ello es la revista fundada en 1861 por José Nicolás Gutiérrez, primera publicación dedicada a la profesión médica en Cuba y Órgano oficial de la Academia de Ciencias, de la que fue primer presidente el propio doctor Gutiérrez.

En sentido general, el periodismo contribuyó al fortalecimiento de nuestra nacionalidad, desde sus inicios en la etapa colonial, es la semilla que fecunda las ideas independentistas. Se considera un ejemplo el “El Diablo Cojuelo” de Fermín Valdés Domínguez en el que Martí, publica por la vez primera, su drama “Abdala.” Tiempo después publica en el exilio el periódico “Patria”, al que había precedido “La Patria Libre” en la Cuba colonial.

Importancia de la fundación de “El Papel Periódico de la Havana”.

 

El Papel Periódico de La Havana surge en estrecha colaboración con la naciente burguesía criolla, interesada en profundizar en la participación y en el desempeño de la administración del país, desde sus comienzos; esta fue una necesidad de los propósitos más avanzados de la sociedad cubana en formación, sugerida por criollos adinerados al gobierno insular.

 

Irrumpió en un momento crítico y en cierta forma transicional, cuando las nuevas ideas no habían tomado aún un perfil muy definido, pero asumió la integración de opiniones, experiencias y pensamientos que defendió el camino cultural, que ya no podía ser evadido para los habitantes de la isla de Cuba.

 

El periódico fue la primera publicación literaria de la Isla, donde pueden advertirse, con entera claridad, todo el proceso de la economía de transición en la literatura como: espectáculos teatrales, anuncios de compra, ventas y pérdida, entre otras manifestaciones comunicativas y literarias. Aparecieron en sus páginas las ventas de  esclavos, como “piezas de ébano” de gran valor. Se publican obras como poemas, artículos de crítica literaria y costumbrista, algunos cuentos, anécdotas y frecuentes noticias de la realidad circundante de la época.

 

La publicación del Papel Periódico de La Havana era bastante parecida a la que, en esa época, circulaban en casi toda América Latina y en otras partes del mundo; aunque este hacia más énfasis a los acontecimientos culturales.

 

A través del periódico se censuraba el abuso de los juegos de azar y se describían las negativas consecuencias de los vicios para el bienestar de la sociedad; vicios propagados por La Habana  y en todas las partes de la Isla. Se criticaba el uso de las  cotillas por sus consecuencias dañinas y la falta de cultura imperante en la mayoría de la población de la colonia.

 

El órgano periodístico fue uno de los principales acontecimientos de la época; contó con colaboradores que constituyen la vanguardia del periodismo cubano. Entre los principales colaboradores, se destaca la labor periodística del Presbítero: José Agustín Caballero, considerado por José Martí como “Padre de los pobres y de nuestra filosofía” [4].

Valoración de la obra literaria de José Agustín Caballero.

A fines del siglo  XVIII y principio del siglo XIX, la ilustración cubana, en correspondencia con las corrientes ideológicas de la época, se caracterizó por un período en el que prevalece el reformismo filosófico de José Agustín Caballero, como reflejo del reformismo político imperante. En esta etapa, se muestra un gradual incremento del interés por temas propiamente filosóficos y no exclusivamente religiosos, como sucedió en la etapa anterior. Dicho proceso se canalizo a través de reformas religiosas en la enseñanza, con la incorporación de nuevos conocimientos científicos que demandaban cuestionamiento filosófico.

Esto no significa que desapareciera por completo la manera escolástica de pensar, pero al menos se inicio la crítica a las bases de la filosofía, mediante la entrada del pensamiento moderno. Esta característica imperó en las obras del Presbítero Caballero, las cuales se ajustaban a los presupuestos y problemáticas de su época, con el sello de la filosofía electiva de la cual fue el iniciador.

