Que no jure ese fulano
Delfina Acosta

Muchas personas, aun aquellas que son interpretadas por la opinión pública como seres humanos de entendimiento amplio y aguzado sentido común, me ponen inquieta, como cuando dicen, por ejemplo, que Nicanor Duarte Frutos tira una pesada carga al futuro Gobierno de Fernando Lugo.

¿Así nomás?

Yo quisiera precisar, con el permiso de todos: Nicanor Duarte Frutos deja una mula pesada a los paraguayos.
No solamente Lugo y el vicepresidente Federico Franco y su gabinete y otros gobernantes se encontrarán en apuros para levantar el país de los escombros, sino también nosotros, los que conformamos la sociedad, y tenemos, de hecho, el máximo protagonismo en el proceso histórico, político y económico de la nación.
Si fuimos los ejecutores de la caída del Partido Colorado, también debemos ser, en la medida que nuestro patriotismo y nuestra cultura cívica nos permitan, ejecutores de la reconstrucción del Paraguay. O de su resurrección. No. No es discurso. Es una realidad que no podemos evadir ni cuestionar.

Ya saquearon todo el granero, ya se llevaron jirones de la bandera paraguaya, ya duplicaron las llaves de casi todas las gavetas, ya desalentaron a muchas generaciones de jóvenes, los sucesivos gobiernos del Partido Colorado, y para rematar el bochinche, como quien dice, Nicanor alentó con su falta de conducta y sus desatinos, el saqueo.

Con cualquier discurso que le venga bien, el ex Tendota se está queriendo desentender de sus delitos públicos ante la sociedad. Un consejito aquí, una opinión allí, una crítica más allá de sus narices, se atreve a formular el fulano. ¡El muy fulano!

Los paraguayos tenemos que hacernos sentir en estos momentos. Perdonar la idea de que Duarte Frutos jure como senador es no solamente una gran contrariedad, sino un hecho que va contra uno de los principales fines a los que apostamos para instalar un cambio radical dentro de la sociedad.

En la construcción del Paraguay distinto no puede haber silla para Nicanor. Dar comodidad a quien nos incomodó es un contrasentido. ¿Qué ayuda puede brindar al Estado, qué opinión o sugerencia puede tener el fulano para infundir ánimo al país, si fue él, precisamente él, quien terminó de hundir la moral y la economía?
¿No salen a la luz de los periódicos, acaso, sus ilícitos?

Si aceptamos que Nicanor jure como senador, estaremos aceptando nuestra ineptitud e incapacidad para generar hechos sociales que pongan en el tapete de la discusión los temas urgentes sobre los cuales los políticos deben discutir y sacar conclusiones.

Si nos callamos, si nos mantenemos en el silencio, si nos dejamos llevar por la pasividad, no cumplimos con nuestros deberes cívicos.

La gran mayoría de los paraguayos no quiere el juramento de ese farsante. Faltaba más.

¿Qué le hace un juramento a un hombre ambicioso y cínico? Es tan fácil jurar y pedir que Dios y la patria se aireen ante un juramento fallido.

La historia política del Paraguay de los últimos tiempos se ha convertido, gracias a Nicanor Duarte Frutos, en la historia de vulgares saqueos, que nos ofenden a quienes trabajamos dentro del marco de la legalidad.

Si hay justicia, el fulano debe estar preso.

Y la plata que robó debe ser devuelta al pueblo.

Delfina Acosta
ABC COLOR, Asunción, Paraguay, 2 de junio de 2008

ABC COLOR

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