Tiempo de jóvenes
Delfina Acosta

Desde siempre, los jóvenes han sido protagonistas de los grandes cambios sociales y políticos del mundo. Releo el gran libro “La guerra y la paz”, de León Tolstoi, y me ubico en el patriotismo de los rusos peleando por su libertad. No es muy difícil imaginar el uniforme casi vanidoso del mozo heroico y solemne que da un beso a su amada antes de partir al frente de batalla.

La magnífica novela del escritor alemán Erich María Remarque, “Sin novedad en el frente”, se ubica en la Primera Guerra Mundial. Dicha obra cuenta el heroísmo de que son capaces los jovenzuelos cuando de luchar se trata. Caen las balas, explotan las bombas, y ellos, mozalbetes guiados por coraje y el susto a la vez, exponen sus cuerpos al fuego enemigo.

Cuántos héroes anónimos (miles, millones), como el joven soldado alemán Paul Baumer ( protagonista de “Sin novedad en el frente”), se fueron en sangre, abierta, generosamente, por un ideal.

En el Paraguay, durante la Guerra de la Triple Alianza, los jóvenes y hasta los niños dejaron su existencia fresca, su piel lozana, en los horribles campos de batalla.

Halló sus razones el Mariscal Francisco Solano López para enviar al combate a tanta humanidad juvenil. Aquellas razones suyas, a la luz de la historia, generan libros y más libros, y son motivo de polémica.

Un hombre inteligente me dijo en una oportunidad que no se puede juzgar el pasado con la memoria del presente.

En la guerra contra Bolivia han sido también, cuándo no, los muchachos los que dejaron a sus madres y a sus novias, en algún rincón de Asunción o del interior del país, para internarse en el Chaco paraguayo. Muchos no volvieron del infierno verde. Hoy, los que regresaron de la guerra, son glorias vivientes, olvidadas -groseramente- por el Gobierno.

En el sangriento marzo paraguayo de 1999, fueron los jóvenes quienes cayeron, abatidos por las balas. Pareciera que el coraje respira solo por la juventud.

La historia de nuestro país así como la historia de otros países, habla de guerras, de manifestaciones, de insurrecciones, de levantamientos, de estremecedores actos heroicos, en que los mozos, los chicos de caras pecosas, han estado -siempre- en la primera fila. Es la juventud la que tiene la sangre. Es la juventud la que agita la bandera.

No han de ser sino los muchachos, los pibes, una vez más, quienes, con actitud temeraria, quiebren el piso de este sistema corrupto. Con sus ideas encendidas, con su temperamento inquieto, con su búsqueda de cambio radical, ellos son los señalados para hacer realidad el castigo que merecen los ladronzuelos de este régimen.
Viera yo lo que muchos, miles de paraguayos, queremos ver algún día.

Viera yo la caída estruendosa del Partido Colorado Oficialista.

Viera yo a los grandes y medianos ladrones de la cosa pública condenados por un tribunal popular a romper piedras durante una eternidad, tres años, dos meses y una noche.

Viera yo a los jóvenes, airados, rebeldes, descontentos, protagonizar la revolución social que el Paraguay necesita para que exista igualdad social en nuestro país.

Viera yo la ruptura de tamaña injusticia económica.

Viera yo una mañana en la televisión, haciendo uso de la palabra como nuevo Presidente del Paraguay, a un hombre de pasado honesto y convicciones -definitivamente- democráticas.

Viera yo a los jóvenes protagonizar, por fin, el futuro que tanto les ha sido negado siempre.

Viera yo un amanecer distinto, con aroma a pueblo contento, a gente libre de tantas necesidades económicas.

Delfina Acosta
ABC COLOR, Asunción, Paraguay, 8 de octubre de 2007

ABC COLOR

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