Entre las obras más importantes de Caballero y un  proyecto de un alto valor pedagógico está, “Filosofhia Electiva”. Constituye una muestra de la capacidad literaria del autor; en ella se destaca su conocimiento sobre filosofía a partir de los postulados aristotélicos y los clásicos más representativos de la filosofía moderna europea.

El documento, además de su valor literario, constituye un programa didáctico para la comprensión de los postulados filosóficos de forma amena y razonada y un apoyo metodológico, para el desempeño de la  labor pedagógica. Esta obra junto a toda su labor pedagógica, abren el camino para que fuera considerado como: “El iniciador de la reforma filosófica en Cuba” [5].

José Agustín Caballero desarrolla, en una época de predominio de la esclavitud en Cuba, sentimientos de gran valor humano. Si bien es cierto que su temprana conciencia sobre el flagelo, no le permitió asumir posiciones más radicales, abogó porque se mejoran  las condiciones de vida de los esclavos.

 

En la obra “En defensa del esclavo” pone al descubierto la situación en que viven en los calabozo los esclavos, “porque estas son muy malsanas, el aire demasiado graso e impuros de tales encierros, las espurcicias que exhalan los cuerpos negros, el gran calor, la vecindad de la casa de las calderas, los excrementos que dejan, todo esto produce efecto pernicioso, e influye mucho en la salud” [6], al igual que el artículo, “El matrimonio entre esclavos”, ambos constituye una muestra de su accionar literario, por la defensa de la raza oprimida,

 

Se preocupa, a través de su pluma y utilizando el Papel Periódico, por los problemas económicos y sociales, sobre todo aquellos que evidenciados por los adelantos de la ciencia, pueden afectar a la población. Alerta sobre la venenosidad de la yuca, y difunde las ideas que, de otra forma, no llegan al conocimiento de la mayoría de la población.

 

En el Papel Periódico de La Havana, en los números del 4 de agosto de 1791 y 12 y 15 de abril de 1792., traduce la obra de Guillermo Royal, considerado por él, como: “que es casi  el mejor historiador de la América”, agregando, más adelante: “El alimento que especialmente se asigna a los negros es la yuca, alimento muy peligroso; mata con mucha prontitud  a los animales que la comen, sin embargo de que por ellos, por una contradicción muy ordinaria en la naturaleza, gustan de él” [7].

 

Otra muestra de su sentido humano es cuando en, “El elogio a Cristóbal Colón”, expresa: “¿No es verdad señores, que el hombre, aun el más noble y distinguido, puede reducirse a polvo?, ¿No es verdad que este mismo polvo puede elevarse á la cumbre excelsa de los honores? Subamos, si queremos desengañarnos, al origen de la verdadera grandeza: veremos conciliadas aparentes contradicciones, y justificadas la ceremonia que estamos practicando sobre los huesos siempre vivos de Cristóbal Colón”[8].

 

Defiende a la posición de la mujer en la sociedad con fervor, sobre su papel considera que, “La comprensión de las mujeres es tan rápida como un relámpago; su penetración es una ojeada, es casi un instinto. En un abrir y cerrar de ojos deducen una conclusión exacta y profunda; y, si se le pregunta cómo la han deducido, no contestan”[9].

 

También su pluma se puso en función de la política. A comienzos del siglo XIX Caballero concibió y preparó el primer proyecto de gobierno autonómico para Cuba, una legislación inspirada en el derecho público inglés y único documento en que despliega su interpretación de las doctrinas políticas. Era éste también un proyecto de reformas mediante el cual se proponía continuar la modificación del sistema colonial en correspondencia con los intereses de la oligarquía criolla.

 

José Agustín Caballero, aprovechando la convocatoria de las Cortes de Cádiz y la representación que en ellas tendría el diputado Andrés de Jáuregui, envía con él un memorando  que es realmente un nuevo proyecto constitucional,  impregnado de las ideas liberales que circulan por Europa y es, en consecuencia, mucho más radical y avanzado que Arango  y Parreño; en su proyecto se advierte la notable influencia de las ideas de Montesquieu, especialmente en todo lo concerniente a que la obra legislativa debe provenir del pueblo y de los hombres cultos que lo representen, con toda la fuerza de la racionalidad.

