Tras la senda de Ida Talavera de Fracchia
Delfina Acosta

He leído, en mi adolescencia, un puñado de poemas de Ida Talavera de Fracchia, posiblemente una de las mejores poetisas del Paraguay, pero (lástima) relegada injustamente en los tiempos que corren.

Tengo en mi poder una fotocopia del libro que sus nietos Gloria y José Fonseca han hecho llegar a mis manos a través de una anónima “albacea”. El texto se llama Esto de andar, pertenece a Ediciones Péndulo, apareció en el año 1966, y lleva prólogo del poeta José - Luis Appleyard.

Los poemas de la autora son de honda significación humana y amorosa. Además del conocimiento perfecto que Ida Talavera de Fraccia tenía de la versificación y de la musicalidad, hay que agregar que sus versos, muchos de ellos endecasilábicos, acercan al lector los distintos momentos de su fuerte presencia anímica. Las formulaciones metafísicas y filosóficas de una mujer curiosa del hombre, de la existencia, del universo y de sus causas son la constante en sus palabras. Y también el amor, aunque con un tinte de ausencia, de lejanía y de tristeza.

Cayendo en el alma

Lo que más agrada de su obra es la sencillez de la expresión. Y hablando, escribiendo, filosofando, dejando correr la pluma, su poesía va cayendo en nuestra alma.

Amiga de Juana de Ibarbourou, mantenía correspondencia epistolar con la poetisa uruguaya. Le gustaba pintar. Sus cuadros son, pareciera, una continuación de su propia poesía, pues hablan con un lenguaje de formas y de colores que despiertan interpretaciones tan dispares como subjetivas en el observador.

De hecho, perteneció a una generación de pintores.

Apenas terminó la primaria, a los doce años, dotada de un talento fuera de serie, aprendió por su cuenta el francés, el italiano, el portugués, el inglés, además del guaraní. Escribía versos en francés, y los hacía tan bien como si estuviera en sus mejores elementos. Mantenía correspondencia con gente relevante del mundo de las letras. Muchas producciones de su pertenencia aparecieron en la revista “Ñemity”.

Hay un total, un conjunto grande e importante de las obras de la poetisa. Muchas de ellas, escritas en guaraní, se encuentran todavía inéditas. En algunas asoma un tinte social.

Ida Talavera de Fracchia (1912 - 1993) era muy estimada por los escritores de la época, gracias a la alta calidad de sus poemas. Para Josefina Plá, en una extensa nota escrita para un periódico, ella tiene el equivalente de una incógnita, al desaparecer del ambiente literario. Mas, ¿por qué razones desaparece? Al fallecer su esposo, quien le dio absoluta libertad para escribir y pintar, la poetisa decidió vivir casi encerrada. Nunca más tocó un pincel ni escribió nada. En otras palabras, la avasalló la tristeza. Tal vez el abatimiento, la ausencia del ser amado fueron minando su espíritu, y prefirió quedarse fuera de la vida, como se dice.

Empezó a escribir de adolescente. Sus obras pictóricas estuvieron en los salones de la Unión Panamericana en Whashington, en el año 1966. Enrique Careaga, Michel Burt y otros compartían con ella la pasión por la pintura. Conoció la amistad de Cayo Sila Godoy y Liber Fridman. Fue presidenta del Grupo América de Escritores, lo que le dio oportunidad de mantener relaciones a nivel internacional.

Arte sobrenatural

Para Livio Abramo, en ocasión de una exposición de pinturas de la autora en la Galería “Agustín Barrios” del Centro Cultural Paraguayo-Americano, su faceta de pintora se resume en esta versión: “Una artista que ha conseguido expresar sus más íntimos anhelos artísticos de manera admirable y que ha descubierto para el arte de este país el camino hasta ahora desconocido del arte sobrenatural”.

Espero, particularmente, que alguna editorial publique los versos inéditos de Ida. Leer sus obras, las cartas que Juana de Ibarborou le escribió, incluyendo una poesía dedicada a ella, tratar de interpretar sus sugerentes como hermosos cuadros me hacen pensar en esta realidad: el legado de la poetisa y pintora no puede dormir en la soledad de cuatro paredes domésticas.

      Anduve

Anduve caminando
sin antorcha en la noche,
yendo y viniendo
más allá de las ruinas.

Anduve caminando cerca
del estupor
del escombro y del miedo.

Todo estaba desierto
y dormido en su lecho,
silencioso el océano,
apagado mi leño.

Regresé
bordeando las márgenes
del tiempo
y apretando a mi pecho
las corolas del sueño.

Anduve caminando
más allá de las sombras
del silencio infinito.

Mi boca amordazada
fue madurando gritos.


Ida Talavera de Fracchia.

     Esto de andar

Esto de andar en sombras
de luces dibujadas,
esto de andar a tientas
palpando
los muros en tinieblas,
desfigurando rostros,
probando otros disfraces,
acuñando palabras,
mimetizando voces.

Esto de andar
huyendo sin moverse
deshaciéndose en chispas
hasta que sin saberlo
se llega a ser ceniza
sin haber sido nunca
consciente de ser llama.

Esto de andar buscando
el propio rostro,
manoteando el vacío
sin poder asir nada.

Delfina Acosta
ABC COLOR, Asunción, Paraguay, 25 de mayo de 2008

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