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Con el látigo de la palabra
Raúl Arias

Afrodisíaco es la sustancia capaz de aumentar el deseo sexual, y éste es un fenómeno psicológico inconmensurable, determinado por factores biológicos, hormonales, sensoriales, patológicos, educativos, sociales y circunstanciales, entre otros.  De acuerdo al título del libro de Khira Martínez Rivadeneira, ¿debemos entender que hay afrodisíacos para tímidos y otros para temerarios?  Lo justo era titular: Afrodisíacos, palabra multifacética que por sí sola llena todas las expectativas.

 

Cierto es que una vez que entramos en el texto de Khira  nos encontramos asediados por un imaginario saturado de innumerables incentivos para el deseo sexual. Pero para atravesar el texto no requerimos ser temerarios, sino apenas humanos.

 

¿Cuáles son los afrodisíacos que nos presenta Khira?  En primer término, la palabra, que es excitante,  apetecida ... infinita. La palabra que es capricho, orientación o desvío. 

 

La autora nos introduce inicialmente en un mundo presentido, lleno de  prejuicios, cortapisas, frenos morales, que enseguida se encarga de poner a un lado, en un primer acto de libertad. Después nos señala que hemos perdido esa capacidad de asombro y grito / ante las manifestaciones del espíritu. / Los sentimientos deben ser sentidos. / Las emociones deben aflorar sin restricciones,  señalando así las oclusiones en la conciencia. De inmediato: la sexualidad es la única odisea/ que puede ser vivida con legitimidad.  Aquí nos da la clave de su texto. La sexualidad. Ese porcentaje del cuerpo que quiere vivir, zafarse si está oprimido, disfrutar si es liberado.

 

Aclaremos que el texto de Khira no es un poemario en el sentido tradicional y conocido por todos. Es una narración donde se combina la poesía, el discurso ideológico, la reflexión. Allí encontramos las  exhalaciones de los perfumes y los miasmas del cuerpo, bajo los condicionamientos del ser actuando en el sistema capitalista con sus  signos de destrucción y caos antes que de coherencia y orden. La voz de la autora  nos conduce por los laberintos de su existir en fricciones con el mundo.  

Para encontrar respuestas adecuadas y entender mejor el fenómeno del erotismo, acudo a una reflexión de Octavio Paz en su ensayo El más allá erótico. Refiriéndose a la vida y obra del marqués de Sade,  Octavio Paz escribe: El erotismo no se deja reducir a un principio; su reino es el de la singularidad irrepetible; escapa continuamente a la razón y constituye un dominio ondulante regido por la excepción y el capricho.

(...) Todos los actos eróticos son desvaríos, desarreglos; ninguna ley, material o moral, los determina. Son accidentes, productos fortuitos de combinaciones naturales. Su diversidad misma delata que carecen de significación moral. No podemos condenar unos y aprobar otros mientras no sepamos cuál es su origen y a qué finalidades sirven.  

 

Con estas luces, visualizo que Khira Martínez ha construido una narración épica de sí misma, una narración conmovedora de la mujer en tránsito y proceso de búsqueda de una liberación que no puede ser solo individual y que solo puede darse socialmente. Khira vive su rebelión en una sociedad fálica y machista, pero además feminista y vaginista, como ocurre en toda sociedad con reglas de juego capitalistas, competitivas en el más claro desorden y desigualdad.  


El canto de Khira Martínez Rivadeneira no se queda en el erotismo que poetiza, que sin duda es lo más fuerte e iterativo del texto. Es también el canto de amor a su tierra oriental ecuatoriana, con sus ancestros de sabiduría, su exuberante naturaleza, de la cual absorbe a plenitud sus virtudes y poderes.

 

Mi selva, / mi universo, / mi morada, / mi libertad , exclama con tranquilo orgullo. Seguidamente se siente identificada con los elementos selváticos: Fui la jaguaresa, la tigrilla, la tagaere, el curare... Mi vida se inició allá, / con los pies desnudos, / envuelta de pelma y sol.