 

En el Documento: “Exposición a las cortes españolas; Ideas y bases para la Constitución de la Monarquía y sus colonias, Caballero reflejó sus ideas al plantear: "…debía ser ésta la ocasión favorable de alterar en nuestra Antigua Constitución lo necesario, para que en ella no pudiesen los delegados de la publica autoridad abusar de su poder, ni de los pueblos…”[10].

 

Aunque tampoco se postula por la independencia, porque está lejos de ella, se advierte una tendencia a que exista más autonomía en la isla, en su gobierno y, sobre todo, en la legislación que la rija, que debe proceder entera y absolutamente, de los residentes en esta tierra, aunque estos se sigan considerando todavía como españoles.

 

Acerca de este proyecto el profesor titular de la Universidad de La Habana, Julio Carreras, en su libro “Historia del Derecho en Cuba”, señala: “Este aparato legislativo, minuciosamente concebido por el presbítero Caballero, se proponía eliminar las inmoralidades de la Corte y logra la administración escrupulosa por parte de los funcionarios administrativos coloniales” [11].

 

José Agustín Caballero, primer reformador educacional, jugó un papel importante en la formación de la conciencia cubana, en una etapa de nuestra historia en que Cuba no había logrado su emancipación, pero empezaba a forjarla.

 

En resumen, José Agustín Caballero, se puede identificar como una figura emblemática, del pensamiento cubano; portadora de una fuente de conocimiento exquisita que se ajustó y la puso en función de las situaciones concretas de su época, además de ser el máximo portavoz de la clase élite de la sociedad, haciendo extrovertido su inmenso caudal de sentimiento nacionalista.

 

En todos los postulados conceptuales y teorías lógicas se evidencia una forma de pensar, encaminada a fortalecer al hombre socialmente, ideas que identifican al autor como educador, periodista, político y revolucionario, que  contribuyeron a la educación de las nuevas generaciones.

 

Citas Bibliográficas

 

[1]. Torres Cuevas Eduardo.  José Agustín Caballero: “Padre de los pobres y de nuestra filosofía”. Capítulo IV. “Tabloide Universidad  para todos”

[2] Luz y Caballero, José de la: “A la memoria  del Dor. José Agustín Caballero en sus escritos literarios”. La Habana, Editorial de la Universidad de La Habana, 1946. p. 179.

[3].Caballero José Agustín: Discurso pronunciado en la junta general de la sociedad patriótica de la Havana, el 11 de diciembre de 1796. En honor a Don Luís de las Casas. La Habana, imprenta del gobierno. 1796.

[4]. Emilio Roig de  Leuchsenring: Los Periódicos: El Papel Periódico de La Havana. Colección Histórica Cubana y Americana, no. 23, Oficina del Historiador de La Habana, La Habana, 1962, pp. 35 -37.

[5]. Martí Pérez, José: “Antonio Bachiller y Morales”, Obras Completas, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1963, t.V, p.145. Citado de: Bibliotecas de autores cubanos, t.1. Obras. José Agustín Caballero. pp.100.

[6]. Buch Sánchez, Rita María: “José Agustín Caballero. Iniciador de la reforma filosófica en Cuba”. Editorial. Félix Varela. La  Habana, 2001.

[7].Caballero, José Agustín: Tomado de Biblioteca de los Clásicos Cubanos. Obras. José Agustín Caballero. DC. Imagen Contemporánea. p. 287

[8]. Ibídem. p. 239

[9]. Ibídem. p. 269

[10]. Ibídem. p. 239

[11]. Ibídem. p. 215

Lic: Rosa Alba Arrechea Bravo
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