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La política y los elefantes
por Leandro Area
leandro.area@gmail.com

 
 

La política es ciencia imperfecta porque es la pasión más humana de todas; tan tenaz como el sexo. Su verdadero drama no reside en el convulso mar de las estadísticas. Se ha dicho que es un arte tal vez por protegerla, y coincido sea así en la medida en que requiere de pulsión, creatividad, sudor y a veces lágrimas. No es deporte tampoco aunque involucre de gimnasia constante; caer y levantarse.  Aquellos que la asumen como forma de vida, suelen ser obsesivos y a veces su necesaria determinación y empuje los hace difíciles de comprender, por lo rayano en terquedad, porfía y casi testarudez.

La política es también la actividad social más hermosa inventada hasta ahora por el hombre, sin la cual, fuego, rueda, electricidad o la computadora, no tendrían el esplendor y la magnitud que tanto se merecen. Pudiéramos compararla también con el amor, el arte o el deporte, en lo que están emparentadas y tienen en común, que es no esperar nada a cambio más que alcanzar la gloria que es ilusión desmedida y fugaz al mismo tiempo.

La política pretende la superación de la guerra por otros medios. Lo militar, lo jurídico y lo religioso son tres muletas con las que se ayuda para atravesar el torbellino inestable de la realidad. La diplomacia, ella, es su soporte más sutil, culto y civilizado. La

política es actividad noble que deben llevar a cabo los ciudadanos a través de partidos políticos y de otras organizaciones intermedias, a pesar de que los primeros no existan o estén en bancarrota pasajera. Pero ni los militares ni las iglesias, que tienen ya sus territorios y actividades bien establecidas, deben intervenir en esta empresa tan solo ciudadana. La presencia desmedida de esos fueros en funciones ajenas a su naturaleza y competencias, más enturbia que aclara. Así fue en el pasado y lo es ahora, y esta imprecisión en los espacios, con sus consabidas ambiciones a invadir territorios ajenos, es típico del subdesarrollo de algunas mentes y naciones.

El éxito político es efímero y cruel si se mide tan sólo por el hecho de ganar elecciones u obtener el afecto del público, ave también pasajera y rapaz. Allí no reside finalmente la médula de la ambición política, que supera triunfos o derrotas. La política, en fin, es unidad vital entre lo que se quiere y lo que se puede, la posibilidad de que sea y se realice lo que debemos ser y hacer. Los políticos son los actores, frágiles y principales, designados por una magia inescrutable para encontrar y orientarnos hacia eso que decidimos lograr. Los políticos no están siempre de acuerdo entre ellos mismos y eso es bueno hasta el límite de imponer, por encima de los intereses comunes, los de su obsesión inconclusa. A todas éstas, lo que está en juego es la inestable tensión entre el bien y el mal, entre la democracia y la dictadura; la carrera contra el reloj que recorren los elefantes contra la adversidad de los obstáculos. El difícil apremio de no perder la libertad que hoy está en vilo.

por Leandro Area
leandro.area@gmail.com

Gentileza de "Leandro Area Opina" http://leandroareaopina.blogspot.com/

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