Entre el kechwa y el castellano / la angustia del mestizo

por José María Arguedas

Vallejo marca el comienzo de la diferenciación de la poesía de la costa y de la sierra en el Perú. Porque en Vallejo empieza la etapa tremenda en que el hombre del Ande siente el conflicto entre su mundo interior y el castellano como su idioma. El cambio violento que hay entre "Los Heraldos negros" y “Trilce" es principalmente la expresión de ese problema. Ya José Bergamín lo dijo; observó que el estilo oscuro de “Trilce" es consecuencia de la lucha entre el alma del poeta y el idioma. Aunque Bergamín no conoce la causa íntima de este conflicto. Nosotros lo sabemos. Y este conflicto explica, además, el retraso de nuestra poesía de tema y de inspiración mestiza.

El kechwa es la expresión legítima del hombre de esta tierra, del hombre como criatura de este paisaje y de esta luz. Con el kechwa se habla en forma profunda, se describe y se dice el alma de esta luz y de este campo, como belleza y como residencia.

Pero vino otra gente con otro idioma, otro idioma expresión de otra raza y de otro paisaje. Con ese idioma hicieron, tanto tiempo, mala literatura, los hombres nacidos en este lado del Perú. La armonía entre el hombre de la costa y este idioma se logra en un proceso de cuatro siglos. Y se logra pronto, porque el yunga era de menor resistencia cultural que el kechwa; porque el paisaje de la costa es de menos influencia sobre el hombre que este mundo del Ande y sus hombres son más independientes de la tierra; y porque el empuje del español y de Occidente fue más violento y continuo en la costa. Al cabo de cuatro siglos, Eguren y Westphalen hablan el castellano, como el francés su francés y el hispano su español.

En nosotros, la gente del Ande, hace pocos años ha empezado el conflicto del idioma, como real y expreso en nuestra literatura; desde Vallejo hasta el último poeta del Ande. El mismo conflicto que sintiera, aunque en forma más ruda, Huamán Poma de Ayala. Si hablamos en castellano puro, no decimos ni del paisaje ni de nuestro mundo interior; porque el mestizo no ha logrado todavía dominar el castellano como su idioma y el kechwa es aún su medio legitimo de expresión. Pero si escribimos en kechwa hacemos literatura estrecha y condenada al olvido.

Y permítanme aquí que me refiera a mi propio problema que es, seguramente, un ejemplo tipo. Cuando empecé a escribir, relatando la vida de mi pueblo, sentí en forma angustiante que el castellano no me servía bien. No me servía bien ni para hablar del cielo y de la lluvia de mi tierra, ni mucho menos para hablar de la ternura que sentíamos por el agua de nuestras acequias, por los árboles de nuestras quebradas, ni menos aun para decir con toda la exigencia del alma nuestros odios y nuestros amores de hombre. Porque habiéndose producido en mi interior la victoria de lo indio, como raza y como paisaje, mi sed y mi dicha lo decía fuerte y hondo en kechwa. Y de ahí ese estilo de "Agua", del que un cronista decía en voz baja y con cierto menosprecio, que no era ni kechwa ni castellano, sino una mistura. Es cierto, pero sólo así, con ese idioma, he hecho saber bien a otros pueblos, del alma de mi pueblo y de mi tierra. Mistura también, y mucho más. es el estilo de Huamán Poma de Ayala; pero si alguien quiere conocer el genio y la vida del pueblo indio de la Colonia, tiene que recurrir a él.

Esa mistura tiene un signo: El hombre del Ande no ha logrado el equilibrio entre su necesidad de expresión integral y el castellano como su idioma obligado. Y hay, ahora, una ansia, una especie de desesperación en el mestizo por dominar este idioma.

De la mala y advenediza literatura en castellano que hasta hace poco se ha hecho en la sierra no se puede deducir en forma concluyente que el castellano no es idioma apropiado para la expresión del mestizo. Hasta los primeros años de este siglo hicieron literatura aquí sólo gente desarraigada de nuestro suelo, gentes que no sentían nuestro paisaje y que vivían en un tremendo aislamiento de las inquietudes y del alma de nuestro pueblo. Y de ahí la pobreza y la intrascendencia de esa literatura.