 

Y es allí también donde se da una primera experiencia fantástica, con el jaguar, animal sagrado en las mitologías orientales:

 

Con su agilidad asombrosa el jaguar / de un salto me inmovilizó y se trepó sobre mí.  (...) Abierta, sin escándalo, / bajo la bóveda agreste del follaje, / yo tigrilla-mujer me incorporé, / le restregué mi profundo hueco en las fauces / olfateé su felina savia, / la lamí, / desagüé mis manantiales. / El jaguar, / me revolcó entre sus patas rugiéndole a la luna.

 

Dejando atrás el medio primigenio de la niñez y juventud, llega al mundo de las contaminaciones,  de la ciudad, de las máscaras de la mitomanía.

 

La imposición de modas regidas por el sistema recibe su crítica acerada: La vanidad ha establecido las ficciones del espejo. / Desnuda los defectos inocultables del alma, / las cicatrices de la moral esteticista, / la dermoescultura de la decadencia, / la cirugía paranoica del cuerpo perfecto, / la búsqueda de la aceptación en el bisturí / los implantes de hipocresías / para vivir el engaño refractado impúdicamente.

                  

Khira  nos introduce en el drama del tercer sexo, que le atrae como la mariposa alrededor del candil.

 

Se adentra en ese pequeño mundo marginado socialmente, víctima de la curiosidad enfermiza del vecino y presa de los medios sensacionalistas y mercantilistas.  Esos mancebos andróginos / en el tablado de sus libertades, / interpretan el dolor interno / que desgarra desde el vientre, / profunda úlcera oculta que no sangra, / intenso placer que brota avasallante.

 

Viene la reconvención: Basta. / Levántate y camina. / Sigue el derrotero que los cadáveres no han tomado. / Desata las vendas que te han momificado. / Tu ser glorioso se renueva en la barca de la noche.

 

En otra instancia, Khira llega a las esencias, aromas y perfumes (afrodisíacos) que  desatarán  nuevas oleadas de juegos eróticos.  Con el opio milenario y exótico para Occidente, Khira encuentra  un delirio que me abraza. / Tu alma líquida atrapada / en el cristal elíptico que te custodia / percibe mi desnudez / que exige ser profanada.

 

Esencias de jazmín, palo de cedro, ambrax, mandarina, impregnan los sentidos  y son los afrodisíacos  que  jerarquiza rugientes espasmos tejidos / en la primorosa red del cristal orgásmico.

 

Vencida por la fascinación que provocan las esencias de Oriente, convive con ellas en la voluptuosidad y la fantasía, para culminar en la suprema transustanciación: Cuando el elixir se haya evaporado totalmente / oleré a tierra y mar, a musgo, / cardamomo, madera e incienso / oleré a mi esencia de mujer, / destilaré mi perfume interior e íntimo / oleré a mi misma, / porque yo soy el perfume.

 

La feminidad se realiza en múltiples instancias. Resalto el fragmento de un texto en el cual, por mediación de símbolos y metáforas, rescata las profundidades esenciales de la mujer.

                           

                            Decir vagina es decir mujer

                            Mujer es opuesto convergente

                            Vagina es arca de tesoros olvidados

                            Vagina es collage de inquisiciones

                            Territorio al placer subordinado

                            Cueva de temblores y rugidos

                            Ojo de agua en medio del desierto

                            Puerta que se abre a los misterios

 

                            Vagina es la aventura que se vive

                            Segundo a segundo sin perder la brújula

                  

 

No hay duda de que Khira alcanza instantes poéticos notables, expresiones bellas de ternura femenina, observaciones críticas certeras sobre las flaquezas del sistema y sus trampas sutiles o burdas. Con el látigo de la palabra devela las formas del poder: Parapléjicos mandantes, / concupiscentes del poder. / La prostitución burocrática instituyen. / La usura empresarial, / el dispendio del erario, /  las orgías sindicales y la cleptocracia, / en el culmen de un aquelarre partidista se acuerda.

 

Baste añadir  que este trabajo literario de Khira Martínez Rivadeneira se inscribe en el ámbito de la lucha social que emprenden diariamente hombres y mujeres de un país, en un continente que requiere la participación decidida, el develamiento de tabúes y prejuicios, la incidencia en todos los problemas humanos, la creatividad en todos los órdenes de la vida social,  la oposición a las élites de poder que quieren perpetuar  formas caducas de existencia.  

Raúl Arias

Prólogo de Afrodisíaco para temerarios, de Khira Martínez

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