Pero hoy que el hombre auténtico de esta tierra siente la necesidad de expresarse y de expresarse en un idioma que ha hablado poco, se ha visto ante esta angustiante realidad: el castellano aprendido a viva fuerza, escuela, colegio o universidad, no le sirve bien para decir en forma plena y profunda su alma o el paisaje del mundo donde creció. Y el kechwa, que es todavía su idioma genuino, con el que habla en la medida de sus inquietudes y con el que describe su pueblo y su tierra hasta colmar su más honda necesidad de expresión, es idioma sin prestancia y sin valor universal.

De aquí nace el ansia actual del mestizo por dominar el castellano. Pero cuando lo haya logrado, cuando pueda hablar y hacer literatura en castellano con la absoluta propiedad con que ahora se expresa en kechwa, ese castellano ya no será el castellano de hoy, de una insignificante y apenas cuantitativa influencia kechwa, sino que habrá en él mucho del genio y quizá de la intima sintaxis kechwa. Porque el kechwa, expresión legitima del hombre de esta tierra, del hombre como criatura de este paisaje y de esta luz, vive en el mestizo como parte misma, y esencial, de su ser y de su genio.

Esta ansia de dominar el castellano llevará al mestizo hasta la posesión entera del Idioma. Y su reacción sobre el castellano ha de ser porque nunca cesará de adaptar el castellano a su profunda necesidad de expresarse en forma absoluta, es decir, de traducir hasta la última exigencia de su alma, en la que lo Indio es mando y raíz.

¿Y por qué recién brota en la literatura, por qué recién se ve en sus frutos este tropezarse del mestizo con el castellano como su idioma?

En casi todo el período republicano se mantuvo al mestizo en la misma condición de inferioridad y de silencio que tuvo durante la Colonia. Es por esta causa que ni en la literatura de la Colonia ni en la de los primeros tiempos de la república se encuentra ninguna obra de verdadero valor como expresión del pueblo andino y del paisaje en que vive. Ya me referí a esta cuestión en otra parte de mi artículo. Pero los mestizos siguieron aumentando en número y en cultura, y llegaron a ser el pueblo, mayoría en el Ande del Perú como ciudadanos y como espíritu. Y no pudo dominar Occidente a este mestizo porque su profunda entraña India lo defendió. Y siguió y sigue pugnando por crearse una propia personalidad cultural.

Al mismo tiempo que el mestizo conquistaba el dominio espiritual del pueblo andino, se definía en su alma la lucha entre lo indio y lo español, que empezó con el primer mestizo. Lo indio es ya dominio en la psicología del mestizo peruano; ha ganado la contienda porque le ayudaron todo este mundo del Ande: la tierra, el aire, la luz,' y este gran pueblo indio que es aún el sesenta por ciento del ambiente humano del Perú. Y por eso, porque en el espíritu del mestizo es ya más lo indio quo lo español, el castellano puro no puede ser su idioma legitimo.

Esta realidad social y humana que he descrito no podía dejar de tener su expresión en la literatura. Dominio como número y como espíritu, la literatura que se hace en el Ande del Perú es literatura mestiza. Y en toda esa literatura se siente la angustia del mestizo, su ansia por un medio legítimo de expresión. Y esa ansia, esa angustia tiene la culpa de que casi toda esta literatura sea aún de escaso valor. Y la obra de algún mérito que aquí se ha escrito es de aquellos que han hablado en castellano influenciado ya por el kechwa.

Estamos asistiendo aquí a la agonía del castellano como espíritu y como idioma puro e intocado. Lo observo y lo siento todos los días en mi clase de castellano del colegio Mateo Pumaccahua, de Canchls. Mis alumnos mestizos, en cuya alma lo indio es dominio, fuerzan el castellano, y en la morfología intima de ese castellano que hablan y escriben, en su sintaxis destrozada, reconozco el genio del kechwa.

 

por José María Arguedas

(Escrito para "La Prensa" de Buenos Aires, desde Sicuani, Perú, en 1939)

 

Tomado de Revista "Crisis" Año I Nº 10

Buenos Aires, Argentina - febrero de 1974 "

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                     José María Arguedas en Letras Uruguay

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